El miedo impuesto por un sistema totalitario puede sobrevivir incluso después de abandonar el país, cuando la vigilancia externa termina convertida en autocensura y control interior. Francis Sánchez, director de Árbol Invertido, aborda este mecanismo en su columna Matar al policía interior, donde reflexiona sobre cómo la represión puede permanecer dentro de quienes la padecieron hasta conseguir que continúen vigilándose cuando el policía ya no está.
A partir de esa idea, Sánchez explica que el control más profundo no depende siempre de un agente, un interrogatorio o un micrófono. El "policía interior" conoce las palabras prohibidas, impone silencios y puede anticiparse incluso al pensamiento. Para el autor, el miedo aprendido puede transmitirse y prolongarse más allá de la experiencia original:
"La victoria final del totalitarismo es conseguir que sus víctimas continúen vigilándose cuando el policía no está."
La columna vincula ese mecanismo con la historia de Cuba, marcada, según Sánchez, por los fusilamientos, las turbas que gritaban "¡Paredón!" y la persecución política. También recuerda los discursos de Fidel Castro y la expectativa de miedo que generaban dentro de los hogares, donde distintos grupos podían convertirse sucesivamente en sospechosos o enemigos.
Como ejemplo de esa vigilancia interiorizada, Sánchez evoca un episodio vivido en Praga en 2014. Durante un encuentro, unos músicos cubanos que ya residían en esa ciudad pidieron que nadie les hiciera fotografías por temor a que la Embajada de Cuba supiera que habían estado allí. Él, que todavía debía regresar a la isla, observó que eran ellos quienes mostraban mayor temor:
"Su policía de carne y hueso se había quedado en la isla, pero el policía interior había viajado junto con sus maracas."
Sánchez concluye que una de las formas más profundas de liberación consiste en reconocer esa vigilancia interior, expulsarla y recuperar el dominio sobre la propia conciencia. En palabras de la columna, se trata de descubrir a ese "policía interior", sacarlo del último rincón donde se haya escondido y "matarlo".