Covid-19: ¿Quién conspira? 

Alegoría del coronavirus - la conspiración
Conspiración, alegoría del coronavirus
Alegoría de la conspiración | Imagen: Pixabay

El problema de turno para la humanidad, el que atrapa nuestra atención y acapara los titulares de prensa, es el coronavirus, causante de la enfermedad Covid 19. Hace solo dos días, las cifras hablaban de 2.800.000 contagiados y 197.000 fallecidos en todo el mundo. Pero incluso los afortunados que logren evitar el contagio propio y el de los seres queridos, sufrirán el efecto colateral de la pandemia en la economía mundial y en sus bolsillos. Pocos saldrán completamente ilesos, porque hay demasiadas cosas que perder: la vida o la de algún allegado (o varios), o el negocio, o el empleo. O todo a la vez.

Y como siempre que hay un problema, hallar al culpable resulta tan importante (a veces, más) que hallar la solución. Casi desde que se conoció la existencia del coronavirus, emergieron teorías que apuntaban a culpables y responsables de su surgimiento y expansión. Al haber aparecido los primeros casos en una provincia de China y haber tardado tanto las autoridades comunistas en alertar a sus propios ciudadanos y al mundo sobre el virus, el Partido Comunista chino pasó de irresponsable a creador del nuevo coronavirus en un laboratorio. 

Prácticamente al mismo tiempo, surgió la teoría de que los Estados Unidos habían introducido el coronavirus en China, su rival en la guerra económica, que le disputa el título de primera potencia mundial. Uno de los promotores de esta teoría fue el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, que aseguró que el coronavirus podría deberse a una “acción de terrorismo biológico” promovida por EUA para debilitar a China.

Basándose en un artículo del periodista español Patricio Montesinos, Granma sugirió que el nuevo coronavirus podría ser “un germen creado en laboratorios de los Estados Unidos, como arma bacteriológica en la guerra comercial desatada por Washington contra China”.

Militares cubanos controlan en La Habana el cumplimiento de las medidas de cinfinamiento
Imagen: Jazmín de la Sierra

Lo malo de esta teoría es que los Estados Unidos han pasado a encabezar la lista de contagiados y fallecidos. ¿Habrán sido tan estúpidos los americanos como para crear y expandir un virus del que han terminado por ser las principales víctimas? ¿Ha sido tan inepto el presidente Trump como para desatar un virus en China, que terminó por llegar a su país y matar a más de 55 mil personas (la última vez que miré) y generar críticas a su gestión, a meses de las elecciones en las que busca ser reelecto? 

El expresidente boliviano, Evo Morales, haciendo gala de la agudeza mental que exhibió al afirmar, en abril de 2010, que “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”, ha dicho ahora que el coronavirus se diseñó para reducir “la población innecesaria… Los abuelos, las personas de la tercera edad, los viejitos…”. La base de estas profundas reflexiones es “mi imaginación y mi cálculo”, ha reconocido el propio Evo Morales.

El coronavirus ha hecho quedar en evidencia al sistema de salud norteamericano. Muchos han criticado que a la mayor potencia mundial el coronavirus la sorprendió con los pantalones bajos. El propio Morales ha dicho que China ganó la tercera guerra mundial sin disparar un tiro. Mientras el país donde se originó la enfermedad, reporta 4642 fallecidos, su rival económico reporta doce veces más. Aunque las cifras chinas siguen siendo cuestionadas, incluso después de que el número de muertos en Wuhan se elevara en un 50%, siguen muy distantes de las norteamericanas. Esto también debilita la teoría de un virus creado por los americanos y quizás los chinos deberían pedirle al exmandatario boliviano que no los defienda. Para creer que ha habido una tercera guerra mundial ganada por China sin disparar un tiro, hay que asumir que esa guerra la inició alguien. ¿Quién?

Pero no todas las teorías se debaten entre China y Estados Unidos como culpables. Hay teorías que nos anuncian una buena noticia: No hay tal coronavirus, no hay pandemia. Hay algo peor: una conspiración para mantenernos aislados los unos de los otros, atemorizados y por tanto más fáciles de controlar y dominar; una conspiración que busca reducir la población mundial, pero solo a los “comensales inútiles”.

Lo que exponen estas teorías que niegan la pandemia, es tan terrible, que una termina por desear que el nuevo coronavirus sea absolutamente real, porque si existe terminará en algún momento. Si no existe, lo que terminará es la vida humana como la conocemos. Es una frase que han empleado muchas personas en distintos momentos de la historia, pronunciada generalmente con el objetivo de asustar y generalmente se logra. Pero la vida “como la conocemos” no es la que conocieron las personas en la comunidad primitiva, ni las personas en el siglo XV, ni las del siglo XVIII, ni siquiera las del siglo XX. 

Dos de las de teorías que nos alertan sobre “esta falsa pandemia” son expuestas por la doctora argentina Chinda Brandolino y el autor británico David Ickes. 

La doctora, que en el vídeo de la entrevista que concedió a Radio Miraflores La Auténtica, se le describe como médica clínica, perito forense y especialista en vacunación, intenta advertirnos de la existencia de un nuevo orden mundial, “digitado por la reina de Inglaterra, su esposo… el señor Rockefeller… y Bill Gates”, cuyo surgimiento se remonta a 1903 y tiene el objetivo de eliminar a los “comensales inútiles”: las razas inferiores, los pobres, los viejos.

 La doctrina en la que se basa este nuevo orden mundial es el marxismo, según la doctora Chinda, y es la ideología de un capitalista como Rockefeller. 

¿Resulta plausible esto? No me resulta inaudito que ante el aumento de la población mundial y del envejecimiento poblacional, muchas personas ricas y poderosas vean la necesidad de eliminar a los ancianos, a los que hay que pagarles pensiones, y a los pobres. 

Un vicegobernador en Estados Unidos, citado por Ignacio Ramonet en un artículo recientemente publicado en La Jornada, de México, declaró: “Los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía”. En Holanda, el jefe de epidemiología del Centro Médico de la Universidad de Leiden, Frits Rosendal, declaró que “no se deben admitir en las UCI a personas demasiado viejas o demasiado débiles”. Estos son solo algunos ejemplos, tomados de la realidad, que parecen apoyar la teoría de la doctora Chinda. 

No me cabe la menor duda de que ese objetivo de reducir la población del mundo esté movido por una ideología totalmente racista, como afirma la doctora. No dudo que para estos poderosos la mejor manera de eliminar la pobreza sea eliminar a los pobres. 

A ese objetivo de reducir la población, principalmente en países del tercer mundo, responde, según la doctora, la introducción de en los centros de estudio de teorías como el “abortismo” y la ideología de género: “mientras más cantidad de jóvenes homosexuales haya, menos posibilidad hay de que exista una reproducción natural”, afirma, mezclando orientación sexual e identidad de género.

Ahí es donde la doctora Chinda empieza a despertarme tanto escepticismo (incluso antes de saber que ha sido acusada de charlatana y promotora de pseudoterapias, y de no presentar evidencia científica de sus supuestos hallazgos, y de carecer de conocimientos básicos de medicina, pese a ser médica clínica) y tanto miedo, como los ricos, poderosos y racistas, que ella afirma, quizás con alguna razón, quieren exterminarme: de acuerdo a la teoría de la doctora, el derecho al aborto no responde a que las mujeres tengan la posibilidad de decidir sobre sus cuerpos y su deseo o no de procrear, sino a un selectivo y planificado exterminio de la población pobre mundial. La homosexualidad no es simplemente una orientación sexual ni existe algo llamado identidad de género. Las personas homosexuales y las personas transgénero somos enfermas o cómplices de los exterminadores de la especie humana (o ambas cosas). 

Es una lástima que el entrevistador no haya preguntado a la doctora cómo explicaba la existencia de homosexualidad y de las personas que no se sentían identificadas con su sexo biológico, antes de 1903, año al que, de acuerdo a su teoría, se remonta el surgimiento del nuevo orden mundial. 

Mientras supuestamente intenta abrirnos la mente a las cifras de muertes por neumonía en un año (de acuerdo a los datos que ella aporta, solo en China mueren 300.000 personas de neumonía al año, mucho más que las 4642 muertes causadas, supuestamente por la Covid 19), que demostrarían que no somos víctimas de una pandemia real sino de un fraude, aprovecha para inocularnos su visión del mundo. 

Esta doctora, quien se presenta como hija y nieta de médicos, madre de ocho hijos y abuela de quince nietos”, afirma en otra entrevista que el “feminismo marxista no busca los derechos de la mujer, sino transformar a la mujer en otro hombre” y “el fin del movimiento feminista es la abolición de la heterosexualidad”. El feminismo, según la doctora, es el principal método anticonceptivo. 

El británico David Icke era, hasta 1991, un más o menos conocido presentador de programas deportivos de la televisión pública británica y portavoz del Partido Verde. En abril del mencionado año fue invitado al talk show del presentador Terry Wogan y ahí expuso por primera vez sus teorías sobre las fuerzas malvadas que rigen el mundo. 

Su teoría sobre el coronavirus, expuesta en una entrevista con London Real, parte de que “gente de Wuhan empezó a enfermarse por cualquier razón. Científicos comenzaron a tomar fluido de los pulmones de las personas enfermas. Obtuvieron lo que llamamos ‘Material genético’ el cual puede ser causado por una gran lista de enfermedades. Lo llamaron virus. Este ‘virus’ se puede encontrar en la mayoría de las personas. Comenzaron a afirmar que tenían el virus debido a los síntomas”.

Según Icke, y esto también lo dice la doctora Chinda, mientras la prensa muestra hospitales colapsados y entrevista a personal de salud que ha trabajado durante largas y extenuantes jornadas para salvar vidas, ellos afirman que hay hospitales, por ejemplo, en Madrid, totalmente vacíos y médicos de emergencia que afirman que no tienen ni muertos ni pacientes de coronavirus. No dicen ni los nombres de los médicos (quizás por proteger a sus fuentes), pero tampoco el de ningún hospital. Pero según ellos, las cifras alarmantes de muertes por coronavirus se deben a muertes reclasificadas. “Un ejemplo es Eddie Large, quien fue al hospital por insuficiencia cardiaca. Cuando llegó al hospital fue diagnosticado con COVID-19, porque lo testearon… Así que ‘oficialmente’ luego de diagnosticarse el COVID-19 muere”, cuenta Ickes. 

Tanto él como Chinda Brandolino afirman que los gobiernos están inflando las cifras de contagiados y fallecidos por coronavirus. O sea que, pese a las críticas que recibe Pedro Sánchez de la oposición, que lo califica de inepto, él ha optado por inflar las cifras y hacerles creer a los españoles, incluyendo a esa oposición que lo fustiga, que hay más contagiados y muertos de los que hay en realidad.  

En defensa del gobierno cubano, debo decir que jamás inflarían las cifras de contagiados. Primero porque, incluso sin haber alcanzado cifras impresionantes de contagiados y fallecidos, ha sido blanco de críticas por la demora en cerrar las fronteras y los colegios, e incluso haber intentado atraer turismo a la isla, cuando ya se habían detectado a tres turistas italianos infestados. Segundo, porque debe cuidar su imagen de potencia médica e intentar demostrar la superioridad del modelo socialista. Tercero, porque provocaría el cuestionamiento del envío masivo de médicos a otros países.

De acuerdo con Icke, el objetivo de mantenernos aislados, controlados y entretenidos con el coronavirus es poner la tecnología 5G en todas partes, incluidos escuelas y hospitales. Esta tecnología 5G, de acuerdo a Icke, es letal para la salud, pero ellos podrán atribuir las muertes de las personas a la Covid 19. La primera ciudad donde se introdujo esta tecnología fue Wuhan, nos cuenta Icke, justo donde se originó el nuevo coronavirus.

La meta de toda esta operación es ponernos la vacuna que ahora todos anhelan, contra el virus inexistente que es solo el pretexto para inyectarnos un chip con nano biotecnología para convertirnos en computadoras programables.

Pero es difícil de creer la elaborada teoría de Icke, explicada con tanta seguridad, después que no ha sido capaz de decirnos de qué enfermaron los ciudadanos en Wuhan. ¿Cómo puede afirmar con tanta certeza y contra la opinión de tantos médicos, que no fue la covid-19 causada por el Sars Cov2, y no puede decirnos de qué enfermaron en realidad, y decir, sencillamente: “… de algo”?

El único médico con el que Icke afirma “he estado contactando llama Andrew Hoffman”, que, de acuerdo a la información que he encontrado en Internet es un endocrinólogo y no hay vídeos suyos hablando sobre el coronavirus. Icke no ofrece más evidencia científica de su teoría.

Si a esto sumamos que la más famosa de sus teorías es la de los reptilianos: una raza, altamente evolucionada, de seres cambiaformas que mueve los hilos de la sociedad, resulta mucho más difícil creer o incluso tomarse en serio lo que nos dice de la falsa pandemia. 

La raza de reptilianos que describe, habría adquirido la apariencia antropomórfica y la capacidad de cambiar de forma les permite introducirse en las altas esferas de la sociedad, tras mezclarse con los seres humanos. A esta raza, según Icke, pertenece la Reina Madre de Inglaterra, también señalada por la doctora Chinda como una de las personas que controla el mundo en el nuevo orden mundial.

¿Por qué preocuparnos tanto con las teorías de alguien que habla de réptiles mezclados con seres humanos, de quien el médico que lo trató de niño ha dicho que tenía problemas mentales, y las de una doctora que asegura que las vacunas provocan autismo? 

Porque, por disparatado que parezca tienen una increíble cantidad de seguidores. En 2013, un artículo de El Confidencial se refirió a Icke como el “conspiracionista más influyente”, no sin razón: En octubre de 2013, colgó el cartel de “no hay entradas” en las taquillas del Wembley Arena, donde impartió una conferencia de 10 horas. El precio de las entradas oscilaba entre 39 y 62 libras. Una actuación suya en Barcelona, en verano de 2010, costaba 60 euros. Disparatadas o no, David Icke ha sabido sacarles un significativo provecho económico a sus ideas, sobre todo con su producción literaria: veintitrés libros.

Por más increíble que parezca, muchos de los seguidores de Chinda Brandolino y David Icke son personas inteligentes, como la que se tomó el trabajo e invirtió megas de su cara internet en Cuba, para buscarme las entrevistas de ambos sobre el coronavirus, y hacérmelas llegar. Esta persona, que me describió a ambos como “mentes muy despiertas” y consideraba que yo no podía dejar de leerlos (algo que hice, justamente porque considero inteligente a esta persona), opina además que sus ideas deben difundirse. 

En momentos como este, cuando todos estamos asustados, escépticos, encabronados, ante la pandemia, y ante la crisis económica post pandemia, que anuncian los economistas, es cuando estas “mentes despiertas” se aprovechan del miedo y la indefensión que sentimos, para inyectarnos su propia doctrina. 

 

Periodista Yusimí Rodríguez López en revista árbol Invertido

(La Habana, 1976). Narradora y traductora. Colaboradora también de los sitios Diario de Cuba y Havana Times. En 2015 publicó su primera colección de cuentos, The Cuban dream. Cuentos suyos aparecen en antologías en Cuba y otros países.

Comentarios:


Enrique Seijas (no verificado) | Lun, 25/05/2020 - 17:32

Interesante la compilación que hace de las corrientes del pensamiento que aquí expone. Pero a pesar de su escepticismo y despectiva valoración de los denunciantes, a pesar de sus dudas, no todo lo que luce es oro. Tecnología 5G, campañas publicitarias exageradamente propagadas contra la supuesta evidencia estadística de mortalidad, manipulación descarada y abierta de cifras para justificar la intervención de los Estados en las vidas privadas de sus poblaciones, diseminación de racismo y discriminación etárea y económica, descarada, abusadora y proclive de genocidios, no dejan duda de que algo no huele bien en el entorno social de la humanidad de hoy. Me luce que si viene una tercera guerra mundial, ésta no será entre naciones sino entre clases, los poderosos contra los demás. Los que ya hemos vivido nuestras vidas seguro estamos conscientes de nuestra inminente mortalidad, pero eso no significa que queramos ofrecernos como ofrenda heróica al Dios del Materialismo. La vida no se acaba hasta que se acaba. Pero su terminación no es potestad ni privilegio ni capricho ni  necesidad de mentes calenturientas disfrazadas de raciocinio deshumanizado y cómodo. Ya lo tienen todo. Y ahora quieren matar su aburrimiento junto con las vidas de los inocentes, cualesquiera que sean sus condiciones. La historia se repite, como suelen decir los historiadores. Siempre aparecen Adolfos y demás defensores de la pureza étnica que aspiran a tener un jardín de rosas seleccionadas de cualquier mancha, como a súbditos y vecinos rigurosamente puros. No me jodan la paciencia. Detrás de todo esa parafernalia solo están los viles avaros, ambiciosos de poder y dinero como si ellos y sus generaciones siguientes pudieran acabar con las inmensas riquezas que han acumulado.Algo no está bien. Algo están ocultando y lo hacen de la manera mas burda y miserable exaservando  el pilar fundamental de la vida, el instinto de supervivencia.

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