El hundimiento del Onondaga

Barco Onondaga
Barco Onondaga, hundido
Imagen: Archivos del autor

Corría el año 1942 y el mundo entero estaba inmerso en uno de sus grandes flagelos, la II Guerra Mundial. Nuestro país no escapaba a los azotes de esta terrible contienda, sobre todo en sus mares. Las costas cubanas eran punto de preferencia de los submarinos alemanes BOATS modelos IX-B y IX-C, modernas maquinarias bélicas de 76.8 metros de eslora y más de 1 000 toneladas de desplazamiento y 10 000 millas de autonomía a una velocidad de 12 nudos.

Los submarinos nazis en América fueron los causantes de más del 60% de los barcos hundidos. La estrategia hitleriana era cortar los suministros de la industria bélica norteamericana en los lugares cercanos a su territorio. Estados Unidos sufrió una de sus peores debacles militares al perder más de 5 000 efectivos por este concepto.

Cuba entra en la II Guerra Mundial el 9 de abril de 1941, declarándole la guerra al Japón tras su sorpresivo ataque a Pearl Harbor, y el 11 lo hace a Alemania e Italia. La contribución cubana en este conflicto bélico estuvo dada sobre todo en el mar, aunque también los aviadores de nuestro país se dedicaron a patrullar el Golfo de México, en el triángulo enmarcado entre Mérida, Miami y La Habana.

Los marinos cubanos vigilaron activamente las aguas del Caribe y el Golfo de México, custodiaron más de millón y medio de toneladas de mercancías que transportaran buques de diversas nacionalidades, en misiones que los obligaron a recorrer más de 300 000 millas.

El Onondaga

Tres pescadores residentes en Punta Alegre, poblado del norte de Ciego de Ávila, navegaban en una pequeña embarcación por las aguas aledañas a los cayos Guillermo y Coco, actualmente zona turística Jardines del Rey. German Pérez, Manuel “Lico” Córdova y Ángel Torres, recuerdan estos hechos.

Germán, cuenta: “Navegábamos en nuestra pequeña cachuchita cuando sentimos una fuerte explosión y al rato nos sobrevoló insistentemente un hidroavión King Fisher, de los que tenían su base en Cayo Francés, frente a Caibarién. Como el país estaba en guerra nos apresuramos a izar la bandera cubana”.

Según Manuel “Lico” Córdoba: “Veíamos al piloto del avión que apuntaba con su brazo a barlovento, y hacia allá nos dirigimos. Muy cerca de “Los Felipe”, un poco al nordeste, divisamos una balsa con 7 hombres a bordo, y en mar un número casi similar pedía auxilio, aferrados a tablones, algunos con sus chalecos salvavidas. La mayoría estaban heridos, manchados de petróleo y aterrados, sobre todo un panameño que era el único que hablaba español y nos servía de intérprete”.

Dice Ángel Torres: “Aquel hombre juraba que jamás subiría a un barco, porque era la segunda vez en menos de dos meses que hundían la embarcación que tripulaba. Había un “americanito” que lloraba sin consuelo porque un hermano suyo había quedado atrapado en la nevera del barco cuando la explosión. Los 20 sobrevivientes fueron trasladados al poblado de Punta Alegre, donde recibieron los primeros auxilios y se les trató con esmero.”

El barco torpedeado se nombraba “Onondaga”, pertenecía al consorcio estadounidense de la Ford Motor Compañía, y se encontraba cargado de manganeso, con 34 tripulantes a bordo.

A los pocos días del desastre, Nilo Carrillo, otro pescador puntalegrense, capturaría en aguas cercanas al lugar de los hechos un enorme alecrín en cuyo estomago se encontraba una mano con un anillo cifrado en uno de sus dedos. El hallazgo fue entregado a los dueños norteamericanos del central azucarero de esa localidad; luego se supo que la prenda pertenecía al segundo maquinista del buque y fue entregada a los familiares de la víctima.

En mayo de 1943 el caza submarino cubano CS-13, hundiría frente a la costa norte de Las Villas, muy cerca de Cayo Mégano, lugar donde irrumpen en la geografía cubana los Jardines del Rey, al submarino alemán U-173, comandado por Reinier Dienksen, quien había merecido la “La Cruz de Hierro” del alto mando alemán por haber hundido más de diez buques en los meses iniciales del conflicto. Con él perecerían los 173 tripulantes restantes. Los héroes cubanos de esta acción bélica fueron el alférez de fragata Mario Ramírez y el sonadista Norberto A. Collado, quien en 1953 sería el timonel del yate Granma.

Foto: escritor Servando Carvajal, en revista Árbol Invertido

(Punta Alegre, Ciego de Ávila, Cuba, 1944). Pescador y escritor. Ha vivido prácticamente toda su vida en el poblado costero de Punta Alegre. Narrador, y recopilador de la historia, leyendas y tradiciones de Punta Alegre. Ha publicado el libro de cuentos Proa al sol (Ed. Ávila, Ciego de Ávila, 2001) y la investigación Salina vs. Yeso (Ed. Ávila, 2009), sobre las fiestas de parrandas de Punta Alegre.

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