Un cubano es arrestado frente al Capitolio de La Habana.
Un cubano es arrestado frente al Capitolio de La Habana.

El régimen cubano se beneficia del interés de un continente en apoyar una punta de lanza contra Estados Unidos, así como la "izquierda pija" internacional,  harán oídos sordos al dolor de los cubanos.

Lo que sigue es una respuesta a un amigo escritor, en un post suyo en Facebook, sobre la posibilidad de pedir una "intervención en Cuba", una intervención internacional, humanitaria o de otro tipo. Él había entendido que yo abogaba por la solución de pedir un desembarco de tropas internacionales para detener la masacre del pueblo:

A ver, ¿en qué parte he pedido que vayan a desembarcar tropas? Y no es el problemita demagógico de si voy yo o van otros, si estoy pidiendo algo que no haré yo mismo. En toda la historia universal se ha hablado de lo que es mejor hacer o no, lo que es mejor para todos, no porque vaya el opinante a tener que dar cada mandarrazo. Sencillamente creo que ese patriotismo, ese dilema es falso. Si no apruebo una invasión ahora mismo de tropas de la ONU, no es por no ir yo, pero tampoco no es porque el dictador y sus secuaces gocen de ningún sagrado derecho de soberanía. Es sencillamente por un realismo en el balance de los hechos: una guerra sería una tragedia y una cantidad de muertos y destrucción que no es deseable jamás.

Si hubiera una forma de teletransportar a esos represores asesinos, ahora mismo los estaría sacando de allí y colocándolos ante un tribunal de justicia internacional. Y si hubiera una forma de sacarlos de allí o hacerles justicia allí mismo, sin dañar a ningún inocente, también lo aprobaría. Pero, demagogias aparte, vuelvo a mi idea ahora mismo, dejemos a un lado el falso dilema. En definitiva los únicos que tienen derecho a responder esa pregunta de si sería válido que acudiese ayuda internacional por ellos, son los que están delante de los perros literalmente, los padres de los jóvenes asesinados o desaparecidos, la gente que está siendo golpeada allí mismo, y no ningún patriota en internet y mucho menos en lejanas orillas, porque la misma ecuación podría aplicarse: ¿tú vas a aguantar en la calle a los golpes de los boinas negras, vas a salir otro día y otro día a gritar aguantando palizas, o lo harán otros por ti?

Vuelvo a mi idea inicial que no tiene nada que ver con invadir el territorio con ayuda humanitaria o de ningún tipo, sino más sencillo: reclamar la orden de búsqueda y captura internacional del principal responsable, el que ordenó públicamente una guerra civil en Cuba y dio la orden de matar en la televisión, Miguel Díaz Canel, aunque sabíamos que realmente lo que quería decir era que lanzaba sus tropas de gorilas a la calle vestidos de civil. Es un genocida y un criminal, él y sus generales. Deben ser cuando menos acorralados como criminales que son, que sepan que no puedan poner jamás un pie fuera de Cuba sin ser detenidos, que se corte todo lazo económico de esas cúpulas y se les pueda juzgar algún día con apego al derecho internacional. Porque, ya lo sabemos, jamás ha habido una dictadura "comunista" que entregue el poder, en realidad no tienen otra cosa que poder, no son otra cosa, y por mantener ese poder han estado y estarán dispuestos a masacrar. Ya lo sabemos por la Venezuela intervenida por las tropas cubanas, ya lo sabemos por Cuba.

La desgracia del totalitarismo que sufre Cuba, se agrava porque es una isla y porque el régimen cubano se beneficia del interés de un continente en apoyar una punta de lanza contra Estados Unidos, y así como la "izquierda pija" internacional, harán oídos sordos al dolor de los cubanos.

Francis Sánchez
Francis Sánchez

(Ceballos, Ciego de Ávila, Cuba, 1970). Lic. Estudios Socioculturales. Máster en Cultura Latinoamericana. Perteneció a la UNEAC desde 1996 hasta su renuncia el 24 de enero de 2011. Fundador de la Unión Católica de Prensa de Cuba en 1996. Ha sido redactor fundador de la revista católica Imago (1996-2001) y Jefe de Redacción de la revista cultural Videncia. Dirige la revista independiente Árbol Invertido. Autor, entre otros, de los libros Revelaciones atado al mástil (1996), El ángel discierne ante la futura estatua de David (2000), Música de trasfondo (2001), Luces de la ausencia mía (Premio “Miguel de Cervantes de Armilla”, España, 2001), Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (Premio de Ensayo “Juan Marinello”, 2001), Reserva federal (cuentos, 2002), Cadena perfecta (cuentos, premio “Cirilo Villaverde”, 2004), Extraño niño que dormía sobre un lobo (poesía, 2006), Caja negra (poesía, 2006), Epitafios de nadie (poesía, 2008), Dualidad de la penumbra (ensayo, 2009) y Liturgia de lo real (ensayo, premio “Fernandina de Jagua”, 2011).

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