Vidas | La otra Sandra Ceballos

"Nosotros somos los más horribles de todos los animales, no tenemos plumas bonitas, ni colores bonitos, ¡somos tan feos…! ", dice la fundadora de Espacio Aglutinador de nuestra especie, en esta conversación que descubre su faceta ambientalista.

Sandra Ceballos
Sandra Ceballos en la Ciénaga de Zapata. | Imagen: Cortesía de la entrevistada

¿Conoces a Sandra Ceballos? Cualquiera que esté familiarizado con el entorno de la visualidad cubana de los últimos treinta años, respondería sin vacilación que sí. Es más, hasta les molestaría que pusieran en duda su largo desempeño como historiadores, críticos, o simplemente como elitistas y diletantes. A mí me sucedió exactamente lo mismo. Pero nunca se es lo suficientemente viejo para descubrir aquello que no está a la vista, por obvia que sea su apariencia.

Huelga hacer un discurso para presentar a una de las artistas visuales cubanas que más improntas ha dejado en la plástica nacional. Baste decir que su vitalidad creadora, en numerosos espectros de su ámbito profesional, ha alcanzado a varias generaciones de artistas y colegas. Sus alianzas y propuestas han cimentado plataformas culturales, oficiales o no, nacionales o internacionales, donde prima la necesidad de manifestarse sin tapujos ni estrellatos.

Para hablar de cuánto conocía hasta hoy de ella, y lo que descubrí, iba a utilizar en esta presentación el clásico ejemplo del iceberg y la porción de él que se esconde bajo agua, pero semejante referente se derretiría mucho antes de terminar la charla.

Siempre me he dejado llevar por tu celebridad y nunca revisé tu currículum... ¿Así que eres guantanamera? Yo también. Aunque nací en La Habana, viví allí mis primeros meses, casi un año. ¿Cuándo te mudaste para La Habana?

Bueno, te haré un poco de historia, mis abuelos (asturiano él y valenciana ella), mi madre y sus dos hermanos, llegaron a Cuba traumatizados por las atrocidades de la Guerra Civil Española, en el barco Marqués de Comillas. Cambiaron la dictadura de Franco por otra dictadura que tendrían que asumir años después. Se instalaron en Guantánamo y allí, después del triunfo de los Castro, nací yo. Una de mis tías (hermana de mi madre) fallece muy joven, víctima de un errado tratamiento médico que le provocó una disfunción renal. En ese momento yo tendría seis años y es cuando mi familia decide, en 1967, trasladarse hacia La Habana, para cambiar la locación del suceso trágico de la muerte prematura, y aliviar un poco la depresión y tristeza en la cual estuvo inmersa mi familia.

Nos instalamos en una casa antigua de la calle 4, en el Vedado. Allí inicié mis estudios primarios y los siguientes.

Me comentabas que tu mamá era muy aventurera y los llevaba a Puerto Escondido a hacer camping y senderismo. También me hablabas de las escuelas al campo, los espacios rurales, abiertos. ¿Marcaron esas vivencias tu espíritu ambientalista?

En realidad, mi espíritu ambientalista (en general) lo asumo de una manera natural, hay algo por ahí celular, ADN, o enviado por difuntos protectores, no sé, pero la tendencia matriz estuvo presente desde mucho antes de las influencias activas maternas. Hay algo que nunca me expliqué, pero el amor excesivo por los animales y las plantas, de manera historicista, en el árbol genealógico de mi estirpe, es sorprendentemente como una epidemia. Luego esa necesidad inagotable que poseen las sagitarianas, de movimiento y de enfrentarse adictivamente a lo desconocido, hizo que mi madre comenzara una rutina de vida en su tiempo de descanso, que abarcaba no solo las costas, que por cierto eran de su preferencia, sino también los senderos campestres. En Puerto Escondido recorríamos los caminos terrosos sobre las lomas que bordeaban el río, también en otros lugares de Cuba, como los terrenos pantanosos de las playas de la Ciénaga de Zapata.

Años después me involucré con otras personas en la exploración de una parte bien extensa de la costa sur de la Ciénaga de Zapata, descubriendo playas silvestres, ojos de agua, caletas submarinas con barreras coralinas y ríos. Visitamos caseríos de carboneros y pescadores, como los Hondones, Caletón y algunas reservas naturales (en donde pernoctan las aves migratorias del Golfo), como La Salina.

Sandra Ceballos
Sandra Ceballos en La Salina. | Imagen: Cortesía de la entrevistada

A inicios de los noventa un grupo de artistas subimos el Pico Turquino, fue una experiencia dura, pero maravillosa.

Otra de mis intervenciones hacia la madre natura se la debo al artista José Franco (con el cual estuve casada durante cinco años), y que al vivir muy cerca de la costa tenía una especial preferencia por el submarinismo. Con él aprendí mis primeras lecciones para hacer buceo de snorkel. Años después un amigo, que era buzo de pesca, me enseñó a bajar con acualones.

Durante todos estos años he podido bucear en varias barreras coralinas, como las de Playa Amarilla y Brisas del Mar, La Herradura (por Quiebra Hacha, en Pinar del Río); el Ojo de agua, cercano a Playa Girón, y Caleta Buena, en Matanzas; las cavernas y túneles de algunas zonas del litoral norte de La Habana, entre otras inmersiones.

Hasta hace poco, antes de la pandemia de la COVID 19, estuve realizando submarinismo (de snorkel) ecologista, es decir, como un pez limpia-fondo, recoger la basura y desperdicios que contaminan el mar en temporada de verano, en una zona del litoral norte de la ciudad muy visitada por los bañistas, comprendida desde la Puntilla hasta el Club Ferretero, y desde calle 34 (en otras jornadas) hasta el hotel Tritón, en Miramar.

Toda esta tendencia incluye no solamente los accidentes geográficos y las plantas, sino también la gran variedad de habitantes del mundo animal. De hecho, poseo una lista enorme de perros, gatos, jicoteas y peces de varias generaciones, que han pertenecido a nuestra familia, y hasta un gavilán hembra que rescaté de un local (frente al parque Almendares) destinado a la venta de animales para sacrificios religiosos, crías y otras cosas. Allí los amontonan, en el corredor de la muerte (en su mayoría) en lamentables condiciones tortuosas. Esta gavilana, ya adulta, se encontraba en una jaula muy pequeña dentro de la cual no podía caminar, y tenía que mantener su cabeza hacia abajo, porque no podía ni siquiera levantarla por la falta de espacio. Pude observar que habían arrancado su cola completamente. Esto bastó para que me gastara el poco dinero que me quedaba para finalizar el mes y comprar un poco de cascarilla (que también la venden en ese local y que era el objetivo de mi visita al sitio), y me llevara a Loló, que fue el nombre que le puse a esta preciosa hembra, que pertenece a la especie de gavilán criollo llamada Cola Colorada. Loló estuvo en mi terraza durante un largo período, dentro de una jaula amplia de cerca perle, en donde logramos colocar hasta una rama de árbol para su comodidad y recuperación. Allí le creció el bello y colorado plumaje de la cola. Posteriormente la soltamos en las montañas de Pinar del Río, en las cercanías de un riachuelo.

¿Por qué crees que tu hijo no soporta los bichos? ¿Piensas que hay una predisposición innata de los humanos en el abrazo, o no, hacia la naturaleza? ¿o supones que se trata de algo cultural, aprendido?

 

Sandra Ceballos
Sandra en la Sierra Maestra. | Imagen: Cortesía de la entrevistada

Los “bichos”, o sea los insectos y coleópteros, no son por lo general muy bien recibidos por los humanos, el desprecio hacia ellos se establece socialmente por imitación y errada información, no solo por parte de la familia, sino también por amistades, los centros de estudio y de trabajo, los medios de difusión masivo etc. Soy de la opinión que todos los seres vivos están presentes por alguna razón inteligente, la naturaleza genera elementos imprescindibles (unos más que otros), y hasta los más pequeños son necesarios. Pero lamentablemente yo tampoco pude escapar del aplastamiento mecánico de las cucarachas, o de la cacería de las moscas y mosquitos. Me tomó tiempo entender y aislarme del fenómeno, “pensamiento y actitud de rebaño”.

En un viaje que realicé a Tulum, en México, pude visitar una reserva ecológica en donde se aprecian grandes carteles que prohíben la matanza de los mosquitos del lugar. Es decir, si te pican, espántalos, pero no los mates.

Mi hijo se horroriza cuando agarro una cucaracha con la mano (aunque haya fallecido), y la saco de la casa. Si pudiera hacerlo estando viva la salvaría de la chancleta. Esto también lo hago con las abejas para que no mueran en la luz. Las hormigas de mi cocina me acompañan cada día. A veces las migajas de pan, que no son advertidas por mí, las atraen; pero yo lo que resuelvo hacer es tomar la migaja y colocarla en el borde de la ventana, doy varios golpes con un dedo sobre la meseta, y estas se pierden inmediatamente por los contornos y agujeros para reaparecer en el sitio en donde no serán lastimadas, o sea en el borde de la ventana.

Mi hijo irá tomando conciencia de que todos los seres vivos deben morir cuando les toque naturalmente. Las cucarachas tendrán sus derechos en algún momento, quizás después de una explosión nuclear podrán vivir sin estar al límite, mientras nosotros, los que nos creíamos “superiores”, estaremos convertidos en pequeños fragmentos de algo, sin nuestra presencia habitual.

Las fronteras del arte y la literatura se hacen cada vez más flexibles, permitiendo la natural migración o convivencia de manifestaciones y géneros. ¿Desde cuándo escribes con intenciones literarias?

Realmente no escribo con intenciones literarias, como tampoco fabrico objetos con intenciones de hacer arte. Escribo como un reflejo incondicionado, o sea, tengo las herramientas técnicas y conceptuales, me veo como la carta número uno del Tarot (el Mago), tengo los elementos y quiero expresarme; manipulo sin conciencia de que estoy haciendo literatura y organizo las palabras según salen, para expulsar los pensamientos, sensaciones y sentimientos del subconsciente. Son signos, síntomas, enigmas muy difíciles de descifrar. Lo que parece expresado aparentemente con claridad, no es más que un código de la conciencia represora.

¿De qué trata Cuentos para Valentín?

Mi hijo Valentín me pidió que le contara un cuento “inventado” por mí. Cuando era pequeño le gustaban mucho los cuentos surrealistas creep que yo le improvisaba, pero esta vez me lo pidió por escrito, y así comencé por una historia algo absurda, pero no totalmente surreal.

Luego me gustó experimentar dentro de esta idea de lo absurdo-real, y comencé, mediante la escritura, a narrar historias muy breves basadas, algunas, en realidades simplificadas y llevadas a un plano sospechosamente insólito, y experimentar en varias de ellas, con una dimensión post mortem —aún improbable—, mediante la creación de una presencia energética mental y no física. Como también lo insólito de no creer en la existencia de lo que nuestra capacidad ocular deficiente no visualiza. En otros casos expreso obsesiones patológicas absurdas, o no, pero en lo que realmente lo absurdo es no comprenderlas. Otra vertiente de mis fuentes temáticas es la auto-denigración de algunos de los personajes, llevada a planos ridículos mediante conductas supuestamente inconcebibles, y vetadas absolutamente por los ortodoxos, moralistas y conductores de grupos sociales, que cuadriculan y dictaminan las conductas humanas en la relación individuo/multitud.

Todo narrado sin pretensiones de fabricar literatura, estilo o complejidades narrativas rebuscadas, sin pretender un derroche de información o extremas complejidades filosóficas: lo ilógico-posible expuesto desde la frontera de cierto humor sardónico, y en ocasiones grotesco.

He visto muchas de tus publicaciones en varios grupos, o en tu perfil personal, haciendo fuertes denuncias contra el maltrato animal y la tala de árboles perpetrada en La Habana y otras ciudades del país. ¿Qué o quienes consideras que son los causantes de estas conductas, y qué medidas y legislaciones piensas que puedan mitigar esos flagelos, al menos en el ámbito nacional?

Pienso que el gobierno cubano, como muchos otros sistemas y gobiernos a nivel global, subestiman el medio ambiente, el ecosistema, la flora y la fauna que conforman el planeta, es decir, obvian y atacan con firmeza todo lo que se oriente hacia una protección de nuestro hábitat natural. Sin embargo, se promueven grandes empresas, negocios y proyectos ambiciosos, que cada día destruyen más el soporte de los mismos. Me pregunto, cuando este soporte que es la naturaleza y el eco-mundo, no estén, ¿sobre qué terreno construirán sus columnas de ganancias y riquezas económicas? ¿Quizás sobre una selva o bosque ardiendo en llamas, un terremoto, un Tsunami, un Tifón o un enorme cementerio de animales e insectos exterminados, una tierra estéril en donde no crecerán las plantas ni los árboles, ni las frutas, ni las flores, ni nada para alimentarnos? ¿Por qué no entienden que, sin la capa de ozono, la tierra, los ríos, la fauna, y sin las plantas, no habrá negocio, proyecto, ni empresa que sobreviva?

Sandra Ceballos
Sandra con trencitas. | Imagen: Cortesía de la entrevistada

Hacen falta leyes de verdad y crear infraestructuras para que se cumplan, porque no hacemos nada con una ley escrita en un papel, o la divulgación de teléfonos para denunciar torturas y asesinatos de animales, cuando nadie responde a las llamadas. ¿Dónde está la praxis de las supuestas legislaturas? ¿Dónde están los que conforman ese ejército de protección que aplica los castigos y multas severas a los sádicos que maltratan y matan animales, los depredadores, analfabetos de vida, que destruyen las plantas, talan indiscriminadamente los árboles que nos ofrecen sus frutos, su hermosa presencia, su frescor, su sombra y limpian del esmog las ciudades?

Es imprescindible que el gobierno cubano, en vez de cotizar transportes que portan personas que recogen, como si fueran basura, violentamente a los perros abandonados en las calles y los lanzan dentro de un infierno de exterminio llamado Zoonosis, en donde les aplican Estricnina para asesinarlos, convierta toda esa monstruosidad en un lugar de protección, que por cierto podría estar patrocinado (además del estado) por los movimientos internacionales naturalistas o personas protectoras de animales. En este centro de protección no trabajarían asesinos, sino personas que, en vez de matar, prefieran desparasitar, bañar, alimentar y cuidar de los animales abandonados, para posteriormente ofrecerlos en adopción, o simplemente que sea su hogar hasta el fin natural de su vida.

Hace falta crear más movimientos de ambientalistas y animalistas con apoyo gubernamental, aumentar el número de personas por cada grupo, y que el ambiente y los animales sean protegidos de los empresarios mafiosos que, en otras latitudes, los asesinan sin piedad.

¿Dónde está el castigo para esta multitud de carcoma humana, que se propaga como un virus sin medida ni coto, destruyendo no solamente el planeta en general, sino a todo ser humano (activista o no) que pretenda luchar por el respeto y el cuidado de la naturaleza?

Como artista, ¿qué opinión estética te merece nuestra especie?

Verdaderamente nosotros somos los más horribles de todos los animales, no tenemos plumas bonitas, ni colores bonitos, ¡somos tan feos…! Así, con la carne pelada. ¿Hay algún animal que sea más feo que el ser humano…? Yo creo que no. Es que ni la hiena, que tiene cara de mala, pero también tiene un pelaje bonito. La foca tiene un pelaje corto, pero también es bonita su forma, la carita. Nosotros somos espantosos. Nadie se puede comparar con un gavilán, por ejemplo, ni con un oso, o una ardilla; ¡vaya, es que ni con una cucaracha! Porque si te pones a mirarlas bien, son bonitas, tienen las paticas bonitas, tienen ese caparazón, tienen un color bonito.

Verdaderamente somos muy feos. Si te pones a ver, ya hablando de pieles, plumajes y pelos, la piel arrugada por los años se ve mucho más interesante que la piel joven. La piel joven es monótona, aburrida, lisa, no tiene nada; un color y ya, que para colmo es feísimo, porque ni somos blancos, ni somos negros, ni siquiera eso. Estamos en la media, porque los blancos no existen. Yo he visto blancos de Suecia y de Noruega, y no son realmente blancos, y los negros tampoco son negros. La piel arrugada, las caras arrugadas, esa piel de los brazos arrugaditos, así, que tú ves, como yo he visto que estaba mi mamá, son más interesantes que esta piel lisa. Sin embargo, nos quejamos de las arrugas.

Me parece tremendamente notable cubrir la distancia submarina del litoral, haciendo limpieza de fondo entre La Puntilla y calle 42, en labores de rescate ambiental.

Te explico, esta acción no la realizo todos los días, ni en una sola jornada. Comienzo los lunes a primera hora de la mañana desde la Puntilla hasta el Ferretero, el miércoles, desde calle 34 hasta el Copacabana; y el viernes desde La Copa hasta el Tritón. Voy saliendo a intervalos a descansar y vaciar las mallas de carga.

Eres una caja de sorpresas. Voy a lanzarte una ráfaga de preguntas, de una sola vez, por temor a que sigan apareciendo datos memorables de tu vida. ¿Viviste en Tokio? Cuando te declaras espiritista, ¿te estás refiriendo al Espiritismo de Cordón que se practica en las provincias orientales? ¿Ser políticamente escéptica es para ti una postura política?

No viví en Tokio, pero pronto me iré, me fascina la cultura asiática.

Bueno, no me gusta mucho hablar sobre mis creencias, pero te puedo decir algunas cosas. No practico el Espiritismo académicamente establecido, me decepcioné muy rápido de los grupos. Ser espiritual no es adivinar como un mago de circo, o “tirar piedras”. Es algo más doloroso y devastador en ocasiones. Tuve que sacar entidades, que recogía en los grupos, que me lastimaban a mí y a mis allegados. Tuve que limpiarme mucho y comenzar a caminar sola, mi madrina de la Osha me ayudó. Ella también estaba harta de los estafadores.

Con la política sucede lo mismo que con algunas leyes sociales. La teoría, el parlamento escrito, la designación, los fundamentos, o como se les quiera llamar, están contenidos en escrituras, periódicos, documentos, internet, etc. Pero los intermediarios, los ejecutores, es decir los políticos, terminan (en su mayoría) haciendo lo que ellos improvisan o lo que les conviene. También sucede en las diferentes religiones, tanto institucionales como paganas, con los sacerdotes, babalaos, santeros, chamanes o paleros. Hacen y deshacen a su antojo, entregan su alma al diablo, violan sus propias leyes y creencias, se corrompen, lucran, en fin. Lamentablemente la política no es de carne y hueso, la ejecuta cualquier elemento humano, generalmente corrupto y con poder. No creo en los políticos, soy escéptica, pero a la misma vez reconozco que el ser humano no está preparado para el anarquismo, su estructura mental está demasiado defectuosa y viciada.

Para no dejar en ascuas a los seguidores de tu desempeño artístico, y si fuera posible separar una cosa de la otra, ¿cómo concilias tu experiencia como amante de la naturaleza con la de creadora, sobre todo después del 14 de septiembre del ´94, cuando fundas el Taller/Galería Espacio Aglutinador?

Mi temperamento me ayuda, también mi manera de organizar, soy casi una psicópata del orden, (entre risas). Si no me organizo no puedo hacer todo. No obstante, hay momentos en los cuales no puedo completar mis metas y tengo que poner en turno algunas acciones. Por ejemplo, cuando organicé el evento de La Primera Bienal de Arte Porno: “We are porno, Sí!”, lo hice por convocatoria y me presentaron 42 proyectos entre artistas cubanos y foráneos. Tuve que cerrar la convocatoria antes del tiempo previsto, por problemas de espacio, pero la logística y la praxis del trabajo cubrió todo mi tiempo. Lo mismo me sucedió con el evento del MAM: Museo de Arte Maníaco, “Brujas, pero también brujos”, que también fue internacional y hubo artistas ingleses, canadienses, españoles y cubanos de ambas orillas. Sin embargo, con “Malditos de la posguerra”, que fueron seis exhibiciones, me repartí mejor porque este programa lo dividí desde el 2016 hasta el 2018. Así lo hice con el programa “Curadores, come home”, el cual abarcó tres años. En estos casos pude hacer buceo y seguir en mis dibujos, pinturas y objetos. La parte espiritual se mantiene activa todo el tiempo, como me dijo un día un religioso de Ifá: “niña es que tus egun están contigo todo el tiempo y son unos cuantos”.

Aparte de todo el trabajo de Aglutinador, nunca he dejado de producir como artista, aunque algunas personas mal intencionadas se hayan encargado de propagar lo contrario. He trabajado en varias series a la vez: “Absolut Utopía”, simultáneamente con “Expresión sicógena”, “Pan-cartas”, “Absolut Sandra”, “Adorado Wolfli”, “Yo, la mejor de todas” y “Los discursos Mangas.”

Siempre saqué tiempo para nadar, tomar cervezas con amigos, pasear y jugar a Mortal Kombat y Call of Duty con mi hijo Valentín.

Amílkar Flores
Amilkar Feria Flores

La Habana (1967). Escritor y artista visual. Licenciado en Pedagogía en Artes; Diplomado en Antropología Cultural y en Producción Simbólica. Ha ejercido como ilustrador gráfico, analista de prensa, periodista y profesor universitario. Ha publicado, entre otros, los títulos: Las dulces horas (Premio Pinos Nuevos 2007 (Poesía, Unión, 2008)); Algunas animalezas y otras bestialidades (Narrativa, Ediciones Extramuros, 2010 y Crónicas diluvianas (Narrativa, 2010). Cuenta con numerosas exposiciones personales y colectivas en Cuba y el extranjero. Actualmente desarrolla el proyecto de experimentación artística Observatorio Entrópico de Palatino.

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