En los ojos del águila

Antena con palomas posadas. Foto: Francis Sánchez
Imagen: Francis Sánchez

Adónde, águila mental,

alzas vuelo presurosa?

Al ascender, espaciosa,

cuál es tu espacio total?

Hacia qué oriente natal

o cielo sin angostura?

Chispa de desplegadura

es tu corazón: ascenso

que quiere tocar lo inmenso

con ademanes de hondura.

R. Manzano Díaz (El racimo y la estrella)

 

1

Rayo que tiende su trueno

como la música, hiriente,

y rompe en el inocente

corazón de un hombre bueno.

Rayo que sube del cieno

hasta el ojo principal,

y pudre –qué hambre de mal–

el corazón que me esconde…

Yo quiero huir, pero adónde,

adónde, águila mental?

 

2

­­¿Bajo qué tronco fecundo,

bajo qué sagrado leño,

duerme tu abrigo –mi sueño–

su letargo de otro mundo?

(Yo sé de un sueño profundo,

que en lenta noche reposa.)

¿Y dónde soñarte –hermosa,

en la oscuridad del ansia–

si, cuando acudo a tu estancia,

alzas vuelo presurosa?

 

3

Yo sé, también, el dilema:

aquí, la luz todavía

no ha largado hacia otro día

el dios de su nívea flema.

El cielo y la pobre yema

arden, en la misma rosa:

sombra vegetal que goza

su crecimiento ya nunca,

y duele –en el aire, trunca–

al ascender, espaciosa.

 

4

Hombre de todos los días:

ciega, omnívora criatura;

aprende la arquitectura

de cuyo fin desconfías.

¿No mueve tus energías

una razón mineral?

La brújula original

advierte, cada minuto,

entre la estrella y el fruto

cuál es tu espacio total.

 

5

Abriendo, par, el camino

con las aspas de mi frente,

¿qué dios me acerca el oriente,

rectifica el desatino?

Pues tengo un solo destino:

atravesar el umbral;

y hay una estrella oriental,

sola, en mis ojos latiendo:

desde cuál noche partiendo

hacia qué oriente natal…

 

6

¿Y vendrá un ángel sin voz

a convocarme, desnudo,

para asistir a otro mudo

ángel caído de dios?

Y si, cayendo los dos,

nos separa la fractura...

¿habrá una nube madura

para suavizar la brecha?

¿Será, en fin, nube derecha

o cielo sin angostura?

 

7

Sombra en el vuelo tendida,

temblor que la noche nombra:

es aquel susto mi sombra,

como una bestia dormida.

Mas la inefable embestida

que teje el tiempo, me apura:

y, entonces, me doy altura,

pues mi corazón comparte

con el águila que parte,

chispa de desplegadura.

 

8

Canta, buscando aquel verde,

tan demorado lugar:

acude, libre, a cantar

sobre el ala que se pierde.

Y esquiva el árbol que muerde

con odio púrpura, intenso.

Sabe que, desde el comienzo

–siempre a ras de un espejismo–

pájaro sobre el abismo

es tu corazón: ascenso.

 

9

Tú, como altísima rama

abierta al sol que la toca

y pone, en su muda boca,

aliento de roja llama.

Como músculo que inflama

un río de esperma, denso.

Como garra que, en suspenso,

arranca la carne herida:

Tú eres la vida, la vida

que quiere tocar lo inmenso.

 

10

Sálvame, águila mental,

en el suceder salvaje

que nos adelanta el viaje

hacia el disparo final.

Burla esa cumbre, el brocal

y el sismo de la pavura…

Alza tu rauda figura,

mide cuán alto está el cielo

y haz, en mi sangre, tu vuelo

con ademanes de hondura!

Diusmel Machado. Foto en revista Árbol Invertido

(Guáimaro, Camagüey, 1975). Poeta, narrador, investigador y crítico literario. Licenciado en Ciencias Farmacéuticas por la Universidad de La Habana. Desde 2003 se desempeña como profesor de Literatura y especialista literario de la Casa de Cultura de Guáimaro. Ha publicado los poemarios para adultos Casa primera (Ed. Ácana, 2001), Caída del ángel a la gloria (Ed. Sanlope, 2004), Cuerpo de isla sordomuda (Ed. Orto, 2009) y El libro de los desterrados (Ed. Sanlope, 2011; en coautoría con Carlos Esquivel Guerra). Autor de los poemarios para niños (en coautoría con su madre, Mirian Estrada Medina): Libro de Titi y Mamita (Ed. Ácana, 2003) y Nuestros amigos del Caroní (CVG-EDELCA, Venezuela, 2006), y en coautoría con Randoll Machado Hernández En el jardín de las espinelas (Ed. Ácana, 2011). Además, el poemario para niños País imaginado (Ed. El Mar y la Montaña, 2009).

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