Memorias del Niágara

Follaje reflejado en agua
Follaje reflejado en agua. Foto: Rafael Almanza
Imagen: Rafael Almanza

Aguascapitales y turbulentas

que no callan sus nervios al que presiente

su afinidad secreta de romperse

en cada instante en cada vuelta

sangrando el epitelio de las horas;

aguas que desmontaron sus brazos

para desmoronarse en la boca del enigma

y poseídas por una combustión clandestina

derraman sus profusos bienes

ante los puntuales ojos del testigo;

 

aguas resueltas y desolladas

que le dejan al público su último reclamo

su atávico ronquido de embestir los escollos

su difusa y remolcada efervescencia

de vertiente y esencial vocabulario;

aguas trémulas y precipitadas

que perdieron el juicio y la conciencia

y se inundaron de intranquilas torceduras

a fuerza de evadirse y de arrojarse

a la vetusta sed del precipicio;

 

aguas que fueron deportadas

y heredaron el divorcio y el grito

pero se prolongaron en la boda

y se enfurecieron y se desnudaron

antes de recibir el nupcial empujón;

aguas que no se salvarán del abandono

ni de la agitación ni del tajo

y a fuerza de impetuosas aventuras

se abren paso entre la sucesiva indolencia

de las piedras y los golpazos;

 

aguas que no se cicatrizan

por su tenaz inmigración entre las rocas

en donde dejan sus fulgurantes disputas

sus galopantes quejidos diluvianos

que se evaporan nerviosos en la intemperie absoluta;

aguas atávicas y rotas

que desconfían del tatuaje de las fotos

y se escapan de los andróginos retratos

donde la eternidad filtra su tinta

tan sólo para quedarse con nosotros;

 

aguas pasajeras y estentóreas

que le devuelven los aplausos al viajero

que se detiene a mirar el delictivo derrame

la demencia que resplandece y se desploma

en su desaforado y ágil caudal;

aguas gnómicas y letíficas

que se bebieron de un trago las palabras

cuyas goteras de peces lesionados

se atropellaron en la garganta del testigo

agazapado entre escombros de iluminación;

 

aguas indomables y elocuentes

que transforman la escritura del naufragio

en un ballet de anfibios glugluteos

por donde fluyen lívidos heliotropos

ahogados en el torneo de la fama;

aguas que prefirieron dar el salto duradero y nutricio

y echar las entrañas apasionadamente

en la ebriedad donde vagabundean los pájaros

que le arrancan al chorro ininterrumpido y ufano

los coágulos indefensos de gluglú.

(A Laura)

Rafael Bordao, revista cultural cubana independiente Árbol Invertido

(La Habana, 1951). Poeta, escritor y editor cubano-estadounidense, cuya obra ha recibido innumerables premios literarios dentro y fuera de los Estados Unidos, entre los que figuran el Premio Internacional de Poesía "Poeta en Nueva York" (1997) y el Premio Internacional "Fernán Esquío" (1998), que se otorga en Galicia, España. Ha publicado numerosos libros de poesía, entre los que están: Proyectura, Acrobacia del abandono("Premio Agustín Acosta", 1988), Escurriduras de la soledad, El libro de las interferencias, El lenguaje del ausente y Los descosidos labios del silencio, entre otros. Su poesía ha sido traducida parcialmente al inglés, francés, portugués y hebreo. Fundó y editó dos revistas literarias internacionales: La Nuez (1988-93) y Sinalefa (2002-2014) ambas editadas en Nueva York, lugar donde enseñó Cultura Hispánica y Español.

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