“Esa alianza entre los periodistas que están fuera y los que están dentro es bastante fuerte. Incluso entre medios también hay colaboración, en el sentido de que nos facilitamos contactos, fuentes de información y demás”. —Camila Acosta
El periodismo independiente en Cuba es un fenómeno resiliente, construido a partir de la colaboración entre reporteros dentro de la Isla y otros que, tras salir del país, han continuado su labor desde el exilio. Así lo asegura la periodista independiente cubana Camila Acosta Rodríguez, de 32 años de edad, graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana, quien pasó de ejercer en medios oficiales a convertirse en una de las figuras más reconocidas del periodismo independiente cubano.
Su carrera ha estado marcada por la censura, el hostigamiento y, a la vez, el firme compromiso de narrar la realidad de Cuba estando dentro de Cuba. Desde 2016, tras graduarse de Periodismo en la Universidad de La Habana, Camila Acosta inició su carrera en Canal Habana antes de dar el salto al periodismo independiente. Tras una pausa dedicada a la investigación de su libro Del templo al temple. Silencios y escándalos de la masonería cubana, se incorporó en agosto de 2019 a Cubanet, medio independiente radicado en Miami. En el año 2021 amplió su labor profesional al comenzar a colaborar también con ABC medio español y otros medios internacionales.
"El acceso al internet nos abrió más las puertas"
En una entrevista hecha a través de audios de WhatsApp y en el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa que se conmemora cada 3 de mayo, Acosta habla de los desafíos de hacer periodismo dentro de la isla.
La erosión de la libertad de expresión está muy presente en países con gobiernos autoritarios o que van en esa vía. El trabajo en alianza entre medios o el apoyo de colegas que informan desde el exterior ha sido clave para poder seguir informando a los ciudadanos. ¿Usted ha participado en alguna de estas opciones para continuar con el oficio dentro de la isla? ¿Qué otras soluciones ha encontrado?
Entendemos que lo importante no es la primicia, no es la competencia, aunque hay medios que por supuesto te dicen: “Mira, dame esa noticia a mí”, pero lo importante es que todos están enfocados, con sus diferencias, en la realidad de que en Cuba hay una dictadura, hay violación de Derechos Humanos, hay presos políticos, hay millones de cubanos en la miseria sufriendo y el culpable es el régimen, los Castro que están en el poder, que no quieren abandonarlo a costa de la represión contra las voces que disienten, incluida la prensa independiente.
La realidad del periodismo independiente cubano que ejerce Acosta choca contra la Constitución y las leyes: ejercerlo sigue siendo ilegal y es criminalizado. Acosta Rodríguez explica que su trayectoria profesional se ha desarrollado en paralelo a la evolución del acceso a internet en Cuba, un elemento que considera clave para el crecimiento del periodismo independiente en la Isla.
Un artículo publicado el 30 de abril de 2026 por Diario de Cuba, basado en datos del informe anual de Reporteros Sin Fronteras, expone uno de los peores escenarios para la libertad de prensa en los últimos 25 años. El ranking, que evalúa a 180 países y territorios, sitúa a Cuba en el puesto 160, dentro de la categoría de “situación muy grave”, junto a Nicaragua y Venezuela, consolidándose entre los países con peores condiciones para el ejercicio periodístico en América.
¿Cómo evalúa la agudización de la censura en Cuba para los medios de comunicación?
Yo viví un momento trascendental en Cuba y fue, digamos, el principio de las redes sociales, del internet. Cuando estaba en la universidad había muy poco internet. Recuerdo que teníamos que ir a los medios para poder conectarnos a Facebook y descargar información. Ya trabajando en Canal Habana también estaba bastante restringido y, en 2018, más o menos, fue que empezó el tema de los parques Wifi (2017, 2018). Después, en 2019 aproximadamente, se expandió más y nos permitieron conectarnos desde nuestros teléfonos en nuestras casas por datos móviles. Eso representó un boom tremendo para el acceso a la información. Antes, apenas teníamos acceso a la información; incluso los periodistas pasábamos mucho trabajo para acceder a las fuentes, a otro tipo de información que no fuera la que saliera en los medios oficiales cubanos. Esa expansión del acceso a las redes sociales, al internet, representó un cambio también para el ejercicio del periodismo independiente, que venía desde mucho antes, pero el acceso al internet nos abrió más las puertas, las posibilidades para informar con mayor rigor, pero también con mayor inmediatez. Recuerdo el 27 de noviembre del año 2020, que transmití en vivo para las redes sociales desde las protestas de artistas en el ministerio de Cultura. El poder informar desde el lugar, en el mismo momento que estaba sucediendo la noticia, dio más rapidez a la información, y también a la gente para que se informara de lo que estaba sucediendo y demás.
Creación de expedientes y persecución
En una de las detenciones de Camila Acosta Rodríguez a manos de las autoridades del régimen cubano, dos oficiales de la Seguridad del Estado le ordenaron desnudarse tras conducirla a una habitación apartada dentro de la estación policial de Infanta y Manglar, en La Habana. La detención ocurrió sin orden judicial previa, luego de ser arrestada en el Parque Central. Aquel día permaneció retenida durante casi diez horas, según ella misma narró en un artículo publicado en Cubanet el 30 de diciembre de 2020. El Estado se ha dedicado a fabricarle un expediente.
“Nunca me habían multado ni por violar las leyes del tránsito”, dice, subrayando cómo su historial legal fue cambiando tras ejercer el periodismo independiente. Relató que comenzó a recibir multas y actas de advertencia por supuestos delitos sin fundamento, como “acaparamiento” o “violación de domicilio”, en medio de un patrón de intimidación. Según su testimonio, un oficial de la Seguridad del Estado le advirtió, incluso, que irían construyendo un expediente criminal en su contra, acumulando acusaciones progresivas —sin pruebas, sin testigos y sin lógica legal— con el objetivo de justificar una eventual prisión.
¿Ha sido amedrentada, perseguida o vulnerada en su seguridad personal a causa de su labor como periodista?
Sí, en mi caso fue la Seguridad del Estado contra mí casi desde el mismo momento que empecé a trabajar como periodista independiente: interrogatorios, me empezaron a expulsar de todas las viviendas que yo estaba rentando, amenazaban a los dueños, de un día para otro me dejaban en la calle. Arrestos arbitrarios domiciliarios, me secuestraban en la vía pública, me llevaban para las estaciones policiales. Amenazas, incluso a mi familia. El 11 de julio, por yo reportar las protestas del 11J, me detuvieron al día siguiente. Me tuvieron cuatro días detenida; la mitad de esos días mi familia no sabía dónde yo estaba, estaba desaparecida.
"Muchas veces las balas van dirigidas contra nosotros"
Según su testimonio, durante ese período enfrentó amenazas de procesamiento judicial por supuestos delitos como instigación a delinquir y desorden público. Aunque finalmente fue liberada, permaneció durante diez meses bajo espera de juicio, en un limbo legal marcado por la incertidumbre y la presión psicológica.
De ese tiempo, aproximadamente seis meses transcurrieron bajo una vigilancia policial constante frente a su vivienda. “Me tuvieron con la patrulla policial en la esquina de mi casa para evitar que yo fuera a la calle a informar”. Aunque esta medida no formaba parte de ninguna sanción judicial oficial, describe que fue aplicada de facto como mecanismo para restringir su libertad de movimiento y bloquear su trabajo periodístico. “Regularmente hacen eso, me impiden salir a la calle en momentos determinados en los que ellos quieren impedir que yo reporte cualquier contexto social”.
A la vigilancia física se sumaron otras formas de represión: campañas de difamación en redes sociales, ataques contra sus cuentas digitales, intentos de hackeo y descrédito desde medios oficiales. “Toda una serie de patrones represivos precisamente para eso: difamarnos, restarnos credibilidad y obligarnos a callar”, afirmó. A esto se añade una restricción migratoria, impuesta desde el año 2019, que le prohíbe salir del país.
¿En algún momento ha omitido o limitado alguna cobertura o dato por temor?
Yo generalmente suelo ser bastante osada; hasta ahora no me he autocensurado. Lo que sí, a veces, me limito en el uso de ciertas palabras que pudieran servir de justificación para que me lleven a prisión. Por ejemplo, trato de no convocar a nadie a ir a una protesta, ese tipo de cuestiones, porque eso lo pueden usar y decir “Bueno, Camila se salió del periodismo, está haciendo ahora activismo, convocando a la gente a las calles”. Pueden utilizarlo como instigación a delinquir o cualquier justificación que ellos quieran. Trato de centrarme únicamente en informar.
¿Cómo describiría ser periodista en Cuba en este momento?
Ser periodista independiente en Cuba, yo lo dije en el año 2020 en Martí Noticias, es lo más parecido a ser un corresponsal de guerra, pero en el caso de nosotros no estaríamos en medio de un conflicto como simples observadores, sino que muchas veces las balas van dirigidas contra nosotros; nosotros nos convertíamos en blancos de ataque, en este caso de la Seguridad del Estado. Es una profesión de alto riesgo porque, además de todos los patrones que hay en nuestra contra, nos pueden llevar a prisión e incluso podemos ser víctimas de un “accidente” y señalo accidente entre comillas. Es decir, que vayamos por la calle, nos choque un carro, nos deje ahí tirados, y puede ser la Seguridad del Estado; o que manden a alguien a darnos golpes y quede como si fuera un robo. A mi esposo, por ejemplo, lo han amenazado con eso también.
¿Cómo siente que la ciudadanía cubana percibe la labor del periodismo?
Yo creo que es bastante amplia. Recuerdo que en momentos determinados, cuando me sacaban en la televisión nacional, lograban el efecto contrario; es decir, la gente me reconocía en la calle, pero cuando lo hacía no me cuestionaba, no me decía que yo era una mercenaria, ni una contrarrevolucionaria, ni mucho menos; todo lo contrario. Cada vez que han hecho eso, que me han expuesto, lo que me ha ayudado es a darme más visibilidad. Entonces la gente lo que hace es que me para en la calle y me agradece por el trabajo que hago, me dice que soy valiente. Otras veces, la gente que sigue mi trabajo en las redes sociales me para, me saludan, me agradecen por mi trabajo. Esa es la experiencia que yo he tenido.
Como parte de una larga sucesión de amenazas al régimen cubano, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró el 1 de mayo que tomará el control de Cuba de manera inminente. Precisó que, una vez terminada su labor en Irán, el portaaviones USS Abraham Lincoln, se parará cerca de la costa de Cuba. La posibilidad de una transición política ha estado en el ambiente.
Acosta habla del papel de los medios:
Regresar al inicio“En el caso de una transición, por supuesto, la prensa va a jugar un rol fundamental. Y me refiero no a la prensa oficialista; esa va siempre, hasta que no haya una transformación radical, a estar respondiendo al aparato represivo, al Partido Comunista. El nivel de democracia y libertad de un país se mide por el nivel de libertad que tengan los medios de prensa y los periodistas”.