ÍNDICE
- Efemérides de noviembre
- ► DEL 1 AL 10 DE NOVIEMBRE
- 1 noviembre 1956 — Hungría, Budapest. Hungría abandona el Pacto de Varsovia
- 3 noviembre 1989 — Bulgaria, Sofía. Ecoglasnost encabeza la primera protesta masiva
- 4 noviembre 1956 — Hungría, Budapest. La URSS aplasta la revolución
- 4 noviembre 1970 — URSS, Moscú. Sájarov funda el Comité de Derechos Humanos
- 5 noviembre 1975 — Cuba-Angola. Comienza la Operación Carlota
- 6 noviembre 1991 — Rusia, Moscú. Yeltsin prohíbe el Partido Comunista
- 7 noviembre 1917 — Rusia, Petrogrado. Los bolcheviques toman el poder
- 7 noviembre 1936 — España, Madrid. Comienzan las matanzas de Paracuellos
- 7 noviembre 2025 — Estados Unidos. Trump proclama la Semana Anticomunista
- 9 noviembre 1989 — Alemania, Berlín. Cae el Muro de Berlín
- 10 noviembre 1989 — Bulgaria, Sofía. El Partido Comunista destituye a Todor Zhivkov
- ► DEL 11 AL 20 DE NOVIEMBRE
- 11 noviembre 1975 — Angola, Luanda. El MPLA proclama la República Popular de Angola
- 12 noviembre 1927 — Unión Soviética, Moscú. Trotski y Zinóviev son expulsados del Partido Comunista
- 16 noviembre 1988 — Estonia, Tallin. La soberanía estonia desafía a Moscú
- 17 noviembre 1989 — Checoslovaquia, Praga. Comienza la Revolución de Terciopelo
- 18 noviembre 1962 — Unión Soviética, Moscú. Solzhenitsyn rompe el silencio sobre el Gulag
- 18 noviembre 1978 — Guyana, Jonestown. Jim Jones provoca la matanza de Jonestown
- ► DEL 21 AL 30 DE NOVIEMBRE
- 24 noviembre 1989 — Checoslovaquia, Praga. Dimite la cúpula del Partido Comunista
- 27 noviembre 1989 — Checoslovaquia. Una huelga general paraliza el país
- 29 noviembre 1945 — Yugoslavia, Belgrado. Proclamación de la República Popular de Yugoslavia
- 29 noviembre 1989 — Checoslovaquia. Fin del monopolio del Partido Comunista
- 30 noviembre 1939 — Finlandia. La Unión Soviética invade Finlandia
Efemérides de noviembre
Las efemérides de noviembre recorren el ascenso, la expansión, los crímenes y el derrumbe del comunismo: desde la toma bolchevique del poder y la intervención soviética en Finlandia y Hungría hasta las revoluciones cívicas que desmantelaron las dictaduras de Europa oriental.
Algunas efemérides son de las más decisivas para entender el colapso del comunismo en Europa, como la caída del Muro de Berlín en 1989. Destacan acontecimientos vinculados al final del bloque soviético, la apertura de fronteras, la desintegración de regímenes de partido único y el inicio de procesos de transición.
► DEL 1 AL 10 DE NOVIEMBRE
1 noviembre 1956 — Hungría, Budapest. Hungría abandona el Pacto de Varsovia
Hungría abandona el Pacto de Varsovia y pide a las Naciones Unidas que protejan su independencia, intentando salir del dominio soviético.
El 1 de noviembre de 1956, el primer ministro Imre Nagy anunció que Hungría se retiraba del Pacto de Varsovia y se declaraba neutral. Era la decisión internacional más audaz adoptada durante la revolución iniciada nueve días antes contra la dictadura comunista y la subordinación del país a la Unión Soviética.
La insurrección había comenzado el 23 de octubre con una manifestación estudiantil en Budapest. Los participantes exigían la retirada de las tropas soviéticas, elecciones libres, libertad de expresión y el regreso de Nagy al Gobierno. La policía política abrió fuego contra la multitud reunida frente a la radio estatal; la protesta se convirtió entonces en una rebelión armada que se extendió por el país.
En pocos días, el poder del Partido de los Trabajadores Húngaros se desmoronó. Surgieron consejos revolucionarios, reaparecieron partidos políticos prohibidos y numerosos presos fueron liberados. El 30 de octubre, Nagy anunció la formación de un Gobierno de coalición y el restablecimiento del sistema multipartidista. Aquella revolución no reclamaba solamente reformas dentro del comunismo: exigía recuperar la soberanía política de Hungría.
El Gobierno soviético había declarado el 30 de octubre que estaba dispuesto a negociar la presencia de sus tropas. Sin embargo, el día 31, la dirección soviética decidió intervenir militarmente. Nuevas unidades comenzaron a cruzar la frontera húngara. Nagy convocó al embajador soviético Yuri Andrópov, protestó por el movimiento de tropas y comunicó la retirada inmediata de Hungría del Pacto de Varsovia.
Esa noche, el primer ministro explicó por radio la decisión del Gobierno. La cita procede de la Declaración de Neutralidad transmitida por Radio Budapest:
“El Gobierno nacional húngaro, expresando la voluntad unánime de millones de húngaros, declara la neutralidad de la República Popular de Hungría”.
En el mismo mensaje, Nagy pidió al mundo que respetara una Hungría “libre, independiente, democrática y neutral”.
Nagy también solicitó al secretario general de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, que incluyera urgentemente la cuestión húngara en la agenda de la Asamblea General y pidió a las cuatro grandes potencias que garantizaran la neutralidad del país. La petición fue prácticamente imposible de atender: Estados Unidos y sus aliados no estaban dispuestos a arriesgar una confrontación militar directa con la Unión Soviética.
El 3 de noviembre, una delegación húngara encabezada por el ministro de Defensa, Pál Maléter, acudió a negociar la retirada soviética. Los representantes fueron arrestados por orden del jefe de la KGB, Iván Serov. En la madrugada siguiente, miles de soldados y tanques soviéticos atacaron Budapest y otras ciudades. La revolución fue aplastada; aproximadamente 2.500 húngaros murieron y alrededor de 200.000 huyeron del país.
Imre Nagy buscó refugio en la Embajada de Yugoslavia. Salió el 22 de noviembre después de recibir garantías de protección, pero fue detenido y trasladado a Rumanía. Tras un juicio secreto, fue ejecutado el 16 de junio de 1958. La proclamación del 1 de noviembre no logró salvar la revolución, pero puso en evidencia el atroz dominio soviético y dejó documentado el propósito de quienes se rebelaron: una Hungría soberana, plural y libre de la dominación militar soviética.
Fuentes: Declaraciones radiofónicas de Imre Nagy; Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington; Informe de la Comisión Especial de Naciones Unidas sobre Hungría; Casa Museo de Imre Nagy; Office of the Historian del Departamento de Estado.
3 noviembre 1989 — Bulgaria, Sofía. Ecoglasnost encabeza la primera protesta masiva
Miles de personas marchan hasta la Asamblea Nacional para entregar una petición ecologista. La defensa de los ríos y las montañas se convierte en una exigencia de democracia.
El 3 de noviembre de 1989, más de 4.000 personas recorrieron el centro de Sofía convocadas por la organización independiente Ecoglasnost. Era la mayor manifestación cívica tolerada en Bulgaria durante las más de cuatro décadas de dictadura comunista y ocurría solo una semana antes de la destitución de Todor Zhivkov.
Ecoglasnost había surgido en abril de ese año como una organización ambiental independiente. Se oponía a dos proyectos hidráulicos que amenazaban ecosistemas y recursos hídricos del macizo de Rila y de las cuencas de los ríos Mesta y Struma. En un país donde cualquier asociación debía permanecer bajo el control del Partido Comunista, la sola existencia de una organización autónoma constituía un desafío político.
La marcha se produjo después de una conferencia sobre el medio ambiente que duró tres semanas, celebrada en Sofía por los países del Pacto de Varsovia. Para ese momento, el bloque soviético vivía una ola de protestas y rupturas con el modelo totalitario, pero Bulgaria era considerada todavía uno de los cuatro estados de línea más dura dentro del bloque, junto con Rumania, Checoslovaquia y Alemania Oriental. El régimen deseaba presentarse ante los delegados extranjeros como partidario de la apertura impulsada por Mijaíl Gorbachov, pero intentó impedir que estos mantuvieran contacto con los activistas búlgaros.
Una nota de Reuters, publicada este día en el The Washington Post, describió la energía popular desatada de manera sorprendente en una sociedad que había estado sepultada durante décadas bajo el totalitarismo. Glasnost —“apertura” o “transparencia”— era una palabra tomada del lenguaje reformista soviético, pero en las calles de Sofía adquiría un significado inequívoco: libertad para hablar, asociarse y cuestionar al poder.
“Más de 4.000 búlgaros, al grito de "democracia" y "glasnost", se manifestaron hoy frente a la Asamblea Nacional en la primera protesta masiva del país en cuatro décadas de régimen comunista. La multitud, que vitoreaba pero se comportaba de forma ordenada, se había sumado a una breve marcha organizada por un grupo ecologista no oficial llamado Eco-Glasnost para presentar una petición sobre problemas ambientales a los funcionarios de la Asamblea Nacional. "Fue electrizante, la mayor señal de esperanza que parece estar surgiendo aquí", dijo un diplomático occidental entre la multitud."
El 26 de octubre, agentes de la policía y de la Seguridad del Estado habían dispersado violentamente una concentración pacífica de Ecoglasnost en el jardín situado frente al restaurante Kristal. Varios participantes fueron golpeados, detenidos, introducidos en vehículos y abandonados en las afueras de la ciudad. La represión, presenciada y denunciada por representantes extranjeros, deterioró aún más la imagen del Gobierno.
Una semana después, las autoridades optaron por no atacar a la multitud. Los manifestantes partieron del parque próximo a la catedral de Alejandro Nevski y caminaron hasta la Asamblea Nacional. Llevaban carteles, cantaban fragmentos del himno búlgaro y coreaban consignas hasta entonces inconcebibles en una concentración autorizada:
“¡Democracia!” “¡Glasnost!”
La joven Tzvetan Kardashov, miembro de Ecoglasnost (grupo fundado apenas el 11 de abril de este año), leyó una petición con unas 11.545 firmas, instando a la Asamblea Nacional a detener un proyecto que desviaría agua del río Mesta y otro que desviaría agua del río Strenna hacia Sofía. Cuando Petrova salió del edificio y confirmó que el documento había sido recibido, la multitud celebró el hecho como una primera victoria contra el silencio oficial. Al final de su alocución, la joven hizo un reclamo simple aparentemente, pero donde se proyectaba la mayor contundencia del momento como un desafío al autoritarismo que había contaminado a la nación:
"Queremos aire, agua y suelo limpios."
Y, tras estas palabras, la multitud rompió a corear: "¡Democracia, democracia, democracia!".
La protesta duró poco y no provocó por sí sola la caída del régimen. Su importancia estuvo en algo menos espectacular y más profundo: miles de ciudadanos comprobaron que podían ocupar juntos el espacio público, formular demandas y no obedecer el miedo. La cuestión ambiental había abierto una grieta por la que entraron exigencias de libertad política.
El 10 de noviembre, la propia dirección comunista destituyó a Todor Zhivkov, que llevaba treinta y cinco años al frente del país. Ecoglasnost pasó a integrar la Unión de Fuerzas Democráticas y participó en la transición política. La marcha del 3 de noviembre quedó como el momento en que una petición para proteger la naturaleza se transformó, a plena luz del día, en un reclamo radical de democracia.
Fuentes: BTA, “November 3, 1989: Ecoglasnost Activists Stage Civic Demonstration Against Totalitarian Regime”; The Washington Post, “Bulgarians Demonstrate for Democracy, Glasnost”; UPI Archives; European Network Remembrance and Solidarity.
4 noviembre 1956 — Hungría, Budapest. La URSS aplasta la revolución
Miles de soldados y tanques soviéticos invaden Hungría, derrocan al Gobierno de Imre Nagy y sofocan por la fuerza la revolución democrática.
El 4 de noviembre de 1956, a las 4:15 de la madrugada, las tropas soviéticas lanzaron una ofensiva general contra Budapest y otras ciudades húngaras. La operación, denominada Torbellino, buscaba destruir la revolución iniciada el 23 de octubre y restablecer un Gobierno subordinado a Moscú.
Durante los días anteriores, la insurrección había desarticulado el régimen estalinista. Se habían formado consejos revolucionarios y obreros, reaparecieron partidos políticos prohibidos, numerosos presos fueron liberados y el Gobierno de Imre Nagy anunció la neutralidad de Hungría y su retirada del Pacto de Varsovia. La dirección soviética interpretó esas decisiones como una amenaza al dominio comunista sobre Europa oriental.
El Kremlin había fingido disposición a negociar la retirada de sus tropas. Mientras representantes soviéticos conversaban con el Gobierno húngaro, nuevas unidades militares entraban en el país. En la noche del 3 de noviembre, una delegación encabezada por el ministro de Defensa, Pál Maléter, acudió a la base soviética de Tököl para discutir las condiciones de la retirada. Allí fue arrestada por agentes de la KGB.
Horas después comenzó el ataque. Las fuerzas soviéticas emplearon artillería, unidades blindadas y tropas terrestres contra Budapest. A las 5:20 de la mañana, Imre Nagy comunicó la invasión mediante una alocución radiofónica de apenas treinta y cinco segundos (National Security Archive de la Universidad George Washington):
“Hoy, al amanecer, las tropas soviéticas han iniciado un ataque contra nuestra capital, con el evidente propósito de derrocar al Gobierno legal y democrático de la República Popular de Hungría. Nuestras tropas están combatiendo. El Gobierno permanece en su puesto.”
En los barrios obreros de Budapest, grupos de insurgentes resistieron con fusiles, ametralladoras, cócteles incendiarios y las pocas armas pesadas que habían conseguido durante la revolución. Hubo enfrentamientos especialmente intensos en Csepel, Kőbánya y los alrededores del pasaje Corvin. La enorme superioridad soviética decidió el resultado, aunque los combates armados continuaron varios días y las huelgas obreras se prolongaron durante semanas.
Mientras se desarrollaba la ofensiva, János Kádár anunció desde la ciudad de Szolnok la formación de un denominado Gobierno Revolucionario Obrero-Campesino. Kádár había formado parte del gabinete de Nagy, pero abandonó Budapest secretamente y regresó bajo protección soviética. Su nuevo Gobierno calificó la revolución como una “contrarrevolución” y solicitó públicamente la intervención militar que Moscú ya había comenzado.
Imre Nagy y varios de sus colaboradores buscaron refugio en la Embajada de Yugoslavia. El 22 de noviembre salieron después de recibir garantías de seguridad, pero fueron detenidos inmediatamente por las fuerzas soviéticas. Nagy fue trasladado a Rumanía, juzgado en secreto y ejecutado el 16 de junio de 1958 junto con Pál Maléter y el periodista Miklós Gimes.
La represión dejó aproximadamente 2.500 húngaros muertos y cerca de 20.000 heridos. Unos 200.000 ciudadanos huyeron del país, principalmente hacia Austria y Yugoslavia. La cifra incluye alrededor de 180.000 refugiados que cruzaron a Austria y otros 20.000 que llegaron a Yugoslavia, según los registros históricos de ACNUR.
La invasión mantuvo a Hungría dentro del bloque soviético durante más de tres décadas. También demostró hasta dónde estaba dispuesto a llegar el Kremlin para impedir que uno de sus Estados satélites recuperara la soberanía, abandonara el partido único y estableciera un sistema político plural.
Fuentes: National Security Archive, documentos de la Revolución húngara de 1956; Informe de la Comisión Especial de las Naciones Unidas sobre el problema de Hungría; ACNUR, la Revolución húngara y la crisis de refugiados; Office of the Historian del Departamento de Estado.
4 noviembre 1970 — URSS, Moscú. Sájarov funda el Comité de Derechos Humanos
Andréi Sájaro funda una organización independiente para estudiar, desde el propio derecho soviético, las violaciones de los derechos humanos cometidas por el régimen.
El 4 de noviembre de 1970, el físico nuclear y futuro premio Nobel de la Paz Andréi Sájarov, junto con los disidentes Valeri Chalidze y Andréi Tverdokhlebov, fundó en Moscú el Comité de Derechos Humanos en la URSS.
La organización surgió fuera de las estructuras controladas por el Partido Comunista y se propuso examinar jurídicamente la situación de los derechos humanos en el país. Sus fundadores declararon que actuarían de acuerdo con las leyes soviéticas y presentaron el comité como una asociación consultiva, no como un movimiento destinado a derrocar al Estado.
Entre sus objetivos figuraban estudiar las garantías legales de los ciudadanos, divulgar documentos soviéticos e internacionales sobre derechos humanos y asesorar a las instituciones públicas. El comité también denunció los juicios secretos, la pena de muerte y el uso de la psiquiatría para castigar a disidentes.
Su estrategia revelaba una contradicción esencial del sistema: la Constitución soviética reconocía formalmente distintos derechos, pero el Estado impedía que los ciudadanos pudieran defenderlos mediante organizaciones independientes. Sus integrantes fueron vigilados y hostigados por el KGB; Chalidze fue despojado de la ciudadanía soviética en 1972 y Tverdokhlebov terminó encarcelado.
El comité constituyó una experiencia pionera dentro de la disidencia cívica soviética. Frente al monopolio estatal, sus fundadores convirtieron los propios compromisos jurídicos de la URSS en instrumentos para documentar la represión y reclamar libertades.
Fuentes: Crónica de los Acontecimientos Actuales, registro de la fundación; Archivo Andréi Sájarov; American Institute of Physics.
5 noviembre 1975 — Cuba-Angola. Comienza la Operación Carlota
Fidel Castro ordena el envío de tropas regulares cubanas a Angola para impedir la derrota del MPLA y asegurar su control de Luanda.
El 5 de noviembre de 1975 comenzó la Operación Carlota. Cuba ya había enviado instructores, armas y personal militar para apoyar al Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), pero ese día decidió convertir aquella misión en una intervención de gran escala.
Angola se disputaba entre tres organizaciones armadas: el MPLA de Agostinho Neto, respaldado por Cuba y la Unión Soviética; el FNLA de Holden Roberto, apoyado por Zaire y la CIA, y la UNITA de Jonas Savimbi, aliada con Sudáfrica. El avance de una columna sudafricana desde Namibia y la derrota de fuerzas cubanas y del MPLA en Catengue precipitaron la decisión de La Habana.
El primer contingente enviado bajo la nueva operación reunió aproximadamente 650 combatientes. Los soldados cruzaron el Atlántico en antiguos aviones Bristol Britannia de Cubana de Aviación, mientras barcos mercantes transportaban armamento, vehículos y suministros.
El 10 de noviembre, la artillería y los especialistas cubanos participaron en la batalla de Quifangondo, donde fue detenido el ataque del FNLA y sus aliados contra Luanda. Al día siguiente, Agostinho Neto proclamó la República Popular de Angola desde la capital.
El despliegue creció rápidamente: unos 36.000 militares cubanos llegaron a Angola entre noviembre de 1975 y abril de 1976. La presencia cubana se prolongó hasta 1991 y sostuvo durante años al régimen de partido único del MPLA, aliado de La Habana y Moscú.
La operación tomó su nombre de Carlota, mujer africana esclavizada que encabezó una rebelión en el ingenio Triunvirato, en Matanzas, el 5 de noviembre de 1843. El Gobierno cubano utilizó esa memoria para presentar su intervención militar como continuación de la lucha contra la esclavitud, el colonialismo y el apartheid.
Fuentes: National Security Archive; Office of the Historian; Piero Gleijeses, estudio sobre Cuba y la Guerra Fría.
6 noviembre 1991 — Rusia, Moscú. Yeltsin prohíbe el Partido Comunista
Boris Yeltsin ordena disolver las estructuras del PCUS en territorio ruso y transferir al Estado los bienes del partido que había gobernado durante más de siete décadas.
El 6 de noviembre de 1991, Boris Yeltsin firmó en el Kremlin el Decreto 169, que puso fin a las actividades del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y del Partido Comunista de la República Rusa. Sus órganos debían ser disueltos y sus propiedades —edificios, imprentas, editoriales, residencias, vehículos y cuentas— pasarían a manos del Estado.
La medida llegó once semanas después del fallido golpe de agosto. Altos funcionarios soviéticos habían aislado a Mijaíl Gorbachov en Crimea y enviado tanques a Moscú para detener las reformas. Yeltsin respondió encaramado sobre un blindado frente a la Casa Blanca rusa, desde donde llamó a desobedecer a los golpistas. La conspiración fracasó en tres días, pero dejó al descubierto la participación o complicidad de dirigentes comunistas.
El decreto describió al PCUS no como una organización política ordinaria, sino como:
“Un mecanismo especial para formar y ejercer el poder político mediante su fusión con las estructuras estatales”.
Durante décadas, el partido había estado situado por encima del Gobierno, los tribunales, las Fuerzas Armadas y las administraciones locales. Su monopolio había quedado consagrado en el artículo 6 de la Constitución soviética, que lo definía como la “fuerza dirigente y orientadora” de toda la sociedad.
La orden de Yeltsin no perseguía individualmente a los millones de antiguos militantes, sino que desmantelaba el aparato central fusionado con el Estado. En 1992, el Tribunal Constitucional ruso confirmó la disolución de sus órganos dirigentes, aunque permitió que las organizaciones comunistas locales pudieran reorganizarse.
Cuando se firmó el decreto, a la Unión Soviética le quedaban menos de dos meses. El partido fundado por Lenin perdía su mando central, su patrimonio y su condición de poder estatal en el mismo país desde el que había extendido durante décadas su modelo de partido único.
Fuentes: Decreto del 6 de noviembre de 1991, reproducido por Seventeen Moments in Soviet History; Tribunal Constitucional de la Federación Rusa.
7 noviembre 1917 — Rusia, Petrogrado. Los bolcheviques toman el poder
Guardias rojos, soldados y marineros ocupan los puntos estratégicos de Petrogrado, arrestan al Gobierno Provisional y colocan a Lenin al frente del primer Estado comunista.
El 7 de noviembre de 1917 —25 de octubre según el calendario ruso de la época—, fuerzas dirigidas por el Comité Militar Revolucionario ocuparon puentes, estaciones ferroviarias, oficinas de correos y telégrafos, centrales telefónicas y el Banco del Estado en Petrogrado. De esa diferencia entre calendarios procede el nombre de “Revolución de Octubre”.
León Trotski coordinó la insurrección desde el Instituto Smolny, mientras Lenin presionaba para que la toma del poder no se aplazara. El Gobierno Provisional quedó cercado en el Palacio de Invierno. Su presidente, Aleksandr Kérenski, abandonó el edificio en busca de tropas leales; los demás ministros permanecieron dentro, protegidos por cadetes, cosacos y parte del Batallón de Mujeres.
Antes de que el palacio hubiera caído, Lenin difundió una proclama:
“El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El poder estatal ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario”.
A las 9:40 de la noche, el crucero Aurora, anclado en el río Nevá, disparó una salva de fogueo. El régimen soviético convertiría después aquel estampido en la señal épica del asalto. En realidad, guardias rojos, soldados y marineros penetraron de manera desordenada por distintos accesos. Cerca de las dos de la madrugada, Vladímir Antónov-Ovséyenko irrumpió con sus hombres, arrestó a los ministros y ordenó conducirlos a la fortaleza de Pedro y Pablo.
Mientras ocurría la ocupación, el II Congreso de los Soviets comenzó a sesionar en el Smolny. Los delegados mencheviques y socialistas revolucionarios denunciaron el golpe y abandonaron la sala. Sin aquella oposición, los bolcheviques formaron un Gobierno presidido por Lenin y aprobaron sus primeros decretos. Trotski los despidió con una frase célebre:
“Vayan adonde pertenecen desde ahora: al basurero de la historia”.
Semanas después, los bolcheviques quedaron en segundo lugar en las elecciones para la Asamblea Constituyente. Cuando el órgano elegido se reunió en enero de 1918, marineros armados lo clausuraron tras una sola sesión. La promesa de entregar el poder a los soviets desembocó así en su concentración dentro del Partido Bolchevique, la creación de la policía política y el nacimiento del primer Estado comunista.
La toma Petrogrado, además de derribar al Gobierno Provisional, inició la concentración del poder en el Partido Bolchevique y la construcción del primer Estado totalitario comunista. Esta Revolución de Octubre se convirtió en modelo, argumento y horizonte para partidos comunistas de todo el mundo. De esa fecha nacieron, directa o indirectamente, la Internacional Comunista, los Estados de partido único del siglo XX, la expansión del marxismo-leninismo y gran parte de la memoria política que los regímenes comunistas intentaron imponer como destino inevitable de la historia.
Fuentes: Documentos sobre la toma bolchevique del poder; informe del crucero Aurora; testimonio sobre la ocupación del Palacio de Invierno; documentos sobre la Asamblea Constituyente.
7 noviembre 1936 — España, Madrid. Comienzan las matanzas de Paracuellos
El aparato de seguridad dirigido por responsables comunistas participa en la extracción y el asesinato sin juicio de unos 2.500 presos, señalados colectivamente como integrantes de una supuesta “quinta columna”.
El 7 de noviembre de 1936 comenzaron las ejecuciones masivas conocidas como las matanzas de Paracuellos. Ante el avance de las tropas franquistas sobre Madrid, miles de detenidos fueron extraídos de las cárceles Modelo, Porlier, San Antón y Ventas bajo la apariencia de traslados a otros centros penitenciarios.
Numerosos convoyes fueron desviados hacia Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz. Allí, los presos fueron fusilados y enterrados en fosas comunes. Entre las víctimas hubo militares, religiosos, políticos conservadores, falangistas y numerosos civiles encarcelados por sus ideas, relaciones familiares o supuesta afinidad con el bando sublevado. Investigaciones académicas sitúan el número de víctimas en torno a 2.400 o 2.500 personas asesinadas.
Las matanzas comenzaron cuando la Junta de Defensa asumió el control de Madrid. La Consejería de Orden Público quedó en manos de Santiago Carrillo, dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas y miembro del Partido Comunista de España. Su delegado, el comunista Segundo Serrano Poncela, firmó órdenes relacionadas con la extracción y clasificación de los presos.
Las víctimas fueron presentadas como integrantes de una supuesta “quinta columna”. Esta categoría política sustituyó la responsabilidad individual por una culpabilidad colectiva: personas desarmadas y bajo custodia fueron consideradas enemigos eliminables sin investigación, juicio ni posibilidad de defensa.
Paracuellos se inscribió en un sistema represivo más amplio. Desde los primeros meses de la guerra operaron en Madrid numerosas checas, centros controlados por partidos y organizaciones revolucionarias donde se practicaron detenciones arbitrarias, interrogatorios, torturas y ejecuciones. Su nombre procedía de la Cheká bolchevique, la policía política creada para combatir a los enemigos de la revolución rusa. La matanza de presos en la Cárcel Modelo, en agosto de 1936, había anticipado aquella ruptura del orden jurídico.
La influencia estalinista también alcanzó a la propia izquierda revolucionaria. En 1937, Andreu Nin, dirigente del POUM y adversario de Stalin, fue secuestrado, torturado y asesinado por una red vinculada al NKVD soviético. Posteriormente, el Servicio de Información Militar mantuvo prisiones clandestinas y empleó métodos de tortura bajo una creciente influencia comunista.
Aunque continúa discutiéndose el conocimiento personal de Carrillo y el grado de intervención soviética directa en Paracuellos, está documentada la participación de responsables comunistas en el aparato que seleccionó y extrajo a los presos. Las sacas terminaron cuando Melchor Rodríguez, delegado especial de Prisiones, las prohibió y protegió personalmente a los reclusos.
Paracuellos quedó inscrito como una de las mayores atrocidades cometidas en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil española y como una advertencia sobre las consecuencias de subordinar la justicia a la violencia política. Muestra uno de los mecanismos esenciales del terror comunista: señalar a determinados grupos como enemigos, privarlos de protección jurídica y presentar su eliminación como una necesidad revolucionaria o histórica ineludible.
Fuentes: Universidad de Edimburgo, investigación de Julius Ruiz; Universidad de Edimburgo, resultados de la investigación en archivos comunistas; Virtual Spanish Civil War, Universidad de Trent; Cambridge University Press, The Red Terror and the Spanish Civil War.
7 noviembre 2025 — Estados Unidos. Trump proclama la Semana Anticomunista
El presidente Donald Trump establece la Semana Anticomunista para recordar a las víctimas de los regímenes comunistas y reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la libertad.
El 7 de noviembre de 2025, el presidente Donald Trump firmó la Proclamación 10988, mediante la cual designó oficialmente la semana comprendida entre el 2 y el 8 de noviembre de 2025 como Semana Anticomunista.
La proclamación describió el comunismo como una de las ideologías más destructivas de la historia y recordó a los más de cien millones de seres humanos que, según el documento, perdieron la vida bajo regímenes que suprimieron la libertad, persiguieron la fe y negaron la dignidad individual.
“Honramos a quienes han sufrido y renovamos nuestra determinación de garantizar que el comunismo y todos los sistemas que niegan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad encuentren finalmente su lugar en el basurero de la historia”.
El texto mencionó expresamente a cubanos, venezolanos, camboyanos y ciudadanos de países situados tras el antiguo Telón de Acero. También reconoció a los disidentes y defensores de la libertad que se enfrentaron a gobiernos comunistas.
La fecha presentó una peculiaridad: Trump firmó la proclamación el viernes 7 de noviembre, cuando la semana designada había comenzado cinco días antes y estaba a punto de concluir. El periodo del 2 al 8 de noviembre fue proclamado, por tanto, casi retroactivamente. Para este calendario, por tanto, la efeméride corresponde al día de la firma del documento oficial, no al comienzo nominal de la conmemoración.
La Casa Blanca publicó el texto ese mismo día y el Federal Register lo incorporó el 13 de noviembre. La proclamación introdujo así una conmemoración nacional específicamente dedicada a recordar a las víctimas del comunismo y rechazar el legado político de una ideología totalitaria.
Fuentes: Casa Blanca, proclamación del 7 de noviembre de 2025; Federal Register, Proclamación 10988; índice oficial de proclamaciones presidenciales de 2025.
9 noviembre 1989 — Alemania, Berlín. Cae el Muro de Berlín
Miles de alemanes orientales desbordan los puestos fronterizos y obligan a abrir el muro que durante 28 años dividió Berlín y simbolizó la represión comunista en Europa.
La tarde del 9 de noviembre de 1989, el portavoz del Partido Socialista Unificado de Alemania, Günter Schabowski, anunció en una conferencia de prensa nuevas normas para viajar fuera de la República Democrática Alemana. Cuando el periodista italiano Riccardo Ehrman preguntó cuándo entrarían en vigor, Schabowski revisó sus papeles y respondió:
“Según tengo entendido, entra en vigor inmediatamente, sin demora”.
La disposición debía aplicarse de forma controlada y con trámites previos, pero Schabowski desconocía los detalles. Las televisiones occidentales difundieron que la frontera estaba abierta y miles de berlineses orientales acudieron esa misma noche a los pasos del muro.
En la Bornholmer Straße, el teniente coronel Harald Jäger pidió instrucciones mientras la multitud crecía y gritaba frente a los guardias. Sin recibir una orden clara y temiendo que la situación se volviera incontrolable, Jäger levantó la barrera poco antes de la medianoche. Miles de personas cruzaron hacia Berlín Occidental sin presentar pasaportes ni permisos.
La escena se repitió en otros puestos fronterizos. Desconocidos se abrazaron sobre el muro, mientras algunos comenzaron a golpear el hormigón con martillos y picos. El sistema construido en 1961 para impedir la huida de los ciudadanos de Alemania Oriental quedó inutilizado en pocas horas por la presión popular.
Esta caída del muro abrió el camino hacia la reunificación alemana, consumada el 3 de octubre de 1990, y se convirtió en la imagen más reconocible del derrumbe de los regímenes comunistas de Europa oriental.
El día del derrumbe quedó como uno de los grandes momentos luminosos del siglo XX europeo. No fue el fin instantáneo del comunismo en el continente, pero sí su símbolo más potente de derrota. Donde antes hubo alambradas, torres de vigilancia y disparos contra fugitivos, apareció una multitud celebrando que una frontera ideológica y policial podía, al fin, venirse abajo. Un suceso que vino a demostrar cómo un régimen sostenido por alambradas, censura, vigilancia y órdenes de disparar podía parecer inconmovible hasta la víspera de su derrumbe.
La caída del Muro se transformó en un gran hito cultural y una metáfora de la libertad. La música también dio voz al momento de euforia. Freiheit, publicada por Marius Müller-Westernhagen en 1987, se convirtió después en uno de los himnos populares de la reunificación con una frase sencilla:
“Libertad, libertad, es lo único que cuenta”.
El cine ha regresado a aquella frontera y a sus consecuencias en películas como El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders, retrato de la ciudad todavía dividida; Good Bye, Lenin!, de Wolfgang Becker, sobre el desconcierto provocado por la desaparición de la RDA, y La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck, centrada en la vigilancia de la Stasi. El propio muro se transformó después en la East Side Gallery: 1,3 kilómetros de hormigón pintados en 1990 por 118 artistas de 21 países. Entre sus imágenes más reconocibles están el beso entre Leonid Brézhnev y Erich Honecker, recreado por Dmitri Vrubel, y el automóvil Trabant que atraviesa el muro, de Birgit Kinder. La barrera concebida para encerrar a una población terminó convertida en un lienzo dedicado a la libertad.
Fuentes: Departamento de Estado de Estados Unidos, caída del comunismo en Europa oriental; Time, reconstrucción de la noche del 9 de noviembre; Fundación del Muro de Berlín
10 noviembre 1989 — Bulgaria, Sofía. El Partido Comunista destituye a Todor Zhivkov
Una conspiración dentro del propio régimen obliga a renunciar al dirigente que gobernó Bulgaria durante 35 años y abre la crisis final de la dictadura comunista.
El 10 de noviembre de 1989, un día después de la apertura del Muro de Berlín, el Politburó del Partido Comunista Búlgaro forzó la renuncia de Todor Zhivkov, secretario general del partido y jefe efectivo del país desde 1954.
La maniobra fue encabezada por el ministro de Exteriores, Petar Mladenov, con el respaldo de otros dirigentes y del ministro de Defensa, Dobri Dzhurov. La víspera, Dzhurov había comunicado personalmente a Zhivkov que ya no contaba con suficiente apoyo dentro del Politburó. Al día siguiente, el Comité Central aceptó su dimisión y nombró a Mladenov como sucesor.
Zhivkov había convertido a Bulgaria en uno de los aliados más obedientes de la Unión Soviética. Su régimen mantuvo el monopolio político del Partido Comunista, reprimió a la oposición y, durante la llamada campaña de “renacimiento nacional”, obligó a cientos de miles de ciudadanos de origen turco a sustituir sus nombres y restringió su lengua y sus prácticas religiosas. En 1989, alrededor de 300.000 personas fueron empujadas a abandonar el país rumbo a Turquía.
La caída de Zhivkov también estuvo precedida por las protestas de Ecoglasnost, un movimiento ambientalista independiente cuyos activistas fueron golpeados y detenidos por la policía en Sofía mientras recogían firmas contra varios proyectos estatales. La represión, presenciada por delegados extranjeros, agravó el aislamiento del Gobierno y aceleró la conspiración interna.
Una semana después de la destitución, miles de personas se manifestaron frente a la catedral Alexander Nevski para exigir democracia y elecciones libres. En enero de 1990, el Parlamento eliminó de la Constitución el papel dirigente del Partido Comunista, y en junio se celebraron las primeras elecciones plurales desde la implantación del régimen.
La destitución de Zhivkov no derribó inmediatamente el aparato comunista: sus antiguos dirigentes conservaron posiciones decisivas durante la transición. Pero puso fin al gobierno personal más prolongado del bloque soviético después del de Stalin y abrió el camino hacia el sistema multipartidista en Bulgaria.
Fuentes: Departamento de Estado de Estados Unidos, caída del comunismo en Europa oriental; Unión Europea, historia política de Bulgaria.
► DEL 11 AL 20 DE NOVIEMBRE
11 noviembre 1975 — Angola, Luanda. El MPLA proclama la República Popular de Angola
El movimiento apoyado por Cuba y la URSS declara la independencia bajo orientación marxista.
El 11 de noviembre de 1975 Angola obtuvo formalmente su independencia de Portugal, y el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), dirigido por Agostinho Neto, tomó el poder en Luanda y proclamó la República Popular de Angola. Encyclopaedia Britannica y otras referencias históricas coinciden en que esa fecha marcó tanto el fin del dominio colonial portugués como el inicio del nuevo Estado bajo hegemonía del MPLA, ya orientado hacia el marxismo-leninismo.
La independencia no llegó como una transición pacífica y consensuada. Portugal abandonó la colonia sin dejar un gobierno estable, y las principales organizaciones armadas angoleñas se disputaron el poder en el marco de la Guerra Fría. El MPLA, apoyado por la Unión Soviética y por tropas cubanas, se impuso en la capital y usó ese control para fundar un nuevo régimen revolucionario. La fecha de independencia quedó así unida desde el comienzo a una guerra civil y a una internacionalización violenta del conflicto.
El nuevo Estado adoptó la forma clásica de tantos regímenes comunistas de la época: partido predominante, legitimidad revolucionaria, discurso antiimperialista y progresiva supresión del pluralismo político. Aunque la situación angoleña tuvo rasgos propios, el modelo general era reconocible: una vanguardia armada convertida en poder estatal, sostenida por aliados comunistas extranjeros y presentada como única encarnación legítima del futuro nacional.
El 11 de noviembre de 1975 pertenece a la historia de la expansión comunista en África. La independencia de Angola fue también el comienzo de un experimento de poder ideológico, militarizado y dependiente de la ayuda cubano-soviética. En lugar de un horizonte de pacificación y libertad, el país entró en una larga fase de guerra, centralización y dominio partidario.
Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Angola: Government and society”, “Popular Movement for the Liberation of Angola” y “Agostinho Neto”; Conciliation Resources, “Angola: from past to present”.
12 noviembre 1927 — Unión Soviética, Moscú. Trotski y Zinóviev son expulsados del Partido Comunista
Stalin elimina del partido a dos de los principales dirigentes de la Revolución de Octubre y convierte la disciplina bolchevique en un instrumento para destruir a sus adversarios.
El 12 de noviembre de 1927, el Comité Central y la Comisión Central de Control expulsaron del Partido Comunista a León Trotski y Grigori Zinóviev, dirigentes de la llamada Oposición Unificada. La resolución los acusaba de organizar reuniones clandestinas, imprimir documentos sin autorización y trasladar sus discrepancias fuera de los espacios controlados por la dirección partidista.
Trotski había coordinado la insurrección de octubre de 1917 y fundado el Ejército Rojo. Zinóviev, antiguo colaborador de Lenin, había presidido la Internacional Comunista y gobernado el aparato del partido en Leningrado. Tras la muerte de Lenin, ambos fueron desplazados por Stalin, cuya autoridad crecía mediante el control de los nombramientos, la burocracia y los organismos disciplinarios. Los dos opositores habían contribuido anteriormente a construir el régimen de partido único que ahora se volvía contra ellos.
Aunque Trotski y Zinóviev habían sido adversarios, en 1926 formaron, junto con Lev Kámenev, la Oposición Unificada. Denunciaban la burocratización del Estado, reclamaban mayor discusión dentro del partido y combatían la doctrina estalinista del “socialismo en un solo país”. Sus críticas no defendían una democracia pluralista: la disputa ocurría dentro de una dictadura que ya había prohibido a los demás partidos y perseguido a numerosos socialistas, anarquistas y disidentes.
El enfrentamiento culminó durante el décimo aniversario de la Revolución de Octubre. El 7 de noviembre de 1927, los opositores intentaron marchar en Moscú y Leningrado con consignas contra la dirección. Sus pancartas fueron arrancadas, las manifestaciones dispersadas y varios participantes golpeados o detenidos. Cinco días después, Trotski y Zinóviev fueron expulsados; en diciembre, el XV Congreso extendió la purga contra decenas de sus seguidores.
La resolución oficial presentó la discrepancia política como una conspiración contra el Estado. Después de enumerar las reuniones, publicaciones y manifestaciones de la oposición, el Comité Central declaró:
“Estas acciones son totalmente incompatibles con la pertenencia al partido”.
La resolución partidista reproducida por International Press Correspondence muestra cómo el aparato estalinista borraba la frontera entre oposición interna y delito contra el régimen. Meses antes, en la Plataforma de la Oposición Unificada, Trotski, Zinóviev y sus aliados habían advertido sobre el crecimiento de una burocracia que exigía obediencia y rechazaba cualquier debate (archivo de escritos de León Trotski):
“La degeneración de nuestro régimen partidista está engendrando una enorme casta de verdaderos burócratas”.
Zinóviev y Kámenev capitularon, repudiaron sus posiciones y fueron readmitidos temporalmente, pero Stalin terminó ejecutándolos en 1936 durante el primer proceso de Moscú. Trotski fue desterrado a Alma Atá en 1928, expulsado de la Unión Soviética en 1929 y asesinado en México en 1940 por Ramón Mercader, agente estalinista. La expulsión de 1927 marcó una etapa decisiva en la destrucción de toda discrepancia dentro del partido: el sistema que sus protagonistas habían creado para excluir y reprimir a otros avanzaba ya hacia el poder personal de Stalin y las grandes purgas.
Fuentes: Resolución sobre la expulsión; Plataforma de la Oposición Unificada; Encyclopaedia Britannica, León Trotski; Encyclopaedia Britannica, Grigori Zinóviev.
16 noviembre 1988 — Estonia, Tallin. La soberanía estonia desafía a Moscú
El Parlamento estonio proclama la primacía de sus leyes sobre las soviéticas y abre la primera gran brecha jurídica en la autoridad de la URSS sobre sus repúblicas.
El 16 de noviembre de 1988, el Soviet Supremo de la República Socialista Soviética de Estonia aprobó la Declaración sobre la Soberanía de Estonia por 258 votos a favor, uno en contra y cinco abstenciones. No proclamaba todavía la independencia, pero establecía un principio revolucionario dentro de la Unión Soviética: ninguna norma dictada en Moscú tendría vigencia automática en territorio estonio.
La declaración respondía a unas reformas constitucionales con las que el Kremlin pretendía reducir aún más la capacidad de decisión de las repúblicas. La protesta alcanzó una dimensión extraordinaria: el presidente del Soviet Supremo estonio, Arnold Rüütel, recordó que las autoridades recibieron 21.480 cartas y 428 actas de reuniones, firmadas en total por 891.987 personas, contra los proyectos de Moscú. En un país con menos de un millón y medio de habitantes, aquella movilización revelaba el alcance del rechazo popular.
La Unión Soviética había ocupado y anexado Estonia en 1940, como consecuencia de los protocolos secretos del pacto entre Hitler y Stalin. Después llegaron ejecuciones, deportaciones masivas, colectivización y rusificación. La declaración de 1988 describió también el deterioro ambiental, la inestabilidad económica y la situación demográfica provocada por décadas de decisiones adoptadas sin consultar a la sociedad estonia.
El desafío político había crecido durante la Revolución Cantada. Festivales, concentraciones y canciones patrióticas permitieron recuperar públicamente la lengua, la bandera azul, negra y blanca y una memoria nacional perseguida por el régimen. La cultura se convirtió así en un espacio de resistencia capaz de reunir a multitudes sin recurrir a la violencia.
El documento recordó los más de cinco mil años de presencia del pueblo estonio a orillas del Báltico y definió la soberanía como un poder que no podía dividirse ni quedar subordinado al Kremlin:
“La soberanía de la República de Estonia es una e indivisible”.
La frase pertenece a la Declaración sobre la Soberanía de Estonia, aprobada por el Soviet Supremo estonio.
En su cláusula política más desafiante, la declaración transformó la voluntad de independencia en una norma jurídica concreta (fuentes primarias sobre la historia soviética, Universidad Estatal de Míchigan):
“El Soviet Supremo declara la primacía de sus leyes en el territorio estonio sobre las leyes de la URSS”.
Mijaíl Gorbachov rechazó la medida, pero ya no pudo cerrar la brecha. Otras repúblicas adoptaron declaraciones semejantes y comenzó la denominada “guerra de leyes” contra el poder central. En agosto de 1989, cerca de dos millones de personas formaron la Cadena Báltica a través de Estonia, Letonia y Lituania. El 20 de agosto de 1991, Estonia restauró formalmente su independencia. Lo iniciado en 1988 como una rebelión jurídica demostró que el imperio soviético también podía ser desmantelado mediante leyes, canciones y una sociedad decidida a recuperar su historia.
Fuentes: Texto de la Declaración sobre la Soberanía; testimonio de Arnold Rüütel sobre la votación; European Network Remembrance and Solidarity; Parlamento de Estonia.
17 noviembre 1989 — Checoslovaquia, Praga. Comienza la Revolución de Terciopelo
La policía comunista reprime una manifestación estudiantil pacífica y la indignación desencadena una movilización nacional que derriba al régimen en pocas semanas.
El 17 de noviembre de 1989, miles de estudiantes marcharon por Praga para conmemorar el cincuentenario de la represión nazi contra las universidades checas. La fecha recordaba especialmente a Jan Opletal, estudiante de Medicina herido de muerte durante una protesta contra la ocupación alemana en 1939, y a los nueve dirigentes estudiantiles ejecutados posteriormente por los nazis.
La concentración de 1989 había sido autorizada por las autoridades, que pretendían mantenerla dentro de los límites de una ceremonia oficial. Sin embargo, después del homenaje en Vyšehrad, decenas de miles de participantes continuaron espontáneamente hacia el centro de Praga. Corearon consignas en favor de la libertad, exigieron reformas políticas y pidieron la salida de la dirigencia comunista.
La marcha avanzó pacíficamente hasta la avenida Národní, donde unidades antidisturbios bloquearon ambos extremos y encerraron a los manifestantes. Los jóvenes levantaron las manos, ofrecieron flores a los policías y gritaban que no llevaban armas. Algunos se sentaron en el suelo para demostrar que no pretendían atacar. Una consigna estudiantil, repetida frente a los escudos y las porras, se convirtió en una de las expresiones emblemáticas de aquella noche.
“¡Tenemos las manos desnudas!”
La policía estrechó progresivamente el cerco y abrió un corredor por el que los manifestantes debían salir mientras eran golpeados. Centenares resultaron heridos. Periodistas extranjeros también fueron agredidos y algunos perdieron cámaras y grabaciones. Un cable de la Embajada de Estados Unidos describió la jornada como la mayor manifestación contra el régimen en veinte años y resumió la respuesta gubernamental. El informe diplomático enviado desde Praga advirtió que la violencia podía destruir la escasa legitimidad que aún conservaba el Gobierno.
“La procesión pacífica fue detenida por la policía […] y después dispersada brutalmente por agentes antidisturbios armados con porras”.
Durante las horas siguientes se extendió el rumor de que un estudiante llamado Martin Šmíd había muerto a causa de los golpes. La noticia era falsa, pero resultó creíble en un país acostumbrado a la censura y a la violencia policial. Cuando Šmíd apareció en televisión para desmentir su muerte, la indignación ya había desbordado las universidades.
Los estudiantes declararon una huelga, los teatros suspendieron sus funciones y los actores comenzaron a leer comunicados al público. El 19 de noviembre, Václav Havel, antiguos miembros de Carta 77, artistas, trabajadores y representantes de distintas corrientes opositoras fundaron el Foro Cívico. En Eslovaquia surgió su organización hermana: Público contra la Violencia.
La represión que debía atemorizar a los manifestantes produjo el efecto contrario. Cada día aumentaron las concentraciones en la plaza de Wenceslao; estudiantes y actores viajaron a fábricas y pueblos para contar lo sucedido, mientras los ciudadanos hicieron sonar sus llaves como anuncio de que había llegado la hora de cerrar el régimen. Aquella revolución recibió el nombre de “Terciopelo” por la rapidez y el carácter mayoritariamente pacífico de una transición que, antes de terminar el año, llevaría al antiguo preso político Václav Havel a la Presidencia del país.
Fuentes: National Security Archive, documentos sobre la revolución democrática checoslovaca; cable de la Embajada de Estados Unidos sobre la represión; European Network Remembrance and Solidarity, cronología de la Revolución de Terciopelo.
18 noviembre 1962 — Unión Soviética, Moscú. Solzhenitsyn rompe el silencio sobre el Gulag
La revista Nóvy Mir publica "Un día en la vida de Iván Denísovich", relato de Aleksandr Solzhenitsyn que da voz a un prisionero, contando la vida cotidiana en los campos de trabajo forzado.
El 18 de noviembre de 1962, el número 11 de la revista literaria Nóvy Mir puso en circulación "Un día en la vida de Iván Denísovich". Era la primera obra publicada legalmente en la Unión Soviética que describía desde dentro el hambre, el frío, la arbitrariedad y el trabajo esclavo en el sistema de campos estalinista. La tirada, de poco más de 100.000 ejemplares, se agotó con rapidez y el texto comenzó a pasar de mano en mano.
La novela acompaña durante una jornada a Iván Denísovich Shújov, campesino y antiguo soldado condenado a diez años por una acusación falsa de espionaje. No cuenta una rebelión espectacular ni selecciona los peores horrores del campo. Su fuerza reside en los actos mínimos: esconder una ración de pan, conseguir unos minutos de calor, evitar la celda de castigo, conservar una cuchara o levantar correctamente una pared bajo temperaturas extremas.
Solzhenitsyn conocía aquel universo. Había sido arrestado en 1945 por criticar a Stalin en cartas privadas y condenado a ocho años de prisión, seguidos de destierro. Entre 1950 y 1953 estuvo recluido en el campo de trabajo de Ekibastuz, en Kazajistán, donde los presos perdían sus nombres y eran identificados por números cosidos en la ropa. Allí trabajó en una brigada de albañilería, como su protagonista.
El manuscrito llegó en 1961 a Aleksandr Tvardovski, director de Nóvy Mir. Para vencer la censura, Tvardovski reunió opiniones favorables de escritores prestigiosos y consiguió que el texto llegara hasta Nikita Jrushchov. El Comité Central autorizó su publicación el 12 de octubre de 1962 porque la denuncia de los crímenes de Stalin coincidía temporalmente con la campaña oficial de desestalinización. Aquella apertura dependía, sin embargo, de la voluntad del mismo poder político que controlaba las imprentas y decidía qué podía leer la población.
Solzhenitsyn explicó años después que quiso condensar toda la experiencia del Gulag en una jornada ordinaria, sin elegir un día particularmente atroz (Centro Aleksandr Solzhenitsyn):
“No debía ser un día extraordinario, sino uno completamente común: uno de esos días que, sumados, forman años”.
Al leer el manuscrito antes de su publicación, la poeta Anna Ajmátova comprendió que el relato concernía a toda la sociedad soviética, no solo a quienes habían sobrevivido a los campos (reproducido en la historia documental de la obra):
“Cada uno de los doscientos millones de ciudadanos soviéticos debe leer este texto y aprenderlo de memoria”.
La apertura duró poco. Tras la destitución de Jrushchov en 1964, los libros de Solzhenitsyn fueron retirados gradualmente de las bibliotecas; el escritor fue expulsado de la Unión de Escritores, y fue deportado en 1974 después de la publicación de Archipiélago Gulag. Pero la censura ya no pudo borrar lo ocurrido: Iván Denísovich había abierto una grieta por la que antiguos prisioneros, familiares de víctimas e incluso antiguos guardias comenzaron a contar sus experiencias. Un solo día de ficción devolvió la voz a millones de vidas que el régimen había intentado reducir a números y silencio. Su autor recibió el Premio Nobel de Literatura en 1970.
Fuentes: Centro Aleksandr Solzhenitsyn; Universidad de Florencia, publicación y recepción de la obra; Premio Nobel, biografía de Solzhenitsyn.
18 noviembre 1978 — Guyana, Jonestown. Jim Jones provoca la matanza de Jonestown
Jim Jones ordena una matanza-suicidio que causa más de 900 muertes, incluidas las de más de 200 niñas y niños.
El 18 de noviembre de 1978 murieron más de 900 personas en Jonestown, Guyana, en un suicidio colectivo dirigido por Jim Jones, líder del Templo del Pueblo. Encyclopaedia Britannica recoge que la comunidad había sido fundada como un proyecto que mezclaba religión, control social y elementos de retórica socialista y colectivista.
Jones había construido su discurso sobre la igualdad, la justicia social y la crítica al capitalismo, integrando referencias al socialismo y al comunismo en su mensaje. En Jonestown, ese discurso derivó en un sistema cerrado, aislado y controlado, donde la autoridad del líder sustituyó cualquier forma de autonomía individual.
La tragedia se desencadenó tras la visita del congresista estadounidense Leo Ryan, que investigaba denuncias de abusos. Después de su asesinato en una pista de aterrizaje cercana, Jones ordenó la ingesta masiva de veneno. La escena final —adultos, ancianos y niños muriendo en fila— quedó como una de las imágenes más perturbadoras del siglo.
El 18 de noviembre de 1978 no pertenece directamente a la historia de los Estados comunistas, pero sí a la historia de los proyectos colectivistas extremos y del control total sobre la vida individual. Jonestown muestra cómo un discurso de igualdad puede convertirse, en condiciones de aislamiento y obediencia absoluta, en una estructura de sometimiento total.
Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Jonestown”; FBI Records: The Vault, “Jonestown”; testimonios recogidos por el U.S. House of Representatives.
► DEL 21 AL 30 DE NOVIEMBRE
24 noviembre 1989 — Checoslovaquia, Praga. Dimite la cúpula del Partido Comunista
Miloš Jakeš y todos los integrantes del Presídium dimiten ante las protestas multitudinarias, pero el intento de renovar el partido sin entregar el poder es rechazado en las calles.
El 24 de noviembre de 1989, apenas una semana después de la represión contra los estudiantes, el Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia celebró una sesión extraordinaria. Las manifestaciones crecían, las universidades y los teatros permanecían en huelga y el Foro Cívico había convocado un paro general. La crisis se extendía ya a fábricas y medios de comunicación, hasta entonces esenciales para el control del régimen.
El secretario general, Miloš Jakeš, presentó su renuncia junto con todos los miembros y candidatos del Presídium y el Secretariado del Comité Central. Jakeš había llegado a la máxima dirección partidista en 1987, después de participar durante décadas en el aparato comunista y en las purgas contra los reformistas de la Primavera de Praga.
La dirección no dimitió porque hubiera aceptado el pluralismo político, sino porque comprendió que ya no podía controlar la situación. La resolución aprobada aquel día reconoció abiertamente:
“La sociedad está en crisis. La dirección del partido y del Estado no ha logrado controlar la situación”.
El documento oficial aceptó la renuncia de toda la cúpula, calificó la intervención policial del 17 de noviembre como un “error político” y prometió investigar responsabilidades. Al mismo tiempo, reafirmó la alianza con la Unión Soviética, rechazó las huelgas como método de presión y evitó renunciar al monopolio comunista del poder.
Durante la reunión, algunos dirigentes comprendieron que la represión agravaría el conflicto. El primer ministro Ladislav Adamec defendió una salida negociada. Otros, como el veterano estalinista Vasiľ Biľak, se resistieron abiertamente a cualquier retirada:
“Debemos estar todos de acuerdo en que el Partido Comunista de Checoslovaquia no debe entregar voluntariamente el poder”.
La frase, conservada en las actas taquigráficas de la sesión, mostraba la distancia entre la dirigencia y las multitudes que exigían democracia.
El Comité Central eligió como nuevo secretario general a Karel Urbánek, un funcionario poco conocido que prometió diálogo y renovación. Sin embargo, figuras asociadas con la línea dura permanecieron dentro de la nueva dirección. El Foro Cívico consideró insuficiente el cambio y mantuvo la convocatoria de huelga general.
La noticia de las renuncias llegó esa noche a una plaza de Wenceslao abarrotada. Desde el balcón de la editorial Melantrich, Václav Havel comunicó la caída de Jakeš. La multitud respondió con aplausos, campanas y miles de llaves agitadas en el aire. La cantante Marta Kubišová, censurada desde la invasión soviética de 1968, interpretó públicamente Plegaria por Marta, convertida en himno de resistencia:
“Que la paz permanezca en esta tierra”.
La salida de Jakeš fue la primera gran capitulación del régimen, pero no significó todavía el fin del partido único. Las calles habían obligado a renunciar a sus dirigentes; faltaba arrebatarle al Partido Comunista el privilegio constitucional que le permitía gobernar sin elecciones libres. La huelga del 27 de noviembre demostraría que esa exigencia no pertenecía únicamente a los estudiantes y disidentes, sino a una parte mayoritaria del país.
Fuentes: National Security Archive, actas y resoluciones del 24 de noviembre; Radio Praga Internacional, renuncia de Miloš Jakeš; UPI, crónica contemporánea de la dimisión.
27 noviembre 1989 — Checoslovaquia. Una huelga general paraliza el país
Millones de ciudadanos suspenden el trabajo durante dos horas y demuestran que el Partido Comunista no tiene respaldo en las fábricas.
El 27 de noviembre de 1989, entre las doce del mediodía y las dos de la tarde, Checoslovaquia quedó paralizada por una huelga general convocada por el Foro Cívico y Público contra la Violencia. Oficinas, comercios, fábricas, escuelas y centros de transporte interrumpieron sus actividades. En los servicios que no podían detenerse, los trabajadores expresaron su apoyo con banderas, cintas tricolores o carteles colocados en sus puestos.
La convocatoria reclamaba la formación de un nuevo Gobierno, elecciones libres, libertad de expresión, una investigación independiente sobre la represión del 17 de noviembre y la eliminación del papel dirigente del Partido Comunista. Su lema resumía la exigencia que ya dominaba las calles:
“Fin al gobierno de un solo partido”.
Se calcula que cerca del 75 % de la población respaldó el paro. La movilización alcanzó no solo Praga y Bratislava, sino también ciudades industriales donde el régimen esperaba conservar la lealtad de los obreros. La participación de mineros y trabajadores metalúrgicos de Ostrava tuvo un enorme valor simbólico: el partido que afirmaba representar a la clase trabajadora descubría que ya no podía hablar en su nombre.
Desde aquella región industrial, el joven trabajador Josef Judas envió un mensaje que fue difundido al resto del país (testimonio recogido por el Centro Václav Havel en su memoria de la huelga):
“Quiero decirle a toda la nación que los mineros y los trabajadores del acero de Ostrava están con el pueblo”.
La plaza de Wenceslao y sus calles adyacentes se llenaron de manifestantes. Los reporteros de la radio pública, que pocos días antes permanecía bajo censura, comenzaron a narrar la protesta en directo:
“Hay un río humano desde la estatua de san Wenceslao. Todos han venido a apoyar las demandas fundamentales de los estudiantes y del Foro Cívico”.
La huelga también mostró la rapidez con que se derrumbaba el sistema informativo oficial. Empleados de la radio y la televisión exigieron transmitir imágenes reales de las manifestaciones; los periódicos comenzaron a publicar comunicados opositores y obras prohibidas durante décadas regresaron a bibliotecas y librerías. El régimen perdía simultáneamente el control de los centros de trabajo, las calles y la palabra pública.
La jornada transcurrió sin la intervención masiva del Ejército ni de la policía. La disciplina no violenta de los manifestantes impidió que la dirigencia justificara una represión abierta. A las dos de la tarde, muchas personas regresaron a sus puestos, pero el equilibrio político ya había cambiado: el Foro Cívico había demostrado su capacidad para movilizar a todo el país y comparecía ante el Gobierno como un poder social legítimo.
Al día siguiente comenzaron negociaciones decisivas. El 29 de noviembre, la Asamblea Federal eliminó de la Constitución el papel dirigente del Partido Comunista y la obligación de educar bajo el marxismo-leninismo. El 10 de diciembre se formó el primer Gobierno no dominado por los comunistas desde 1948, y el 29 de diciembre Václav Havel fue elegido presidente.
La huelga duró solo dos horas, pero quebró una ficción sostenida durante cuarenta y un años: que el partido único gobernaba por voluntad de los trabajadores. Cuando las sirenas sonaron, las máquinas se detuvieron y las plazas se llenaron, el régimen descubrió que conservaba todavía sus edificios y sus cargos, pero había perdido el país.
Fuentes: Centro Václav Havel, memoria de la huelga general; National Security Archive, documentos del 27 de noviembre; European Network Remembrance and Solidarity, cronología; Global Nonviolent Action Database, campaña checoslovaca por la democracia.
29 noviembre 1945 — Yugoslavia, Belgrado. Proclamación de la República Popular de Yugoslavia
La Asamblea Constituyente elimina la monarquía y proclama una república federal bajo el control de Josip Broz Tito y el Partido Comunista.
El 29 de noviembre de 1945, la Asamblea Constituyente reunida en Belgrado depuso al rey Pedro II y proclamó la República Popular Federal de Yugoslavia. La decisión culminó la toma del poder por el movimiento partisano dirigido por Josip Broz Tito, fortalecido por su victoria contra la ocupación del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.
Los comunistas habían construido durante el conflicto sus propios órganos políticos y militares. Aunque Tito aceptó temporalmente compartir el Gobierno con representantes de la monarquía exiliada, su partido controlaba las fuerzas armadas, la policía y la Administración. Los dirigentes no comunistas abandonaron progresivamente el gabinete y denunciaron la persecución de la oposición y la ausencia de libertades.
También se desintegró la oposición legal. El dirigente democrático Milan Grol renunció como viceprimer ministro en agosto de 1945, después de denunciar la ausencia de libertades políticas y la persecución contra quienes se apartaban de la línea oficial. Šubašić abandonó el Gobierno en octubre y describió abiertamente el sistema que estaba surgiendo:
“No existe un Gobierno democrático libre, sino una dictadura comunista”.
Las elecciones constituyentes del 11 de noviembre de 1945 se celebraron en un ambiente de intimidación, censura y detenciones. La oposición retiró sus candidatos y el Frente Popular, dominado por los comunistas, quedó como única lista. El Gobierno afirmó que había obtenido más del 90 % de los votos.
Dieciocho días después, la Asamblea declaró:
“La monarquía en Yugoslavia queda abolida y el rey Pedro II Karađorđević, con toda la dinastía Karađorđević, es privado de todos los derechos que le pertenecían”.
La frase resumía el fracaso del compromiso mediante el cual Tito había prometido a los aliados preservar temporalmente el pluralismo político.
La Constitución promulgada el 31 de enero de 1946 definió a Yugoslavia como una federación compuesta por Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia y Montenegro. Reconocía formalmente derechos y libertades, pero el poder efectivo quedó concentrado en el Partido Comunista. La oposición fue eliminada, sus publicaciones cerradas y numerosos adversarios políticos encarcelados, ejecutados o despojados de sus bienes.
Aunque Tito rompió con Stalin en 1948 y desarrolló un modelo socialista más independiente de Moscú, Yugoslavia continuó siendo una dictadura de partido único. El 29 de noviembre se convirtió en el Día de la República: la celebración oficial del nacimiento de un Estado que prometía igualdad federal mientras negaba el pluralismo político.
Fuentes: Archivo de Yugoslavia; Constitución yugoslava de 1946; Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.
29 noviembre 1989 — Checoslovaquia. Fin del monopolio del Partido Comunista
La Asamblea Federal de Checoslovaquia elimina el papel dirigente del Partido Comunista y desmonta el fundamento jurídico de la dictadura.
El 29 de noviembre de 1989, la Asamblea Federal de Checoslovaquia suprimió por unanimidad los artículos constitucionales que garantizaban el monopolio político del Partido Comunista y subordinaban la educación al marxismo-leninismo. Por primera vez desde 1948, la ley dejaba abierta la posibilidad de una alternancia democrática.
La reforma fue consecuencia directa de la movilización iniciada el 17 de noviembre, cuando la policía reprimió violentamente una manifestación estudiantil pacífica en Praga. Las protestas se extendieron por universidades, teatros, fábricas y plazas. El Foro Cívico, encabezado por Václav Havel, articuló las demandas opositoras, mientras en Eslovaquia surgió Público contra la Violencia.
El 24 de noviembre había renunciado la cúpula comunista. Tres días después, una huelga general paralizó el país y demostró que el régimen había perdido incluso el respaldo de los trabajadores en cuyo nombre afirmaba gobernar.
La principal barrera legal se encontraba en el artículo 4 de la Constitución:
“La fuerza dirigente de la sociedad y del Estado es la vanguardia de la clase obrera: el Partido Comunista de Checoslovaquia”.
La Asamblea eliminó también la disposición que establecía que la educación y la cultura debían desarrollarse según la concepción marxista-leninista. Con ambas supresiones desaparecían dos pilares de la dictadura: el derecho exclusivo del partido a gobernar y su potestad para imponer una doctrina oficial.
La reforma no desmontó inmediatamente todo el aparato comunista, pero hizo jurídicamente irreversible el cambio político. El 10 de diciembre se formó el primer Gobierno no dominado por comunistas desde 1948. A finales de ese mes, Alexander Dubček presidía la Asamblea Federal y Václav Havel era elegido presidente.
La Revolución de Terciopelo había conseguido arrancar de la Constitución la cláusula que justificó cuarenta y un años de régimen dictatorial.
Fuentes: Universidad de Columbia, cronología de Václav Havel; European Network Remembrance and Solidarity; National Security Archive.
30 noviembre 1939 — Finlandia. La Unión Soviética invade Finlandia
El Ejército Rojo invade Finlandia y bombardea Helsinki sin declarar la guerra. Stalin esperaba una victoria rápida, pero encontró una resistencia que frustró sus planes.
El 30 de noviembre de 1939, tropas soviéticas cruzaron la frontera finlandesa mientras la aviación bombardeaba Helsinki y otras localidades. La invasión no puede separarse del pacto germano-soviético del 23 de agosto de 1939: el acuerdo entre Hitler y Stalin había repartido secretamente sus esferas de influencia en Europa oriental y colocado a Finlandia dentro de la esfera soviética.
La invasión ocurrió solamente tres meses después de ese acuerdo entre las potencias totalitarias.
Moscú había exigido desplazar la frontera finlandesa, entregar varias islas y permitir una base militar soviética en la península de Hanko. Finlandia aceptó negociar, pero rechazó las condiciones que comprometían gravemente su defensa.
El Kremlin fabricó entonces un pretexto: acusó al Ejército finlandés de bombardear la aldea soviética de Mainila. Finlandia negó la responsabilidad y propuso una investigación conjunta, pero Moscú la rechazó, rompió relaciones diplomáticas y atacó sin una declaración formal de guerra.
La Unión Soviética creó además un Gobierno títere dirigido por el comunista finlandés Otto Wille Kuusinen. Su propaganda afirmaba:
“No venimos como conquistadores, sino como libertadores del pueblo finlandés”.
Pese a la enorme superioridad soviética en soldados, tanques y aviones, la resistencia finlandesa sorprendió al mundo. Las fuerzas finlandesas aprovecharon los bosques, el frío y su mayor movilidad. Pequeñas unidades de esquiadores dividieron y destruyeron numerosas columnas del Ejército Rojo.
Finlandia no pudo resistir indefinidamente. El Tratado de Paz de Moscú, firmado en marzo de 1940, la obligó a ceder alrededor del 11 % de su territorio y provocó el desplazamiento de unos 430.000 habitantes. Sin embargo, el país conservó su independencia y frustró la imposición de un Gobierno comunista.
La agresión tuvo un alto coste para Stalin: expuso las debilidades del Ejército Rojo y provocó la expulsión de la Unión Soviética de la Sociedad de Naciones. Finlandia perdió territorios, pero consiguió sobrevivir como Estado soberano.
Fuentes: Imperial War Museums; resolución de la Sociedad de Naciones; Museo Mannerheim.
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