A la muerte de Eloína

Calderos amontonados. Foto: de Humberto del Río
Imagen: Humberto del Río Rodríguez

No veas dos unidades
juntas por afinidad
sino una sola unidad
uniendo sus dos mitades

Jesús Orta Ruiz

 

La otra mitad del poeta
que atrás había quedado
la puede hallar a su lado
en la verdad más escueta.
Juntos en la misma meta
disfrutaron sus edades,
y si burdas realidades
quebraron los lazos ya
entre el estuvo y está
no veas dos unidades
 
Murió en La Habana Eloína
(la esposa de Naborí);
desde que él partió de allí
su cielo era una neblina.
No existió mejor Rufina
ni con más cubanidad,
que esta mujer de bondad,
pues no por oro se amaron
si no porque trasnocharon
"juntos por afinidad".
 
En la casa de estos dos
pronto se multiplicaron
los hijos que lo alegraron
bajo la égida de Dios.
Y juntos fueron en pos
de ensueño y felicidad
donde hubo estabilidad
de las más sublimes artes
y nunca fueron dos partes
sino una sola unidad.
 
Poéticamente hablando
tuvo el poeta el acierto
de ir a la altura del huerto
las dos mitades soldando.
Por eso aquel día cuando
se fue de estas soledades
ella no sufrió saudades
de náufragos ni de remos
y aquí de nuevo los vemos
uniendo sus dos mitades

(22 de Diciembre de 2015)

Poeta Francisco Henríquez, foto en revista Árbol Invertido.

Francisco Henríquez (Unión de Reyes, Matanzas, Cuba, 1928). Ha publicado, entre otros, los títulos: Voces íntimas (Miami, 1997), Meditaciones, adioses y otros poemas (Miami, 2005), Erotismo senil (Miami, 2010), Los güevos del Machu Picchu (Teatro malárico. Y otras presentaciones (Edición de Carta Lírica, Miami, 2010), Sonetos de la buena muerte y otros poemarios (2011). Es autor de la Antología de la décima cósmica de Matanzas y zonas aledañas (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001). Reside en Miami, Estados Unidos, donde edita la revista literaria Carta Lírica. En 2005 recibió el Premio Vasconcelos que otorga el Frente de Afirmación Hispanista por la obra de toda la vida.

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