Afibola: Deconstruir la fábrica del miedo (+ video)

Afibola. Deconstruir la fábrica del miedo

Es de noche. La calle está plagada de ojos suspicaces. Se lee poesía, se canta y se clama en un nuevo festival alternativo “Poesía Sin Fin”, en un rincón de La Habana Vieja. Todos no cabemos dentro de la casa. El público se reúne delante de una puerta y una ventana para oír versos. De repente, cuando le toca a ella, todo adquiere otra densidad. No recita. Dice sus textos de memoria con todos sus sentidos. Poesía joven, negra, mujer. Poesía sangrada, sudada, real. Y algunos que no la conocíamos regresamos desde la calle, corriendo, para verle la cara, tomarle el pulso, saber quién se expresa así.

Comunica de una forma vital como una marcha feminista de una sola mujer que contiene multitudes, en un país que —dicen— es de poetas, donde las marchas y el feminismo no pueden salir espontáneamente a la calle y deben conformarse con ocupar las entrelíneas de la poesía. Gracias a este tipo de “artivismo”, muchas voluntades siguen actuando en Cuba, a pesar de la censura. 

“Mi nombre es Afibola Sifunola Umoja, nombre yoruba. Soy artista de la palabra, hago poesía performática hace alrededor ya de 10 años. Mi poesía básicamente trata sobre los temas de la juventud afrodescendiente, en algunos poemas trato básicamente sobre eso, luego se amplió, porque ahora trato sobre la juventud afrodescendiente, lesbiana, queer, o sea, todo el mundo LGTBI cubano, en fin, todo el que se vaya incluyendo, con los años, en este Movimiento que, no diría yo que en Cuba es un Movimiento… en esta familia”.

Afibola, “artivista feminista”, se reconoce parte de un clan singular, creado por la fuerza de la conciencia en la Cuba contemporánea como un rescate de matrices africanas metódicamente amputadas a través de siglos de opresión, ella integra una ola generacional que disiente de un futuro heroico, machista o heteronormado. En torno a ella, cuando habla, giran las caras expresivas de muchas otras mujeres a las que llama “las mías”. Menciona a la gran poeta, Georgina Herrera: “Es una de mis preferidas, y es una poeta que es para mí súper feminista, para mí es un ejemplo muy fuerte”. 

A su lado, por eso, sentimos la presencia de otras guerreras de la palabra actuales, enaltecedoras de la vida, como Luz de Cuba, África Reina, Magia (Obsesión) y, por supuesto, Las Krudas. Gracias a ellas, entre otras, el “feminismo negro” es una de las vertientes más dinámicas de la ideología feminista en la isla, pues sobrepasa el ámbito académico y conecta con los problemas objetivos de la gente, como en esta ocasión, a través de la poesía performática y la música.

Lamentablemente, el mundo del hip-hop cubano, donde se insertan “spoken word” como Afibola, y que tuvo décadas de intensa actividad en los años noventa y principios del siglo XXI, sufre éxodo continuo. Muchas de sus principales voces han emigrado. Se trata del mismo éxodo de supervivencia que impacta a la sociedad cubana y por el que atraviesan otras formas de expresión alternativas. No obstante, entre quienes parten y quienes quedan, hay comunicación constante, surgen espacios de reencuentros, discursos que permanecen, dotados de un fuerte impulso de crítica social, antirracista, anti-colonial y anti-sexista. 

Por ahora, en medio de esta escena que el teórico Roberto Zurbano ha llamado “cimarronaje cultural”, la podemos seguir oyendo a ella, Afibola, con algunos textos escritos en el aire de La Habana, como el que dice: “Paren. No victimizar más nuestra posición oscura sexual terrenal artística amiga sincera cualquiera ¿Puta? Sí, que respeta la vida. ¿Exigir? Exigir deconstruir la fábrica del miedo con nuestras piernas, nuestras alas, nuestras vaginas. ¿Te gusta?”

Termina de regalar un segundo poema y recoge aplausos. La verdad y la gracia han tenido su momento. Entonces, curiosamente, dos hombres blancos se le acercan para pedirle una entrevista. Asiente sonriendo. Parece acostumbrada a despertar admiración por su modo de poetizar, aunque no lo achaca a méritos propios, ni siquiera al género de sus ideas, sino a la contundente presencia de la sangre popular en su poesía, ese duro latir de la gente que no aflora en los medios oficiales. Y acepta concedernos una mínima entrevista.

“Yo creo que el discurso feminista llega, a veces ni siquiera porque es feminista, sino porque mucha gente se siente identificada con lo que tú estás diciendo, se consideren feministas o no, o sea, piensan ‘lo que ella está diciendo es algo real, algo que me pasa a mí, que le pasa a mi vecina, que yo he vivido en la vida cotidiana’. Entonces, por eso, creo que la gente se puede identificar fácil con lo que uno dice, porque puede ser una historia tuya, personal, pero en la que se ven reflejadas otras personas”.

Francis Sánchez. Foto en revista Árbol Invertido

(Ceballos, Ciego de Ávila, Cuba, 1970). Lic. Estudios Socioculturales. Máster en Cultura Latinoamericana. Perteneció a la UNEAC desde 1996 hasta su renuncia el 24 de enero de 2011. Fundador de la Unión Católica de Prensa de Cuba en 1996. Ha sido redactor fundador de la revista católica Imago (1996-2001) y Jefe de Redacción de la revista cultural Videncia. Dirige la revista independiente Árbol Invertido. Autor, entre otros, de los libros Revelaciones atado al mástil (1996), El ángel discierne ante la futura estatua de David (2000), Música de trasfondo (2001), Luces de la ausencia mía (Premio “Miguel de Cervantes de Armilla”, España, 2001), Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (Premio de Ensayo “Juan Marinello”, 2001), Reserva federal (cuentos, 2002), Cadena perfecta (cuentos, premio “Cirilo Villaverde”, 2004), Extraño niño que dormía sobre un lobo (poesía, 2006), Caja negra (poesía, 2006), Epitafios de nadie (poesía, 2008), Dualidad de la penumbra (ensayo, 2009) y Liturgia de lo real (ensayo, premio “Fernandina de Jagua”, 2011).

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