"Fívulas u peróvulas": la alegre voluntad del narrador

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Contracubierta del libro "Fívulas u peróvulas" (Ed. Homagno, 2020) de Rafael Almanza

Con su nuevo libro de microrrelatos, fábulas, parábolas, viñetas..., Rafael Almanza cierra la sui géneris trilogía narrativa que comenzó con El octavo día (cuentos) y Nada existe (novela).

Con Fívulas u peróvulas se cierra un ciclo narrativo en la obra de Rafael Almanza. Libro difícil de clasificar, aunque primariamente responde a la categoría de las compilaciones de viñetas, microrrelatos o relatos breves y en lo ostensible a la de fábulas y parábolas. Si bien esta última con la renuencia del título que distorsiona irónicamente lo que irónicamente ha sido concebido, pues en esta obra las composiciones sapienciales de la tradición quedan desembarazadas, en apariencia, de la carga moralizante que las define. Pero se trata de una ilusión —como quizás lo sea la moral— que apunta a una ilusión mayor: la del humor como propiedad salvífica del intelecto. En este punto el autor se encuentra a medio camino entre las parábolas de Wilde o los cuentos fríos de Virgilio Piñera y las fábulas de Samuel Feijóo, partiendo, ya sea por inversión o deixis de la piedra de toque de los evangelios cristianos.

La primera narración, “Tres”, subdividida en tres viñetas, parece denunciar esa influencia. Tres son también las secciones del volumen, el tercero de la trilogía narrativa que integra junto a El octavo día (cuentos) y Nada existe (novela). Estas tres obras constituyen un mapa, desde lo diegético, de lo que el autor ha emprendido igualmente en la poesía y el ensayo y en cuanta forma literaria y artística ha estado a su alcance: el proyecto vitalicio de El Amor Universal. Tal empresa exhibe, en la sexta década de vida de Almanza, unos logros atendibles y una extensión asombrosa en el panorama actual de la literatura escrita en castellano. La narración, por tanto, no podía ser excluida como género por este creador que plantea una mathesis universalis del amor, como lenguaje natural de la perfección que habita en el ser supremo, Dios.

El octavo día, el advenimiento, la parusía cristiana está sometida a la voluntad del Creador, lo que es insinuado en Nada existe como un teorema que se demuestra al negarse. No obstante, la Creación toda simula ser narrada desde más de un punto de vista, todo lo que existe puede ser contado sin necesidad de acudir a la omnisciencia que dio sentido y lugar a las cosas. Apenas empezamos a descubrir los mecanismos narratológicos que nos permiten ensanchar el espacio diegético, hasta hacerlo coincidir con el espacio universal del que el amor es leitmotiv, causa y fin en la obra humana. El hombre es un homo narrator cuya existencia está constituida por historias. Contar es entonces prolongar esa existencia, tender sus límites hacia el gran relato de la eternidad, aceptar la validez de lo que podríamos llamar la voluntad del narrador frente a la conciencia que le excede y contiene.

Portada del libro "Fivulas u perovulas" de Rafael Almanza.
Portada del libro "Fivulas u perovulas" de Rafael Almanza.

Una narración está determinada además por la acción. De modo que narrar es regresar al verbo primigenio, a la materia efervescente de la creación que aguarda ser contada, rehecha. Fíjense que no utilizo la palabra “ficción”. Una parábola o una fábula jamás son una ficción en la obra de Almanza, por más hiperbólica, alegórica o absurda que resulte la trama. O precisamente por eso. Tampoco lo eran las de Cristo, aunque mejor no intentar la comparación. Incapaz de conformarse como Borges con el reducido laberinto del ser, Almanza aspira a más, sabe que hay un más que está en el relato y al mismo tiempo se nos revela al final de la lectura. Un más que se da el lujo de serlo asimismo por acumulación, por la variedad de las técnicas para contar que incluye a todo tipo de narrador, distintos narratarios y estilos, que acude incluso a otros géneros próximos al teatro (“Verídica y completa historia de la conquista de España”), la poesía (“Nada Tú”), la epístola (“Handyman”), la novela (“Católico”), el periodismo (“Noticia”), el guion de ópera (“Invención liberal y arte de ajedrez”), de ballet (“Narcisos”), la novela radial (“Citas”), el ready-made (“Abuso de mayúsculas”), el fake histórico (“Informe sobre balseros”) o la fotografía (“Minsk, Operación total de refrigeradores”).

Frente a la abundancia de la realidad, este autor nos presenta su abundancia personal, desbordada, incontinente, como lo es la realidad para el verdadero hombre de fe. Sabe que semejante acopio terrenal no responde a una lógica cartesiana y ensaya estos cuentos lúdicos con la certeza de no poder asir el artilugio de la Creación. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, he aquí unas lecturas que pretenden afirmarnos en el cosmos, aun cuando se habla de temas tan aciagos como la muerte, el exilio o la miseria. El propio autor, convertido en personaje, asume con desenfado y comicidad estos sucesos, que intuye dentro de la exuberancia que debemos aceptar antes de alcanzar la plenitud de la Historia y el relato definitivo. El libre albedrío de las criaturas y su amoroso deslinde del fatum creacional son la fuente de este optimismo santo para narrar la vida humana, que no desdeña los espacios del sueño, la imaginación o la memoria. La creación entera es entonces fábula o parábola, distorsionada por nuestra pobre percepción, pero abierta siempre a la elección de esos profundos significados. Oigámosla.

El poeta Mario Félix Ramírez Méndez

(Camagüey, 1994). Poeta y crítico. Graduado de Ingeniería en Telecomunicaciones en la Universidad Central de Las Villas. Autor del poemario Corolario (Ed. Homagno, Miami, 2019).

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