La solidaridad internacional con Cuba se convierte en una forma de oportunismo cuando quienes dicen defender al pueblo cubano utilizan su sufrimiento para obtener beneficios políticos, pero evitan denunciar la represión del régimen. Francis Sánchez, director de Árbol Invertido, aborda esta contradicción en su columna Cuba y los activismos buitres, donde cuestiona a determinados activistas internacionales que respaldan al poder mientras ignoran las demandas de libertad de los ciudadanos.
A partir de este concepto, empleado por el periodista Juan Soto Ivars, el autor compara estas prácticas con las de los fondos buitres, que buscan ganancias en situaciones de desgracia humana. Sánchez sostiene que determinados activistas seleccionan las causas que defienden según los beneficios que pueden obtener:
"Ese pueblo puede contar que no tiene comida o electricidad, siempre que su testimonio sirva para culpar a Estados Unidos, pero si cuenta que lo golpearon por manifestarse, que le cerraron un medio de prensa o que tiene hijos presos por criticar al gobierno, entonces se vuelve sospechoso."
La columna señala las visitas de los políticos españoles Pablo Iglesias e Irene Montero a La Habana como ejemplos de esa solidaridad selectiva. Sánchez cuestiona que el primero entrevistara a Miguel Díaz-Canel sin preguntar por los presos políticos y que la segunda, pese a su discurso feminista, no abordara la situación de las mujeres encarceladas ni los feminicidios en Cuba.
Francis Sánchez denuncia que estos supuestos aliados internacionales han construido durante décadas una relación con Cuba que privilegia sus vínculos con el régimen sobre los derechos de la población:
"Escucharlo exigir libertad no les conviene, se los dice su olfato para los negocios, porque les costaría la entrada al palacio."