Fotografía | Sobre la vida y el arte de Alina Sardiñas

La fotógrafa cubana Alina Sardiñas cuenta sobre fotografía e inspiración y cómo esta relación en su carrera ha evolucionado a la par de su vida.

Retrato de Alina Sardiñas sentada en una silla.
Autorretrato. | Imagen: Alina Sardiñas

Alina es de esas conquistas amistosas que me han deparado las redes sociales. Como un patrón, nada previsible, las propuestas visuales de sus posts poseen un sello cualitativo que la delatan sin misericordia. Así que, amistad con ella.

Provenientes los dos del pleistoceno analógico, aquella ´guara´ virtual carecía de sentido sin un encuentro a la antigua. Las dos veces que hemos coincidido, café mediante, han allanado el camino para esta charla sobre sus pareceres acerca de la vida y el arte.

Desvelar sus estructuras creativas, en tanto acto vivencial, ha sido una visita guiada, toda vez que mi interlocutora es poseedora de una locuacidad bien experimentada. Sin embargo, los misterios del oficio que mueven sus fibras, si se quiere ópticas, quedan a interpretación de los espectadores de sus obras.

Nada racional debe interceder en un acto de suprema sensibilidad como el que prescinde de andamios y puntales. Pero inducía, y para bien, que a esta artista se le prodigan de maravilla las narrativas textuales, por lo que fue blanco fácil para un diálogo fluido y sin tropiezos.

Un libro de imágenes netamente textuales…

En su extensa carrera, el trabajo fotorreporteril ha dominado el espectro fundamental de su trabajo, labor que, con el tiempo, ha ido acompañada de sus atinadas palabras. En este punto, limítrofe con lo literario, indiscutiblemente testimonial, pudiera haber una brecha hacia la palabra pura, a un libro de imágenes netamente textuales.

Pero mejor centrarnos en lo que anima su actual desempeño. Acá va un poco de su transparencia humana, de aquello que la ha hecho otear el horizonte de su momento vital, desde la altura que ha alcanzado con la experiencia.

Memorias de la infancia

La segunda vez que nos encontramos me hablaste un poco de tu familia. Recuerdo que charlamos sobre la entrega a ciegas de nuestra generación precedente a lo que, paradójicamente, algunos continúan llamando “Revolución”.

Crecimos y rendimos frutos en este contexto específico, por lo que no quisiera polemizar sobre asuntos que, si no vienen al caso, preferiría dejar a un lado para centrarnos en tu vida y obra. ¿Cómo fue tu infancia y adolescencia? ¿Cuándo comienza a “revelarse el negativo” de tu inquietud por la fotografía?

“Nací en el barrio del Vedado en una zona tranquila de casas lindas. Mi familia antes del año 59 pertenecía a una clase media acomodada y esos aires soplaron por encima de los tiempos que vinieron después, y se mantuvieron estacionarios, manteniendo una vida bastante buena todo el tiempo que fue posible.

“Hay anécdotas que, solo de rozarlas, hacen daño, por lo que, como bien dices, mejor no hablar de esos asuntos.  

Alina Sardiñas: “No quiero volver a ser una niña”

“No sé cómo responderte ante el recuerdo de mi infancia. Pienso mucho en ella, pero son flashazos. Como el que va pasando diapositivas en un proyector:

Alina sentada en la hierba con su hermana y su papá viendo cómo se cierra la dormilona cuando la tocas. Alina recogiendo orugas en el arbusto que había en el jardín de casa de los abuelos. Alina jugando con Sarah y Laura, y comiendo duro frío de limón.

Sombra de una niña saltando durante el juego de "la suiza".
"El juego está escondido en las sombras". | Imagen: Alina Sardiñas

“Unas medias encapuchando las manos de papi que nos hacía una función de títeres durante los apagones, mientras mami freía papitas para la comida: ´Mami, ¿cómo tú me quieres?´, ´Como la trucha al trucho´. Yo tenía un mal carácter que había que decirle ´usted´. Fuera de la casa era dulzura y simpatía, en la casa, ´genio y figura´, decía mi abuela. 

“No quiero volver a ser una niña, sufría por algo que todavía hoy no sé, pero creo que es algo que les ocurre a los niños.  Amor tuve mucho, de mis padres, de mis abuelos, de mi hermana. De mi familia toda. Y tuve las Aventuras de Huckleberry Finn, El cochero Azul y los cuentos que nos contaba mi abuelo ´en tiempos de maricastaña´. Esos cuentos eran como un libro con el lomo dorado. Realmente mi infancia lo fue.

Enamorada de los impresionistas franceses

“En décimo grado dejé de ser una buena estudiante y descubrí el placer de las horas a solas caminando por La Habana. Faltaba mucho a la escuela y me iba a caminar por la ciudad, a las librerías de libros viejos, a la Moderna Poesía.

“Estaba enamorada de los impresionistas franceses: Caillebotte, Gauguin, Cézanne, y allí tenían muchos libros de arte. Recuerdo que me compré un libro de Cézanne que tenía un desplegable de ´Los Jugadores de cartas´. Adornó mi cuarto mucho tiempo.

Henri Cartier Bresson ​ fue un célebre fotógrafo francés considerado por muchos el padre del fotorreportaje. Predicó siempre con la idea de atrapar el instante decisivo, versión traducida de sus "imágenes a hurtadillas".

“En uno de esos paseos en una librería de libros viejos se me abrió la mirada ante un libro con fotos de Henri Cartier-Bresson. La foto Rue Mouffetard, y otra de un grupo de niños jugando en unas ruinas en Sevilla, se me guardaron en los ojos, en el intelecto y en la emoción. Me gusta pensar que ahí comenzó todo.

“Luego llegaba a mi casa, que estaba siempre con amigos de mi hermana, músicos, pintores, poetas. Pasé mi adolescencia entre ellos y mis amigos que eran también muy peculiares. Un mundo de mucha libertad y de una savia riquísima. Yo quería esa libertad para mi vida.

“Claro, no todo fue color de rosa, le di a mis padres bastantes dolores de cabeza y por supuesto la mía también dolía. Pero nada que con los años no se convirtiera en anécdotas divertidas”.

De la fotografía analógica a la digital

Supongo que al ser tus primeras incursiones fotográficas bastante “clásicas” —refiriéndome con este término a algo tan socorrido por más de un siglo como la fotografía analógica— debió resultar en ti un salto, digamos que, de otro siglo, al asumir las técnicas digitales.

¿Abrazaste de golpe las nuevas tecnologías? ¿Tuviste reticencias para abandonar la tradición? (Digo, si es que ya no haces fotografía analógica).

“Cuando llegó la fotografía digital la calidad de la imagen no se podía parar al lado de una copia en gelatina de plata. Ha pasado mucho tiempo, pero creo que en aquel momento pensé que no eclipsaría a lo analógico. Aunque era asombroso ver, en el mismo momento que obturabas, la imagen en la pantalla; pero el asombro no lo hacía preferible.

“Pronto tuve que ceder sin chistar una parte de mi trabajo a lo digital, porque para publicar ya nadie te aceptaba una copia analógica. También vino la moda de los blogs, yo tenía uno y allí se imponía. Mantuve un tiempo el laboratorio, pero no por mucho, pues desaparecieron los materiales. De hecho, quedaron algunos rollos sin revelar que guardé todos estos años.

Alina Sardiñas: “He regresado a la fotografía analógica, donde me pienso quedar…”

“A cada rato me preguntaba qué habría en ese mundo oscuro de microcristales de haluro de plata donde una imagen latente esperaba a ser revelada. Más de veinte años después, la luz y el tiempo fueron revelados en la cocina de mi casa, hace apenas unos días, y de la oscuridad emergieron unas alegres niñas bajo la lluvia en un pueblo de Cuba, entre otras imágenes de ese pasado.

Niñas caminando alegres bajo la lluvia.
“Y de la oscuridad emergieron unas alegres niñas bajo la lluvia” (2001, Pinar del Río, Cuba). | Imagen: Alina Sardiñas

“No puedo describirte, y que sea suficiente, lo que provocó todo esto en mí. He regresado a la fotografía analógica, donde me pienso quedar, también agradeciendo y festejando el acercamiento al color que lo digital me brindó”.

Alina Sardiñas: “Cuando tengo la cámara delante solo importa el otro”

Pasado el tiempo y el intercambio de experiencias con otros profesionales y colegas del ramo, de todos los géneros sexuales existentes en la actualidad, ¿Identificas en tu obra algún sesgo diferenciador desde lo femenino, o lo ves como otra mirada más, simplemente humana? 

“Pienso que es imposible separar lo que hacemos de la persona que somos. Y la persona que somos son las experiencias que hemos tenido, por lo que sin dudas en algún lugar de mis fotografías estarán mis padres, mi infancia, los traumas que otros me dejaron. Amores, el amor a mi hija, dolores, frustraciones, preferencias, anhelos. Mis miedos.

“Pero sinceramente no puedo detectar algo como lo que me preguntas. De hecho, puedo decirte que lo que yo siento cuando tengo la cámara delante es que el objetivo se deshace completamente de mí y solo importa el otro. Pero quién sabe…”

Alina Sardiñas: “La fotografía no se puede aprender sentada en un aula”

¿Qué peso tienen en tu formación los estudios de fotografía que cursaste en la Unión de Periodistas de Cuba en el 93?

“La fotografía no se puede aprender sentada en un aula. Para aprender fotografía tienes que salir a la calle y hacerla. Yo creo que todo fotógrafo es autodidacta. Para mí, la ventaja de haber cursado esos estudios fue tener al alcance a ese fotógrafo y humano excepcional, Félix Arencibia, mostrarle lo que iba saliendo de mi Zenit y recibir sus consejos.

“Una de las primeras fotos que hice le gustó y la imprimimos juntos en el laboratorio para usarla en sus clases como un ejemplo de la manera en la cual una misma imagen puede ser usada para apoyar discursos opuestos. Cómo una imagen puede ser manipulada por los medios. Eso me hizo sentir segura de que no lo estaba haciendo tan mal y lo recuerdo como mi primer elogio.

Niños recostados durmiendo.
Fotografía analógica: “Una de las primeras fotos que hice le gustó y la imprimimos juntos…”. (La Habana, años 90). | Imagen: Alina Sardiñas

“Después de clases algunos nos sentábamos en el Té de la UNEAC con nuestros veintipocos años y una ilusión lindísima con el sueño del blanco y negro, y la vida que teníamos por delante”.

Fotografía documental e inspiraciones

En tu obra el mensaje visual es preponderante, estéticamente suficiente para validar la imagen como unidad orgánica y autosuficiente. Partiendo de ahí, has desplegado una extensa carrera reporteril, periodística.

¿Qué factores consideras indispensables para que una obra de arte pueda cumplir una función comunicativa, y viceversa?

“Más que fotografía periodística he desarrollado la fotografía documental, que es un poco diferente por la manera en que se aborda. Desde mi experiencia te quiero responder con lo primero que me vino a la mente: honestidad”.

¿Influencias explícitas que hayas detectado en tu trabajo?

“Nunca he podido responder esta pregunta, de manera que si no te importa voy a cambiarla a ´qué me inspira´:

“Hace algunos años un amigo me regaló un libro, ´El secreto del pasado´, de Kousbroek. Sencillas y anónimas fotografías en blanco y negro con un pequeño ensayo acerca de ellas. El regalo se convirtió en ´El libro´. No he podido agradecerle porque no vive en Cuba y no está en las redes. Creo que es un amigo analógico…

The Florida Project, una película acerca del drama y el regocijo en la infancia. Las fotografías de Josef Koudelka, Cartier-Bresson, Vivian Maier, Sebastiao Salgado. La fotografía cubana, recayendo en Cañibano. La ciudad. Los niños”.

Alina Sardiñas: “Siempre me gustó escribir”

Escribes muy bien, con una concisión que, a mí, particularmente, me satisface mucho. ¿Cuándo descubres que la palabra también tiene una pegada tan rotunda en la construcción testimonial de la realidad? ¿Tienes proyectos literarios independientes de tu actividad visual? 

“Siempre me gustó escribir. En la escuela disfrutaba cuando había que hacer cualquier tarea que involucrara una narración. Durante la adolescencia lo hice bastante, me lo tomaba en serio. Cuando tuve en mis manos la primera cámara se acabó la escritura, hasta que empecé a hacer fotorreportajes y me exigían textos.

“Al principio me costaba un poco porque toda mi emoción estaba puesta en la imagen, además de sentir que me exponía demasiado. Pero poco a poco fui perdiendo el miedo y lo empecé a disfrutar. Encontré algunas ventajas en esto además de las obvias.

“Siento que cuido más de las fotos escribiendo yo. He vivido la experiencia de ver cómo un texto dotaba a las fotos de un sentido completamente opuesto al, desde mi punto de vista, merecido. Me satisface que te satisfaga. Por el momento no hay proyectos más allá de la fotografía”.

Lo social en la fotografía de Alina Sardiñas

Es artísticamente muy directa tu mirada: estás interrogando todo el tiempo, específicamente a la gente, a su entorno. No hay ningún ocultamiento o pasividad en lo que observas, lo dejas ver a las claras. ¿Por qué lo social en tu trabajo?

“Te voy a responder algo que no he contado antes, pero que me viene a la mente cada vez que me hacen esta pregunta, y que tuvo un peso importante en mi vida poniéndome delante una realidad que iba más allá de la mía y en la cual yo no había, evidentemente, reparado:

“Cuando yo tenía 16 años hubo una amenaza de huracán para Cuba, recuerdo hasta su nombre, Kate. Cuando empezaron a dar la noticia dije: ´Ojalá venga el huracán´. Estaba en la casa de mis abuelos con mi abuela y Dulcita, una mujer que llevaba años trabajando en la casa.

“A mí me gustaba cuando había mal tiempo porque nos quedábamos todos allí, sin ir a la escuela, envueltos en el olor a jabón de lavar de las sábanas que se colgaban a secar dentro y esa sensación de estar protegidos, cálidos en el hogar.

Alina Sardiñas: “…empecé a hacer fotografía durante el Periodo especial. Para donde quiera que mirase con cámara, o sin ella, lo que veía era una sociedad envuelta en la amargura…”

“Han pasado casi cuarenta años y todavía siento vergüenza del momento en el que ella, Dulcita, me espetó ´No digas eso, si viene el huracán me van a evacuar porque mi cuarto no es seguro para pasar un huracán, puedo perder lo poco que tengo´.

“Cuando pude salir del inmovilismo en el que la vergüenza me sumió, sentí que de ahí una nueva piel me estaba saliendo. Siempre mis abuelos insistían para que ella pasara los ciclones con ellos, pero nunca aceptó. Trabajó en la casa de mis abuelos hasta la muerte de ellos y luego murió sola en un albergue. Ese suceso me dejó tal marca que siempre miro primero al otro antes que a mí. 

“Por otra parte, yo empecé a hacer fotografía durante el Periodo especial. Para donde quiera que mirase con cámara, o sin ella, lo que veía era una sociedad envuelta en la amargura. No había manera de salvarse de aquel desplome social ni de mirar hacia otro lado. Como ahora, como hoy”.

Alina Sardiñas: “Uno de los lapsus más desafortunados y catastróficos de nuestra especie ha sido el olvido”

Mientras te formulaba la pregunta anterior me quedé pensando en el fotorreportaje sobre el Zoológico de 26, en La Habana, que publicaste en Periodismo de Barrio. Por un instante dudé, pero no, no se trata de fotografía de naturaleza.

En todo caso sigue estando la naturaleza humana gravitando detrás de tanto descuido y abandono hacia nuestros semejantes vivos en el planeta. ¿Cómo concilias en tu percepción de la realidad, en tu accionar, nuestra herencia animal, instintiva, con este aplastante y brutal “raciocinio” que hemos “ganado” como especie? 

“En el jardín de casa de mi mamá hay un Franchipan, un árbol grande con unas flores de un delicadísimo perfume, pétalos rosados y centro amarillo. Estaba ahí desde mucho antes de yo nacer y es precioso. De niña me gustaba recoger en un cesto las flores que caían en la hierba.

“Durante una temporada en la casa vivió una persona que un día le propuso a mi madre cortar el árbol porque ese espacio estaba muy bueno para poner una tendedera, y además el jardín estaba siempre lleno de hojas. Mi madre amaba las flores y su jardín era un espectáculo de colores y zunzunes al atardecer. Mi madre me hizo el cuento convencida de que esa persona tenía que salir de la casa cuanto antes.

Alina Sardiñas: “La experiencia en el zoológico es fuerte, la manera en la que los visitantes se engrandecen ante el animal enjaulado”

“No pocas veces he visto a un hombre patear a un perro. También escuché a una vecina contar que durante un mal tiempo tiraron al mar a un perro que aullaba por las madrugadas y molestaba al barrio. Una amiga presenció en la calle Infanta una multitud de personas ajusticiando a un inofensivo majá de Santa María.

“La experiencia en el zoológico es fuerte, la manera en la que los visitantes se engrandecen ante el animal enjaulado, los insultan. Estuve hace poco en el Zoológico de Santa Clara, allí tienen esculturas de animales por todo el parque, y la del elefante me llamó la atención:

“El cuerpo del animal está partido en dos para que puedas subir por las escaleras traseras, atravesar su cuerpo y tirarte por las trompas abiertas que forman una canal. En la jaula del león había mucha gente haciendo fotos con los móviles y riendo de manera desbordada con un disfrute burlón. ¿El motivo? El león defecando en un agujero hecho en el piso de la jaula. Nunca voy a olvidar ese momento de humillación.

“Uno de los lapsus más desafortunados y catastróficos de nuestra especie ha sido el olvido. El olvido del lago, del bosque, del humedal, del animal. Nuestra especie tiene una cruzada contra la naturaleza. No la entiende, no la quiere, no la respeta y eso nos convierte en desterrados. Qué miedo”.

Visualidad tan arcaica como futura…

Nos quedan muchas horas de conversación, café y cervezas por consumir, pero por hoy tenemos que colgar los guantes. He dejado para el final una parte de tu trabajo que me remite a la esencia misma de la fotografía, a todo lo que ha sido y será un registro fotográfico:

Cuando me mostraste confidencialmente, algo que te agradezco desde entonces, las diminutas piezas que obtuviste con pequeñas cámaras desechables, quedé convencido de que hay, entre la cámara oscura, la intención del ojo, y la parcela de realidad elegida, un misticismo que trasciende cualquier indicio de racionalidad.

Esos pequeños fragmentos del planeta, prístinos y rudimentarios, como vistos por los ojos de un anfibio que sale por primera vez del océano, son testimonios de lo antiguo y venerable que es el mundo en que vivimos. ¿Cómo llegaste a esos resultados? ¿Qué circunstancias vitales rodean esa visualidad que puede ser tan arcaica como futura? 

La muerte, Amilkar. La muerte inesperada de mi madre vació la ciudad donde siempre yo había mirado. Desaparecieron los niños, los rostros en las marchas multitudinarias, desapareció el otro y apareció una necesidad de mirar lo otro. El musgo que crece en la roca, el reflejo de un árbol en un charco, una flor blanca que creció en lo oscuro, en la humedad, y todo el silencio que hay en ese universo solitario. 

Alina Sardiñas: “El gesto no está exento de dolor…”

“Significa mucho también que la cámara mi madre se la regalara a mi hija años atrás. Esta cámara de revelado instantáneo es como andar con un pequeño laboratorio analógico a cuestas, donde al momento expones revelas y positivas obteniendo una imagen en un papel pequeñito de un poquito más de 8x5cm. Cuando las tienes delante te debes acercar mucho para verlas, y es justamente lo que describes: ´los ojos de un anfibio que sale por primera vez del océano´.

“El gesto no está exento de dolor. La imagen es única pues no puedes hacer copias al no existir el negativo. Las pequeñas joyas las almaceno en el propio cartucho donde ellas vienen. Es una bellísima experiencia que, como dices, te remite a la cámara oscura elemental, al ser un pedazo de plástico con un orificio para que entre la luz y nada más. Al no tener control sobre la exposición, el resultado es también una sorpresa. 

“Cuando mi madre murió, mi papá ya estaba muy enfermo, sabíamos que también se iría pronto. Yo iba a su casa cada día cargando con el dolor de la pérdida reciente de mami y veía cómo él también se iba yendo.

Serie de fotos hechas con Fujifilm.
Película instantánea Fujifilm. (Febrero, 2022). | Imagen: Alina Sardiñas

“En esos días de principios de 2022, dar unas vueltas por los alrededores con esta cámara y almacenar las pequeñas piezas que contenían un mundo tan sensible, fue no solo una de las herramientas que encontré para adormecer tanto dolor y seguir soñando sino, también —y sobre todo—, una manera de brindarle a mis padres una belleza que nacía del duelo y una forma de agradecerles todo”.

Publicado originalmente en Alas Tensas.

Amílkar Flores
Amilkar Feria Flores

La Habana (1967). Escritor y artista visual. Licenciado en Pedagogía en Artes; Diplomado en Antropología Cultural y en Producción Simbólica. Ha ejercido como ilustrador gráfico, analista de prensa, periodista y profesor universitario. Ha publicado, entre otros, los títulos: Las dulces horas (Premio Pinos Nuevos 2007 (Poesía, Unión, 2008)); Algunas animalezas y otras bestialidades (Narrativa, Ediciones Extramuros, 2010 y Crónicas diluvianas (Narrativa, 2010). Cuenta con numerosas exposiciones personales y colectivas en Cuba y el extranjero. Actualmente desarrolla el proyecto de experimentación artística Observatorio Entrópico de Palatino.

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