Digo lo que callo

Raíces de árbol talado
Raíces de árbol talado. Foto: Francis Sánchez
Imagen: Francis Sánchez

DE REGRESO POR EL MISMO CAMINO

El hombre

no consiente más que la presencia de una mujer

una chalupa y un par de remos

aunque naufrago se convierta en el mar

una mujer

tal vez desnuda     que atraviese la luz

ensordezca a la ciudad con sus gestos

y al final sea su cuerpo el cálido estanque de su angustia.

 

El hombre simula su desalentado paso

el grito     las lágrimas

la eterna vocación de chivo expiatorio

y tira del carrito

y da vueltas alrededor del parque

de una ciudad habitada por oscuras aves

una ciudad herida en su historia

en el centro de una patria repleta de mártires

decapitados por un ángel.

 

Las coordenadas de un odio impreciso

la complicidad del valor monetario

las contemplaciones

y el agárrate del mástil si puede

también se hicieron imprescindibles

y el hombre no tuvo a más

que dejarse caer de la cuerda como un loco incurable.

 

El hombre está solo

perdido sobre la faz de una tierra

que nadie reconoce

nadie.

 

INCIERTA QUIETUD DEL PRESENTE

La vida es una duda lanzada al camino

también puede ser el hastío

la mascarada de un pueblo

perdido en un mercado insalubre

dijo el padre.

 

La vida es mucho más

por ejemplo

fornicar a la intemperie

blasfemar sin más compañía que la soledad

que el misterio oligárquico

de cuantos te quieren imponer sus designios

dijo la madre.

 

Oh la vida

tamaña porquería

dijo el hijo.

 

El padre     la madre

y el hijo sobre un carrusel.

Todo gira alrededor de una mano poderosa

el cimiento de una oración tirada al fuego

el traspatio de una patria innombrable

y el padre     la madre

y el hijo sin más hallazgo que su propia mierda

lo viril de un discurso aprisionando la multitud.

 

El carrusel gira y junto a él

el padre     la madre

y el hijo rezan una oración indescifrable

se tiran a morir.

 

Desde abajo una multitud

rememora un pasado que nada lo diferencia del presente.

 

PEREGRINACIÓN POST-MORTEM

Las órdenes indicaron el final

el comerse la negrura de la noche

la venganza ilusoria del político carroñero

el detenerse en el lugar justo para morir.

Los nombres fueron quedándose atrás

nombres monstruosos     sin apellidos

sobre una cuna que nadie quiere mecer

nadie que escuche las ordenes

el eco del disparo sin otra voluntad

que matar     matar una extremidad poderosa

sin otro nombre que pueblo.

 

Las órdenes permanecen intactas

mientras

el pueblo sigue caminando sin reconocer sus nombres.

 

DISPOSICIONES ADJUNTAS

Alguien sin rostro intenta salir de la ciudad

no quiere que vean cómo se come las uñas

se le cae el pelo     se aventura

a bajarse los pantalones     sinceramente

a cagarse sobre los preceptos de una patria

que a todos asfixia     nada

deja hacer a los súbditos que la sostienen.

Muchos intentan salir

no ven el templo colmado de promesas

e intentan salir     romper los cerrojos

las sombras que destilan las puertas

los puertos tendidos desde las oficinas

una y otra vez     para no regresar.

Otros no intentan nada

                             sólo juntan sus espaldas

el cálido esplendor de un matutino maledicente.

 

Bendecidos los que intentan

a ellos pertenece la luz

el testimonio perpetuo de la eternidad.

 

UN DÍA SOBRE OTRO…

Otra ciudad y otro pueblo aparecen

simulando la antiquísima paz de sus antepasados.

Pocos entienden la simulación

el porqué de tanto silencio

tanta confusión mezclada con la escoria

con el desorden bélico de un loco frente al mar.

La ciudad simula hundirse

el pueblo sonríe     se ajusta

la camisa de fuerza y sonríe

incluso     sin importarle

la distancia del loco que prepara el lazo

el desconcierto de vivir entre devociones

y una hermandad sólo reconocida por los peces.

La simulación es la única verdad

la probable derrota al compás de un lazo que pende del cielo.

 

La ciudad simula un sueño eterno.

El pueblo yace en un sarcófago

sin orificios para otro amanecer.

 

(Poemas del libro inédito “Digo lo que callo”)

El escritor Luis Pérez de Castro en revista Árbol Invertido

(Pinar del Río, Cuba, 1966). Historiador, abogado, narrador y poeta. Ha publicado los libros de cuentos: Nostalgia del cíclope (Ed. Libre Idea, México 2004), Mientras arde en silencio mi voz (Ed. Capiro, 2006), Rapsodia del erudito (Ed. Capiro, 2007), Epístolas de un loco (Ed. Mecenas, 2007); y los poemarios: Confesiones del Abad (Ed. Matanzas, 2005), Testimonio del Pagano (Ed. Unicornio, 2007), Ultimo e-mail inédito de Faulkner (Ed. Matanzas, 2008) y Como un animal manso (Ed. Capiro, 2012).

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