Plegaria a una foto de Martí entre las cañas

Martí, el ojo del canario
Martí, el ojo del canario
Fotograma del filme "Martí, el ojo del canario".

¿Pero, Martí nunca se reía? ¿Qué tal si él estuviera riendo en esas fotos de santo? ¿Eso no lo cambiaría todo?

¿José Martí nunca rió de cara al porvenir? Posar para el camarógrafo era muy distinto entonces. Y andaba de luto siempre, por Cuba. Este poema que publico, es mi rogativa delante de una de las últimas fotos que él se hizo, en el exilio, tan cetrino como siempre, con el cuidado de dejar a su espalda un fondo de cañas como las de su patria.

¿Pero, Martí nunca se reía? ¿Qué tal si él estuviera riendo en esas fotos de santo? ¿Eso no lo cambiaría todo? ¿Lo que mejor podría hacernos, ahora mismo, su figura sagrada, no sería regalarnos el milagro de una gran carcajada liberadora? Reírse de nosotros, de él, de todo y todos, quizás en primer lugar de quienes le han puesto un pedestal en el lugar de la patria, donde él solo veía un ara de sacrificio.

¡Cuánto no tendría que pulverizar el rayo de la carcajada de Martí, para que desaparezca esa rigidez miserable que significan los que odian, censuran, destierran y parecen hasta dispuestos a matar en su nombre!

 

José Martí en Jamaica
José Martí, en Jamaica, 1892.

 

PLEGARIA A UNA FOTO DE MARTÍ ENTRE LAS CAÑAS

 

Vaga tu risa limpia por los cañaverales

con un sabor a fuego cribado en las raíces,

tu carcajada inmóvil crece en lo que no dices

y el hollín provinciano encabrita las sales

de mis labios cansados de asirse a tus breñales.

Si dejas de mirarme así, con esa herida

como el filo tan verde de la hoja, no es mi vida

este ojo de una cámara ni soy más los pequeños

botones de tu traje, saltando, esos dos sueños

de la luz que se ríe negra y blanca, zurcida.

Sígueme conversando sobre el jugo tan fino

de las cañas quemadas, cómo el cielo es seglar

y cómo es la blasfema circunstancia del mar,

háblame bien, bien alto: ¿cuál otro corcel vino

después, mucho más blanco, y te alzó a tu destino?

No te muevas, Martí, o vas a desdecirme.

Nunca se apague el cruel verdor donde palpita

la seda negra de este silencio que en ti grita

profundas carcajadas, o empiezas a morirme.

Francis Sánchez

(Ceballos, Ciego de Ávila, Cuba, 1970). Lic. Estudios Socioculturales. Máster en Cultura Latinoamericana. Perteneció a la UNEAC desde 1996 hasta su renuncia el 24 de enero de 2011. Fundador de la Unión Católica de Prensa de Cuba en 1996. Ha sido redactor fundador de la revista católica Imago (1996-2001) y Jefe de Redacción de la revista cultural Videncia. Dirige la revista independiente Árbol Invertido. Autor, entre otros, de los libros Revelaciones atado al mástil (1996), El ángel discierne ante la futura estatua de David (2000), Música de trasfondo (2001), Luces de la ausencia mía (Premio “Miguel de Cervantes de Armilla”, España, 2001), Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (Premio de Ensayo “Juan Marinello”, 2001), Reserva federal (cuentos, 2002), Cadena perfecta (cuentos, premio “Cirilo Villaverde”, 2004), Extraño niño que dormía sobre un lobo (poesía, 2006), Caja negra (poesía, 2006), Epitafios de nadie (poesía, 2008), Dualidad de la penumbra (ensayo, 2009) y Liturgia de lo real (ensayo, premio “Fernandina de Jagua”, 2011).

Comentarios:


Marta Macias,A… (no verificado) | Mié, 05/02/2020 - 16:02

Emocionante poema a Martí, con un lenguaje cuidado y propio, metáforas ricas que dan sentido pleno al poema

"Sígueme conversando sobre el jugo tan fino

de las cañas quemadas, cómo el cielo es seglar

y cómo es la blasfema circunstancia del mar,"

Agradecida de leer el Arbol Invertido. 

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