Cirilo Villaverde y sus “ejercicios” narrativos para llegar a Cecilia Valdés

Cirilo Villaverde.
Cirilo Villaverde.
Cirilo Villaverde (1812 -1894).

En las narraciones imaginativas sobre otros tiempos y espacios, el narrador nunca obtuvo éxito, su verdadero talento se expresó en la descripción de las costumbres de la Cuba de su época.

Cirilo Villaverde nació en una plantación de caña cerca de Pinar del Rio en el año 1812, y murió en Nueva York en 1894. Según A. M. Eligio de la Puente en su introducción a Dos amores, no pudo haber nacido en sitio más adecuado para la recopilación de datos para libros de ambiente cubano. Villaverde vivió en la plantación hasta los seis o siete años. Allí pudo observar el trato cruel que recibían los esclavos, y según nos dice él mismo, aprovechó este conocimiento en las descripciones de escenas de crueldad en Cecilia Valdés. (1)

Villaverde se graduó de Derecho en el año de 1834. Inmediatamente comenzó a ejercer su profesión; pero se desanimó pronto y termino abandonándola para siempre. Pasó al magisterio y enseño en varias de las bien reputadas academias de La Habana y Matanzas. Escribió un texto sobre geografía de Cuba y otro libro titulado Los cuentos y las conversaciones.

Alrededor del año 1834 comenzó a frecuentar las tertulias literarias de Domingo del Monte. (2) Allí conoció las figuras sobresalientes del mundo literario cubano en aquella época. Tres años más tarde, en el año 1837, comenzó su carrera literaria. Exceptuada la revisión de su gran obra maestra, Cecilia Valdés, casi todas sus obras novelescas fueron escritas en el curso de los siguientes diez años.

La primera obra de ficción de Villaverde apareció en Miscelánea de útil y agradable recreo, volumen I, agosto, 1837. Es una leyenda romántica titulada El ave muerta. También en este primer volumen aparece La peña blanca. En el volumen II, septiembre, 1837, aparecen dos de sus novelas cortas, El perjurio y La cueva de Taganana. En ninguna de estas historias promete mucho el futuro autor de Cecilia Valdés.

El espetón de oro y Engañar con la verdad aparecieron el siguiente año, 1838, en El álbum. El espetón de oro es una obra mejor que las primeras de Villaverde. Remos indica que el estilo y el desarrollo de caracteres denotan mejoría en esta obra. (3) La historia es romántica en todos sentidos. El autor, sin embargo, demuestra mayor interés en las costumbres de la época, y, a excepción de lo inverosímil del final y del desarrollo pobre del héroe, la historia es buena. Uno de los más fascinantes cuentos de Villaverde es “Lola y su periquito”, que apareció en Obsequio a las damas, en 1839. Otro cuento de ese mismo año es “Teresa”. “Una cruz negra” fue publicada en este mismo año, en los volúmenes 2 y 3 de La cartera cubana.

La primera versión de Cecilia Valdés apareció en el año 1839, en las páginas de La siempreviva. Fue publicada en dos partes o capítulos. El primero apareció en el volumen 2 de La siempreviva, pp. 75-87, y el segundo en las pp. 242-254. No es un bosquejo o croquis, como muchos han creído, de esta gran novela, sino el principio de la historia. En el mismo año, esta primera parte de la gran obra fue publicada en forma de libro. Las 246 páginas de que consta esta obra son pequeñas y la letra es grande. La versión de La siempreviva llega hasta la página 51 de la edición en forma de libro. Varios párrafos fueron omitidos y en general tiene algunas correcciones. Cuando la novela apareció completa, en el año 1882, el primer volumen, publicado con anterioridad a esta fecha, había sido grandemente alterado. (4)

Desde el año 1842 en adelante la mayor parte de los cuentos y novelas cortas de Villaverde aparecen publicados en serie, en las páginas de El farol industrial. En 1842 publicó en ese periódico El ciego y su perro, Declaración de un marinero náufrago y Generosidad fraternal. Todos estos cuentos son pobres, y de muy poco valor literario. Al siguiente año pertenece La peineta calada. En los años 1844, 1845 y 1846 aparecen La tejedora de sombreros de Yarei, Comunidad de nombres y apellidos y El misionero de Caroni. Ninguna de estas obras tiene sobresalientes méritos literarios.

En el año 1848 se vio envuelto en una conspiración junto con el famoso Narciso López; fue capturado por las autoridades españolas y sentenciado a muerte. Afortunadamente, pudo escapar y el siguiente año se refugió en Nueva York. En esta ciudad fue secretario de Narciso López, hasta la muerte de este último; fue editor y colaborador de numerosas revistas, dio clases privadas de español, fue maestro de escuela, y finalmente se dedicó, sobre todo, a ganarse la vida en un país extraño y a luchar por la causa de la independencia cubana.

Como hemos visto, con exactitud, la primera novela Villaverde fue Cecilia Valdés, publicada en 1839. El primer volumen fue lo mejor que escribió Villaverde, hasta que apareció la edición final y definitiva, en el año 1882. Se destaca esta obra única y significante entre la pobreza y la prisa con que fueron escritas sus novelas y cuentos. Parece como si el autor hubiese encontrado en este tipo de novela su propio medio de expresión. Elementos históricos y costumbristas prevalecen en esta obra. En ella todo es realidad, todo es verdad y cuidadoso artificio. El autor trataba de darnos obras imaginativas de otros tiempos, pero siempre obtuvo un mezquino éxito. Su talento no estaba inclinado en esa dirección, ciertamente. Puede decirse que es en sus descripciones de costumbres donde Villaverde nos da un verdadero sentido de la realidad, y es precisamente por esto que nos demuestra ser un gran novelista, un gran cuentista.

La Cecilia Valdés de 1839, sin embargo, no puede compararse con la obra maestra final del año 1882. En los años transcurridos entre estas dos fechas, Villaverde llegó a su plena madurez como novelista del escenario cubano. Manuel de la Cruz expresa esta idea muy bien, cuando nos dice, "Las novelas de Villaverde, anteriores y posteriores al primer ensayo de Cecilia Valdés, aunque llenas de colorido local, son como ejercicios en que desarrolla sus facultades." (5)

José F. Castellanos mantiene la grandeza de la primera parte de Cecilia Valdés, edición del año 1839, pero admite que la novela completa de 1882 es superior: "Esa división temporal no resta calidades a dichas obras en lo conocido desde el primer momento: los doce capítulos de Cecilia Valdés, como la primera parte de la obra maestra de la lengua española y la del gran poema argentino (Martin Fierro), llevan ya, a manera de impronta, el genio del autor. Allí quedó también, con el estilo, el canevá en que habría de bordarse el tema en su totalidad; en fin, esa primera parte permite apreciar, de modo inconfundible, cómo resultaría la obra terminada. Desde luego, la evolución interna del escritor, su madurez y refinamiento con el avance de los años, se manifiestan al final en un arte más depurado; es el proceso de una mejor reflexión, que anula lo intuitivo. Lo bueno siempre resultará superado por lo mejor." (6)

Cecilia Valdés, con estudio crítico de Raymundo Lazo, disponible en Amazon.
Cecilia Valdés, con estudio crítico de Raimundo Lazo.

La división de las obras de Villaverde en novelas y cuentos es arbitraria. Cecilia Valdés, en su forma final, es realmente la única novela larga compuesta por el autor. La edición de 1882 tiene alrededor de 400 largas páginas impresas en tipo pequeño de letra. Además de Cecilia Valdés, se han clasificado como novelas las siguientes: La joven de la flecha de oro, El guajiro, Dos amores, El penitente, La tejedora de sombreros de Yarei, La peineta calada. (7)

Como ya he mencionado, la primera parte de Cecilia Valdés apareció en el año 1839. Fue dos años más tarde cuando el autor escribió otra novela, La joven de la flecha de oro. Esta obra es muy inferior a Cecilia Valdés. (8) La mejor de las obras menores de Villaverde, Dos amores, fue escrita en 1842; en ella encontramos más cuidado y atención en los detalles, que en la mayor parte de las novelas del autor. En su introducción a Dos amores, Eligio de la Puente señala algunos de los defectos de la obra, a pesar de lo cual la llama la mejor obra menor de Villaverde, ensalzándola en general. "Toda la compilación de la novela, en que juegan pasiones vigorosas como el amor de Weber, la ambición de don Camilo y la desgracia que abruma a Celeste; toda su trama, en fin, se desenlaza en las breves páginas del último capitulo, acumulando demasiados sucesos que debieron desarrollarse más ampliamente para preparar al lector a recibir los efectos de la pasión de Teodoro, resorte esencial de ese desenlace, que había sido dejada muy en segundo plano en todo el cuerpo de la narración, y que de repente se revela como eje y centro de su acción. Acertadamente tachó un crítico distinguido a este personaje de algo artificioso y teatral, porque en efecto, su intervención, providencial siempre en las situaciones más importantes de la obra, es algo que le resta valor." (9)

La última de las novelas de Villaverde, anterior a la edición final de Cecilia Valdés (1882) es El penitente, 1844. Una de las mejores obras del autor. La escena está situada en La Habana a mediados del siglo XVIII; es una novela histórica y por lo tanto está mejor concebida que aquellas obras muy imaginarias de su primera época, pues como novelista de costumbres o como novelista histórico, Villaverde se destaca mejor. (10)

Las obras menores de Cirilo Villaverde muestran a grandes intervalos la chispa del genio creador, así como de aquel que había de escribir la gran novela Cecilia Valdés.

Las primeras obras de Villaverde son significativas, casi podemos decir, en cuanto se alejan del romanticismo y tienden hacia el realismo. Por el contrario, muy frecuentemente sus cuentos son pobres imitaciones de los muy improbables y superimaginativos modelos en boga en aquel tiempo. (11)

 

Notas:

1. Cirilo Villaverde: Dos amores. Colección de Libros Cubanos, vol. 14, Cultural, p. VIII, Habana, 1930, con introducción de Eligio de la Puente. Disponible en Florida International University, Green Library, Modesto A. Maidique Campus, Miami, FL.

2. Salvador Salazar y Roig: Historia de la literatura cubana, La Habana, 1929, p. 179. Disponible en la Biblioteca de la Universidad de la Florida, Gainesville, FL.

3. Juan J. Remos y Rubio: Historia de la literatura cubana, 1925, Vol. II. pp. 170-171. Disponible en Florida International University, Green Library, Modesto A. Maidique Campus, Miami, FL.

4. Op. cit., p. 20.

5. Manuel de la Cruz: Cromitos cubanos, Biblioteca Calleja, Madrid, 1926, p. 170. Disponible en Florida International University, Green Library, Modesto A. Maidique Campus, Miami, FL.

6. José F. Castellanos: “Del Monte y Villaverde en Cecilia Valdés”, Revista de La Habana, p. 315. Disponible en la Biblioteca de la Universidad de Yale.

7. Op. cit., p. XXVIII.

8. Ibid., p. XXIX.

9. Ibid., p. XXX.

10. Cirilo Villaverde: El penitente, novela histórica cubana. Nueva York, 1889, prólogo, p. VII. Disponible en la Universidad de Santo Tomás (St. Thomas University), Miami Gardens, FL.

11. Ibid.

Carlos Manuel Taracido

(Güines, La Habana, 1943). Profesor universitario, poeta y escritor cubano. Ha ejercido la docencia, enseñando Literatura y Lengua española en varias universidades de Filadelfia. Desde 1986 reside en Miami, donde fue profesor de Literatura y Lengua española hasta su jubilación en 2011. Tiene publicados, entre otros, Poemas de mi fantasía (1971), Esquema de prosodia española (1971), Antología de la poesía en Cuba: 1800-1959 (2016), Rimas del alma (2017), José Ángel Buesa: Sus mejores poesías (2018). Textos suyos aparecen en la revista Otro Lunes.

 

Comentarios:


Francisco Migu… (no verificado) | Jue, 30/07/2020 - 05:36

Realmente estoy sorprendido del desarrollo intelectual de aquel pequeño niño que conocí en la villa de gúines, siendo yo subjefe de la tropa scout "onicajinal", era muy travieso, siempre sonriente, inteligente.

Y los hechos lo demuestran. que orgullo haberte conocido en la infancia, entablar esa amistad que ha permanecido durante años, a pesar del distanciamiento geográfico.

Nunca olvido cuando llegué a miami, fuiste mi anfitrión uber,  pues en tu auto recorrimos todos los condados y pude apreciar la belleza de ese distrito y el aporte a su edificación y economía del exilio cubano.

Por eso siempre te he calificado como "little big man", eres un triunfador, porque los triunfadores hacen que las cosas pasen

 

 

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