María Teresa Linares
María Teresa Linares, musicóloga y escritora cubana (La Habana, 1920-2021) | Imagen: Gustavo Pérez

"Hay artistas de todo tipo. Yo considero que una obra musical, es una obra que hay que cuidar, y hay que mantener. Algunos artistas han sido prohibidos por sus textos, pero esos textos han existido siempre".

Llegamos a la casa de María Teresa Linares,[1] coincidiendo con el Festival de Cine, así que fue a principios diciembre. No hizo falta coordinar una cita con anticipación: habíamos ido antes a la Fundación “Fernando Ortiz”, con la idea de encontrar algún profesional que nos ayudara a conocer mejor el Barrio chino. Justo empezábamos a filmar las primeras imágenes asociadas al mundo de Severo Sarduy en La Habana, con el fin de hacer un documental, y debíamos aproximarnos a esta zona que había inspirado al novelista.

Alguien nos dijo que se podía ver a la doctora con facilidad en la antigua casa del gran antropólogo cubano, y que siempre estaba dispuesta a ayudar a quien lo necesitara. Pero resultó que ese día ella no estaba, lo que me hizo entristecer, pues ya me había ilusionado con un encuentro que se anunciaba prometedor: aún tenía fresca mi lectura de su texto "Expresiones de la cultura china en Cuba: El Teatro, La Música",[2] con la que pude entender mucho de lo que fue la inmigración China a la isla, especialmente la que se asentó en la capital.

La persona que nos recibía nos comunicó por teléfono, y ella dijo enseguida: “Vengan”. Dos horas después tocábamos a su puerta. Fue una conversación de temas diversos, porque buscábamos orientación, y no solo una entrevista. Pero un resumen de lo que hablamos, y que grabó Gustavo,[3] nos devuelve un universo que no solo parece estar muy lejos de lo que puede imaginarse hoy de esa Habana, sino que nos acerca a un tipo de ser humano querible tanto por su saber, como por su delicadeza y su gracia. Cuando supe hace poco, que ya centenaria nos había dejado, volví por unos segundos a aquella tarde, y me sentí muy agradecida por esas dos horas de conversación con María Teresa. Aquí los dejo con sus palabras, con su aliento familiar y luminoso.

Buenas tardes María Teresa. Muchas gracias por recibirnos.

Buenas tardes. ¡Bienvenidos!

Hemos insistido en verla, porque estamos haciendo un documental sobre Severo Sarduy.

Lo siento, yo no tuve el la oportunidad de conocerlo.

Pero aunque no se encontraran, aquella fue una época que compartieron. Y puede ayudarnos también a imaginar cómo era La Habana de esos años...

Bueno, puede ser que algo recuerde yo.

Queremos saber cómo era la zona de Centro Habana en los años 50tas, que está en su novela Gestos. Y conocer algo del Barrio Chino, que está en De donde son los cantantes, la segunda de sus novelas.

 Yo conocí algo el Barrio chino, porque nací en la calle Manrique. Pero, primero que todo, debo decir que el Barrio chino, no era solo de chinos: los cubanos iban allí a servirse de ellos. Y es que… ¡había de todo! Fíjese que nosotras no íbamos por Manrique hasta la calle San Rafael. Íbamos a las tiendas de San Rafael, dando la vuelta por Galiano, para no atravesar esa zona. Porque, cualquiera que viera a dos muchachitas que pasaban por ahí, podía creerse que iban a las tiendas de chinos, o a cualquier otra cosa. Por eso nosotras ¡nunca pasábamos por ahí! Toda esa zona de Dragones, Zanja, y todo eso, era una zona de muchos problemas.

¿Y usted pudo conocer, por ejemplo, la Ópera china?

Sí, desde luego, porque en esa época yo no era lo que soy. Nosotros íbamos porque nos invitaba una familia china, de apellido Li. Las niñas de esa familia eran compañeras de colegio de mis hermanas, y aquello era ¡Ópera china! Ópera china, en donde los padres, que eran muy celosos de sus hijas, vestían a las que eran más desarrolladas de hombre, y a las muchachas más menuditas, y más pequeñas, de mujer. Así que las hermanas Li, que eran dos, una más fuertecita que la otra, hacían de hombre y mujer (como pareja), pero eran hermanas. Y lo hacían para evitar que se mezclaran hembras y varones, porque los padres no permitían que se juntaran hembras y varones, cuando eran muy jovencitas.

Nos habla de los vestuarios, y sería bueno saber si eran trajes típicos chinos.

Sí, sí, era un vestuario similar al del teatro chino, chino. Y claro, los padres habían sido los fundadores de toda esa zona, y eran los que tenían la enseñanza de todas esas cosas, lo trasmitían a sus hijos. No sé si las niñas hablaban o no en chino, pero los padres sí, y les enseñaban esos cantos ¡de memoria! Ahí había orquestas de músicos chinos, instrumentistas chinos, y había instrumentos chinos. Estas muchachitas que cantaban en la Ópera… eran herederas directas: o sus padres, o sus madres, eran nativos chinos. Y aunque mi formación musical estaba muy lejos de la de ellos; el conocerlos tan de cerca me ayudó mucho a entenderlos, a admirarlos, y a saber qué música era la suya.

Entre aquellos instrumentos había unos pianitos, con una serie de cuerdas en que se percutía con unas baquetas pequeñísimas, y con eso hacían música. Ya después yo me encargué de ir a conocer chinos, pedírselos, y de llevarlos para el Museo de la Música, para conservarlos. Así que allí en el museo hay una buena colección de instrumentos chinos, y de las baquetas que usaban. Inclusive, yo tuve ocasión de conocer a una señora china que vino, y reconoció muchas de esas piezas, para tener una historia que acompañe a la colección.[4]

Severo Sarduy ubica a sus personajes en el teatro Shanghái, donde se hacían representaciones diferentes. Quiere decir que habían otros sitios, y otro tipo de representaciones... ¿Dónde vieron esa Ópera… que usted conoció?

En el Teatro Oriente, que le decían el Teatro, pero en realidad era una sala de teatro. Una sala que estaba… A ver, yo vivía en Manrique, y eso estaba en San Nicolás. En San Nicolás y Salud… O entre Salud y Zanja… ¡Por ahí! Y este era un teatro chino serio. Yo sabía que lo que se ponía allí era una cosa musical, y no una cosa vulgar. Los que no eran serios, hacían otras cosas. Nosotros solo íbamos al Teatro Oriente, cuando la familia Li nos invitaba. Sabíamos que si ellos iban, era una sesión de música china.

Porque también había un teatro chino, al lado de la misma calle Zanja, que era un Teatro de Variedades, en donde se admitían cosas de chusmería, y cosas más serias. ¡Y a las cosas de chusmería era a las que iba la gente del barrio! Había chinos que trabajaban en esas cosas. Esos chinos que no eran herederos, eran sobre todo chinos jóvenes. No actuaban ni blancos ni negros, era solo de ellos. En todas partes cuecen habas, ¿no?

El Barrio chino era tremendo, y cuando hacían una fiesta, aquello era una voladura de cohetes tan grande que no se podía dormir en todo el barrio. Eran miles de cohetes y miles de trompetas sonando a la vez. Sobre todo instrumentos de voces agudas, que cuando empezaban los días de fiesta, era de volverse locos. ¡Todo el mundo iba! Pero yo no, yo le tenía miedo a esos molotes. Porque eran los chinos, pero también iba mucha otra gente: gente buena, y gente mala. Y yo era muy joven entonces…

Mi casa tenía dos ventanas, de rejas, con una puerta grande y una sala gigantesca, y nos poníamos por la ventana, a ver cómo volaban los cohetes, y cómo se veían las fiestas, en la calle Salud. Porque ellos no pasaban de la calle Salud para Reina. Tampoco llegaban a Galiano. Se quedaban en San Nicolás, un barrio muy pequeño, con un núcleo muy grande de personas. ¡Demasiadas personas! Y veías cómo salía el público de todas partes, desde la parte más baja, por toda la calle Manrique hacia el barrio donde estaba la fiesta. Los catalanes hacían también su fiesta, y los gallegos, los andaluces, los asturianos, o se iban a la Tropical. Las fiestas de la Tropical eran enormes, cuando eran fiestas de españoles. También se hacían fiestas en el Centro gallego y en el Centro asturiano, que eran centros donde se colectaban todos los españoles. Lo que pasa es que ya no hay españoles en Cuba, pero entonces sí.

¿Y cuánto cree que ha influido la música china en la música cubana?

Aquí han hecho música posiblemente llamada china, autores como Lecuona, por ejemplo. Y creo que se ha escrito una música más o menos modal, de manera que parezca china, pero no es china. La música china tiene una riqueza, y tiene una proyección, que no es la que le dan los autores cubanos. Y para hacer eso, lo mejor es quitarlo, y poner la música china. Y adaptarse uno a oír la música china, y a seguir todas sus ondulaciones.

A la vez que uno oye un concierto de música china, y sigue esas melodías, las aprehende, las reserva, y las mantiene. Pero pienso que muchas de las obras que se han hecho simulando la música china, como el mismo Lecuona u otros autores, han tendido siempre a seguir esa melodía de las estructuras de la música, que nos viene de Europa. La música china está basada en una quinta de sonidos. Y eso se nota inmediatamente. Y cualquier compositor cubano lo que usa es la octava tradicional. Y bueno, la pueden usar, y pueden hacer con ella lo que quieran, pero no es música china. La música china tiene que ser basada en las cadencias de una quinta, y no de una octava. Pienso que muchas de las obras que se han hecho, han tendido a seguir esas melodías de las estructuras que no son por octavas, sino por quintas.

Hay un músico de la época, que se movía por toda La Habana, y quedó en Gestos, la primera novela de Sarduy. Lo llamaban Chori. ¿Ud. Lo conoció?

No lo conocí directamente. Yo solamente vi que en todas las guaguas, en todos los tranvías, y en todas las paredes de La Habana había escrito: el Chori. Yo sabía quién era, porque lo veía en los periódicos y en las revistas, cuando le hacían entrevistas. Y era un hombre grueso, un hombre ya mayor, con su gorra puesta, con su atavío… Y por donde quiera que iba, ponía: el Chori. Era un timbalero bastante bueno, según decían. Yo nunca tuve la oportunidad de oírlo tocar timbal, porque él iba donde había personas bebiendo y comiendo, y para amenizar el momento, se ponía a tocar y a cantar. Pero yo sí lo vi. Lo vi subirse en un tranvía a poner su nombre, aunque los conductores lo regañaran por pintar el tranvía. En todas las paredes de La Habana decía: el Chori el Chori el Chori. Dejaba su firma. Era un hombre muy simpático. Se hacía sentir, se hacía conocer. Hubo otros tipos simpáticos, así como él, pero el Chori se distinguió mucho.

El reggaetón ha sido criticado incluso entre los mismos músicos de otras expresiones. Pero usted ha llegado a comprenderlo de una forma muy particular…

Hay artistas de todo tipo. Yo considero que una obra musical, es una obra que hay que cuidar, y hay que mantener. Algunos artistas han sido prohibidos por sus textos, pero esos textos han existido siempre. Recuerdo que cuando tenía unos cinco años, en el barrio donde yo vivía, la gente cantaba las cosas por la libre. Y como tuve la suerte de que se me pegaba la música, muchas veces cantaba cosas que oía, y a mí me gustaban. Pero había una estrofa que tenía un doble sentido, y yo la aprendí como la cantaba la gente de allí, y mi mamá me dijo: “No cantes eso. No lo vuelvas a cantar”. Pero al poco rato me vino a la mente, y yo la volví a cantar. Y ya muy brava, mi mamá me dijo: “No vuelvas a cantar eso”. A la tercera me dio un par de nalgadas, y más nunca se me olvidó que aquello no se cantaba.

Ella no me explicó, porque yo era una criatura, pero al pasar de los tiempos estaba oyendo un disco del Septeto habanero, y cuando oigo aquello completo, entendí por qué mi mamá no me dejaba cantarlo. Simplemente se cambiaba una palabra de una canción que decía: “María yo te vi bailando. ¡Ay! Bailando con la puerta abierta. Pero no era bailando lo que decía. Decía otra cosa... Y mi mamá no podía permitir que yo cantara eso, porque yo era una niña. Pero letras así llegaron al nivel de la música de García Caturla ¡fíjese como le digo! Esa es una estrofa que él introdujo, en una de sus obras fundamentales. Y García Caturla fue uno de los más grandes músicos cubanos; lo que quiere decir que hay muchas formas de ver las cosas, ¿no? Al revés, y al derecho.

Muchas gracias, María Teresa, por su trabajo, y por disfrutar trabajando. Eso es admirable y muy inspirador.

Hay quien no es feliz ni en la juventud. Hay gente que se queja, que no ve las cosas bien. Pero yo fui muy humilde toda la vida. Vengo de una familia muy humilde. ¡Y yo disfruté mucho mi vida! Yo me conformo con lo que tengo. Sigo trabajando en la Fundación “Fernando Ortiz”, y voy donde quiera que me llamen. Voy al Instituto Superior de Arte, y a todas partes que me llamen, yo siempre digo sí. Porque aquí sentada en la casa lo que veo son los libros (que ya todos los he leído), y si miro para el techo, ya el techo se me cae encima. Entonces prefiero salir a la calle y seguir, seguir viva.

María Teresa Linares
Imagen: Gustavo Pérez

 

[1] María Teresa Linares: (La Habana, 14 de agosto de 1920- 26 de enero 2021) pedagoga, musicóloga, y escritora. Doctora Honoris Causa en Ciencias del Arte. Investigadora Titular Emérita de la Academia de Ciencias de Cuba. Premio Nacional de Investigaciones Culturales y Premio Internacional “Fernando Ortiz”, 2000. Premio Nacional de Música, 2006. A ella se debe, la producción de la Antología de Música Afrocubana, serie discográfica de nueve volúmenes realizados por la Egrem.

[2] Expresiones de la cultura china en Cuba: El Teatro, La Música. María Teresa Linares Savio,  revista Catauro, año 2, No. 2 / 2000, pp. 41-49.

[3] Gustavo Pérez Fernández: poeta, documentalista y fotógrafo, es codirector, productor y fotógrafo del documental Severo secreto.

[4] En el momento que hace ese trabajo, María Teresa Linares era la Directora del Museo de la Música.

Oneyda González
Oneyda González

Escritora, investigadora, documentalista. Ha publicado Severo Sarduy. Escrito sobre un rostro (coord), Ed. Ácana, Camagüey (2003); Las cinco y una noches, narrativa, Editorial Oriente, Santiago de Cuba (2003); Polvo de alas, el guion cinematográfico en Cuba, Editorial Oriente (2009). Obtuvo la Beca Amigos de la Biblioteca de Princeton University (2015) por la investigación para el documental Severo Secreto (2016), que ha realizado junto a Gustavo Pérez.

Comentarios:


Anónimo (no verificado) | Mar, 09/03/2021 - 13:23

Me ha encantado la entrevista, creo que como el cuento de "Francisca" a María Teresa la encontró la muerte siempre trabajando. Gracias Oneyda. Marvelis Lara

Anónimo (no verificado) | Mar, 09/03/2021 - 13:25

Qué dulce María Teresa, y qué iluminada skbre su percepción del reguetón.

Anónimo (no verificado) | Mié, 10/03/2021 - 00:59

Bella y una gran intelectual María Teresa Linares, excelente entrevista.

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