Cine | Miguel Coyula: “Ser distinto te hace vivir dos disidencias”

A Coyula, cineasta crítico y universal, le interesa contar historias profundas y viscerales, que exploren la condición humana y su encarnación en Cuba.

Miguel Coyula durante la filmación de Memorias del desarrollo.
Miguel Coyula durante la filmación de "Memorias del desarrollo".

Lo habitual es que conozcamos la obra de un artista antes que a su creador, si es que este es nuestro contemporáneo y existen determinados parámetros de accesibilidad a su persona. Había escuchado hablar mucho, y bien, de Memorias del desarrollo. La mayoría de esas recomendaciones suelen ser frustrantes cuando las visionas, y esa es de las poquísimas excepciones en que no solo quedé satisfecho, sino que la incorporé al selectivo escaño de obra de arte. Es una joya del cine cubano, un punto de inflexión decididamente revolucionario en la manera de narrar. La he visto cuatro veces.

Estaba un poco perdido luego de mi ausencia nacional por tres años. No sabía quién era el sujeto que estaba detrás de la obra. Un día lo conocí, junto a su pareja, Lynn Cruz, cuando fui a ver una pieza de teatro en el Brecht. Era una persona bastante joven, peludo y barbudo, de unos treinta y tantos años. Obviamente prejuiciado, me costaba casar el recuerdo de la película con la imagen de Miguel. Había pensado en alguien mayor, menos sociable, con una proyección personal más encumbradita. Luego de aquel primer encuentro vi Nadie, otra pieza notable del cine nacional. Fue ahí que me entró picazón por saber más del autor y lo que me faltaba por ver de su filmografía.

Cartel de "Memorias del desarrollo" (2010).
Cartel de "Memorias del desarrollo" (2010).

Él y Lynn estaban en la recta final de Corazón azul, lo que hacía potencialmente imposible un acercamiento. Luego se sucedieron una serie de “tornados” que mantuvieron lejos este propósito. Finalmente, en algo que clasificaría como un “operativo cultural”, mi novia y yo nos lanzamos hace pocos días hasta su casa para ver su último filme, censurado a cal y canto en Cuba

La película me ha dejado en un estado de perplejidad que todavía estoy procesando. Un filme con mucha información como para ser apreciado vertiginosamente durante una tarde lluviosa. Indiscutiblemente otro hito en el quehacer de su director, cuya tesis descansa en la historia de una manipulación genética. Lao Tze no podía dejarlo científicamente manifiesto, pero hoy sabemos que, si manipulas la mente, los neurotransmisores desencadenarán un raudal de información electroquímica que tendrá repercusiones físicas. Corazón azul es la tenebrosa metáfora de un experimento, real, con devastadores resultados. Después de los créditos la pareja tenía algunos bocadillos para amenizar, y conversamos todo lo extenso que nos permitió el tiempo.   

 Fotograma de "Memorias del desarrollo." (2010).
Fotograma de "Memorias del desarrollo" (2010).

He consultado algunos documentos y testimonios para acercarme a tu trabajo, pero ninguno me ha sido tan esclarecedor como el de Matthew David Roe. Con su exhaustiva indagación crítica —y ahora que he llenado los faltantes de tu filmografía—, percibo en toda tu obra una coherencia conceptual y técnica asombrosa. Es como si, desde Pirámide, tuvieras un programa bien claro de tu derrotero. Incluso, pienso que los asuntos “espinosos” que tanto incomodan a la institucionalidad oficialista en Cuba son meramente contextuales, porque son los que te tocan… nos tocan. Ahí detrás, como en una tragedia griega o bantú, se respira el aliento cardinal de la identidad humana, sus antagonismos, los mitos arquetípicos para reemplazar sus mortales carencias. ¿Cómo llegan todos estos trozos de tu formación, la fotografía, el dibujo, la música, la literatura, a encajar de modo coherente en tu razonamiento humanista a través del cine? 

Antes de tener una cámara de video, había incursionado de forma amateur en la literatura con cuentos escritos a máquina, o dibujando cómics en las libretas de clase en el Pre. Pero nunca fui un buen dibujante, más bien hacía una y otra vez lo mismo hasta que quedara satisfecho. Tampoco estudié música, y eso sí lo lamento, porque siento que ahí si hubiera podido llegar más lejos. Cuando me regalaron la cámara VHS hice mis dos primeros cortos de forma autodidacta. En cada nuevo proyecto uno experimenta y aprende cada vez más. Lo demás es nacer con un sentido del ritmo, que se puede aplicar a todas las disciplinas cinematográficas (guión-fotografía-montaje-sonido). Eso no te lo enseña ninguna escuela. Me resultaría muy difícil ceder la fotografía o la edición de mis películas, porque soy obsesivo con el encuadre y el fotograma exacto para cortar, y no quisiera convertirme en un dictador al trabajar con otras personas.  

Con los actores soy mucho más abierto. Me gusta mucho el actor que es capaz de improvisar y propone para su personaje durante el ensayo, pues contribuye a que cada personaje tenga una voz propia, más allá de lo que yo hubiera podido imaginar en papel. Lamentablemente no siempre es el caso. Por eso uno simplemente tiene que tener claro cómo es el personaje, y cómo reaccionaría a determinadas circunstancias. En Memorias del Desarrollo —donde utilizaba muchas cosas que sucedían a mi alrededor y que terminaban formando parte de la narrativa de la película—, Ron Blair, quien interpreta a Sergio, al ser una persona también con una visión muy crítica de la sociedad, se convirtió en un colaborador ideal. La personalidad de Sergio se volvió entonces una extraña simbiosis entre Edmundo Desnoes, Ron Blair y yo. El rodaje fue extenuante. Ron se quejaba también de la cantidad de veces que repetía un plano, en realidad casi todos mis actores se quejan de esto, pero no puedo evitarlo, uno va descubriendo cosas nuevas y puede ir perfeccionando cada vez más el plano. También ayuda cuando conoces al actor y escribes las escenas pensando en él. En un laboratorio creativo lo principal es trabajar con tiempo. Eso reduce el estrés y lo más importante en definitiva es lo que queda en la pantalla.

Trato de no racionalizar demasiado al comienzo, eso cae de forma natural después. Pero esa primera, la experiencia sensorial, rara vez te traiciona, y si estás en un diálogo directo con tu subconsciente, ahí tienes toda la materia prima para trabajar. Ese estado de inspiración, es quizás lo más difícil de lograr en esta sociedad. Hay muchos elementos que conspiran contra eso. Por eso he elegido simplificar mi vida material al máximo. Me resulta muy importante crear una narración que resulte impredecible, con muchas interrogantes donde al final el espectador tenga que completar. En ese sentido no me gustan nada las películas donde todo queda amarrado y explicado. La muerte del misterio, es para mí la muerte del arte. La hibridez de géneros me resulta también esencial, porque crea mayor incertidumbre narrativa. El cine está demasiado amarrado por los requerimientos comerciales, la industria, o los patrones de lo que se espera del cine de arte, incluso en los circuitos alternativos. Y muchas veces te das cuenta que hay directores que trabajan para encajar en perfiles de ciertos festivales o mercados de cine de arte. Esto se me hace tan predecible e irritante como una película de fórmula hollywoodense. Creo que uno debe entrar en diálogo con sus demonios. Hay muy pocas cosas que puedes controlar en la vida, pero para mí el cine es una de ellas y por eso debo ser honesto. Después siempre encontrarás un público, aunque sea pequeño. En el espectador me interesa más la calidad que la cantidad. 

El cine es una disciplina relativamente mercenaria, su escala de producción y expectativas de mercado, han conseguido que la cantidad de voces autorales escasee comparada con otras disciplinas artísticas. Yo intento que la autopista que conecta el cerebro a la pantalla sea un poco más expedita, y lograr así una libertad más cercana a la del escritor. Tienes que entonces invertir en tiempo lo que no tienes en presupuesto. Creo en un cine que sea independiente no por su forma de financiamiento sino en contenido y forma. 

Cartel de Nadie (2017).
Cartel de "Nadie" (2017).

A la política se llega de forma inevitable porque considero que en el arte no puede existir ningún tema sagrado. No soy religioso, ni me interesan las drogas, ni los políticos, ni la moralina de los conservadores. El mundo en que vivimos está ahí para ser criticado. Las contradicciones de los personajes que me interesan muchas veces no existirían si no hubiera, para empezar, una inconformidad con el mundo. Eso pasa en Nadie con Cuba, pero también en Memorias del Desarrollo con los Estados Unidos. Un creador debe ser un eterno inconforme, desde el momento que se afilia con un partido político, secta, o movimiento, eso significará un lastre para su creación, porque estará evitando un área crítica en su subjetividad. 

Hay una fantasmagoría en tus películas, también en las más realistas… pienso en los testimonios y testimoniantes de tus documentales, que les confiere un aura apocalíptica, inquietante y paranoide, desde donde resulta difícil imaginar que el cielo volverá a ser azul algún día. Cuando el espectador se sumerge en tu discurso con plenitud perceptiva, no deja de pensar en la perturbadora proximidad que hay entre representación y realidad, empujando las fronteras de la ciencia ficción hacia algún distópico exoplaneta, aunque casi siempre es este mismo. ¿Es este relato gótico la lectura de cuán fritos estamos como especie, relamiendo nuestros errores ad infinitum? ¿Podrías identificar alguna falla de origen en la programación de este holograma que es la humanidad? ¿Es tan estúpida como aparenta?

La mayoría. La verdadera libertad de expresión y explosión creativa les interesa a muy pocos. En la infancia, adolescencia y primera juventud, destellan los mejores momentos del hombre común. El ser humano tiende a la obediencia, es cobarde, y generalmente se decanta por la forma más eficaz de obtener bienes materiales; trabaja sin pasión esperando los fines de semana, mientras ansía los hedonismos que aún no puede costearse y terminan conformándose con la idea de que quizás a sus hijos les irá mejor. Los seres humanos continúan esclavizados por las tradiciones, la mayoría necesita creer en algo, sea una religión, secta, droga, políticos de izquierda o de derecha. Escribiendo esto me doy cuenta que sueno como un extraterrestre, pero mi propia obsesión ha sido el cine, así que creo que soy humano después de todo. Pero quisiera otro tipo de sociedad, un sistema social que aún no ha sido inventado. De momento puedo simpatizar con la anarquía, pero no tengo la respuesta al retraso evolutivo del hombre. Por eso mis sentimientos hacia la manipulación genética son ambivalentes en Corazón azul. Siempre tengo en cuenta mis propias contradicciones cuando me atrae una temática. Somos una especie jodida, incluso cuando decides ir contra la corriente, acumulas bastante información solo para que tu cuerpo comience a fallar, e inevitablemente se te acabará el tiempo antes de que puedas sacar todo tu potencial. La historia se repite, porque las experiencias negativas de generaciones pasadas son ignoradas, incluso pueden ser leídas, pero no heredadas para ser verdaderamente sentidas. Quizás la tecnología nos regale esa posibilidad algún día y nos permita realmente salir del subdesarrollo a una escala global.

Una guía creativa fundamental para mí son los estados de ánimo en los sueños. En Corazón azul nunca brilla el sol, y es porque la luz de los sueños nunca es día o noche. Es un estado enrarecido, un limbo donde cualquier cosa es posible. Por eso en la ciencia ficción me interesa más la ficción que explicar la propia ciencia. La ciencia me interesa más como concepto que como fórmulas. Y eso me permite crear una realidad alternativa, un tablero donde existen muchas más posibilidades dramatúrgicas conectadas con mayor libertad creativa. 

Me pareció perceptible la ejecutoria que hay entre tus filmes dentro de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), y los que has realizado después o al margen de ella. ¿Cuánto crees que te aportó la formación en ese lugar? ¿Qué otros espacios académicos contemplas en tu currículo?

En la EICTV aprendí a editar, pues antes había tenido que filmar en orden cronológico. Pero lo mejor de la escuela fue la videoteca. Veía dos películas diarias. Ver y hacer es la mejor escuela que puedes tener. La Cinemateca también fue un punto importante pues estaba cerca de la casa. Pero en realidad, mi primera escuela de cine inconsciente fue la animación japonesa durante la infancia. Como los presupuestos nipones nunca estuvieron a la altura de Disney, la animación era a menudo limitada, pero la composición visual y el diseño de montaje eran generalmente mucho más imaginativos, y las historias muchas veces eran más oscuras. Tampoco me perdía el programa de televisión 24 por segundo, de Enrique Colina. Sus análisis de escenas, aun siendo niño, me resultaban fascinantes.

¿Influyó directamente el ambiente intelectual de tu familia en la decisión de hacer cine? ¿Nunca te sentiste atraído por la arquitectura, como profesión, quiero decir?

La arquitectura no realmente. Quizás me parecía demasiado rígida por el requerimiento de funcionalidad y necesitaba demasiados recursos o depender del gusto de alguien para que un proyecto fuera aprobado. Estudié diseño en el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) por un año antes de entrar a la EICTV. Mis padres al principio estaban un poco reticentes porque sabían lo duro que era el cine. Pero después me apoyaron incondicionalmente.

 Cartel de "Corazón azul" (2021).
Cartel de "Corazón azul" (2021).

Hacerte esta pregunta directamente parecería un chiste de borracho, pero, ¿hay cine independiente en Cuba?

Es un tema complejo. Con el decreto Ley 373 hay límites en los contenidos que no puedes cruzar, entonces se hace difícil hablar de un cine independiente. Lo que define el término es no tener que hacer ningún compromiso, sea con el Estado o productores. Ser tu propio jefe. 

En Cuba hay cineastas con mayor o menor grado de independencia. Eso también depende del tipo de cine que quieren hacer. Pero en mi caso ninguna de mis películas existiría si no hubiese tenido independencia total, y eso sólo se logra fuera de la matriz.

¿Por qué te visita tan oportunamente Antonia Eiriz en tus películas?

El expresionismo de Antonia me lleva a los sueños, se aleja de toda realidad y me adentra en un territorio desconocido del subconsciente. Hay una belleza extraordinaria en esos monstruos, pareciera que mutan. Su deformidad los convierte en seres atemporales y eternos. Me atrae la idea de hacer una película de animación sólo con sus pinturas.

En IDEA hay un atisbo de Por primera vez, cuando los niños ocupan la improvisada sala de visionaje. También Memorias del subdesarrollo te ronda muy de cerca, tal cual, y en la relectura que haces de ella. Además de otros homenajes que se advierten en tu obra, que son deliberadamente interpretados, ¿por quiénes te sientes influenciado manifiestamente (y no me refiero solo al cine, sino a cualquier ámbito del espectro cultural, social)?

Hay muchos que estoy dejando fuera, pero Orson Welles, Michelangelo Antonioni, Jean Luc Godard, Santiago Álvarez, Nicolás Guillen Landrián, Andréi Tarkovsky, Mamoru Oshii, por solo mencionar algunos; en artes visuales, Edward Munch, Antonia Eiriz; en música, Pink Floyd, Krzysztof Penderecki, Leo Brouwer, Labradford, Murcof, Akira Yamaoka, no puedo nombrarlos todos. Casi siempre escribo y edito con música.

 Fotograma de Lynn Cruz como Elena en Corazón azul.
Fotograma de Lynn Cruz como Elena en "Corazón azul". | Imagen: Cortesía del entrevistado

¿Cuánto te aporta Lynn Cruz como colaboradora inmediata? ¿Eres su “representante internacional”?

Lo de “representante internacional” fue un chiste para descolocar a los burócratas de la agencia Actuar, en la serie web del mismo nombre, y que representa una crónica de la gradual censura de Lynn como actriz en Cuba, a partir de conversaciones grabadas de forma clandestina. El aislamiento posterior fue casi totalitario. Incluso los proyectos independientes dejaron de llamarla a casting. El único cineasta que volvió a filmar con ella posterior a su censura en Cuba, fue el director alemán Steffen Khon. Lynn es mi musa y mi primera colaboradora

Yo escribo, dirijo, fotografío, edito, diseño el sonido y los efectos especiales, y Lynn es coproductora, asistente de dirección, diseñadora de vestuario y maquillista. En algunas escenas de Corazón azul también sirvió de coach para los actores menos experimentados. Corazón azul es una película hecha con muchos favores y en algunas escenas tuvimos ayuda de amigos. Pero realmente estuvimos los dos solos la mayor parte del tiempo. No hubiera sido posible si Lynn no compartiera un modo similar de ver el arte. 

Durante la escena en que Tomás (Héctor Noas) encuentra a Elena, el primer plano de Lynn lo repetimos veinticinco veces. Fue un día entero dedicado a ese plano, nosotros dos solos allí perfeccionando. Yo quería frialdad en el rostro y al mismo tiempo la lágrima, para dejar claro que ese personaje tenía el misterio de otra forma de sentir. Ella también es obsesiva y perfeccionista.

Al trabajar a veces me olvido del desgaste que implica filmar en estas condiciones, sin permisos, en locaciones que tenemos un tiempo o una duración de luz limitada, eso crea una adrenalina obsesiva donde muchas veces me estresaba por lograr que el plano saliera. Lynn a veces se quejaba de que a los demás actores les doy más libertad que a ella, pero es que realmente los personajes manipulados genéticamente tienen una forma muy específica de ver el mundo, una distancia, con un ritmo distinto al hablar y un español cubano más neutral. Cuando vi a Lynn por primera vez en Larga distancia me dije, “ella podría ser Elena”. Su personaje de Larga Distancia era muy distinto, pero ahí estaba la mirada penetrante. La mirada es lo más importante para mí, un actor debe ser capaz de sostener el silencio. Eso me parece algo esencial, inseparable del lenguaje cinematográfico. La palabra puede pertenecer a la radio, al teatro, o a la televisión. Elena era un personaje difícil, porque es una mutante que ha pasado por todo, una parte de ella ha muerto emocionalmente, está un poco de vuelta, en busca de su humanidad. Vaga en un limbo emocional, donde pareciera que la única forma de sentir es la violencia o el sexo, hasta que siente la necesidad de reconectar con sus orígenes. Curiosamente lo que filmábamos en la película comenzó a tener extraños paralelos en la vida real. En 2018 un oficial de la Seguridad del Estado en Corazón azul dictamina que Elena es una mujer altamente peligrosa. Y en 2020 durante un interrogatorio (real) a nuestro amigo el fotógrafo Javier Caso, otro agente le advierte alejarse pues “Lynn es una persona controlada por nosotros”. 

Lynn no es una actriz cubana tradicional, su físico y su energía son internacionales, es por eso que me llamó la atención. También los actores muchas veces están tan concentrados en sonreír y ser amables que a veces cuesta ver sus demonios en una primera impresión. La oscuridad siempre me atrae. Ella también se siente atraída hacia actuaciones estilizadas, por encima de la cotidianidad habitual en el cine cubano. Ser distinto te hace vivir dos disidencias, en el arte, e inevitablemente en la política. En la escena final de la película nos abrazamos frente al mar enfurecido por un frente frío. La cámara filmaba sola a distancia en una roca. Estábamos actuando en una película en medio de una soledad absoluta y hermosa.

¿Podemos hablar de planes? ¿Hay alguno a la vista que pudiera estarse incubando para de aquí a cinco años o más, o esa excepción es exclusiva de Corazón azul?

Abandonar el mundo de Corazón azul fue duro, podría hacer mi próxima película en ese universo, pero uno tiene que probar cosas nuevas. También estoy terminando de revisar una novela de ciencia ficción que se llama La isla vertical. Pero de alguna forma siento que me gustaría probar algo nuevo en formato. El cine comienza a quedárseme un tanto corto a la hora de crear. Puedes hacer una película polisémica, pero al final siempre sería físicamente la misma. El mundo de los videojuegos siempre me ha fascinado para crear una historia que pueda ramificarse de acuerdo a las decisiones del jugador. Tiene muchas posibilidades que rara vez se explotan por ser ante todo una industria. Tengo muchas ideas, pero lamentablemente no sé casi nada de programación. Tengo un proyecto que ahora mismo estoy escribiendo, pero creo que aún no está lo suficientemente avanzado como para comentarlo.

Amílkar Flores
Amilkar Feria Flores

La Habana (1967). Escritor y artista visual. Licenciado en Pedagogía en Artes; Diplomado en Antropología Cultural y en Producción Simbólica. Ha ejercido como ilustrador gráfico, analista de prensa, periodista y profesor universitario. Ha publicado, entre otros, los títulos: Las dulces horas (Premio Pinos Nuevos 2007 (Poesía, Unión, 2008)); Algunas animalezas y otras bestialidades (Narrativa, Ediciones Extramuros, 2010 y Crónicas diluvianas (Narrativa, 2010). Cuenta con numerosas exposiciones personales y colectivas en Cuba y el extranjero. Actualmente desarrolla el proyecto de experimentación artística Observatorio Entrópico de Palatino.

Comentarios:


Anónimo (no verificado) | Sáb, 18/12/2021 - 09:01

Gran cineasta, una de las mentes más libres y creativas del arte en Cuba.

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