La charada afrocubana es una variante simbólica de la charada popular cubana, pero centrada en el lenguaje religioso, espiritual y cultural de raíz africana presente en la Isla. No sustituye a la charada cubana más conocida, sino que funciona como una charada especial que profundiza en significados religiosos, nacida de ese mismo impulso popular de traducir la vida, los sueños, los santos, los objetos sagrados y las señales del mundo en números jugables.
En la charada cubana común ya se encuentran desde muy temprano huellas profundas de este universo religioso y cultural. Ahí están, por ejemplo, símbolos como la jicotea (el número 6 incluso en la más antigua charada china), San Lázaro, la palma, la batea, las velas, los muertos, la guerra, el coco o el toque de tambor, todos muy ligados a la religiosidad afrocubana, al espiritismo popular y a las formas cubanas de consulta, protección y adivinación. La charada afrocubana, surgida de la tradición popular y transmisitida oralmente a través de generaciones, lleva esa relación un paso más allá: organiza de forma directa números vinculados a orishas, santos, objetos rituales, ceremonias, ofrendas y signos religiosos.
Por eso esta charada no debe entenderse solo como una curiosidad ni como una simple lista alternativa. Es una forma de leer la vida desde un lenguaje espiritual muy cubano. En ella se cruzan la santería, la cultura popular, los sueños, las creencias protectoras, la búsqueda de señales y también el deseo de encontrar los números clave para jugar a la bolita, igual que ocurre con la charada cubana en general.
En Cuba, religión, cultura popular y numerología callejera se mezclan desde hace mucho tiempo. La charada afrocubana nace precisamente de ese cruce: del hecho de que para muchos creyentes y practicantes los santos, los orishas, las consultas, los caracoles, los muertos, las visiones, los objetos rituales y los sucesos diarios también dan números.
LA CHARADA AFROCUBANA(sus números y símbolos) |
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| 1. Elegguá 2. Oshosi 3. Oggun 4. Orunmila (Orula) 5. Oshún (Ochún) 6. Shangó (Changó) — jicotea 7. Yemayá — caracol, Osain 8. Obatalá — muerto, Osun 9. Oyá 10. Babalú Ayé 11. Angayú —Yewá, gallo, lluvia 12. Orisha Oko 13. Inle 14. Olókun 15. Oba 16. Olofi — fuego 17. San Lázaro 18. Palma 19. Jutía 20. Fruta 21. Cotorra 22. Resguardo — jicotea, jimaguas/mellizos, sapo 23. Monte 24. Cocina — paloma, espíritu 25. Sapo 26. Curandero 27. Mono 28. Collar — chivo 29. Maracas — jutía 30. Buey — chivo 31. Pato — zapato 32. Enemigo 33. Baraja 34. Paloma — mono 35. Amarre 36. Bodega 37. Robo — gallina prieta 38. Automóvil 39. Rayo 40. Altar — sangre 41. Sangre — pato, jubo 42. Carnero 43. Jicotea 44. Campaña 45. Palo 46. Fuego 47. Gallo — sangre 48. Monedas 49. Espíritu 50. Pañuelo |
51. Plato 52. Abogado 53. Beso — prenda 54. Gallina Blanca 55. Comida 56. Dulces 57. Vela 58. Bebida — cuchillo, batea 59. Sopera 60. Gallina Prieta 61. Zapato 62. Iniciación 63. Caracoles 64. Herramientas 65. Güiros — comida 66. Toque de Tambor 67. Tatuajes — zapato 68. Hierros 69. Jícara 70. Coco 71. Hierba — río 72. Rayos — Obatalá, buey 73. Navaja 74. Chivo 75. Flores 76. Vestido Blanco 77. Guerra — muletas de San Lázaro, muletas 78. Río 79. Bautizo 80. Pintura 81. Despojo 82. Madrina — batea 83. Sabana 84. Chiva — sangre, espejo, mar 85. Espejo 86. Tijera — palma 87. Plátano 88. Babalao 89. Mar — agua 90. Viaje 91. Enfermo — pájaro negro 92. Bendición 93. Traición 94. Perfume — flores, machete, mariposa grande 95. Cuchillo 96. Muerto — zapato 97. Polvo 98. Traición — beso, entierro 99. Lluvia — gallo 100. Escoba — Olofi, candela |
Qué es la charada afrocubana
La charada afrocubana es un listado popular de números asociados a símbolos religiosos y culturales de la tradición afrocubana. En ella aparecen nombres de orishas, objetos de ritual, espacios de culto, acciones ceremoniales, atributos sagrados y elementos de consulta espiritual que dentro de la experiencia cubana pueden traducirse a números.
Su lógica se parece a la de la charada cubana general: una figura, una imagen, una palabra o una señal se convierte en número. Pero aquí el centro no está en animales, profesiones o escenas corrientes, sino en el mundo religioso y simbólico afrocubano. Esa es la razón por la que aparecen términos como Elegguá, Ogun, Oshún, Shangó, Yemayá, Obatalá, Oyá, Olofi, San Lázaro, palma, batea, coco, hierros, despojo, pintura, gallina prieta, gallina blanca, bebida, cuchillo, caracoles o toque de tambor.
No se trata de una lista canónica de una religión oficial ni de una tabla doctrinal cerrada. Es, más bien, una construcción popular nacida del cruce entre religión, cultura callejera, prácticas de adivinación y juego.
Por eso, esta charada afrocubana puede verse como una especialización religiosa y simbólica de la charada cubana general. No reemplaza la otra lista, sino que la complementa y enriquece.
Los números de los orishas en la santería cubana
Debemos tener en cuenta que, aparte del listado de la charada afrocubana establecido por la tradición y la cultura popular, también hay números que son marcas de los orishas y cumplen funciones especiales dentro de los ritos religiosos, y que los tiene muy en cuenta cada creyente en su vida cotidiana.
En la santería cubana, cada orisha —las deidades de origen africano que forman esta religión— se reconoce por varios elementos: sus colores, sus atributos, sus caminos… y también por números simbólicos. Estos números aparecen en ofrendas, collares, ceremonias y rituales, y ayudan a identificar la energía y la presencia de cada orisha.
Además, dentro de la práctica religiosa existe un sistema de adivinación llamado diloggún. El diloggún es una forma de consulta que utiliza caracoles para interpretar mensajes espirituales. Según cómo caen los caracoles, se forman signos o “letras”, y cada uno de esos signos está asociado a determinados orishas. Por eso, cuando se habla de los números de los orishas, muchas veces se están mezclando dos cosas:
- los números rituales propios de cada orisha
- y los números o signos por los que se manifiestan en consulta
Esto explica por qué un mismo orisha puede aparecer relacionado con más de un número según el contexto.
En términos generales, estos son algunos de los números más conocidos y extendidos en la santería cubana:
- Elegguá: 3
- Oggún: 3 y sus múltiplos
- Orula (Orunmila): 4 y 16
- Oshún: 5
- Shangó: 6
- Yemayá: 7
- Orisha Oko: 7 y sus múltiplos
- Obatalá: 8 y sus múltiplos
- Oyá: 9
- Babalú Ayé: 17
- Olokun: 7 y sus múltiplos
Estos números no son simples números de suerte. Son parte de un lenguaje simbólico y religioso. Pero en Cuba, esa simbología se ha mezclado con la cultura popular, con la charada y con el juego de la bolita. En definitiva, los números de los orishas forman parte de una gramática espiritual: una manera de reconocer, invocar y entender a cada deidad dentro de la tradición espiritual, y al mismo tiempo un puente que conecta la religión con la vida cotidiana y la cultura popular de la Isla.
En su investigación "Números mágicos. El simbolismo numérico en el culto de la santería afrocubana", Mária Dornbach describe esa fuerte marca de los números dentro de la religión yoruba. Algunos números atraviesan varios significados; por ejemplo, el siete, un número de connotaciones universales:
"El siete en la religión yoruba es el número santo ante todo de Yemayá, diosa del mar y de la maternidad, pero aparece también en la representación de Ogun, dueño del hierro y la sabana, en la de Oshosi, dios de la caza y en la de Inle, dios de la medicina y la pesca".
El monte y los santos también dan números
Dentro de la cultura popular cubana existe una idea muy extendida: que los santos, los orishas, los muertos, las consultas y los sucesos espirituales también pueden dar números. No solo los sueños sirven para eso. También una visita al cuarto de santo, una consulta con caracoles, una ceremonia, una visión, una advertencia, una aparición simbólica o un objeto que sobresale de pronto en la vida cotidiana pueden convertirse en número.
Por eso la charada afrocubana no nace solo de la imaginación del jugador, sino también de un ambiente religioso donde la realidad puede ser leída como un mensaje. Un santo que “habla”, un muerto que avisa, una mariposa insistente, un río, una jícara, una palma o unas muletas pueden verse no solo como símbolos religiosos, sino como claves numéricas.
Esa mezcla entre religión, señal, protección y apuesta está profundamente arraigada en la vida cubana. Explica por qué muchos creyentes y practicantes no ven contradicción entre consulta espiritual y consulta de la charada: ambas forman parte, para ellos, de una misma necesidad de descifrar el mundo.
En El Monte, obra cumbre de Lydia Cabrera, la autora cuenta:
"Cuando para sacar a cualquiera de un aprieto, lo mandaba a que se jugase el dinero de la comida o del alquiler del cuarto al número que le decía, nunca lo engañaba. Ese número que daba Changó Terddún salía seguro".
Otro testimonio recogido en El Monte:
"Osún le dice al consultante que lave santo —que haga consagrar su piedra—, y la tenga en su casa y la atienda. Le va a dar un número de lotería".
Los números mágicos o de la suerte comunicados, viajan en apariciones de animales, sucesos cotidianos, sueños, o palabras susurradas a través de la naturaleza, como en las alas de una mariposa. Hay que tener sensibilidad y fe para poder verlos. Hablando de cómo capturar brujas, un cubano relataba:
"La ceniza es empleada por el mayombero para producir todo género de calamidades. 'Las de tabaco son las peores'. En la ciudad de Trinidad y sus contornos, 'las brujas —no las mariposas negras que anuncian muerte y tienen escrito en las alas el número que saldrá premiado en la lotería, sino las de carne y hueso— que vuelan de noche, se atrapan con cenizas'."
Para qué se usa la charada afrocubana
La charada afrocubana se usa, sobre todo, para interpretar signos, consultas, sueños y experiencias religiosas y convertirlos en números. Algunas personas la consultan por simple curiosidad cultural. Otras la usan como parte de una lectura espiritual de lo que les ocurre. Y otras la emplean directamente para jugar a la bolita, del mismo modo en que consultan la charada cubana general.
Esa relación con la bolita es importante. Igual que la charada común, la charada afrocubana funciona como una tabla de conversión simbólica: toma una imagen, una deidad, un objeto ritual o una experiencia religiosa y le asigna un número. Así, un hecho espiritual o una consulta religiosa puede traducirse en apuesta.
No hace falta ser practicante de una religión afrocubana para entender por qué esta lista ha tenido fuerza en Cuba. Basta con reconocer que las religiones afrocubanas han influido enormemente en la espiritualidad, la imaginación y la cultura cotidiana del país. Esa influencia también llegó, naturalmente, al lenguaje de la suerte.
La charada afrocubana muestra hasta qué punto los números, en Cuba, no pertenecen solo al azar. También pertenecen a la religión, a la memoria cultural, a la consulta espiritual y a la manera popular de interpretar la vida.
Es una expresión más de una tradición cubana muy honda: la de mirar los sueños, los símbolos, la religión y los acontecimientos diarios como señales que pueden decir algo, proteger, advertir… y también dar números.
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