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Efemérides | Calendario anticomunista: efemérides de febrero

Efemérides, fechas clave y memoria histórica del comunismo, sus crímenes y las luchas por la libertad.

Collage de imágenes del calendario anticomunista con efemérides de febrero. Víctimas, dictadores, líderes.
Película "La vida de los otros", conferencia de Yalta, Mao Zedong, estatuas de líderes norcoreanos, deportaciones estalinistas, monumento a las víctimas del Muro de Berlín.

ÍNDICE

  1. Efemérides de febrero
  2. ► DEL 1 AL 10 DE FEBRERO
  3. 1 Febrero 1992 — Estados Unidos, Camp David. Fin de la Guerra Fría
  4. 4 Febrero 1945 — Unión Soviética, Yalta. Conferencia de Yalta
  5. 5 Febrero 1971 — Hungría, Gorki. Muere Mátyás Rákosi
  6. 6 Febrero 1911 — Estados Unidos, Tampico. Nace Ronald Reagan
  7. 7 Febrero 1948 — Checoslovaquia. Antesala del golpe comunista
  8. 7 Febrero 1959 — Cuba, La Habana. Abolición de la Constitución de 1940
  9. 8 Febrero 1949 — Hungría, Budapest. Condenan al cardenal József Mindszenty
  10. 8 de febrero de 1950 — Alemania Oriental, Berlín Este. Fundación de la Stasi
  11. ► DEL 11 AL 20 DE FEBRERO
  12. 13 Febrero 1974 — Unión Soviética. Exilio forzado de Aleksandr Solzhenitsyn
  13. 14 Febrero 1950 — Unión Soviética, Moscú. Stalin y Mao sellan la alianza sino-soviética
  14. 15 Febrero 1989 — Afganistán. Derrota soviética y retirada final
  15. 16 Febrero 1942 — Unión Soviética, Vyatskoye. Nace Kim Jong-il (versión histórica)
  16. ► DEL 21 AL 28 DE FEBRERO
  17. 21 Febrero 1848 — Reino Unido, Londres. Marx y Engels publican el Manifiesto Comunista
  18. 21 Febrero 1981 — Alemania Occidental, Múnich. Atentado contra Radio Europa Libre
  19. 23 Febrero 1944 — Unión Soviética, Cáucaso Norte. Deportaciones estalinistas
  20. 24 Febrero 1976 — Cuba. Constitución socialista y partido único
  21. 24 Febrero 2002 — Hungría, Budapest. Inauguran el museo de víctimas del comunismo
  22. 25 Febrero 1947 — Hungría, Budapest. Arresto de Béla Kovács
  23. 25 Febrero 1948 — Checoslovaquia. Se instaura el régimen comunista
  24. 25 Febrero 1969 — Checoslovaquia, Praga. Inmolación de Jan Zajíc
  25. 26 Febrero 1990 — Checoslovaquia. Acuerdo para la retirada soviética
  26. 27 Febrero 1957 — China. Mao lanza la Campaña de las Cien Flores

Efemérides de febrero

Este calendario anticomunista de Árbol Invertido reúne, mes a mes, las efemérides anticomunistas que permiten trazar un recorrido crítico por la historia del comunismo como ideología y como sistema político totalitario. Más que un listado cronológico, es una herramienta de memoria histórica que contextualiza los momentos decisivos de la represión y de la resistencia frente a los regímenes comunistas: ascensos al poder de partidos únicos, purgas políticas, campos de trabajo forzado, censura cultural y violaciones sistemáticas de los derechos humanos, pero también actos de disidencia, denuncias intelectuales, caídas de dictaduras y procesos de apertura democrática.

A lo largo del año, este calendario recoge fechas clave —incluidos aniversarios de crímenes del comunismo, nacimientos y muertes de figuras decisivas, hitos culturales, discursos, documentos y gestos de resistencia— y las presenta con análisis y crítica del comunismo. Cada entrada conecta hechos locales con procesos globales, para comprender el comunismo no como una abstracción ideológica, sino como una sucesión concreta de decisiones, prácticas estatales y vidas truncadas.

Las efemérides anticomunistas de febrero reúnen acontecimientos que iluminan momentos decisivos de la historia del comunismo y de su contestación internacional. En este mes convergen acuerdos políticos que facilitaron la expansión del poder soviético, episodios convertidos en mitos fundacionales de regímenes totalitarios, consolidaciones de Estados de partido único, así como gestos de denuncia, disidencia intelectual y rupturas históricas que marcaron el comienzo del colapso del sistema comunista en distintas regiones del mundo.

Febrero permite observar con claridad cómo el comunismo pasó de promesa revolucionaria a estructura estatal represiva, y cómo, frente a esa deriva, surgieron respuestas cívicas, culturales y políticas que defendieron la libertad individual y la dignidad humana frente a la violencia ideológica.


► DEL 1 AL 10 DE FEBRERO

1 Febrero 1992 — Estados Unidos, Camp David. Fin de la Guerra Fría

Bush y Yeltsin dejaron por escrito que Washington y Moscú ya no se miraban como enemigos.

El 1 de febrero de 1992, en Camp David, George H. W. Bush y Boris Yeltsin firmaron la Declaration on New Relations between the United States and Russia (“Declaración sobre nuevas relaciones entre Estados Unidos y Rusia”). No fue una ceremonia más de la diplomacia posterior a la caída del Muro: apenas seis semanas antes, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) había dejado de existir. Yeltsin ya no comparecía como jefe de una superpotencia comunista, sino como presidente de una Federación Rusa empobrecida, inestable y obligada a redefinir su lugar en el mundo.

La declaración condensó en pocas líneas el cambio de época. Las dos potencias que habían vivido durante décadas bajo la lógica de los bloques, la amenaza nuclear y la competencia ideológica anunciaban un vínculo nuevo, al menos en el papel:

“Rusia y Estados Unidos no se consideran adversarios potenciales. De ahora en adelante, la relación se caracterizará por la amistad y la asociación, fundadas en la confianza y el respeto mutuos y en un compromiso común con la democracia y la libertad económica.”

El documento hablaba también de reducir “los restos de hostilidad de la Guerra Fría”, incluidos los arsenales estratégicos. La frase tenía una carga histórica enorme: el Estado que había organizado buena parte del siglo XX en torno al comunismo de partido único ya no existía, y su sucesor firmaba en suelo estadounidense una declaración basada en democracia, economía abierta y cooperación.

Detrás de la solemnidad quedaba una realidad más áspera. La URSS no había sido derrotada en una batalla final, sino por una combinación de agotamiento económico, rigidez política, pérdida de legitimidad y presión interna desde sus propias repúblicas. Camp David no cerró todos los conflictos que vendrían después, pero sí dejó una fotografía precisa del momento: el antiguo adversario soviético aceptaba públicamente que el lenguaje de la confrontación global había terminado.

Fuentes: Declaración conjunta Bush–Yeltsin, Camp David, 1 de febrero de 1992. National Security Archive. Encyclopaedia Britannica, “End of the Cold War”.


4 Febrero 1945 — Unión Soviética, Yalta. Conferencia de Yalta

En Crimea se habló de libertad para Europa, pero Stalin ya tenía el Ejército Rojo sobre el terreno.

El 4 de febrero de 1945 comenzó en Yalta, en la península de Crimea, la conferencia que reunió a Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill e Iósif Stalin. La Alemania nazi aún no se había rendido, pero su derrota era cuestión de tiempo. Lo que se discutía allí no era solo el final militar de la guerra, sino el mapa político de la posguerra.

Yalta quedó envuelta durante décadas en una controversia amarga. Para unos fue una negociación inevitable con la Unión Soviética, cuyo ejército había soportado el peso principal de la guerra terrestre contra Hitler. Para otros, fue el momento en que las democracias occidentales aceptaron de hecho la hegemonía soviética sobre Europa central y oriental. Polonia ocupó el centro de esa disputa: país invadido por Hitler y Stalin en 1939, liberado del nazismo por el Ejército Rojo y, después, sometido a una nueva dependencia política.

El texto aprobado en Yalta contenía promesas solemnes sobre soberanía, gobiernos representativos y elecciones libres. En la Declaration of Liberated Europe (“Declaración sobre Europa Liberada”), los tres aliados afirmaron:

“La creación del orden en Europa y la reconstrucción de la vida económica nacional deben lograrse mediante procesos que permitan a los pueblos liberados destruir los últimos vestigios del nazismo y el fascismo y crear instituciones democráticas de su propia elección.”

La distancia entre esa promesa y lo que ocurrió después fue uno de los grandes dramas de la posguerra. En Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Checoslovaquia, los comunistas utilizaron ministerios clave, policías políticas, purgas, elecciones manipuladas y presión soviética para eliminar a sus adversarios. La palabra “liberación” terminó significando, para millones de europeos, el tránsito de una ocupación totalitaria a otra forma de subordinación.

Años después George F. Kennan, arquitecto de la política de contención, reconoció: “Los acuerdos de Yalta no trajeron la paz a Europa del Este, sino la institucionalización de su sometimiento”. Yalta no creó por sí sola el bloque soviético, pero ofreció a Stalin una cobertura diplomática decisiva mientras el Ejército Rojo ocupaba el terreno. La conferencia mostró hasta qué punto la geopolítica podía vaciar de contenido las promesas democráticas cuando una potencia totalitaria controlaba ya las capitales, los ministerios y las armas.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Yalta Conference”. Anne Applebaum, El Telón de Acero. Timothy Snyder, Tierras de sangre. Winston Churchill, The Second World War, vol. VI.


5 Febrero 1971 — Hungría, Gorki. Muere Mátyás Rákosi

El hombre que llevó el estalinismo a Hungría murió lejos del país que había sometido.

Mátyás Rákosi murió el 5 de febrero de 1971 en Gorki, en la Unión Soviética. Había sido el dirigente comunista dominante en Hungría desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1956, cuando la presión de Moscú y el descrédito interno lo apartaron del poder. Su biografía recorre casi todo el siglo comunista húngaro: la breve República Soviética de Béla Kun en 1919, el exilio en Moscú, la vuelta a Hungría con el Ejército Rojo, la toma gradual del Estado y, finalmente, el destierro soviético.

Rákosi no llegó al poder por una victoria electoral clara. En las elecciones de 1945, el Partido Independiente de los Pequeños Propietarios obtuvo una mayoría amplia, mientras los comunistas quedaron lejos de controlar el país por las urnas. La ocupación soviética cambió el equilibrio real. Desde el Ministerio del Interior, la policía política y las alianzas forzadas, Rákosi fue cortando uno a uno los espacios de autonomía de sus rivales. A esa técnica se la conoció como “táctica del salami”: eliminar a la oposición por rebanadas, no de una vez.

La revista Time, en un artículo de 1952 sobre Hungría, reprodujo una explicación atribuida al propio Rákosi en la prensa partidista. La imagen era brutal por su franqueza:

“Tácticas de salami —dice Rákosi—: exigir un poco más cada día, como cortar un salami, loncha fina tras loncha fina.”

Bajo su mando, Hungría se llenó de juicios amañados, confesiones arrancadas, cárceles y vigilancia. El caso de László Rajk, antiguo dirigente comunista acusado de “titoísmo” y ejecutado en 1949, mostró que el terror no se dirigía solo contra opositores tradicionales, sino también contra comunistas que podían convertirse en estorbo. La ÁVH, policía política húngara, actuó como columna vertebral del miedo.

El derrumbe de Rákosi llegó tras la muerte de Stalin y las tensiones que desembocaron en la Revolución Húngara de 1956. Para entonces, su nombre ya estaba asociado a la subordinación a Moscú, al culto personal y a una década de represión. Murió lejos de Budapest, en la misma Unión Soviética a la que había servido. Sus cenizas fueron devueltas a Hungría de forma discreta.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Mátyás Rákosi”. Anne Applebaum, El Telón de Acero. Timothy Garton Ash, The Uses of Adversity.


6 Febrero 1911 — Estados Unidos, Tampico. Nace Ronald Reagan

De actor de Hollywood a presidente, Reagan convirtió el anticomunismo en lenguaje central de la Casa Blanca.

Ronald Wilson Reagan nació el 6 de febrero de 1911 en Tampico, Illinois. Antes de llegar a la presidencia fue locutor deportivo, actor de cine, dirigente sindical en Hollywood, portavoz de General Electric y gobernador de California. Esa trayectoria explica parte de su estilo político: frases simples, dominio de la escena pública y una capacidad poco común para convertir debates complejos en imágenes comprensibles. Presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989, Reagan articuló una crítica frontal al comunismo como sistema político, económico y moral, rompiendo con el lenguaje de coexistencia pasiva dominante en etapas anteriores de la Guerra Fría.

Cuando llegó a la Casa Blanca en 1981, la Unión Soviética arrastraba una economía rígida, una guerra costosa en Afganistán y un aparato imperial cada vez más difícil de sostener. Reagan no inventó la contención del comunismo, pero cambió su tono. Frente al lenguaje diplomático de la coexistencia, eligió una retórica de confrontación moral y presión estratégica. Aumentó el gasto militar, impulsó la Iniciativa de Defensa Estratégica y buscó tensar las capacidades económicas soviéticas, mientras mantenía abierta la negociación con Moscú en la segunda mitad de su mandato.

Reagan definió a la Unión Soviética como un “imperio del mal” (“evil empire”), afirmando que el conflicto no era solo geopolítico, sino una lucha entre libertad y totalitarismo. La frase más recordada de esa etapa llegó el 8 de marzo de 1983, en su discurso ante la Asociación Nacional de Evangélicos, en Orlando. Allí definió a la Unión Soviética con una expresión que sus críticos consideraron peligrosa y sus partidarios, liberadora:

“Mientras predican la supremacía del Estado, declaran su omnipotencia sobre el individuo y predicen su dominación final sobre todos los pueblos de la Tierra, son el foco del mal en el mundo moderno.”

No se limitó a denunciar la represión soviética. Hizo de los disidentes del bloque comunista una referencia política, habló de presos de conciencia y colocó la libertad religiosa, la libertad de expresión y el derecho a emigrar dentro del debate de la Guerra Fría. Su presidencia coincidió después con la llegada de Mijaíl Gorbachov, la negociación de tratados de reducción nuclear y el inicio de la fase final del sistema soviético.

Fue el presidente que volvió a llamar dictadura a la dictadura soviética en un momento en que muchos preferían hablar solo de equilibrio entre sistemas.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Ronald Reagan”. Discurso de la Asociación Nacional de Evangélicos, 1983. Paul Kengor, The Crusader: Ronald Reagan and the Fall of Communism.


7 Febrero 1948 — Checoslovaquia. Antesala del golpe comunista

La crisis política que abre el camino al golpe de Praga y al régimen de partido único.

El 7 de febrero de 1948, Checoslovaquia se encontraba inmersa en una crisis política profunda que anticipaba el colapso del pluralismo democrático. El Partido Comunista de Checoslovaquia (KSČ), dirigido por Klement Gottwald y respaldado por Moscú, intensificó la presión sobre el gobierno de coalición. El detonante fue la decisión del ministro del Interior, el comunista Václav Nosek, de destituir a ocho oficiales de policía no comunistas en Praga para sustituirlos por leales al partido, alterando el equilibrio de las fuerzas de seguridad.

Ante la negativa de revertir estos cambios, el 20 de febrero, doce ministros de los partidos democráticos presentaron su dimisión, confiando en que el presidente Edvard Beneš convocaría elecciones. Sin embargo, Gottwald utilizó el control de las calles para presentar la crisis como una "conspiración reaccionaria". En un encendido discurso pronunciado en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga, el líder comunista dejó clara la postura de fuerza de su partido:

"No es posible un compromiso. Debemos ganar o perecer. Estamos decididos a que el pueblo checoslovaco nunca más caiga bajo el yugo de los explotadores capitalistas." 

Estos días muestran un patrón recurrente: la toma del poder no mediante elecciones libres, sino a través de la coerción institucional, la manipulación de masas y el control progresivo del aparato represivo. Bajo la amenaza de una guerra civil, Beneš aceptó el 25 de febrero un gobierno dominado por los comunistas, consumando el "Febrero victorioso" y sometiendo al país a un régimen de partido único que duraría más de cuarenta años.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Czechoslovakia: The Communist Coup of 1948”. Karel Kaplan, The Short March: The Communist Takeover in Czechoslovakia, 1945-1948. Timothy Garton Ash, The Uses of Adversity.


Calendario anticomunista. 2 de febrero de 1959. Fidel Castro deroga la Constitución de 1940.

7 Febrero 1959 — Cuba, La Habana. Abolición de la Constitución de 1940

La Revolución sustituyó la Constitución democrática por una ley hecha para gobernar sin Congreso.

El 7 de febrero de 1959, poco más de un mes después del triunfo revolucionario, el nuevo poder cubano promulgó la Ley Fundamental de la República de Cuba. El texto sustituyó de hecho a la Constitución de 1940, una de las más avanzadas de América Latina en su momento, y entregó al Ejecutivo facultades que alteraban el equilibrio institucional de la República. El nuevo texto otorgó poderes extraordinarios al Consejo de Ministros y eliminó los contrapesos institucionales, disolviendo el Congreso y transfiriendo sus facultades legislativas directamente al Ejecutivo, lo que permitía gobernar por decreto sin control judicial efectivo.

La operación fue presentada como una continuidad jurídica, pero cambió el centro real del poder. El Congreso quedó fuera de juego y sus funciones pasaron al Consejo de Ministros. En adelante, las normas fundamentales podían aprobarse desde el núcleo del gobierno revolucionario, sin debate parlamentario ni representación plural. La gravedad del quiebre institucional quedó plasmada en el propio texto de la Ley, que en su Artículo 119 definía la nueva estructura del mando estatal:

"Las facultades legislativas que la Constitución de 1940 atribuía al Congreso de la República, se ejercerán en lo sucesivo por el Consejo de Ministros."

La frase encerraba el quiebre institucional. La Revolución no necesitó esperar a proclamarse marxista-leninista para desmontar los mecanismos de la democracia republicana. Antes de la alianza plena con Moscú, antes del partido único formalizado, ya se había producido una concentración del poder que permitió gobernar por decreto, intervenir instituciones, realizar depuraciones y abrir el camino a las nacionalizaciones y a la represión política.

La Constitución de 1940 había sido aprobada por una asamblea plural y reconocía derechos, garantías y límites al poder. La Ley Fundamental de 1959 conservó parte de su lenguaje, pero vació su arquitectura política. El Estado cubano entraba en una etapa donde la legalidad ya no serviría para controlar al gobierno, sino para darle forma jurídica a la voluntad del nuevo poder, sentando las bases legales del autoritarismo revolucionario y el posterior sistema de partido único.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Cuba: The Revolutionary Government”. Julio César Guanche, La imaginación contra la norma.


8 Febrero 1949 — Hungría, Budapest. Condenan al cardenal József Mindszenty

Condena del cardenal József Mindszenty por el régimen comunista húngaro.

El 8 de febrero de 1949, el cardenal József Mindszenty, primado de Hungría, fue condenado a cadena perpetua tras un juicio espectáculo que buscaba neutralizar la última reserva moral de la nación. Acusado de traición y espionaje, Mindszenty fue sometido a torturas físicas y psicológicas en el cuartel de la policía política (ÁVH). El régimen de Mátyás Rákosi comprendió que, para consolidar su hegemonía, era indispensable decapitar a la Iglesia, única institución capaz de ofrecer una visión del mundo alternativa a la doctrina oficial del Partido.

Mindszenty era más que un obispo. Representaba una autoridad moral y social capaz de disputar al Partido Comunista el control de la conciencia pública. La Iglesia católica conservaba escuelas, redes comunitarias, prestigio entre campesinos y sectores urbanos, y una memoria nacional que no pasaba por Moscú. Para el nuevo régimen húngaro, quebrar a Mindszenty significaba enviar una advertencia a toda institución independiente.

Durante el proceso, el cardenal apareció ante el tribunal visiblemente debilitado, evidenciando el uso de drogas y privación de sueño. Consciente de que su "confesión" sería utilizada como propaganda, Mindszenty logró transmitir un mensaje de integridad que trascendió su propia condena:

"Estoy aquí con mi conciencia limpia. No me considero culpable de los crímenes de los que se me acusa... Si confieso, es por la debilidad de la carne."

Mindszenty salió de prisión durante la Revolución Húngara de 1956, se refugió después en la embajada de Estados Unidos en Budapest y vivió allí durante años, convertido en un símbolo incómodo tanto para el régimen como para la diplomacia de la Guerra Fría.

La condena de Mindszenty tuvo repercusión internacional y se convirtió en un símbolo de la persecución religiosa sistemática en Europa del Este. El hecho ilustra la asfixia totalitaria sobre las conciencias individuales y la fe organizada. Al presentar a un líder religioso como un criminal de Estado, el comunismo real buscaba no solo el control político, sino el monopolio moral sobre la población. Su figura se convirtió en un símbolo de la resistencia silenciosa frente al aparato represivo, marcando un hito en la persecución religiosa sistemática que caracterizó a las dictaduras del bloque soviético.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “József Mindszenty”. George Weigel, The Final Revolution. Museo Casa del Terror (Budapest): Cardinal Mindszenty.


8 de febrero de 1950 — Alemania Oriental, Berlín Este. Fundación de la Stasi

Nace el Ministerio para la Seguridad del Estado: el sistema de vigilancia total del comunismo alemán

El 8 de febrero de 1950, la República Democrática Alemana (RDA) fundó el Ministerium für Staatssicherheit (Ministerio para la Seguridad del Estado), conocido como Stasi. Nacía así una de las policías políticas más eficaces y temidas del bloque comunista. Su misión formal era proteger al Estado socialista; su función real fue sostener el monopolio del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) mediante vigilancia, infiltración, chantaje, persecución y miedo.

A diferencia de otros aparatos represivos, la Stasi no se limitó a perseguir conspiraciones reales o imaginadas. Su misión era controlar la totalidad de la vida social. Cartas privadas, llamadas telefónicas, relaciones personales, hábitos culturales, creencias religiosas, chistes, silencios y hasta estados de ánimo eran sistemáticamente registrados, clasificados y archivados. En su apogeo, la Stasi contaba con alrededor de 91.000 agentes profesionales y más de 170.000 informantes civiles (Inoffizielle Mitarbeiter, IM), lo que equivalía a un informante por cada 6 o 7 ciudadanos de la RDA. El propio Archivo de Registros de la Stasi resume así el lugar de ese aparato dentro de la dictadura:

“El Partido Socialista Unificado de Alemania gobernó la RDA durante 40 años sin haber sido nunca legitimado en una elección democrática. El SED mantuvo su posición de poder mediante un enorme aparato de seguridad.”

Markus Wolf, jefe de la inteligencia exterior de la Stasi, reconocería años después el carácter invasivo del aparato que dirigió:

“Queríamos saberlo todo. No porque todos fueran enemigos, sino porque el sistema solo podía sobrevivir si lo controlaba todo.”
— Markus Wolf, Man Without a Face (El hombre sin rostro).

La represión no se ejercía únicamente mediante prisiones o interrogatorios. La Stasi desarrolló métodos psicológicos sofisticados agrupados bajo el término Zersetzung (“descomposición”), cuyo objetivo era destruir lentamente la vida del disidente sin necesidad de juicio. Pérdida de empleo, sabotaje de relaciones personales, aislamiento social, campañas de difamación, vigilancia constante e inducción a la paranoia formaban parte de una estrategia destinada no solo a castigar, sino a quebrar la personalidad. El escritor alemán Jürgen Fuchs, disidente y ex preso político, sometido a Zersetzung, escribió:

“La Stasi no buscaba confesiones. Buscaba destruir la confianza que una persona tiene en sí misma y en los demás.”

Mientras la RDA se proclamaba a sí misma como un “Estado antifascista”, muchos de los métodos de la Stasi reproducían lógicas y métodos de la peor historia alemana, ahora al servicio del partido comunista único, con el respaldo directo de la KGB soviética. Con esa misma lógica, la construcción del Muro de Berlín en 1961 no tuvo como objetivo defender al país de una invasión externa, sino impedir la huida masiva de ciudadanos que rechazaban el sistema comunista votando con los pies.

Tras la caída del Muro en 1989 y el colapso del régimen, la apertura de los archivos reveló una realidad devastadora: millones de personas habían sido espiadas por vecinos, compañeros de trabajo, amigos íntimos o incluso familiares. El comunismo real no se sostuvo únicamente mediante tanques y propaganda, sino mediante la institucionalización de la desconfianza y el miedo

El aparato de la Stasi ha sido retratado de forma magistral en el cine y la literatura. La película The Lives of Others (La vida de los otros) expuso con crudeza la vigilancia cotidiana y el daño moral infligido tanto a víctimas como a ejecutores del sistema. Otras obras relevantes como Barbara (Barbara) o Balloon (El globo) abordan, desde distintos ángulos, la asfixia vital, el encierro y la huida desesperada bajo el comunismo alemán. La apertura de los archivos de la Stasi dio lugar además a miles de testimonios y obras literarias que documentan cómo un Estado ideológico puede convertir la intimidad humana en material policial.

La Stasi ilustra una constante del comunismo en el poder: no puede sobrevivir sin vigilancia masiva y represión sistemática, sin una maquinaria de miedo.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Stasi”; Jens Gieseke, The History of the Stasi; Archivos Federales Alemanes (BStU); The Lives of Others (La vida de los otros).


► DEL 11 AL 20 DE FEBRERO

Calendario anticomunista. 13 febrero 1974. URSS. Detenido y expulsado del país el escritor Aleksandr Solzhenitsyn

13 Febrero 1974 — Unión Soviética. Exilio forzado de Aleksandr Solzhenitsyn

El autor de Archipiélago Gulag fue expulsado de la URSS por denunciar el sistema represivo comunista.

El 13 de febrero de 1974, Aleksandr Solzhenitsyn fue privado de la ciudadanía soviética y expulsado de la Unión Soviética. Un día antes había sido arrestado, tras la publicación en Occidente de Archipiélago Gulag, la obra que convirtió décadas de campos, deportaciones, interrogatorios y trabajos forzados en una acusación histórica imposible de borrar.

Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn nació el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk, en el sur de Rusia, y murió el 3 de agosto de 2008 en Moscú. Fue uno de los escritores más influyentes del siglo XX y una de las voces más firmes en la denuncia del sistema represivo soviético. 

Oficial del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Fue arrestado en febrero de 1945 por la policía política soviética —la NKVD, Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos— porque interceptaron cartas privadas en las que criticaba a Iósif Stalin. Condenado a ocho años de trabajos forzados, fue enviado al sistema de campos conocido como el Gulag, acrónimo de “Dirección General de Campos”, organismo estatal encargado de administrar la red de campos de trabajo dependiente del Ministerio del Interior de la Unión Soviética. De esa experiencia salió la investigación literaria, testimonial y documental de Archipiélago Gulag.

Tras cumplir su condena fue desterrado a Kazajistán hasta 1956. Aquellos años marcaron de manera irreversible su obra literaria y su visión moral. En 1962, durante el periodo de relativa apertura política bajo Nikita Jrushchov, logró publicar “Un día en la vida de Iván Denísovich”, la primera narración autorizada dentro de la Unión Soviética que describía con realismo la vida cotidiana en un campo de trabajo. El libro tuvo una repercusión extraordinaria, pero el clima político cambió pronto y sus manuscritos comenzaron a circular clandestinamente en samizdat, es decir, copias mecanografiadas y difundidas de forma ilegal entre lectores.

En 1970 recibió el Premio Nobel de Literatura por “la fuerza ética con que ha proseguido las tradiciones indispensables de la literatura rusa”. En su Conferencia Nobel de Literatura, escrita años antes de poder pronunciarla personalmente, Solzhenitsyn defendió el poder de la literatura frente a la mentira oficial:

“Una palabra de verdad pesa más que el mundo entero.”

Tres años más tarde publicó en Occidente su obra más influyente, “Archipiélago Gulag”, su investigación monumental basada en cientos de testimonios y documentos que describía la estructura, el alcance y la lógica interna del sistema de campos soviético. El libro no solo relataba sufrimientos individuales, sino que examinaba la maquinaria administrativa y legal que sostenía el encarcelamiento masivo por motivos políticos, religiosos o ideológicos.

Después que en febrero de 1974 fue arrestado nuevamente, despojado de la ciudadanía soviética y expulsado del país, vivió primero en Suiza y luego en Estados Unidos durante casi veinte años. Desde el exilio criticó el totalitarismo soviético y también alertó sobre la pérdida de fundamentos morales en Occidente. El 15 de febrero de 1979 concedió una entrevista a la BBC en la que lanzó una de sus críticas más contundentes contra el comunismo y contra la persistente idealización del sistema soviético en sectores intelectuales de Occidente: 

“Para nosotros en Rusia, el comunismo es un perro muerto; mientras que para muchos en Occidente sigue siendo un león vivo”. 

Con esta frase denunciaba la distancia entre la experiencia real de quienes habían vivido bajo el régimen comunista y la visión romántica mantenida por intelectuales y políticos occidentales. Su intervención tuvo amplia repercusión internacional porque Solzhenitsyn no hablaba como teórico, sino como testigo directo del sistema represivo soviético. 

Tras la disolución de la Unión Soviética regresó a Rusia en 1994, donde continuó escribiendo y reflexionando sobre la historia rusa y el siglo XX hasta su muerte.

Fuentes: BBC Archive, entrevista a Aleksandr Solzhenitsyn (15 febrero 1979). Aleksandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag. Orlando Figes, The Whisperers.


14 Febrero 1950 — Unión Soviética, Moscú. Stalin y Mao sellan la alianza sino-soviética

Moscú y Pekín unieron sus proyectos revolucionarios en el primer gran pacto comunista de la Guerra Fría.

El 14 de febrero de 1950, la Unión Soviética y la recién proclamada República Popular China firmaron en Moscú el Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua. Del lado soviético estaba Iósif Stalin; del lado chino, Mao Zedong, que había llegado a Moscú tras la victoria comunista en la guerra civil china. El acuerdo convirtió la alianza entre los dos mayores Estados comunistas del mundo en un hecho jurídico y estratégico.

La firma ocurrió en un momento de aceleración geopolítica. En octubre de 1949, Mao había proclamado la República Popular China; en 1950, la Guerra Fría ya dividía Europa, y Asia empezaba a convertirse en un nuevo escenario central. El tratado comprometía cooperación militar, apoyo diplomático y coordinación frente a Japón y sus posibles aliados, y proyectaba una imagen de bloque revolucionario capaz de desafiar el orden occidental. También legitimó internacionalmente al régimen maoísta, responsable de campañas masivas de represión que causarían decenas de millones de muertos.

El texto del tratado establecía una obligación de ayuda recíproca en caso de agresión:

“En caso de que una de las Partes Contratantes sea atacada por Japón o por cualquier Estado aliado con Japón y se encuentre así en estado de guerra, la otra Parte Contratante prestará inmediatamente asistencia militar y de otro tipo con todos los medios a su alcance.”

La alianza no eliminó las tensiones entre Moscú y Pekín. China necesitaba asistencia técnica, créditos, equipamiento y reconocimiento; Stalin buscaba consolidar un socio comunista poderoso, pero también mantener la primacía soviética. La relación estuvo cargada desde el inicio de desconfianza, jerarquías y cálculos. Aun así, el tratado ayudó a legitimar al nuevo régimen maoísta y a integrarlo en la arquitectura internacional del comunismo.

En los años siguientes, la alianza sino-soviética tendría consecuencias decisivas: apoyo a Corea del Norte, transferencia de conocimiento militar e industrial, formación de cuadros y expansión de redes comunistas en Asia. Más tarde vendría la ruptura entre China y la URSS, pero en febrero de 1950 ambos regímenes aparecían como el eje de un proyecto ideológico mundial, dispuesto a sostener su modelo totalitario.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Sino-Soviet Treaty of Friendship”. Jung Chang y Jon Halliday, Mao: The Unknown Story.


Calendario anticomunista. 15 de febrero de 1989. Derrota soviética en Afganistán.

15 Febrero 1989 — Afganistán. Derrota soviética y retirada final

El último convoy cruzó el Amu Daria y cerró una guerra que desgastó al Estado soviético desde dentro.

El 15 de febrero de 1989, el general Boris Gromov, al mando del 40.º Ejército soviético, cruzó el puente de la Amistad sobre el río Amu Daria hacia Uzbekistán. Fue el último oficial en abandonar Afganistán. Detrás quedaban casi diez años de intervención militar iniciada en diciembre de 1979 para sostener a un gobierno comunista en crisis frente a una insurgencia creciente.

La guerra había evolucionado rápidamente de operación de “asistencia” a conflicto prolongado. Las tropas soviéticas se enfrentaron a guerrillas dispersas, apoyadas desde el exterior, en un terreno montañoso difícil de controlar. Las ciudades podían ser ocupadas; el país, no. La estrategia combinó ofensivas militares, bombardeos, desplazamientos forzados y apoyo a estructuras estatales que nunca lograron consolidarse plenamente. El propio Gromov resumió la salida con una frase de cierre administrativo, no victoria militar: “No queda ni un solo soldado soviético detrás de mí.”

Más de un millón de afganos murieron durante la guerra; millones más se convirtieron en refugiados. La Unión Soviética sufrió decenas de miles de bajas y un desgaste económico y político creciente. A mediados de los años ochenta, la guerra ya era impopular dentro del país y evidenciaba los límites del poder soviético fuera de su esfera inmediata.

La retirada coincidió con las reformas de Mijaíl Gorbachov, que había llegado al poder en 1985. La guerra de Afganistán no fue la única causa del colapso soviético, pero sí uno de los factores que aceleraron la crisis.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Soviet invasion of Afghanistan”. Rodric Braithwaite, Afgantsy. Archivos del Ministerio de Defensa soviético.


16 Febrero 1942 — Unión Soviética, Vyatskoye. Nace Kim Jong-il (versión histórica)

Entre archivos soviéticos y propaganda estatal, dos fechas compiten por el origen del líder norcoreano.

El 16 de febrero de 1942 es la fecha oficial del nacimiento de Kim Jong-il según la narrativa del Estado norcoreano, que sitúa el acontecimiento en el monte Paektu, un lugar central en la mitología nacional. Sin embargo, documentos soviéticos y la mayoría de los historiadores coinciden en que nació en 1941, en la Unión Soviética, en la localidad de Vyatskoye, cerca de Jabárovsk, donde su padre, Kim Il-sung, servía como oficial en unidades coreanas bajo mando soviético.

Según la versión oficial difundida por el régimen, Kim Jong-il nació en una cabaña secreta del monte Paektu —montaña sagrada para la mitología nacional—, donde “un nuevo astro apareció en el cielo”, “un arcoíris doble iluminó el paisaje” y “el invierno se transformó repentinamente en primavera”. Los relatos estatales afirman incluso que los animales celebraron el nacimiento y que se produjeron fenómenos climáticos extraordinarios.

El propio discurso propagandístico norcoreano lo formula en términos inequívocos:

“El monte Paektu es la cuna de la revolución coreana y el lugar donde nació el gran líder.”

Ese relato no fue un detalle ornamental, sino parte de un sistema político. Cuando Kim Jong-il asumió el poder en 1994, tras la muerte de su padre, la sucesión dinástica ya estaba plenamente consolidada. Corea del Norte se había convertido en un Estado de partido único donde la legitimidad descansaba en la continuidad familiar, sostenida por propaganda, control informativo y un aparato de seguridad omnipresente.

Bajo el gobierno de Kim Jong-il, Corea del Norte consolidó un sistema de partido único extremo, con control absoluto de la información, campos de prisioneros políticos (kwanliso), hambrunas masivas —especialmente en la década de 1990— y una economía militarizada. La mitificación de su nacimiento no fue un detalle folclórico, sino un instrumento político diseñado para presentar al líder como figura predestinada e incuestionable.

La diferencia entre el registro histórico y la versión oficial mitológica revela la construcción de una realidad paralela donde los hechos biográficos se subordinan a la necesidad política. En nombre de la igualdad, se erigen dinastías sacralizadas, donde el poder se transmite por sangre y se reviste de un lenguaje casi religioso, anulando toda posibilidad de crítica racional.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Kim Jong-il”. Andrei Lankov, The Real North Korea. B. R. Myers, The Cleanest Race. Informes de la ONU sobre Corea del Norte.


► DEL 21 AL 28 DE FEBRERO

Calendario anticomunista. 21 de febrero de 1848. Publican el Manifiesto Comunista.

21 Febrero 1848 — Reino Unido, Londres. Marx y Engels publican el Manifiesto Comunista

Un panfleto político se convirtió en uno de los textos más influyentes y controvertidos del mundo.

El 21 de febrero de 1848 se publicó en Londres el Manifiesto del Partido Comunista, encargado por la Liga de los Comunistas y redactado por Karl Marx y Friedrich Engels. Concebido como un documento breve para un movimiento político concreto, el texto terminaría convirtiéndose en la base teórica de partidos, revoluciones y Estados a lo largo de los siglos XIX y XX. El Manifiesto abre con una frase que ha atravesado generaciones:

“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo.”

En él se expone una visión materialista de la historia, la lucha de clases como motor histórico y la necesidad de abolir la propiedad privada burguesa mediante la revolución.

Aunque concebido como un panfleto breve, el texto se convirtió en la base ideológica de partidos, movimientos y Estados comunistas durante los siglos XIX y XX. Sus ideas inspiraron revoluciones que derivaron en regímenes de partido único, economías centralizadas y sistemas represivos.

Es el punto de partida teórico de una ideología cuyas aplicaciones prácticas tendrían consecuencias profundas y trágicas para millones de personas.

Fuentes: Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Encyclopaedia Britannica, “Communist Manifesto”. Isaiah Berlin.


21 Febrero 1981 — Alemania Occidental, Múnich. Atentado contra Radio Europa Libre

Una bomba en Múnich llevó la guerra informativa de la Guerra Fría al corazón de Europa Occidental.

El 21 de febrero de 1981, una explosión sacudió la sede de Radio Europa Libre/Radio Libertad (RFE/RL) en Múnich, causando graves daños materiales y varios heridos. La emisora, financiada por Estados Unidos, transmitía hacia Europa del Este y la Unión Soviética programas informativos y culturales no controlados por los gobiernos comunistas.

Desde su creación, Radio Europa Libre había sido considerada por los regímenes del bloque oriental como una herramienta de propaganda hostil. Para millones de oyentes en países con censura, representaba una fuente alternativa de información. Las emisiones abordaban temas prohibidos por la prensa oficial: disidencia, economía real, violaciones de derechos humanos, debates culturales y noticias internacionales.

Las investigaciones posteriores vincularon el atentado a redes asociadas a los servicios de inteligencia del bloque comunista, en particular a la Securitate rumana. Documentos y testimonios posteriores señalaron que el ataque formaba parte de una estrategia más amplia para intimidar a la emisora y limitar su influencia.

El ataque evidenció que la lucha contra la disidencia y la información libre traspasaba fronteras, incluyendo el uso del terrorismo en suelo occidental. Para los regímenes comunistas, controlar el relato era tan importante como controlar el territorio. La existencia misma de emisoras como RFE/RL desafiaba ese monopolio.

Fuentes: Archivos de Radio Free Europe/Radio Liberty. The New York Times, informes de 1981. Encyclopaedia Britannica.


23 Febrero 1944 — Unión Soviética, Cáucaso Norte. Deportaciones estalinistas

En un solo invierno, Stalin borró del mapa soviético a chechenos e ingushes.

El 23 de febrero de 1944, mientras la propaganda soviética celebraba el Día del Ejército Rojo, el NKVD puso en marcha la deportación masiva de los pueblos checheno e ingush. La operación, conocida como Chechevitsa (Lentil, “Lenteja”), fue ejecutada por tropas de seguridad bajo la autoridad de Lavrenti Beria y con la aprobación de Iósif Stalin. En cuestión de días, aldeas enteras del Cáucaso Norte fueron vaciadas y sus habitantes enviados hacia Kazajistán, Kirguistán y otras zonas de Asia Central.

La acusación oficial fue colaboración con los nazis, aunque sin pruebas individualizadas ni juicio alguno. La República Autónoma Socialista Soviética Checheno-Ingush fue liquidada, sus nombres borrados de mapas y documentos, y parte de su territorio redistribuido. No castigaban delitos concretos, sino identidades enteras consideradas poco confiables: ancianos, niños, mujeres, combatientes del Ejército Rojo y familias completas eran tratados como una población culpable por nacimiento.

Informes y reconstrucciones históricas describen una operación cuidadosamente preparada: tropas alojadas previamente en las casas de los propios deportados, camiones Studebaker, vagones de carga sin calefacción, jornadas de traslado sin condiciones mínimas y una mortalidad altísima durante el viaje y los primeros años del exilio. El ganado, los cereales y los objetos de valor eran confiscados. Según registros citados por estudios sobre la operación, cerca de medio millón de chechenos e ingushes fueron deportados. Los ancianos y enfermos de las tierras altas, catalogados como "no transportables" y que habían permanecido en sus aldeas hasta el 29 de febrero debido a las nevadas, fueron ejecutados en el acto por agentes del NKVD. 

Un informe histórico sobre los crímenes del comunismo en el Cáucaso resume los resultados catastróficos de este genocidio:

La 'limpieza' del contingente especial comenzó el 23 de febrero de 1944 y se completó en gran medida el 28 de febrero de 1944. En total, 134.178 ingusetios y 362.282 chechenos fueron transportados en 180 trenes, con cada vagón llevando 150 personas en lugar de las 40 previstas, a Kazajistán y Asia Central. Durante el transporte, murieron 1.272 personas y 2.896 contrajeron tifus. La operación especial resultó en la muerte de 780 personas; 2.016 fueron arrestadas; y 6.544 lograron escapar a las montañas.

El daño no fue solo demográfico. Se destruyeron cementerios, mezquitas, archivos locales, incluso todos los topónimos ingusetios fueron reemplazados por nombres osetios o rusos. Y el castigo no terminó con la llegada a los lugares de destino. Los supervivientes quedaron sometidos al régimen de “asentamientos especiales”, bajo vigilancia policial, restricciones de movimiento y severas penas por alejarse del lugar asignado. 

Hasta 1957, tras la muerte de Stalin y una rehabilitación parcial de varios pueblos deportados, chechenos e ingushes no pudieron regresar oficialmente a su tierra. Para entonces, no obstante, había disposiciones que impedían alquilar o vender viviendas a los deportados que intentasen el retorno. La práctica comunista del exilio forzado convirtió la geografía en instrumento de castigo político.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Chechen deportations”. Timothy Snyder, Bloodlands. Archivos soviéticos desclasificados.


24 Febrero 1976 — Cuba. Constitución socialista y partido único

La Constitución de 1976 convirtió en norma suprema el monopolio político del Partido Comunista.

El 24 de febrero de 1976 entró en vigor la Constitución socialista de Cuba, aprobada mediante referéndum en un país sin competencia partidista real, sin prensa libre y sin garantías para una oposición organizada. El texto no inauguró el comunismo cubano, ya consolidado desde los años sesenta, pero sí le dio forma constitucional definitiva.

La nueva Constitución sustituyó la provisionalidad revolucionaria por una arquitectura institucional hecha a la medida del poder existente. Reconoció el carácter socialista del Estado, consagró la propiedad estatal como base del sistema económico y situó al Partido Comunista de Cuba por encima del conjunto de la vida política. La Asamblea Nacional, los tribunales y los órganos administrativos quedaban subordinados a un orden donde el pluralismo no tenía espacio legal.

El artículo 5 de esta Constitución fue el núcleo de esa estructura:

“El Partido Comunista de Cuba, vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera, es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.”

La frase no era decorativa, pues se convertía al partido en fuente superior de dirección política, por encima de cualquier competencia electoral o alternancia. Desde entonces, la Constitución cubana no operó como límite al poder, sino como su legitimación, fuera del alcance de la ciudadanía. El Estado, el gobierno, las organizaciones de masas y los espacios públicos se integraban en una misma lógica de obediencia.

La elección de la fecha tampoco era casual: el 24 de febrero remitía al inicio de la guerra independentista de 1895. El régimen colocaba así su Constitución socialista bajo una fecha patriótica, intentando fundir independencia nacional, revolución y partido único en un mismo relato. Se producía la constitucionalización formal del totalitarismo comunista en Cuba, donde la nación quedaba subordinada al Partido Comunista.

Fuentes: Constitución de la República de Cuba (1976). Encyclopaedia Britannica, “Cuba: Constitution”. Samuel Farber.


24 Febrero 2002 — Hungría, Budapest. Inauguran el museo de víctimas del comunismo

Una antigua sede de tortura se convirtió en el museo de la memoria totalitaria.

El 24 de febrero de 2002 abrió sus puertas en Budapest la House of Terror (Terror Háza, “Casa del Terror”), instalada en el número 60 de la avenida Andrássy. El edificio ya tenía una historia siniestra: había sido usado por el Partido de la Cruz Flechada, de inspiración nazi, y después por la policía política comunista húngara, la ÁVH. Sus sótanos conservaron la memoria física de interrogatorios, encierros y torturas.

La inauguración tuvo lugar en vísperas del Día de la Memoria de las Víctimas del Comunismo en Hungría, establecido en recuerdo del arresto de Béla Kovács por las autoridades soviéticas el 25 de febrero de 1947. La nueva institución se propuso mostrar dos dictaduras sucesivas: el terror fascista de 1944-1945 y la represión comunista posterior a la guerra.

Dorottya Baczoni, una historiadora vinculada al museo, sintetiza la misión con estas palabras:

El Museo Casa del Terror abrió sus puertas en el corazón de Budapest el 24 de febrero de 2002. Su misión era presentar al visitante las dos dictaduras totalitarias que mantuvieron a Hungría bajo su yugo durante más de cuatro décadas, a partir de 1944.

Su existencia nos ha permitido tomar las riendas de la interpretación de nuestra historia, tras haber sido alimentados, durante casi medio siglo, con una única narrativa que reflejaba los intereses y las opiniones de una potencia extranjera. La creación del Museo Casa del Terror reflejó, por tanto, la necesidad de nuestra sociedad de recuperar su propio pasado y, en consecuencia, sacar a la luz lo sucedido a nuestra nación.”

La apertura del museo no estuvo exenta de controversias historiográficas y políticas, especialmente por la forma de representar las responsabilidades húngaras y la relación entre fascismo y comunismo. Pero su ubicación convirtió el pasado en una experiencia material: no se trataba de un museo abstracto, sino de un edificio donde el poder había interrogado, encerrado y humillado a muchas personas. La Casa del Terror forma parte de ese intento de poner en escena un pasado doloroso: no solo recordar crímenes, sino mostrar la arquitectura o el lugar donde el Estado se convirtió en maquinaria de miedo.

Fuentes: House of Terror Museum, Budapest. Encyclopaedia Britannica, “Hungary: post-Communist memory”. Timothy Garton Ash.


25 Febrero 1947 — Hungría, Budapest. Arresto de Béla Kovács

La detención de un dirigente campesino anunció el desmantelamiento del pluralismo húngaro.

El 25 de febrero de 1947, Béla Kovács, secretario general del Partido Independiente de los Pequeños Propietarios, fue arrestado por las autoridades soviéticas en Hungría y deportado a la Unión Soviética. No era una figura marginal: pertenecía al partido que había ganado de forma aplastante las elecciones libres de 1945, celebradas tras la guerra. Los comunistas, incapaces de imponerse por las urnas, necesitaban vaciar desde dentro aquel resultado.

Kovács representaba un gran obstáculo político. Su partido tenía base campesina, redes locales y legitimidad electoral. La ocupación soviética y el Partido Comunista húngaro aplicaron entonces una estrategia de desgaste: acusaciones de conspiración, presión policial, división de adversarios, intimidación y eliminación gradual de figuras clave. El arresto de Kovács fue uno de los golpes más visibles de ese proceso. La Red Europea Memoria y Solidaridad resume así el episodio:

“Ese día de 1947, las autoridades soviéticas de ocupación arrestaron ilegalmente a Béla Kovács, secretario general del Partido Independiente de los Pequeños Propietarios, quien posteriormente fue deportado a la URSS.”

Su caso mostró que el poder real no estaba en el Parlamento elegido, sino en la presencia militar soviética y en la capacidad comunista de neutralizar a la oposición. Secuestrado y desaparecido, Kovács pasó años en prisiones y campos de trabajo soviéticos, sin que se tuvieran noticias sobre su paradero. Así lo recoge un informe histórico:

"Tras su arresto, no hubo noticias oficiales sobre su juicio, su paradero ni su estado. Ocho años después, en julio de 1955, Radio Free Europe/Radio Liberty (RFE/RL) supo que antiguos presos políticos que regresaban a Austria, liberados como parte de una ola de amnistías tras la muerte de Stalin, afirmaban haber estado encarcelados junto con Kovács en la ciudad de Vladímir, en una prisión del Gulag para presos políticos. 

Décadas más tarde, el Parlamento húngaro declaró el 25 de febrero como Día de la Memoria de las Víctimas del Comunismo. La elección de Kovács como símbolo no fue casual: su detención marcó el paso de la pluralidad de posguerra a la sovietización del país. Antes de que el régimen comunista quedara plenamente instalado, ya se había enviado el mensaje esencial de que ganar elecciones no bastaba, pues la policía y el Ejército soviético decidían quién podía existir en la vida política.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Hungary: Sovietization”. Archivos históricos húngaros.


25 Febrero 1948 — Checoslovaquia. Se instaura el régimen comunista

Beneš cedió ante la presión comunista y Checoslovaquia entró en cuatro décadas de dictadura.

El 25 de febrero de 1948, el presidente Edvard Beneš aceptó las renuncias de los ministros no comunistas y aprobó la formación de un nuevo gobierno dominado por el Partido Comunista de Checoslovaquia. La crisis había comenzado días antes, cuando los partidos democráticos denunciaron la purga de la policía por parte del Ministerio del Interior, controlado por los comunistas. El pulso terminó en la calle, con milicias, sindicatos movilizados, propaganda y amenaza de huelga general.

Klement Gottwald, primer ministro y líder comunista, quiso presentar la maniobra como una salida constitucional a una crisis de gabinete. Pero el resultado era otro: la liquidación de la democracia parlamentaria checoslovaca. El país conservó durante un tiempo la apariencia de coalición, elecciones y legalidad, pero los espacios reales de competencia política fueron cerrándose con rapidez. Radio Praga resume así esta toma del poder por los comunistas en 1948:

“El 25 de febrero de 1948, el Partido Comunista tomó el poder en Checoslovaquia, marcando el inicio de cuatro décadas de gobierno autoritario de línea dura.”

Tras el golpe, vinieron la censura, las purgas en la administración, la persecución de opositores, los juicios políticos y la subordinación plena a Moscú. En marzo murió Jan Masaryk, ministro de Exteriores e hijo del fundador de la república checoslovaca, en circunstancias que todavía arrastran controversia histórica. En mayo se aprobó una nueva Constitución, y las elecciones de ese mismo mes se celebraron ya bajo una lista única del Frente Nacional.

El golpe de febrero tuvo una enorme repercusión internacional. Checoslovaquia no era un país marginal ni devastado institucionalmente: tenía una tradición democrática fuerte, industria, vida cultural y memoria republicana. La caída del país bajo las botas del imperio comunista mostró que la sovietización de Europa del Este no sería solo consecuencia de ocupación militar, sino también obra del control policial y la captura gradual de las instituciones.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Czechoslovak coup of 1948”. Karel Kaplan. Timothy Snyder.


Calendario anticomunista. 25 de febrero de 1969. Inmolación del joven Jan Zajíc.

25 Febrero 1969 — Checoslovaquia, Praga. Inmolación de Jan Zajíc

Después de Jan Palach, otro estudiante se convirtió en una antorcha contra la resignación.

El 25 de febrero de 1969, Jan Zajíc, estudiante de 18 años de una escuela técnica en Šumperk, se prendió fuego en un pasaje cercano a la plaza de Wenceslao, en Praga. Habían pasado cinco semanas desde la muerte de Jan Palach, que se había inmolado en enero para denunciar la ocupación soviética y la “normalización” impuesta tras la invasión de Checoslovaquia en agosto de 1968.

Zajíc no actuó como imitador accidental. Había viajado a Praga durante el funeral de Palach y quedó profundamente marcado por el silencio que empezaba a imponerse. En su gesto había desesperación, pero también una fuerte voluntad de sacudir a una sociedad empujada a aceptar la censura, la ocupación y el retorno del miedo. 

El portal histórico Jan Palach, dedicado a las llamadas “antorchas vivas”, recoge estos versos que había escritos Jan Zajíc, dedicados a la memoria de Palach:

"Estoy llorando –bajo la lluvia– en el pavimento.
Por todo.
Por los veintiún años,
por la flor de primavera que mataron los soldados
por la persona que se negó a regresar,
(…) Es enero de 1969.”

Acerca de su último gesto de rebeldía, conscientemente planificado durante varios días, así ha sido descrito:

"Alrededor de la 1:30 de la tarde, se roció con gasolina y se prendió fuego en la casa número 39 de la plaza de Wenceslao, en Praga. Murió en el acto tras no poder escapar del edificio."

Dejó en el lugar una declaración titulada "Ciudadanos de la República Checoslovaca": 

"A pesar de lo que hizo Jan Palach, nuestra vida está volviendo a sus viejas costumbres [...] y por eso decidí despertar vuestra conciencia como antorcha número 2. No lo hago para que me lloren, para hacerme famoso ni porque esté loco. Decidí inmolarme para que os unáis de verdad y no os dejéis oprimir por varios dictadores. Recordad: 'Cuando el agua sube por encima de la cabeza de alguien, no importa lo alto que esté'. [...] Que mi antorcha ilumine el camino hacia una Checoslovaquia libre y feliz. [...] Solo así seguiré vivo".

Las autoridades intentaron impedir que su funeral se convirtiera en otra gran manifestación pública, como había sucedido con Palach. Su cuerpo fue llevado a Vítkov, su localidad natal, donde fue enterrado el 2 de marzo de 1969. El régimen procuró reducir el impacto del acto, pero no pudo borrar su significado.

La inmolación de Jan Zajíc pertenece a una cadena extrema de protestas que revelan el clima moral de la Checoslovaquia ocupada. Se trataba de una lucha contra la anestesia social, contra la sensación de que la población, agotada por la represión y la censura, podía terminar aceptando como normal una derrota impuesta por los tanques.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Jan Zajíc”. Timothy Garton Ash, The Magic Lantern. Archivos históricos de Praga.


26 Febrero 1990 — Checoslovaquia. Acuerdo para la retirada soviética

La salida del Ejército soviético cerró la ocupación iniciada con los tanques de 1968.

El 26 de febrero de 1990, Checoslovaquia y la Unión Soviética firmaron en Moscú el acuerdo para la retirada de las tropas soviéticas estacionadas en territorio checoslovaco desde la invasión de agosto de 1968, dando inicio a la retirada del ejército invasor que había sostenido la arquitectura del sistema totalitario. Habían pasado más de veintiún años desde que los ejércitos del Pacto de Varsovia aplastaron la Primavera de Praga y colocaron al país bajo una “normalización” vigilada por Moscú.

La negociación se produjo apenas unos meses después de la Revolución de Terciopelo. Václav Havel, antiguo disidente y recién elegido presidente, convirtió la retirada soviética en una prioridad política. La presencia de decenas de miles de soldados extranjeros era una herida abierta: recordaba que el régimen comunista checoslovaco había sobrevivido durante décadas no solo por su policía y su partido, sino principalmente por una potencia ocupante.

El Museo de Milovice, dedicado a la presencia soviética y su retirada, resume esta retirada:

La mayoría de las unidades soviéticas fueron retiradas por ferrocarril. Los Ferrocarriles Estatales Checoslovacos enviaron 825 trenes especiales con un total de 20 265 vagones. Otros 11 088 vagones se incorporaron a los servicios regulares. [...] El coronel general Vorobjov abandonó simbólicamente Checoslovaquia como el último soldado soviético el 27 de junio de 1991.

La retirada se desarrolló por fases. Salieron tropas, tanques, armamento, familias de militares y estructuras logísticas construidas durante más de dos décadas. Algunas zonas quedaron marcadas por daños ambientales, instalaciones abandonadas y la memoria de una ocupación que había empezado con el lenguaje oficial de supuesta “ayuda fraternal”.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Czechoslovakia: Velvet Revolution”. Archivos del Ministerio de Defensa checoslovaco.


27 Febrero 1957 — China. Mao lanza la Campaña de las Cien Flores

Mao invitó a criticar al Partido; pero, después, los que hablaron fueron castigados.

El 27 de febrero de 1957, Mao Zedong pronunció el discurso “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”, texto central de la política conocida como Campaña de las Cien Flores. La consigna prometía abrir espacio para que florecieran libremente la crítica intelectual, artística y científica dentro de la China comunista, para “que cien escuelas de pensamiento compitan”, invitando supuestamente a intelectuales y ciudadanos a expresar críticas al Partido Comunista Chino.

El lema venía circulando desde 1956, pero en 1957 adquirió una dimensión política más amplia. Escritores, profesores, técnicos, estudiantes y cuadros expresaron quejas contra el burocratismo, los abusos de poder, la censura y el dogmatismo. Durante unas semanas pareció posible decir en voz alta lo que hasta entonces solo se comentaba en privado.

Mao formuló el principio en una frase que parecía destinada a volverse célebre:

“Que cien flores florezcan y cien escuelas de pensamiento compitan es la política para promover el progreso de las artes y las ciencias y una cultura socialista floreciente en nuestra tierra.”

En Washington un memorándum del director de la oficina de asuntos chinos señalaba:

"Para que la gente pudiera distinguir entre buenas y malas ideas, Mao proporcionó seis criterios. En esencia, estos criterios son que las palabras y acciones que apoyan al régimen y al bloque comunista en su conjunto son 'flores fragantes'; las que lo obstaculizan son 'malas hierbas venenosas'."

La apertura duró poco. Cuando las críticas desbordaron lo tolerado por el Partido Comunista Chino, el régimen cambió de tono y lanzó una nueva campaña, en sentido contrario, la Campaña Antiderechista. Cientos de miles de personas fueron señaladas como “derechistas”, castigadas, expulsadas de sus puestos, enviadas a campos de trabajo o marginadas de por vida. Aquello que había comenzado como invitación al debate terminó funcionando como una trampa, un mecanismo de exposición, para identificar las voces incómodas.

La Campaña de las Cien Flores mostró una técnica recurrente de sistemas comunistas: permitir cierta apertura o libertad de expresión controlada para medir el descontento, y, después, castigar a quienes habían creído en la posibilidad de crítica.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Hundred Flowers Campaign”. Frank Dikötter, Mao’s Great Famine. Archivos del Partido Comunista Chino.

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