Luis Robles Elizástegui
Luis Robles Elizástegui

"Para muchos, el 2020 fue además el despertar de una conciencia cívica dormida desde hace décadas, a la vez que el desenmascaramiento de la dictadura."

El 2020 marcó un año atípico para la población mundial, golpeada por la pandemia del coronavirus y por varios movimientos en el panorama político-social, con repercusión en la economía de un gran número de naciones. Cuba, lejos de ser una excepción, es un ejemplo de esas tendencias variopintas que mantuvieron la tensión de las personas en un año en el que la convivencia social y el acceso a distracciones se vio notablemente afectado.

Las preocupaciones del cubano de a pie oscilaron entre la COVID-19, en el primer semestre, y la crisis humanitaria que el propio régimen reconoció finalizando el periodo. Pero, para muchos, el 2020 fue además el despertar de una conciencia cívica dormida desde hace décadas, a la vez que el desenmascaramiento de la dictadura, que decidió enfrentar a la sociedad civil cubana con argucias que fueron más allá del stalinismo y las habituales sutilezas de sus órganos de represión, encabezados por la Seguridad del Estado.

Así lo prueban los resúmenes de las principales organizaciones no gubernamentales que en lo referente a derechos humanos monitorean y registran lo que ocurre en la isla, entre las que podemos destacar los informes del Observatorio Cubano de Conflictos (OCC), el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) y Cuban Prisioners Defenders (CPD).

Los puntos álgidos en todos sus análisis constituyeron las protestas del 30 de junio, cuando la sociedad civil hizo un llamado a exigir justicia por Hansel Hernández, joven afrocubano fallecido en un altercado con la Policía Nacional Revolucionaria; el 8 de septiembre, tras la convocatoria del partido opositor Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) a participar en la “Revolución de los girasoles”, una caminata pacífica por la libertad de los cubanos, bajo la protección de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba reverenciada en esa fecha; y las protestas que en el mes de noviembre protagonizaron artistas, periodistas independientes, activistas y otros para demandar la liberación del rapero Denis Solís, encarcelado injustamente por las autoridades cubanas.

La consolidación de las minorías como el Movimiento San Isidro (MSI), la sentada de centenares de personas frente al Ministerio de Cultura que generó la plataforma de denuncia social 27N, y por otro lado la campaña de difamación desatada en los medios de la prensa estatal contra opositores y contra la libertad de expresión en sí, crearon un precedente imposible de borrar para este 2021 que recién comienza.

Pero estos no fueron los únicos hechos que en materia de rebelión ocurrieron en 2020. Según la OCC, entre septiembre y diciembre se triplicaron las manifestaciones públicas de protesta en Cuba, con un total de 122 de estas acciones en el último mes del año, superior a las 110 de noviembre, matizadas por el contexto del MSI y el desafío abierto a las instituciones del estado.

La ONG destacó que existe un “descontento de la población contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel”, que transciende el plano económico, pues casi el 50 % de las manifestaciones fueron motivadas por factores sociales, como las relacionadas al MSI, el 27N y otras. Mientras que, en la parte económica, las protestas aumentaron tras el anuncio de las medidas de la “Tarea Ordenamiento” el pasado 10 de diciembre. Si bien estas últimas han tenido más éxito en el plano de hacer ceder al régimen y obtener resultados concretos. OCC remarcó la influencia de la prensa independiente, los activistas políticos, los influencers en redes sociales, personalidades destacadas de la cultura, sacerdotes de la Iglesia católica y otros religiosos, así como de varios sectores con demandas puntuales, como LGBTI, animalistas, cuentapropistas y artistas en este despertar del pueblo cubano.ç

Manifestantes cubanos frente al Mincult
Jóvenes cubanos concentrados frente al Ministerio de Cultura, La Habana, 27 de noviembre de 2020.

La otra cara de la moneda ha sido el aumento de las detenciones arbitrarias por parte de las fuerzas policiales de la dictadura, que según OCDH se registraron unas 1816 en todo el país a lo largo del año. Nuevamente la sociedad civil fue el blanco preferido de estas acciones injustificadas del régimen, que contabilizaron 996 en el segundo semestre, cifra superior a las 820 del primero. Las provincias con mayor representación de activistas políticos fueron las más golpeadas, con 786 detenciones en La Habana, 262 en Santiago de Cuba y 193 en Villa Clara.

Infelizmente estos arrestos suelen traspasar el mal rato y los antecedentes penales, y en muchas ocasiones se convierten en la semilla de un caso “legal” construido contra quienes se atreven a alzar su voz en Cuba. Este mes CPD informó que la lista de presos políticos en cárceles cubanas aumentó en cinco nuevos casos, para totalizar unos 138 ciudadanos cuya libertad es violada por los representantes de un país que a partir de 2021 se sentará en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Los nuevos prisioneros de conciencia, como los catalogó la ONG Amnistía Internacional, son tres integrantes de la UNPACU, más el opositor Virgilio Mantilla Arango, quien protagonizó una huelga de hambre en una prisión de Camagüey en el mes de diciembre, y el joven sin filiación política, Luis Robles Elizástegui, quien protestara en ese mes mostrando un cartel en un bulevar habanero en apoyo a la campaña de liberación de Denis Solís.

Estas cifras avizoran un 2021 para nada pasivo, con una epidemia todavía por enfrentar y que, en Cuba, apenas vive su peor momento. Sumémosle a eso el ambiente de recesión económica global, y la particular crisis de la moneda y la economía de la isla, con una administración política intransigente en lo que respecta al cambio y la tolerancia. Y lo que quizás sea más significativo, allende los números y la superficie que se distingue desde cualquier ángulo, es lo que este periodista, que también es un cubano de a pie, puede testimoniar en la opinión pública de sus conciudadanos, en el día a día: el creciente descontento del pueblo que ya no permanece callado en las inhumanas colas, ni se siente aminorado por el uniforme de ese otro cubano que sufre por igual, y que le toca ser gendarme de una minoría que mal gobierna y feudaliza a la nación. Esperemos.

El poeta Mario Félix Ramírez Méndez
Mario Félix Ramírez Méndez

(Camagüey, 1994). Poeta y crítico. Graduado de Ingeniería en Telecomunicaciones en la Universidad Central de Las Villas. Autor del poemario Corolario (Ed. Homagno, Miami, 2019).

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