Por qué me expulsan de la Uneac

Auto convertido en tanque de guerra. Foto en revista Árbol Invertido
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Francis Sánchez

Publicado: 02/09/2017 - 16:03
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Hace unos días, en respuesta al comentario de un amigo en Facebook, casi automáticamente, escribí lo siguiente: “Si lo colectivo implica la renuncia total a la individualidad, lo colectivo se convierte en una aberración porque tan propio de la condición humana es su afán socializador como su afán de autodeterminación. Se trata de establecer consensos y conciliaciones que, nunca se establecerán, si algún estamento de poder cree que tiene ‘la razón absoluta’ y ‘la verdad absoluta’, y reprime o minimiza cualquier disensión o punto de vista diverso o divergente".

El párrafo entrecomillado me brotó como una ráfaga, y sólo cuando llegué a casa, unas horas después, medité acerca de lo escrito.

Por supuesto que, bien lejos de arrepentirme, consolidé en mi interior aquello que ya había hecho público, y entendí las razones verdaderas de por qué en los recientes cuatro años —con el cierre de mis contratos con Radio Granma—, comenzaron en esta provincia un proceso de "desinstitucionalización" de mi persona que ha tenido su clímax con mi separación de la UNEAC, el pasado 15 de diciembre, que me fuera notificada un mes y medio después, y en cuyo proceso el Ejecutivo Provincial de la UNEAC en Granma, presidido por Luis Carlos Frómeta Aguero, violara groseramente el propio Reglamento de la organización que me han aplicado, al ni siquiera avisarme que se proponían iniciar un expediente con mi separación —tal como establece el artículo 31 del mencionado Reglamento—, o darme "todas las facilidades posibles para mi defensa", como también se dicta.

¿Por qué realmente me separan de la UNEAC?

¿Acaso por violar el artículo 30, o sea, por traicionar la Patria, hacer contrarrevolución, violar la ética profesional u organizacional, cometer delitos graves, que son los elementos que establece el Reglamento de la organización? ¿Acaso por eso?

No, por nada de eso. Ellos, cuando se quedan a solas con su almohada, saben muy bien que no fue por nada de eso.

¿Acaso me separan por cuestionar públicamente las políticas culturales y sociales de la sociedad socialista y el uso indebido de los medios tecnológicos de la institución, como escribieron en la notificación?

Tampoco.

Luis Carlos Frómeta Aguero y el resto de los cobardes, unos, y oportunistas, otros, del ejecutivo provincial que hayan estado de acuerdo y propiciado el proceso de mi separación —no digo todos porque me consta que, por lo menos, con Delio G. Orozco González, vice-presidente provincial, no contaron en absoluto—, los que se prestaron para la farsa saben, saben muy bien, que emitir juicios críticos acerca de la implementación de las políticas culturales en Cuba, y hacerlo a través de los espacios de la institución, no sólo es un derecho sino un deber de cada miembro de la UNEAC.

Y saben que la única razón por la que me separan de la UNEAC es porque el Partido Provincial en Granma se los pidió, es más: se los exigió, a propósito de mis crónicas y comentarios alrededor de la muerte de Fidel Castro Ruz. Ellos no podían permitir que un miembro de la dócil e incondicional UNEAC —la misma que hizo mutis cuando fulminaron a Heberto Padilla, llevaron a Lezama Lima al ostracismo o "demonizaron" a los parametrados—, dijera públicamente que no pretendía ni pretende ser Fidel, o expusiera puntos en los que no estuvo —ni estoy— de acuerdo con el líder.

No me separan de la UNEAC por pensar, como podría interpretarse, sino por atreverme a decir honradamente lo que pienso en un contexto, una circunstancia, que los ideólogos consideran "inadecuada". En un final, yo no he dicho nada más radical que lo planteado, por ejemplo, por Alfredo Guevara en "Dialogar, dialogar" o en "Revolución es lucidez", pero Alfredo —en el "plan divino" de los ideólogos del Partido—, era un intocable, amigo del líder, y alguna vez censor; y el rol asignado a este paupérrimo "intelectualillo" de provincia sería el de la idolatría, el agradecimiento infinito y el llanto, como hicieron en público algunos de mis ex-compañeros de filas, aunque después en privado, bajo los humos de la Pinilla, te dijeran todo lo contrario.

Quienes en la provincia se prestaron cobardemente para la cacería, saben que siempre respeté los estatutos y el reglamento de la organización:

Respeté mucho más la organización que aquellos que permitieron la jubilación forzosa y a destiempo de Radio Granma de Georgina Mendoza Cedeño, a instancias del actual director de esa emisora, antes político ideológico del Partido Municipal, únicamente porque la artista se había enamorado de un manzanillero residente en Chicago.

Respeté mucho más la organización que los que permiten que artistas del catálogo de excelencia del Instituto de la Música, vayan a ser re-evaluados por culpa de la corrupción y el tráfico de influencias en el propio instituto, mientras se violan sistemáticamente las jerarquías culturales en la programación musical al menos en Manzanillo.

Respeté mucho más la organización que aquellos que convirtieron el patio de la sede provincial de la UNEAC en un bebedero de alcohol, una casita de las fiestas, en detrimento de la programación cultural.

Respeté mucho más la organización que aquellos que, elegidos para representar los intereses profesionales de los miembros, llevan más de dos años sin reunirse con estos, ni escuchar sus problemas y tratar de viabilizar su solución; y que sólo se reúnen cuando los convoca el Partido.

En fin, para no agobiar, volviendo al principio: Si lo colectivo implica la renuncia total a la individualidad, lo colectivo se convierte en una aberración porque tan propio de la condición humana es su afán socializador como su afán de autodeterminación, entonces puedo decir con la mayor tranquilidad del Universo:

“¡Vaya al carajo la UNEAC!”

Y no estaré con esto ni traicionando mi Patria, ni violando mis principios.

 

Giordan Rodríguez Milanés

Escritor y realizador audiovisual.

Expulsado de la UNEAC el 15 de diciembre del 2016.

Escritor y periodista Giordan Rodríguez. Foto en revista Árbol Invertido

(Manzanillo, Granma, Cuba, 1973). Narrador, guionista y director de Radio y Televisión desde 1991. Trabajó en Radio Bayamo y Radio Granma. Ganó el Premio en el concurso “Juan Francisco Sariol” en el género de cuento. Ha publicado varios cuentos y ensayos en revistas literarias como Ancora de Ediciones Orto y Ventana Sur de Ediciones Bayamo, y de igual modo obtuvo la Orden al mérito artístico de la Universidad Pedagógica de Granma. Autor de El Casi Libro del Inconforme, Retazos de la Censura (Ed. Orto, Manzanillo, 2011). 

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