Fotograma de la película Plantados.
Fotograma (detalle) de la película Plantados.

"Mientras veía, estremecido, el largometraje, pensaba en que el presidio político en la isla bajo el castrismo emula con el descrito por Martí en su paso por las canteras de San Lázaro".

El olvido es el único lujo que los cubanos no podemos darnos. Si a la mala memoria añadimos las recitaciones a las que obliga el Socialismo a todos los niveles de enseñanza, el bombardeo a través de la maquinaria de propaganda y la coacción mediante el cuerpo legal vigente, prevalecerá la manipulación.

De ahí que Plantados, el largometraje que el Festival 38 de cine de Miami estrenó este 12 de marzo, sea tan necesario. El filme de Lilo Vilaplana reúne varias historias del presidio político cubano. Específicamente, tiene en su centro a un grupo de luchadores anticastristas, conocidos como "plantados", renuentes a acogerse al Plan de reeducación carcelario, en verdad de adoctrinamiento político.

A las largas condenas de esos hombres que inspiraron la película, se sumó el maltrato y la tortura física y sicológica. Las recreaciones de las escenas son estremecedoras. Los espacios oscuros, insalubres, reducidos, abarrotados, en que permanecían los reclusos forman parte del escenario en que rueda buena parte de Plantados.

Dos historias paralelas se entrelazan: la del ex preso plantado Ramón (Gilberto Reyes) y la del exjefe de prisión Mauricio (Carlos Cruz), en Miami; y la de ambos (interpretados por Ricardo Becerra y Frank Egusquiza, respectivamente) décadas antes, en la Cuba castrista.

La aparición del ya anciano Mauricio en la capital del exilio cubano destrabó la caja de pandora que Ramón había mantenido abierta solo a medias para dos de sus sobrinos, hijos de ex presos políticos cubanos. Se establece, a partir de ahí, una lucha interna por desgajar la justicia de la venganza que delineará sicológicamente a varios personajes.

Los flashbacks hacia el presidio cuentan algunas de las más recurrentes maneras de castigo contra los plantados. Una de ellas era el internamiento, durante días, entre muros estrechísimos conocidos como La gaveta. El espacio era tan reducido que solo permitía al recluso permanecer de pie. Junto a otros hombres, allí mismo debía orinar y defecar. El hedor que inundaba el sitio era producido por la acumulación de desechos fisiológicos. Larvas y moscas tenían su bacanal, las heridas se infestaban, las fiebres llegaban.   

Otro método de tortura era hundir a los plantados en lagunas de oxidación, o sea, lagunas de excremento. Similar escena reproduce en su libro testimonial sobre los campos de concentración conocidos como UMAP, el pastor bautista Alberto I. González. Las falsas ejecuciones también fueron muy empleadas para infligir terror entre los plantados.

Fotograma de Plantados. Una escena de los fusilamientos o "paredones".
Fotograma de Plantados. Una escena de los fusilamientos o "paredones".

Vilaplana recoge en la película aquel grito de los condenados al paredón: “¡Viva Cristo Rey!”, en la conmovedora actuación de Héctor Medina (David), unido a otros más previsibles como “¡Abajo el comunismo!” o “¡Viva Cuba libre!”, y nos reconecta con ese espacio de la historia reciente en que la fe alentaba a los hombres y mujeres a enfrentar al tirano. En otra escena, mientras entra en fade un himno real de los reclusos, puede distinguirse en una línea otra aproximación simbólica: “por delante la estrella, con la cruz como emblema, destruiremos la hoz”.

No es un secreto que gran parte de los movimientos anticomunistas han tenido en la fe judeocristiana un baluarte moral, pero también movilizador. Recordamos hasta hoy al sindicato Solidaridad, de Lech Walesa, que tuvo en el catolicismo un motor ideoestético, y cuya presión fue un golpe para el imperio soviético.

No en vano la libertad de conciencia y culto estuvieron y siguen entre las más limitadas por el régimen, pues entienden que las organizaciones religiosas manejan un discurso alternativo al poder, y por lo general antagónico.   

Desde la imposición del Socialismo en la isla, todavía con gran cantidad de católicos y una ascendente población protestante, caló la idea del demonio marxista como ideología destructora ante la espada de la Iglesia como protectora del mundo libre. Aún hoy la inspiración cristiana de movimientos antisistema cubanos como Estado de Sats o el Movimiento Cristiano Liberación, o líderes míticos como Osvaldo Payá y Oscar Elías Biscet, es patente.

Mientras veía, estremecido, el largometraje, pensaba en que el presidio político en la isla bajo el castrismo emula con el descrito por Martí en su paso por las canteras de San Lázaro. Ya veo venir al régimen desacreditar la película con los mismos argumentos que Mauricio da al verse confrontado por testigos del pasado: “La historia está mal contada”, “ustedes no estuvieron allí”.

Plantados proviene del testimonio de decenas de presos políticos recogidos en libros, documentales e informes ante entidades supranacionales como la Organización de Estados Americanos. Son legajos sobre legajos y sangre sobre sangre.

El filme tiene como antecedentes la serie testimonial que produjo para América TV el propio Vilaplana, titulada Leyendas del Exilio, y el documental Nadie escuchaba (Néstor Almendros y Jorge Ulla, 1984), que siguió a ex presos políticos cubanos en Estados Unidos y en sus comparecencias ante Naciones Unidas, junto a víctimas del apartheid sudafricano.

Mitzael Díaz Paseiro, actualmente preso político en Cuba.
Mitzael Díaz Paseiro, actualmente preso político en Cuba.

A Nadie escuchaba hace guiño el guion, cuando uno de los sobrinos de Ramón habla de la desatención sobre el presidio político a inicios de la Revolución. Hoy bien podría hacerse una segunda entrega con el título "Todavía nadie escucha".

Por estos días en la cárcel de Guamajales, zona central de la isla, al preso político Mitzael Díaz Paseiro le niegan asistencia religiosa, lo someten a una golpiza y convencen a presos comunes para agredirlo. Plantados refleja brevemente el martirio de un jovencito, preso político, lanzado por Mauricio a otros hombres, presos comunes, para saciar sus apetitos sexuales.

El infierno del presidio político, no acaba tras las dos horas del filme de Vilaplana o con la liberación, dentro de 66 días —Dios mediante— de Díaz Paseiro. Termina con el régimen totalitario que usa sus ergástulas como una auténtica máquina de moler huesos.

Vi Plantados en uno de los estrenos clandestinos que hubo en Cuba. Mi esposa y yo lo tomamos como una salida aventurera tras semanas con toque de queda por el Covid 19. En casa de un colega, bajo el mayor secreto, nos reunimos once cubanos.

Estreno en secreto del filme Plantados en La Habana.
Yoe Suárez y otros asistentes a un estreno clandestino del filme Plantados en La Habana.

Augusto César San Martín, periodista del diario Cubanet, también en el encuentro, escribió en su perfil de Facebook cuando acabó la proyección: "La huella de heroísmo que dejaron los presos plantados en las cárceles de Cuba me ayudó a vencer una década de presidio político. Plantados es la película que hace justicia a los cubanos que han sido víctimas de encarcelamiento político, a sus familias, amigos, y a quienes los apoyan. Gracias por compartir las emociones de una película que tocará el corazón de todos".

Otro de los presentes, el escritor Ángel Santiesteban, coguionista del largometraje, en determinadas escenas, las más violentas, me miraba y decía, como reafirmando una crueldad que le es imposible digerir: “eso pasó en verdad, eso pasó en verdad”.

(Al momento de publicar este artículo, podía verse en Youtube la película Plantados)

Yoe Suárez
Yoe Suárez

(La Habana, 1990) Autor de los libros de no ficción La otra isla (Finalista Beca Michael Jacobs 2016 e International Book Latino Award 2019), En esta ribera mi cuerpo (Mención Premio Casa de las Américas 2018), El soplo del demonio. Violencia y pandillerismo en La Habana (2018), llevado al mediometraje documental Punkie. Coordinó Espectros (2016), primera antología de periodismo narrativo cubano. Traducido al inglés y al italiano. Premio de Reportajes Editorial Hypermedia 2017 y  2018. Publicó en Newsweek, Univisión, Vice, El Español. Fue corresponsal del canal estadounidense CBN News. Documentalista. Cuentos suyos fueron llevados al audiovisual, y varios reportajes al cómic en el libro Quiebre de espíritu. Aparece en antologías de poesía y ensayo dentro y fuera de Cuba.

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