Epigramas malditos: el filo de la palabra, el filo del país

Portada del libro Los epigramas malditos, de Carlos Esquivel

Intento probar que jamás vendí mi alma al diablo (y por diablo entiéndase, por favor, cualquier diablo) escribió Carlos Esquivel (Elia, 1968) a modo de aclaración en su más reciente entrega, Los epigramas malditos, edición ampliada y corregida por el autor que por fin ve la luz este año por el sello editorial Sanlope.

Pocas veces hubo tanta expectativa por un libro en Las Tunas, y pocas veces hubo tanto silencio alrededor de un volumen que se agotó a semanas de salir a la luz. La razón más convincente es el poder que encierran los textos, su profundidad y el cinismo. Dieciséis años después aparece el título más popular de Esquivel, una de las voces imprescindibles del panorama literario nacional. Tal vez la espera le permitió enriquecer de manera significativa varias zonas de la edición del 2001.

Los epigramas malditos se adentran con profundidad en los problemas más cercanos a la Cuba contemporánea, y eso lo sabe muy bien el poeta. Cada página tiene como base decenas de libros y vidas como pretextos para decir con naturalidad lo que en ocasiones se queda encerrado en las profundidades del ser.

 

Hay algo peor que estar dentro de la jaula:

construir la jaula. 

 “Parábolas de Shelley”

 

La poesía es un género que se mueve en desventaja ante la novela y el cuento. En la actualidad es común que los lectores prefieran entregar su tiempo a la narrativa, lo cual es comprensible si tenemos en cuenta la dinámica que se lleva aquí. Sin embargo, este libro posee los ingredientes para atrapar las más elevadas exigencias de lectores y críticos.  El poeta logró acertar, concibió una obra en la que prevalece el humor, la belleza, la ironía y la brevedad, fórmula ideal para que un libro se venda con rapidez. Por sus páginas desfilan personalidades, amigos, enemigos, a los que se hace referencia ya sea desde el protagonismo o la dedicatoria. Tal es el caso de este homenaje a Roberto Bolaño y a Nicanor Parra.

 

Los de la derecha.

Los del Centro.

Los que prefieren ser un cero a la Izquierda,

solo por estar a la izquierda.

 “Nocturno de Chile”

 

Estamos en presencia de una propuesta atractiva y, sin temor a equivocarme, única en la actualidad. No es común ver un título como este en los que la pluralidad de voces nos obligue a leer hasta el final, a degustar y luego a compartir con los demás. Carlos Esquivel conoce muy bien los secretos para asumir proyectos auténticos. Pero sabe, además, que cada proyecto encierra en sí mismo peligros en ocasiones invisibles cuando se concibe una obra sobre la base de la libertad. Para el autor de más de una veintena de poemarios, novelas y libros de cuentos, es más importante arrojar sobre el papel su universo que esconderse sobre el manto de la autocensura. Por eso Los epigramas malditos son perseguidos y “perseguidos”.

 

Los norteamericanos nos dejaron las epidemias,

y los rusos la forma de combatirlas.

Nunca supimos cuándo fue peor.

 “Los moderns poets contra la Perestroika”

 

Alberto Garrido, refiriéndose al libro que nos ocupa afirmó: “El libro es un ejercicio ejemplar de poesía y antipoesía, de cinismo lírico; texto irónico y en el mejor sentido de la palabra, popular, una rara avis de best seller poético”. Comparto con Garrido su criterio porque raras veces se manifiestan en una misma obra tantas maneras de atravesar los espesos bosques del lenguaje y se sale airoso. La esencia de los epigramas es estremecer, molestar, tocar la llaga y, en el peor de los casos, desaparecer. Por supuesto, siempre habrá detractores que tilden el libro de provocador o superficial. En cambio, siempre habrá quien celebre la precisión quirúrgica del poeta para mover su instrumental y cortar todo lo que deba ser cortado. No me sorprendería conocer que la espera agónica para que el título se reeditara sería la presencia de textos incómodos que el autor no quiso eliminar.

 

No me mandes a la manigua, madre,

que, a veces, morir por la patria

es morir.

“Hijo de Mariana”

 

Desde la aparición, en 1999, de Perros ladrándole a Dios, la obra de Carlos Esquivel posee la contundencia y la madurez para sobrevivir al llamado fatalismo geográfico de residir en Colombia, antigua Elia, territorio ubicado al sur de Las Tunas. Para nadie es un secreto que los mecanismos de promoción se central en pocas regiones cercanas a la capital del país. De modo que para que una voz rompa el cerco mediático del poder cultural debe contar con una capacidad de resistencia muy alta.

No hay que ser un experto para comprender que la literatura cubana más reciente está llena de hojarasca, residuos que penetran con facilidad la política promocional. Por eso no es noticia de que un libro como Los epigramas malditos pase sin penas ni gloria y, salvo alguna que otra mención, se quede sólo en la memoria de pocos lectores y amigos cercanos. Para el establishment resulta engorroso legitimar un discurso como el de Esquivel porque de hacerlo cruzarían su propio límite.

 

Qué falta nos hacen ahora los huevos

que lanzamos.

“Mariel. 1980”

 

Estructurado en tres partes, a la que el autor prefiere llamar Puertas, se evidencia el equilibrio que todo libro debe poseer. La mano se mueve, hace de los apuntes columnas de pensamientos en los que se hilvanan uno tras otro los epigramas. Textos que se contraponen cuando se juega con palabras, conceptos.

 

Casi es lo mismo, “el poeta cubano

                                     disertó en Madrid”,

que, “el poeta cubano desertó en Madrid.”

“Correcciones”

 

Es mejor que no conozcas el rostro del verdugo.

Puede ser cualquier rostro

el rostro del verdugo.

“Se lo advierto a mi hijo”

 

 

No hay mejor forma de conocer las preocupaciones, de asumir el rumbo a veces complejo de la vida, que a través de la poesía. Quien se sumerja en estas páginas llenas de luz y sombra comprenderá que no es necesario levantar grandes monumentos, grandes estatuas para ser recordados. Carlos Esquivel demuestra que se puede estremecer desde la fortaleza de la síntesis. Cuanto más breve, más contundente.

He disfrutado la nueva travesía ahora con más consistencia y un cúmulo mayor de lecturas. Puedo decir con total seguridad que valió la pena ser testigo de una propuesta difícil de olvidar.

La reedición de Los epigramas malditos refresca el catálogo de publicaciones de la editorial Sanlope, y ofrece la oportunidad de proyectarse con una obra de elevado valor estético de la mano de uno de los autores más interesantes de Cuba. Atravesar el umbral de este libro será para el lector una posibilidad casi única de disfrutar de una obra reflexiva, satírica y universal.

Poeta Frank Castell, revista cultural cubana independiente Árbol invertido

(Las Tunas, Cuba, 1976). Poeta, narrador y dramaturgo. Licenciado en Español y Literatura. Miembro de la UNEAC. Egresado del segundo curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, en el año 2000. Realiza la revista Quijotes de pensamiento cultural. Es director de programas de televisión en el telecentro Canal Azul, de Puerto Padre. Ha publicado los poemarios: El suave ruido de las sombras (Ed. Sanlope, 2000), Confesiones a la eternidad (Ed. Sanlope, 2002),  Corazón de Barco (Ed. Letras Cubanas, 2006), Final del Día (Ed. Sanlope, 2012) y Salmos Oscuros (Ed. Oriente, 2013).

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