Mendigo acostado. Foto: Francis Sánchez
Imagen: Francis Sánchez

(Homenaje a los poetas cubanos.)

I

Es preciso que Cuba resucite:

salga del agua como el agua

para beber del cáliz,

sea la santa circunstancia.

 

¡Ya no morir bajo las palmas tristes.

Echar los perros del altar…

Perdona:

 

Todo el dolor que se creó en lo oscuro!

 

La noche fue para engendrar los versos,

sacar las bestias

y ver el Sol dormido!

Entre la hierba Cuba debe vivir,

llenarse de sangre lúcida y sonora.

¡Sea el Ave Paraíso,

animal sensible y luz y albas sucesivas!...

 

II

Demasiado ahogo para el extranjero.

Aquí la juventud padece

el fuego azul de las ventanas.

 

Hemos visto a las sirenas desnudas

y hemos querido partir,

lanzarlo todo por la borda:

 

¡Dejar atrás este convento atroz que muerde y mata!

 

 

III

Estar

es padecer un verbo triste.

¡Hemos visto el misterio!

Y hemos probado todos los sabores de la tierra.

 

Mi Patria no eres tú,

no son tus árboles

ni esta inconsistencia de los peces.

 

Hoja de loto entre los dientes de un siervo:

¡Mi Patria es el Amor

y todo lo demás!

 

IV

¿Acaso construimos casas para siempre

o para siempre perdura lo que nos enamora?

¿No hemos visto a la muchacha del bohío?

¡No! ¡No la hemos visto!

¡Oh Dios! ¡Si permanece lo que nos enamora!

 

V

Palmas sobre palmas

comen palmas vivas

y el trapiche es la historia del mundo:

¡Estamos molidos de Amor!

 

VI

Emergen voces de la tierra

como el himno de la Vida:

¡Es la danza de las palmas!

 

 

 

Ofrezco mi desnudo

para este sacrificio

en la sangre de la noche.

 

Ofrezco lo mejor de mi cuerpo

cuando está herido por las rosas:

el murmullo de mi sexo.

 

¡Hemos hecho el Amor sobre la Luz:

y este polvo y esta ceiba y estos pájaros

son testigos del culto y de la estrella!

 

VII

Esta es el ansia de los ríos represados,

esta es la apariencia silenciosa

que posee el Almendro.

El rabo sencillo que no danza un jazz,

que no calie

Esta es la luz que mata:

la muerte tiene máscaras azules;

sabe aproximarse sin la noche.

 

¡Ella es la tempestad oscura:

orante y cristalina!

 

Vamos a sofocar el ansia

con los poemas de la tierra,

en esta angustia del invierno doloroso.

 

Vamos, amor, nuestro lamento

también tiene albas apetencias.

 

Vamos por la calzada ausente

a ver el Sol que eclipsa soledades.

 

Después, no más dolor.

VIII

Tenemos sed

y ojos pardos.

nta un clítoris,

que no fecunda como el falo de Osiris.

 

Tenemos esta soledad,

estos pensamientos infinitos.

 

Convento de flores demoníacas,

palabra contenida en vértigo,

alegría del impúdico.

 

¡Noches de humedad con palmas locas!

Inmensa.

Definitiva.

Absoluta genuflexión.

 

IX

¡Estamos solos en el susurro de los duendes,

estamos como niños en nuestro paraíso.

 

También el Sol, también el Sol ha amado

y como todos los que amamos, miente!

 

X

La perfección necesita gotas de sudor:

enormes, pacíficas,

dispuestas a bendecir el aire.

 

 

La perfección es el saludo

de los ríos silenciosos,

la sonrisa de las niñas tristes.

 

Nuestra noche de gaviotas asesinas.

Nuestra compañera y sangre.

 

XI

 

¡Sí!

 

Pronuncio los himnos y las sombras,

germinan las estrellas en tu cuerpo.

 

¡Sí!

 

Palabra sonora,

Principio de la Luz y el Agua.

 

XII

¡Cuba, mi amor,

te estoy buscando y estás dentro,

fuera del dolor agazapado!

 

¡Dentro de tu alma está la noche,

adentro, muy adentro

está el desnudo de los enamorados!

 

¡Cuba, mi amor,

mezcla de légamo y espuma,

la Luz encuentra a los ángeles perdidos,

y todo debe morir

para que tú renazcas!

Paolo María de la Rosa, revista cultural cubana independiente Árbol Invertido
Paolo María de la Rosa

(Camagüey, 1989). Poeta. Ha sido colaborador de la revista independiente La Hora de Cuba.

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