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Opinión | No a la pena de muerte, sí a la cultura de vida

"La pena de muerte es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante, por lo que debería ser eliminada. El primero de todos los derechos humanos es el derecho a la vida, a su preservación y cuidados."

Activistas de Amnistía Internacional se manifiestan contra la pena de muerte. Foto: Amnistía Internacional.
Activistas de Amnistía Internacional se manifiestan contra la pena de muerte. Foto: Amnistía Internacional.

La ejecución fallida de Christa Pike, de 50 años, ocurrida el 30 de septiembre de 2026 en Tennessee, Estados Unidos, ha vuelto a provocar el debate sobre el tema de la abolición total de la pena de muerte en todo el mundo. Desde siempre he sido un defensor de la eliminación para siempre y en todas partes de la pena capital, por las siguientes razones:

Razón religiosa

Para los que creemos en Dios y profesamos públicamente nuestra fe cristiana, solo Dios es el Dueño y Señor de la vida y de la muerte. Por tanto, nadie tiene potestad ni derecho a quitar a nadie la vida humana que es y debe ser sagrada e intocable desde su concepción, desde que el óvulo se una con el espermatozoide, hasta su final natural.

Razón jurídica

La aplicación de la justicia puede fallar, cometer errores y condenar a un inocente a la pena capital. Una vez ejecutada la sentencia de muerte, es irreversible. Se han dado casos en que ha sido erróneo el veredicto y, una vez cegada la existencia humana, el daño infligido no tiene marcha atrás.

Razón ética

El principio fundamental, radical, de la bioética es el valor supremo de la vida, por tanto, promover una cultura de la vida, vale decir, el cultivo, la defensa y la promoción de la vida en todas sus dimensiones, facultades y capacidades, es un principio y una obligación ética. Desde el punto de vista humano, la pena de muerte es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante, por lo que debería ser eliminada. El primero de todos los derechos humanos es el derecho a la vida, a su preservación y cuidados.

Razón común

Está demostrado que la criminalidad no disminuye por la aplicación de la pena de muerte. Por eso, según datos de Amnistía Internacional, 145 países en el mundo han abolido o puesto en moratoria la pena de muerte. De ellos:

  • 113 países han abolido totalmente y para siempre la pena de muerte.
  • 23 países la tienen en moratoria. Mantienen leyes que permiten la aplicación de la pena de muerte para crímenes ordinarios, pero han permitido que la pena no se use durante por lo menos diez años. Entre ellos está Cuba, que no la aplica desde 2003.
  • 9 países la mantienen para crímenes cometidos en circunstancias excepcionales como, por ejemplo, crímenes cometidos en tiempo de guerra.
  • Solo 54 países en el mundo mantienen y ejecutan la pena de muerte.

El observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, monseñor Christophe El-Kassis, expresó el 7 de octubre de 2026, citando el Catecismo de la Iglesia Católica:

"La pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona. Esta dignidad, dada por Dios, nunca se pierde, independientemente de la gravedad del delito. Los avances en los sistemas penales permiten ahora a los Estados proteger a la sociedad de manera eficaz sin cerrar la puerta a la posibilidad de arrepentimiento y redención."

Verdaderamente es un gran triunfo de la humanidad que la inmensa mayoría de los países haya abolido totalmente la pena de muerte o la haya puesto en moratoria desde hace más de diez años.

Los muertos de Fidel Castro: una cronología de luto por Cuba

La cultura de la vida progresa en la conciencia universal, aunque todavía quede una minoría de naciones que no han avanzado en ese sentido.

El Centro de Estudios Convivencia dedicó una de las jornadas del XI Encuentro del Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba (celebrado los días 7 y 8 de marzo de 2026 en la Universidad Internacional de la Florida) al estudio del tema "La cultura de la vida en el futuro de Cuba: visión y propuestas". Próximamente publicaremos este informe en nuestro sitio web.

Cuba y el mundo merecen la abolición total y completa, para siempre, de la degradante pena de muerte y cada uno de los cubanos deberíamos ser activos defensores de la cultura de la vida.

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Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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