Abierto

Trenes de provincia
Trenes provincianos. Foto: Asiel Babastro
Imagen: Asiel Babastro Quesada

Las viejas locomotoras inglesas resoplaban cargadas de cañas. De las ceibas caían copitos de algodón y una nube de polvo rojo volaba desde el terraplén.

En San Fernando, segundo batey donde transcurrió mi infancia, nos reuníamos en el diminuto parque, a la vera del Ferrocarril de Júcaro a Morón, en un tramo próximo al poblado del Quince y Medio, perteneciente al municipio Venezuela.

Nos gustaba estar descalzos para correr más rápido entre los cañaverales, donde el “agarrado” era el divertimiento preferido, aunque a veces, influenciados por las películas, nos disparábamos terrones, en un tiroteo, como en el Oeste, en el que las balas resultaban inagotables.

Puntos fijos de la pandilla eran Peteta, Sagüi, el Píndula, Robe, todos negritos. Juan Carlos “el Brujero”, Fernando “Pati Grande”, Rangelito, Tato, mi hermano, Ramoncito, todos “pichones” de españoles. Nos mezclábamos en los equipos, sin distinciones por el color de la piel.

Recuerdo a mi madre, criada entre haitianos, ofreciendo un plato de comida para cualquiera del primer grupo, mientras veíamos las aventuras en la televisión.

En tanto esperábamos que el piquete se completara, nos poníamos a la caza de los demorones. La mayoría de las ocasiones venían comiéndose un pedazo de pan, con aceite, o azúcar, tomates, o “a capela”. Enseguida pronunciábamos la palabra mágica: abierto. Y recibíamos una pequeña porción de la merienda.

Era extraño que alguno se adelantara con: cerrado.

En el parque aún sobreviven unos asientos maltrechos, las casas se han transformado o desaparecieron, entre ellas la mía de madera y techo de guano.

Desde la carretera, melancólico, miro al espacio público donde nos reuníamos, y no veo niños, tampoco cañaverales. Aquel micromundo se va cerrando, como las manos de un niño egoísta.

José Antonio Quintana, foto en revista Árbol Invertido

(Ciego de Ávila, 1970). Historiador, periodista y editor. Autor de 10 libros y coautor de 13. Entre sus obras sobresalen: Venezuela y la independencia de Cuba. 1868-1898, A paso vivo. Carlos Aponte en Cuba, Rocafuerte y la libertad de Cuba, Con el Che. Memoria del tiempo heroico y Desde la mitad del mundo. Textos suyos han sido publicados en Venezuela, Ecuador, Estados Unidos, Irlanda, República Dominicana y España. Ha colaborado con las publicaciones periódicas Videncia, El Historiador, La Tecla, Cuadernos para la emancipación (Venezuela), Patria Grande (Venezuela), SILAS (Irlanda), Maravillas (Ecuador), Diario El Correo (Ecuador), entre otras. En la actualidad es redactor y editor de la revista cultural Jubones, que fundó en Ecuador en el 2011. Es miembro de la UNEAC, la UPEC y la UNHIC.

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