Ultra neonazis
Ultras y neonazis en un estadio de fútbol, con sus símbolos.

¿Es razonable hoy en día la suspensión de un partido de fútbol, de los llamados "clásicos", entre alemanes e ingleses, porque en esa fecha se conmemora el nacimiento de Adolf Hitler?

El 20 de abril de 1994 se iba a celebrar en Hamburgo un partido de fútbol de los que incluso en alemán se llaman “clásicos”, neologismo tomado en préstamo al español por lo del “clásico” antonomásico, Real Madrid vs. Barça. El encuentro de 1994 sería entre Inglaterra y Alemania, campeón mundial en ejercicio desde 1990 y la final de Roma ganada a la Argentina, como revancha a la final de 1986 en México, perdida ante los gauchos. Pero teniendo en cuenta esa fecha, 20 de abril, el senador responsable de la policía de la ciudad hanseática propuso que el partido se celebrase otro día, pues en caso contrario no podía garantizar la seguridad pública ni evitar los disturbios.

La Federación Alemana de Fútbol, que es la más poderosa y rica del mundo, decidió entonces trasladar el clásico a Berlín, lo cual —puesto que la fecha seguía siendo el 20 de abril— era la peor de las posibilidades... pero no se le pueden pedir olmos al peral ni tampoco sensibilidad a los funcionarios deportivos. Y finalmente, como coronación de esta cadena de despropósitos, la Federación Inglesa de Fútbol terminó por cancelar su compromiso de jugar ese match: We are very, very sorry, but it is the 20th April... y ni siquiera tuvieron el suficiente sentido del humor para añadir una cita de T.S. Eliot: aquella famosa según la cuál “abril es el más cruel de los meses”.

Por si acaso ustedes no saben todavía de qué va el asunto, si este casus belli no ha llegado a sus oídos, sepan pues que un 20 de abril, hace 132 años, en la pequeña ciudad austríaca Braunau del Inn (que también fue cuna —en 1787— del compositor del villancico “Noche de paz”) nació un niño que fue inscrito en el Registro Civil con el nombre de Adolf Hitler y que no vino a traer la paz sino la guerra. Pues con el correr del tiempo se convertiría en pintor de brocha gorda y de unas tarjetas turísticas cursis pintadas a la acuarela, mensajero y cabo de la Wehrmacht durante la primera guerra mundial, agitador político, jefe de un partido, autor de un libro vomitivo más que nauseabundo, canciller del III Reich, dictador, genocida y suicida. ¡Ah, me olvidaba!: y un completo y cobarde fracasado.

[Dicho sea de paso, siempre he sostenido que el libro de marras lleva un título equivocado por mor de una sola letra: en vez de Mein Kampf, Mi lucha, debería haberse titulado Mein Krampf, Mi pataleta. Basta ver la filmación de cualquiera de sus discursos para cerciorarse dello, como decimos los clásicos. Y cerremos el inciso].

Como muy bien pueden ustedes suponer, el 20 de abril es un día en que los viejos nazis y los neonazis festejan a su manera, y su manera suele consistir en hacer honor a su reconocido vandalismo, provocando choques callejeros con la policía, con quienes no piensan como ellos (suponiendo gratuitamente que sí piensen, lo que está por demostrarse, ver el párrafo final) y con todo aquel que se les ponga por delante, especialmente si son extranjeros. ¿Explica esto ahora, ya, el temor a lo que podía pasar si el clásico Alemania vs. Inglaterra se celebrase ese 20.4.1994, en Alemania, y para peor en Berlín? Dichosos quienes se lo expliquen, porque hay varias cosas inexplicables.

Primera: el senador hamburgués propuso que el partido se celebrase en otra fecha. ¿Por qué la Federación Alemana no aceptó esa propuesta y en cambio se empecinó en el 20 de abril, con el resultado de que, tras la negativa inglesa, enviaron al seleccionado alemán, campeón del mundo, a predicar fútbol en el desierto de Abu Dhabi, el 27 de abril? No es por nada, pero entre Abu Dhabi y Hamburgo yo me quedaría en las orillas del Elba, y en cuanto a la posibilidad de presenciar un Abu Dhabi vs. Alemania en vez de un Alemania vs. Inglaterra, ¿qué hubiera dicho mi viejo y querido amigo Mario Benedetti, quien sabía de fútbol casi tanto como de literatura?

Segunda: Cuando la Federación Alemana se empecinó en que el partido se celebrase el 20 de abril, lo que descartaba a Hamburgo, varias otras ciudades se ofrecieron, pero la Federación eligió nada menos que Berlín y el Estadio Olímpico, inaugurado por el propio Hitler durante una ceremonia fascista que aún nos pone los pelos de punta a quienes la vemos en viejos filmes, de una tonalidad tan parda como las camisas de los nazis.

Tercera: ¿Por qué un Estado de Derecho, tanto en Inglaterra como en Alemania, se siente impotente frente a unos grupúsculos violentos a los que podrían controlar tan fácilmente, haciendo uso no de poderes especiales, sino tan sólo de la legislación vigente? Si quisieran, claro está.

Los argumentos en pro y en contra de la cancelación de aquel encuentro suenan todos harto razonables, sí, demasiado razonables. Franz Beckenbauer, leyenda viva del fútbol alemán, comentó que la no celebración del mismo le parecía eso, razonable, que él mismo había dicho ya alguna vez que no hay un solo partido de fútbol que merezca tanto la pena como para provocar disturbios y heridos. En eso tenía razón don Paco Beckenbauer, qué duda cabe, pero si el Estado de Derecho no arriesga su piel para que el Derecho esté por encima de la barbarie, entonces sería mejor ir sacando pasaje en un vuelo espacial cuando comience la emigración a otros planetas que sean menos... razonables.

Hay una foto del 19 de mayo de 1938, en ese Estadio Olímpico de Berlín, en que se ve al equipo inglés alineado frente a la tribuna principal antes de empezar un partido contra Alemania (que ganaron por 6 a 3, eran otros tiempos). La foto recoge el momento de la interpretación de los himnos nacionales y los once jugadores ingleses tienen alzado el brazo derecho, haciendo el más puro saludo fascista. Es vergonzoso, pero al mismo tiempo muy elocuente, porque queda claro que los jugadores han recibido órdenes de su Federación en el sentido de que hagan ese saludo, so pena de represalias. El deporte, según siempre se les llena la boca a los funcionarios de sus organizaciones, no tiene nada que ver con la política. Sí, y Elvis Presley sigue vivo.

[El lector interesado puede seguir un reportaje de ese encuentro y fijarse especialmente en lo que verá a partir de los 15” en este video: 

Por aquellos días seguí de cerca el debate sobre la suspensión del encuentro, y de repente se me ocurrió que el asunto iba a traer cola, como en efecto sucedió. El encuentro Alemania vs. País de Gales, de las eliminatorias para la Eurocopa de 1996, previsto para celebrarse en Berlín el 26 de abril de 1995, tampoco se celebraría en Berlín, ese día era el cumpleaños de Rudolf Hess, el tétrico lugarteniente de Hitler, ¡Caramba! (o algo por el estilo), me dije al enterarme, e ipso facto eché mano a mi Enciclopedia Meyer, pues todavía no había trabado amistad con mi dilecta Miss Hortensia Google.

Así pude enterarme de que el 12 de enero era el aniversario de Hermann Göring; el 23 de mayo el cumpleaños de Heinrich Himmler; el 29 de octubre el cumpleaños de Joseph Goebbels... De seguir las cosas así, me dije, el campeón del mundo sólo va a poder jugar el 20 de julio, cuando se conmemora el atentado contra Hitler por el grupo del conde Von Stauffenberg, y otro día de abril, el 28, fecha del cumpleaños de Oskar Schindler, ya saben, el de la famosa lista.

Pero con independencia de todos estos pormenores de la intrahistoria, como la llamaba don Miguel de Unamuno, hojeando velozmente las páginas de los distintos tomos de la Enciclopedia en busca de las fechas antedichas, se me ocurrió una reflexión que me persigue desde entonces y de la que nunca he hecho mención sino en un trino que publiqué en la cuenta de Twitter de un buen amigo. Era cuando esos trinos sólo podían incluir 140 caracteres, de manera que aquí la expongo sin ese  corsé:

¿Hasta qué punto llega la estupidez humana, un punto muy cercano a la ceguera, como para llegar a creer, viendo los retratos de Hitler, Göring, Himmler, Goebbels, Eichmann, Rosenberg, Frank & Co., que semejante aquelarre salido del pincel más negro de Goya fuesen arios puros? El único de todos los jerarcas nazis que respondía al patrón de la pureza aria fue Reinhard Heydrich, justamente alguien que toda su vida cargó con el sambenito de tener en su árbol genealógico unas cuantas ramas judías.

 

Ricardo Bada
Ricardo Bada

(*Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, Huelva 1994), Amos y perros (cuento, Huelva 1997), Me queda la palabra (conferencias, Huelva 1998), Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, Madrid 2000), Limeri de Bueno Saire (poesía nonsense, Río de Janeiro 2011), La bufanda de Cambridge (cuentos, Bogotá 2018) y El canto XXV (novela corta, Copenhague 2019). Su ópera breve La serenata de Altisidora (partitura de David Graham) se estrenó en  el Festival de Camagüey del año 2000.

Editor en Alemania, junto con Felipe Boso, de una antología de literatura española contemporánea, Ein Schiff aus Wasser [Un barco de agua] (Colonia 1981), y en solitario, de la obra periodística de Gabriel García Márquez y los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, Madrid 1991), y en Bolivia de la única antología integral en español de Heinrich Böll (Don Enrique, La Paz, 1995). 

Ha sido y en varios casos sigue siendo colaborador regular del Centro Virtual Cervantes, Revista de Libros, Revista de Occidente, Vasos Comunicantes, Pérgola, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), Nexos, La Jornada Semanal y SoHo (México), El Espectador, El Malpensante y SoHo (Colombia), El País (Uruguay), Etiqueta Negra (Perú), Aurora Boreal (Dinamarca), Amsterdam Sur (Ámsterdam), La Nación y SoHo (Costa Rica) y La Opinión (Los Ángeles/California). Mantiene, además, desde noviembre 2009 la publicación semanal de su Diario en un blog del espacio MientrasTanto de la revista Fronterad (Madrid): https://www.fronterad.com/

Republicano y agnóstico, convicto y confeso, fue nombrado paradójicamente caballero de la Orden de Isabel la Católica, y padece –no menos paradójicamente– una curiosa  dolencia llamada sacralización. Tan luego él...

Comentarios:


Anónimo (no verificado) | Mié, 07/04/2021 - 17:40

Bueno los HP se reparten por todos los días de año por igual. Son tantos que ahorita no podemos celebrar nada. Que lo digan los cubanos nacidos el 13 de agosto.

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