Escritores | Sade o "los infortunios del vicio"

¿Cómo vivió el Marqués de Sade, una de las figuras más misteriosas y oscuras de la literatura universal?

Calavera del Marqués de Sade.
Presunta calavera del Marqués de Sade con su nombre grabado. | Imagen: Cortesía del autor

“El sexo es tan importante como comer y beber, y debemos satisfacer este apetito con tan pocas restricciones y falso decoro como los otros”.

Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, (1740-1814).

(Apuntes que pretenden ser una invitación a la lectura de sus obras)

El 2 de diciembre de 1814, luego de trece años de reclusión en el asilo para locos de Charenton, al sureste de París, moría el Marqués de Sade. Su muerte llevó sosiego al personal del hospicio y desdicha a los locos, que lo lloraron durante los dos días que el cadáver permaneció en su mazmorra.                                                     

Después del entierro, el hijo del marqués quemó en el patio del asilo parte de lo que encontró en la celda. Esto es, alguna ropa vieja, un par de batas manchadas de vómito, un retrato al óleo de su padre, paquetes de documentos e infinidad de folios que componían Los días de Florbelle, obra en la que Sade trabajó hasta que le fallaron los dedos. Los libros, entre ellos una edición del Quijote y los 89 tomos de la edición de 1785 de las obras de Voltaire, se los regaló a Ramón, el joven médico del hospicio.

¡Mira, mi amor, mira todo lo que hago simultáneamente: escándalo, seducción, mal ejemplo, incesto, adulterio, sodomía! ¡Oh Satanás! Único y único Dios de mi alma, inspírame en mí algo más, presenta más perversiones a mi corazón humeante, ¡Y luego verás cómo me sumergiré en ellas!. (Marqués de Sade).

La prosa de Sade es vital, caustica e incómoda. Cargadas de imágenes de una violencia sexual extrema, sus obras “Justine o los infortunios de la virtud”, “Juliette o el vicio ampliamente recompensado”, “La filosofía del tocador” o “Las 120 jornadas de Sodoma”, entre otras, removieron muchos corazones en aquella Francia dieciochesca y católica que incubaba su propia destrucción. No le faltó tiempo a la Iglesia para incluirlas en su Index Librorum Prohibitorum, pero esto no evitó que aquellas impresiones se expandieran como una peste por habitaciones y tocadores “tiznando” para siempre manos y cerebros. 

Ilustración y título de la obra "Justine o los infortunios de la virtud" en las primeras páginas de una edición antigua.
"Los infortunios de la virtud", una de las obras más conocidas del Marqués de Sade. | Imagen: Cortesía del autor

El legado de Sade que sobrevivió a la ira de los puritanos fue reverenciado por la siguiente generación de escritores. Dostoievski, Flaubert, Apollinaire, Rimbaud, y otros, no ocultaron la admiración e impacto positivo que algunos de los textos del marqués ejercieron sobre ellos…  Tampoco ocultaron su admiración por Sade autores y artistas del siglo XX, como Sigmund Freud, Simone de Beauvoir, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Passolini o Stanley Kubrick.

No es mi modo de pensar lo que ha causado mis desgracias, sino el modo de pensar de los demás. (Marqués de Sade).

Sade es contestatario y descreído, odioso y virulento, burlón, negador y oscuro. Él piensa, cree, afirma, que el ser humano es caótico y destructor y que no merece otra cosa que la devastación y la quiebra. Sus obras son, ante todo, poderosos estudios de nuestras sombras y fragilidades, monumentos a un deseo enfermizo, insaciable y devastador anclado en una animalidad que desgarra, muerde y devora los cuerpos. 

La psiquiatría y la psicología no han conseguido ponerse de acuerdo en un diagnóstico; neurótico, psicótico, bipolar, obsesivo compulsivo, esquizofrénico… todas estas palabras se estrellan ante lo que la historia nos devuelve de este hombre, que nace en una familia aristocrática, que vive una infancia tranquila, ajena a la erótica salvaje que signará su obra literaria, pero influenciada por su tío, el abate de Sade, un hombre culto y libertino que lo educa en sus primeros años iniciándolo en la filosofía y los libros de viajes, romance y poesía. A saber lo que hablaban esos dos a la luz de las velas, cuántas historias susurró el abate a su sobrino, cuántas fantasías, cuánta ira y cuánto descrédito inculcó en su joven alma...

Retrato del Marqués de Sade.
Retrato del Marqués de Sade. | Imagen: Wikipedia Org.

Desposado en contra de su voluntad con la joven Renée-Pélagie, hija mayor de los Montreuil, una conservadora y poderosa familia bien posicionada, pero sin títulos de nobleza, Sade se gana desde el primer día el odio de su suegra, Madame de Montreuil, quien se convertiría en su némesis.

Con su matrimonio, el marqués inicia su carrera literaria, y con ella, de manera inexplicable, comienzan sus escándalos sexuales. Instalado en el castillo de la familia de su mujer, en la zona de Normandía, Sade se ve envuelto en un confuso incidente por el que es arrestado en 1763 y conducido a la fortaleza de Vincennes por orden del propio Rey Luis XV. 

Según sostienen algunos autores, Sade había puesto a circular un manuscrito de su autoría de explosivo contenido sexual. El marqués pasa 15 días encerrado en Vicennes hasta que la familia de su esposa, a instancias de esta, se hace cargo de él. En realidad, Sade no ha debutado como un aberrado sino como un subversivo. Y no hay nada que incordie más a los totalitarios que un subversivo.

Renée-Pélagie es un personaje inquietante. Discreta hasta el agotamiento, y de una suavidad casi poética, desoye una y otra vez la torrentera de chismes que involucran a su marido con las nobles y las prostitutas. Mientras Sade carga con la piedra de su sexualidad, Renée-Pélagie lo consuela, lo protege hasta donde puede, y lo visita en todas las cárceles en las que está encerrado. 

"Es difícil probar cuánto hay de cierto en las acusaciones y cuánto es la consecuencia de una leyenda negra construida a partir de la envidia y el recelo provocados por el impacto de los textos que Donatien distribuía..."

La esposa acude a esos antros de la infamia sin querer ver los crímenes de su pareja, que van desde la tortura a una vagabunda, Rose Keller, a la que azota y corta con un cuchillo derramando luego cera en sus heridas abiertas, hasta el envenenamiento a las participantes en una orgía con un afrodisíaco letal extraído de un insecto llamado cantárida, pasando por la seducción y sodomización de Anne Prospére, su hermana más pequeña. 

Es difícil probar cuánto hay de cierto en las acusaciones y cuánto es la consecuencia de una leyenda negra construida a partir de la envidia y el recelo provocados por el impacto de los textos que Donatien distribuía sotto voce entre sus conocidos y que describen actos similares a aquellos por los que fue acusado y condenado en varias ocasiones. 

Ya muerta, Renée-Pélagie es enterrada por la historia. No ofrece interés una mujer que no se suma al coro de acusaciones, que no grita improperios, que no se persigna ante una frase o una ilustración mundana, que no se escandaliza ante una lóbrega fantasía

Afortunadamente, nos quedan algunas cartas que nos dan una pálida idea de lo que fue la relación de ambos y del carácter de él, bastante alejado del perfil de los personajes de sus novelas: aristócratas y miembros del clero poseídos por escabrosos deseos carnales. 

El japonés Yukio Mishima escribió en 1965 una pieza teatral dedicada a la esposa de Donatien titulada “Madame de Sade”. En esta ficción histórica los personajes, cinco mujeres, incluida la siniestra suegra, Madame de Morteuil, detallan las luchas de Renée y su familia durante las múltiples temporadas de reclusión del marqués. Los personajes cavilan acerca de la desdichada Renée, quien, en frontal oposición a toda la sociedad, permanece junto a su marido durante sus cautiverios, abandonándolo finalmente, y sin dar razón alguna, cuando este queda libre de su prisión al triunfo de la revolución francesa.

Escribo lo que veo, la interminable procesión a la guillotina. Todos estaban alineados, esperando el crujido de la espada... los ríos de sangre fluyen bajo nuestros pies... He estado en el infierno, joven, tú solo has leído sobre eso. (Marqués de Sade).

En su notable semblanza “El marqués de Sade: una vida”, Francine du Plessix Gray afirma que el marqués acabó en dos semanas el primer borrador de su novela "Justine...", y escribió “Los 120 días de Sodoma” en 37 días. 

Hacia 1788, cuando ya llevaba 11 años entre rejas, Sade había producido ocho novelas y libros de relatos, 16 novelas cortas de tema histórico, dos volúmenes de ensayos, un diario y unas 20 piezas teatrales, que se perdieron casi todas en su traslado de la prisión de la Bastilla al manicomio de Charenton un día antes del estallido de la Revolución Francesa de 1789. 

Corroído, rechoncho y cegato, el marqués es liberado de prisión a los 51 años en una noche de viernes santo de 1790.  Aunque sus obras tampoco encajan en el París revolucionario, el escritor participa del proceso escribiendo discursos, como aquel que se declama en el funeral del caudillo Marat, asesinado en su bañera por Charlotte Corday. Ya durante el periodo del Terror Jacobino de Maximilien Robespierre, la condición de moderado del marqués lo lleva de nuevo a prisión, en donde se salva por muy poco de la guillotina.

Los entreactos de mi vida han sido demasiado largos. (Marqués de Sade).

En 1801 el régimen napoleónico lo acusó de "demencia libertina" y lo encerró en el manicomio de Charenton, donde se le permitió seguir escribiendo pequeñas obras teatrales para ser interpretadas por los reclusos. Sin embargo, debido a sus constantes actos de rebeldía, estos privilegios le fueron retirados.

A los 74 años, Sade murió mientras dormía tras una breve, pero devastadora enfermedad que destrozó su aparato digestivo. 

Conocedor de la curiosidad humana, el marqués intuyó que la ciencia aguardaba su partida para husmear en sus despojos con el objetivo de encontrar alguna causa física que justificara sus “escandalosas desviaciones”, por lo que dejó escrito:

Prohíbo categóricamente la disección de mi cuerpo. Exijo, además, que mi cadáver sea mantenido durante cuarenta y ocho horas en la habitación en la que muera. Durante este tiempo se harán los arreglos para ser trasladado a los bosques de mi propiedad en Malmaison. Allí seré enterrado sin ningún tipo de ceremonia religiosa o laica. Prohíbo además la colocación de cualquier clase de lápida o escultura que identifique mi lugar de descanso. Que los rastros de mi tumba se desvanezcan para siempre, así como mi nombre sea borrado de la memoria de los hombres.

Su cadáver no fue diseccionado, y tampoco lo enterraron en los bosques de Malmaison, pues la propiedad había sido vendida unos años antes sin su conocimiento. Su hijo lo sepultó sin miramientos en el triste cementerio cristiano de Charenton, marcando su tumba con una cruz. Con esta acción escupía sin compasión sobre la militancia ateísta de su padre.

Años después, el cuerpo del marqués fue exhumado por un grupo de profanadores capitaneados por el doctor Ramón, el médico del manicomio de Charenton heredero de los 89 tomos de Voltaire. Todo parece indicar, la historia no siempre es prolija en detalles oscuros, que el doctor pagó una buena suma de dinero para obtener la calavera de su famoso paciente y estudiarla a sus anchas. De aquellos estudios, si los hubo, no trascendió nada.

Pero la historia de la calavera del marqués de Sade es otra… y otros han hurgado en ella.

El escritor estadounidense Robert Bloch, en su relatoLa calavera del marqués de Sade”, especula sobre el robo y las consecuencias nefastas para aquellos que poseen el fetiche, aunque es solo eso: especulación literaria, juego con la nigromancia, brillante fantasía de autor. 

También el dramaturgo alemán Peter Weiss agasaja a Sade en su extraordinaria pieza teatral “La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat”, representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade, construye un monumento dramático de múltiples resonancias que trascienden a su protagonista con reflexiones acerca de las dictaduras, las revoluciones y las consecuencias de la libertad.

Pier Paolo Passolini nos entrega en su película Saló o los 120 días de Sodoma una desoladora denuncia de los totalitarismos, la futilidad de la existencia y toda la suciedad de la vida cuando esta cae en manos de la aberración y el desenfreno totalitario...

Portada de la peĺícula "Saló, o los 120 días de Sodoma", de Pier Paolo Pasolini.
Portada de la peĺícula "Saló, o los 120 días de Sodoma", de Pier Paolo Pasolini. | Imagen: Cortesía del autor

Y más, mucho más. 

Desde un pasado sangriento, el marqués de Sade nos restriega su triunfo a través de sus textos e influencias, que podemos descubrir en cientos de obras de mayor o menor calidad y resonancia. Construidas a lo largo de las épocas, estas obras que pertenecen a todos los géneros artísticos, desde la literatura hasta el cine. 

Para concluir nuestra reseña podemos grabar una frase del propio Sade en, digamos, su brillante e inexistente sepulcro literario: 

Uno debe concluir que Dios creó a la mayoría de los hombres simplemente con el fin de llenar el infierno. (Marqués de Sade).

 


Nota:  La palabra sadismo proviene de las ideas literarias y de las fantasías sexuales del marqués De Sade. 

Sadismo: Del francés sadisme. Perversión sexual de quien provoca su propia excitación cometiendo actos de crueldad en otra persona. / Crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta.

Olisbos: Instrumento de placer sexual femenino, con forma de miembro masculino. Su uso tuvo una gran extensión en la antigua Grecia. Están hechos de diferentes materiales. Son los precursores de los llamados "consoladores" o "dildos".

Retrato de Raúl Alfonso.
Raúl Alfonso

(Cuba, 1966). Licenciado en Artes Escénicas por el Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA), en la especialidad de Teatrología y Dramaturgia. Se ha desempeñado como actor, asesor y director de escena y como Profesor de Interpretación en la Escuela Nacional de Teatro de La Habana, el ISA, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y en diversas academias, círculos de magos y universidades de México y España. Ha colaborado con comentarios y artículos, entre otras, con la revista teatral Tablas y con la publicación de arte y literatura El espejo del perro (Madrid). Ha dirigido y escrito numerosas obras de teatro, algunas de las cuales han sido publicadas en revistas y antologías y representadas en Cuba, México, Colombia, Estados Unidos y España. Ha realizado de manera independiente varios cortometrajes en La Habana, México y Madrid.

Comentarios:


mario (no verificado) | Jue, 19/01/2023 - 11:41

Excelente resumen biográfico de un intelectual inevitable, innegable. Son muchos los genios locos.

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