Décadas después de haber sido enviados a combatir por el régimen en la guerra de Angola, varios veteranos cubanos denuncian el abandono en que sobreviven dentro de la isla: sin vivienda, sin atención médica suficiente, con enfermedades físicas y psicológicas, pensiones que no alcanzan y una pobreza extrema que contrasta con el discurso oficial que durante años los presentó como "internacionalistas".
Sus testimonios exponen la otra cara de aquellas intervenciones militares dirigidas por Fidel Castro en África: hombres que entregaron su juventud, su salud o parte de sus cuerpos y han sido olvidados por el mismo régimen comunista al que sirvieron.
El videorreportaje de Yoel Acosta Gámez muestra a Eliades Arcia Laffita, veterano de esta guerra, mientras enseña sus medallas y recuerda su paso por la batalla de Cuito Cuanavale, antes de describir el deterioro físico y moral que vive hoy en Cuba:
"A mí me dieron cinco infartos cerebrales. Soy diabético. Soy hipertenso. Fui internacionalista. Me gané la medalla de Cuito Cuanavale, Servicio distinguido, Por la Victoria Cuba-Angola, XX Aniversario… Como a mí me dio este infarto cerebral, y entonces ya no sirvo para nada, ya la gente no me mira como tal. Si no es un cero a la izquierda, ¿me entiendes? No es fácil. Entonces me siento abandonado y traicionado por el gobierno."
Otro veterano, Pascual Súñiga Toirac, afirma estar atravesando "una situación pésima, una miseria", muestra el estado de sus zapatos y habla de hambre, intemperie, depresión e ingresos psiquiátricos:
"Tengo problemas en la piel, durmiendo a la intemperie. En conclusión, donde me coja la noche. Mi hermano mayor de sangre se suicidó. Se tiró al mar. Yo no puedo andar así. En cualquier momento voy a andar descalzo."
Leonides Barrientos, otro de los entrevistados, cuenta que estuvo "dos años y seis meses" en la campaña de Angola cuidando combustible. Denuncia:
"Actualmente estoy desamparado. No tengo casa. No tengo ayuda social. No devengo nada. Tengo que estar vendiendo cubiertos. Comprar mi comida en los comedores y comer un bocadito y otro aquí, porque yo no tengo donde cocinar ni nada de eso. Me llenaron los papeles como caso social en junio del año antepasado y todavía esta es la fecha en que no he visto nada."
Resume su reclamo al régimen:
"Yo quiero que me diga el Estado cubano y el gobierno de aquí en Baracoa qué pueden hacer conmigo, porque estoy cansado de estar durmiendo aquí, durmiendo allá, donde me coja la noche".