En los zapatos de una periodista feminista. Diálogo con Aranzazú Ayala Martínez

Periodista Aranzazú en una manifestación
Periodista Aranzazú en una manifestación. Foto: Marlene Martinez
Imagen: Marlene Martínez

Aranzazú Ayala Martínez vive en la ciudad de Puebla y trabaja en Lado B (www.ladobe.com). La ciudad ha sido alcanzada en los últimos tiempos por la violencia que tradicionalmente ha reinado en ciudades como Júarez o México D.F. En el último año se ha registrado la cifra de más de sesenta feminicidios. Dentro de este ambiente convulso se publica un medio como Lado B, donde Aranzazú junto con otras mujeres hace un periodismo comprometido con la vida, con sueños y sufrimientos de sus congéneres. Hemos conversado acerca de su realidad y los retos que enfrenta una mujer periodista con conciencia de género.

¿Encuentras obstáculos en tu trabajo cuando optas por una visión feminista?

Cubrir temas del feminismo, en mi medio, me ha sido fácil hasta cierto punto, porque en Lado B somos todas mujeres y todas feministas, o nos vemos como feministas. Entonces de por sí siempre hemos estado volcadas sobre temas de feminicidio, mujeres desaparecidas, violencia de género, también problemas de derechos sexuales y reproductivos. Tenemos mucha cercanía con organizaciones de activistas, hay una por ejemplo que trabaja derechos sexuales y reproductivos, acceso a la salud para mujeres y comunidad gay. Digamos que somos uno de los medios que empezó a hablar de esto, y yo creo que ahí sí somos de los pocos, sino el que más toma con respeto tales contenidos. De repente hay un asesinato y se publica en alguna parte “La mató por infiel”, por ejemplo, incluso recuerdo un titular que decía “Por burra asesina  a su esposo”. Frases así aparecen en medios que se creen serios, no en simples pasquines de alarmas, sino de gentes que se consideran periodistas de investigación. Es nuestra eterna pelea. No obstante, se acaba leyendo esos medios, porque tienen un montón de visitas, poseen mucho dinero, y reciben contribución del gobierno, aunque digan que no.

En el contexto de esa prensa machista, ¿desde qué “otro lado” buscan la noticia?

Nosotras intentamos ver las cosas de un modo diferente. Hemos decidido que igual le vamos a dedicar a cada feminicidio una nota en primera página, pero antes vamos a buscar qué hay detrás, así tratamos de abordar la violencia de género desde todas las aristas posibles. Desde, por ejemplo, violencia sexual en la pareja, embarazo adolescente, mecanismos federales de protección a la mujer... Nos interesa que se visibilice este tema desde muchísimos aspectos, y no solo como denuncia, sino buscando las razones subyacentes, hablando con muchas personas. Es una realidad que siempre la tenemos muy presente, y por eso nos hemos capacitado en temas de género y nos empeñamos en superarnos, viendo cómo podemos hacer mejor el trabajo en equipo, para crear conciencia sobre la violencia de género.

Trabajando en la calle, como mujer periodista ¿sufres también discriminación?

Ser mujer periodista en México ha sido difícil. Tampoco digo que no puedo trabajar, sí puedo, pero nos ha pasado que estás en una entrevista con un funcionario y le preguntas algo y te empieza a decir “Estás muy bonita, ¿eres casada?”, ahí te dan ganas... Oye, que no me importa si crees que soy bonita, te estoy entrevistando porque es mi trabajo, así como el tuyo es darme las cifras, no coquetearme. Lo hacen como para minimizarte, que se te olvide que eres una profesional. No, qué va, tú no eres periodista, tú eres un objeto, sólo unas piernas que se pueden abrir. Resulta muy molesto, porque intentan cosificarte como mujer, y más si eres joven, entonces se hace más difícil. Alguna gente te habla, en plan de protegerte, de que debieras quedarte encerrada en tu casa. Bueno, hay mujeres que les gusta quedarse en sus casas y tampoco voy a criticarlas por eso, súper válido. Pero sí, ejercer una profesión como la de periodista, se vuelve muy complejo. Hay obstáculos por todas partes, y no son sólo los del gobierno. A veces vas al monte a entrevistar a los campesinos y también te andan viendo como un pedazo de carne, te sientes incómoda, porque ¿qué puedes hacer, cómo tienes que ir vestida? Hay protocolos que te dicen que si vas a una marcha no lleves ropas ajustadas, no lleves escote. Lo entiendo hasta cierto punto, pero ¿por qué no puedo vestirme como yo quiera para ir a trabajar? Ah, ¿porque entonces me pueden manosear? Es una doble batalla la de la mujer periodista, específicamente ahora en México, aunque creo que en toda Latinoamérica y el Caribe vivimos la misma situación, porque nuestras sociedades son machistas y nosotras mismas nos volvemos a veces muy machistas.

¿Crees que tu medio ayuda a modificar la sociedad patriarcal?

Pues un poquito sí. Me da gusto que personas que nunca hablaban de feminismo lo hablen. Tampoco esperamos que no existan ya machines, no tanto, aunque sería lo ideal —ríe—, pero, en serio, muchas gentes que ni siquiera tenían conciencia de esos problemas, ya la tienen, empiezan a hablar, o se empiezan a indignar, y vemos cómo cambian poquitas cosas.  De repente el Ayuntamiento de Puebla dio un taller de cómo comunicar con perspectiva de género. Les está interesando, al parecer como resultado de tanto venir nosotras ahí dale que dale con el asunto. Aunque muy tenues, sí que se perciben cambios, así que algo estaremos haciendo bien, aunque sin duda falta mucho todavía.

Por último, ¿qué recomiendas a las periodistas cubanas, y a los periodistas en sentido general?

Primero, que piensen en el otro. Que cuando vayas a escribir de una mujer que la golpearon o la violaron, pienses si fueras tú, tu hermana o tu prima... Seguramente no te gustaría que en el periódico saliera “La violaron por loca” o no sé qué. Por tanto, nunca hacer algo que lastime a esa persona. Puedes tener la súper historia, pero si lo que publicarás va a dañar a la persona, o la va a revictimizar, ¿qué importa más? ¿tu gran noticia o la integridad de alguien? La disyuntiva ética muchas veces se escapa, y más si no estamos acostumbrados a tales temas. En Cuba, si no se habla de estos problemas, pues no ha de existir la mejor conciencia de cómo abordarlos. Yo recomendaría que se pongan siempre en los zapatos de la persona afectada antes de realizar la entrevista y antes de publicar su trabajo.

 

Tomado de: Alas Tensas, revista feminista cubana, No. 1, octubre de 2016. Para leer otros artículos de esta revista, abrir o descargar Alas Tensas, entre a nuestra página de Descargas: http://arbolinvertido.com/content/descargas

Ileana Álvarez. Foto en revista Árbol Invertido

(Ciego de Ávila, Cuba, 1966). Graduada de Filología en la Universidad Central de Las Villas (1989). Máster en Cultura Latinoamericana. Directora editorial de la revista Videncia. Tiene publicados, entre otros, los títulos: Libro de lo inasible (1996), Oscura cicatriz (1999), El protoidioma en el horizonte nos existe (2000), Los ojos de Dios me están soñando (2001), Desprendimientos del alba (2001), Inscripciones sobre un viejo tapete deshilado (2001), Los inciertos umbrales (premio “Sed de Belleza”, 2004), Consagración de las trampas (premio “Eliseo Diego”, 2004), Trazado con cenizas (Antología personal. Ed. Unión, 2007), El tigre en las entrañas (Crítica, 2009), Escribir la noche (2011), Trama tenaz (2011) y Profanación de una intimidad (ensayo, 2012). Realizó Catedral sumergida, antología de poesía cubana escrita por mujeres (Ed. Letras Cubanas, 2014), donde por primera vez se publicó, en Cuba, un panorama tan amplio de autoras residentes dentro y fuera del país.

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