Grandes Ligas 2017: La Serie de Cuba

Baseball Worldseries promo
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Toda la familia está agolpada frente al televisor. En cualquier momento puede caer el último out y salir a la luz un nuevo campeón en el béisbol de Grandes Ligas. Detractores de ayer, fanáticos de hoy, están a la vera del aparato como si de una fogata en medio de una fiesta pagana se tratara. Rolling, recoge, tira, atrapa, out. Houston es campeón. Todos brincan de alegría. Esto es en Miami.

Un día después, en La Habana, los que no pudieron pagarse el lujo de ir a un hotel o a algún garito clandestino, lo ven como si fuera en vivo gracias a la “bondad” del ICRT de finalmente aceptar un suceso innegable: los cubanos quieren ver el mejor béisbol del mundo y quieren ver a los hijos de este país desempeñarse en él. Y una Serie Nacional caduca no es la respuesta.

No vamos a caer en el debate de por qué Tele Rebelde no televisó en vivo la final del béisbol en la Gran Carpa este 2017, pues caeríamos en lo de nunca acabar para terminar aceptando que es imposible, ya sea por las leyes y derechos que protegen la transmisión de semejante evento deportivo o por alguna que otra estrechez mental que siga rondando ciertas oficinas.

Quizás haya llovido un poco de la fecha al día de hoy, pero pocos han comentado que esta World Series de 2017 fue, por mucho, más allá de Texas o California, la Serie de Cuba.

Por eso sigue siendo  digno de comentar cómo se dividieron en bandos familias seguidoras del deporte de las bolas y los strikes para apoyar al jugador de su preferencia, ya fuera Yulieski Gurriel o Yasiel Puig, más allá de lo que representasen Altuve o Bellinger. Los cubanos con Cuba, aunque fueran hinchas de los Yankees y Boston. Todo se trataba de Houston o Los Ángeles.

El pleito fue grave en las redes sociales, donde todos los días aparecía al menos en cualquier red de amigos alguien comentando de los juegos, mientras que a la hora cero se vieron carteles de todo tipo de colores, plegarias y hasta palabrotas. Igualmente salieron perdiendo muchas susceptibilidades, heridas tras enconadas discusiones, pero no importa, el cubano es así cuando habla de pelota: tiene que gritar, burlarse y, a veces, hasta ofender.

En ese período muchos olvidaron el doble play de Beijing, la indisciplina en Cienfuegos. Hasta los más furibundos tomaron partido por uno de los dos jugadores y los bates mandaron a callar a quienes intentaron torpedear la magnitud del momento. Claro, siempre hubo quien no se rindió jamás en la labor de intentar disminuir a uno de los dos, generalmente a Gurriel, aún identificable como “el traidor de moda” en algunos comentarios.

Airadas quejas motivó la suspensión de Yuli por decirle chino al japonés Darvish y se cebaron en su odio quienes lo vieron pedir disculpas luego en un gran gesto de buena voluntad, que tuvo su colofón en el cuadrangular a Klayton Kershaw. Alguien tenía que pagar los platos rotos, incluso los que de buena tinta sé que cayeron al suelo en un solar de La Habana, adonde la señal llegó sin retrasos en el minuto en que Gurriel la envió lejos.

Pero que fueran precisamente Caballo Loco Puig y el hijo de Lourdes y Olga los protagonistas fue lo que hizo de este episodio algo memorable. Uno, redimido luego de las indisciplinas producto de llegar a un status jamás soñado en muy poco tiempo, tratando de librarse de los fantasmas que le perseguían desde la Perla del Sur, de los insultos racistas de Madison Bumgarner.

El otro, logrando el imposible, el reventar con más de treinta años a un nivel que no cree en caballos viejos en un país que castiga este tipo de intentonas si salen por la puerta estrecha, robando titulares con sus hits consecutivos y sus cuatresquinazos a la hora de la verdad, despojándose finalmente de los miedos que podía tener en el inicio, adueñándose de una posición, haciendo suyo un turno al bate. La máquina de bateo de Cuba, como le calificara Carlos Correa hizo paralizarse más de una vez la actividad cubana, en cualquier lugar del mundo.

A pesar de que el gesto de sacar la lengua es solo del cienfueguero, soy de creer que ambos se mofaron de los contratiempos y dieron lo mejor en una Serie Mundial que para los antillanos no tenía tanta significación desde hacía años, pues el trío Kendry-Chapmann-Céspedes en años precedentes estaba por debajo en el nivel mediático. A pesar de que solo ganó uno de los dos (o de los tres, pues Yasmani Grandal quedó muy por debajo), me inclino a pensar que con esta final ganaron todos los cubanos que se desempeñan en Estados Unidos en este deporte, quienes han vuelto a poner las cuatro letras bien en alto, aunque no de la manera que ciertos aedas y rapsodas querrían contar en sus tragicomedias.

Pero la gran victoria es que tuvieron que ponerlos, tuvieron que aceptarlo, se lo tuvieron que tragar. Los que están allá no dejan de ser hijos de esta tierra ni de pensar en el pedazo de Isla que los vio nacer. Y ese es un estigma que ojalá Yuli y Puig ayuden a curar con este primer pinchazo, con esta vacuna, con este virus inoculado para combatir a otros pero intentar mantener el cuerpo sano.

Cuba lo necesita. Nuestra pelota lo pide a gritos.

El escritor y periodista Gabriel García Galano

(La Habana, 1988). Graduado de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en 2015. Se desempeña como periodista deportivo en la emisora Radio COCO y es colaborador de la revista independiente de deportes Play Off y miembro fundador de la revista Tremenda Nota. Maneja el blog La Columna del Gabo (www.lacolumnadelgabo.wordpress.com).

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