Hermanas de la Caridad en La Habana
Hermanas de la Caridad en La Habana

La policía impidió a una monja entrar a la casa donde cubanos están en huelga de hambre y sed. Lo cuenta David Pantaleón, el superior de los jesuítas en Cuba.

David Pantaleón, superior de los jesuítas en Cuba, es alguien normalmente solidario con las cusas sociales de su tiempo, en su perfil de Facebbok se encuentran testimonios humanitarios en relación con los migrantes, los pobres, e incluso comentarios críticos o de dolor respecto a la misma iglesia a la que pertenece. Esta vez, él no se ha podido quedar callado ante la urgencia humanitaria, de libertad y de caridad, a propósito del grupo de cubanos que cumplen huelga de hambre y sed en Damas 955 en La Habana, y ha denunciado cómo las mismas autoridades que coartan sus derechos civiles también llegan al colmo de impedirles asistencia  religiosa:

Tomado de su muro de Facebook:

Una hermana religiosa intentó llegar, sin publicidad y sin cámaras, hasta el grupo de jóvenes de San Isidro que están hace varios días encerrados en su local. Ellos permanecen allí pidiendo la liberación de uno de sus compañeros que consideran apresado injustamente y condenado sin defensa.

La monja solo quería dar un poco de asistencia religiosa ante la seria amenaza de muerte de los que llevan varios días en huelga de hambre y sed. Estaba allí sin más bandera que la compasión por el que sufre, estaba allí empujada por su fe, por su vocación cristiana. Quería transmitirle consuelo y esperanza con su sola y frágil presencia de mujer consagrada. Pero no la dejaron acercarse. Le prohibieron entrar.

Hasta en la celda de un criminal confeso, en cualquier lugar del mundo, se permite la visita del que trae el aliento de la fe. Hasta los presos condenados a muerte mantienen esos derechos.

Nos duele todo esto. No podemos cerrar los ojos y mirar hacia otro lado. No se trata solo de quien tiene la razón o no. No se trata de ideologías de izquierda o de derecha. Se trata de cosas tan simples como el derecho a vivir, a expresar lo que se piensa, a dialogar las diferencias sin “satanizar” al contrario, a que se respete la dignidad de todos y todas. Y en este caso en concreto es el derecho (hasta por humana compasión) a la asistencia religiosa en momentos de peligro.

Que les llegue, rompiendo muros y encierros, nuestra oración y aliento a los que allí sufren injustamente. Y que el Dios bueno, Padre de todos, abra caminos de dialogo y reconciliación.

P. David Pantaleón sj
24 de noviembre del 2020
La Habana. Cuba

 

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