Su casa convertida en una trampa. una anécdota que parece ficción

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Revista Árbol Invertido

La casa donde vivían Edael López y DayannisBuchillón, con su niña, Rosaliz (de dos años y medio), quedaba a pocos metros del mar, en el barrio conocido como La Pesquera, perteneciente al poblado de Punta Alegre, en el centro de la isla de Cuba. Pero,parecíauna casa resistente, pues era de mampostería.Tal vez por ello, y por inexperiencia, decidieron esperar el paso de Irma dentro del hogar, aunque ya sabían que este huracán era mucho más peligroso que el Kate (1985) que había asolado su pueblo hacía más de 30 años, perturbación de que no podían tener recuerdos debido a la juventud de ambos. Cometían un grave error.

Empezaron a sentir a altas horas de la noche cómo las ráfagas de viento aumentaban y el sordo sonido del mar subía de tono. Todo estaba muy oscuro. Los atemorizó el fuerte estrépito de las planchas y tejas de los techos que volaban. La madre lloraba en silencio, abrazada a su hija. El viento arreciaba junto con la lluvia y el oleaje del mar. De pronto, sintieron el violento golpetazo de las olas arrancando de cuajola puerta de la sala, y el mar penetró, arrastrándolos contra el fondo del cuarto. Antes de que se dieran cuenta, ya el agua les daba al cuello. Edael cargaba a la hija y, con ella en brazos, además de ayudar a su esposa, apenas podía maniobrar.

La violencia con que entraban las olas no los dejaba caminarhacia la puerta de enfrente, todas las ventanas estaban tapiadas y les era imposible encontrar una salida salvadora. “¡Nos ahogamos!¡Dios mío, nos ahogamos!”, gritaban, aterrados.

El nivel del agua seguía subiendo. Su desesperación era inmensa. Pedían socorro sin mucha esperanza, bajo la negrura de la madrugada y el bullicio de la tormenta que se tragaba sus gritos. Difícilmente alguien podría oírlos.

Entonces, notaron que una ventana era golpeada desde el otro lado. ¿Sería la acción del viento? ¿Qué podía ser?

Un vecino del pueblo había regresado previendo que alguien, alguna familia necesitase su ayuda. Y, a los pedidos de auxilio, reaccionó, a riesgo de su propia vida, buscando una barra de hierro para hacer un boquete. Con grandes esfuerzos, logró destrozar una de las ventanas de aquella trampa mortal en que se había convertido la casa de mampostería.

Y, por el hueco abierto, salieron, primero la niña, y luego su madre y su padre. Milagrosamente habían salvado sus vidas.

 

Nota de la Redacción: Esta historia terminaba aquí, y quizás era suficiente. Punta Alegre es un pueblo casi “remoto” en muchos sentidos, incomunicado en los últimos días. Pero no creímos oportuno publicarla sin poder brindar el nombre del rescatista, siendo este un dato o crédito importante que vale la pena destacar. Por nuestras averiguaciones, hemos sabido que se trata de un joven, llamado Rafael Rojas Mayea, residente en el mismo poblado, convertido esa noche en un héroe, a quien la niña Rosaliz López García algún día podrá darle personalmente las gracias.

Foto de casa destruida por huracán al lado del mar. Foto: Leosbel León, en revista Árbol Invertido

Restos en orillas del mar. Foto: revista Árbol Invertido

 

 

Foto: escritor Servando Carvajal, en revista Árbol Invertido

(Punta Alegre, Ciego de Ávila, Cuba, 1944). Pescador y escritor. Ha vivido prácticamente toda su vida en el poblado costero de Punta Alegre. Narrador, y recopilador de la historia, leyendas y tradiciones de Punta Alegre. Ha publicado el libro de cuentos Proa al sol (Ed. Ávila, Ciego de Ávila, 2001) y la investigación Salina vs. Yeso (Ed. Ávila, 2009), sobre las fiestas de parrandas de Punta Alegre.

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