Semblanza de Salvador Bueno Menéndez

El investigador cubano Salvador Bueno
Salvador Bueno

Fue hace dos años, el 22 de octubre de 2016, cuando conmemoramos un décimo aniversario de la no presencia física del investigador cubano Salvador Bueno Menéndez. Y pronto habrán pasado ya doce años. Sin embargo, de quienes han dejado simientes del conocimiento en los senderos de la existencia nunca podrá hablarse en pretérito. Tenemos la convicción martiana de que “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien con la obra de la vida”.

Nacido antes de que concluyera la segunda década del pasado siglo XX, en pleno corazón de lo que hoy se conoce como municipio Centro Habana, el 18 de agosto de 1917, Salvador Bueno —suficiente esta referencia nominal para cualquier búsqueda relacionada con los estudios a los que consagró más de seis décadas de su provechosa existencia— es uno de los investigadores más prolíficos y científicamente integral de su tiempo.

Todos sus referentes biográficos coinciden en la confluencia de las raíces latinoamericanas e hispánicas de sus ancestros y de su temprano interés por la lectura de la literatura escrita para los jóvenes y por la de otras de diversos géneros y temáticas. También, de su formación autodidacta que en 1938 le permitió obtener el grado de Bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Víbora.

Apenas once años después, en 1947, obtendría el título de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Y aunque desde antes de esa fecha ya se había iniciado en el desempeño del magisterio, su talento y formación literaria e investigativa le permitirían a partir de ese momento, combinar el ejercicio docente con la colaboración en importantes publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Baste mencionar títulos antológicos de las publicaciones periódicas republicanas cubanas como el periódico El Mundo o la revista Carteles —no superada hasta la fecha ni en la riqueza de contenidos ni en la funcionalidad y estética de su formato editorial—.

En Carteles publica sus semblanzas biográficas; así como una sustanciosa producción de trabajos literarios, de apreciación artística y de valoraciones históricas. En ocasiones, esta producción apareció con su firma, en otras, dando muestra de la modestia y desinterés que habría de distinguirlo durante toda su existencia, sólo rubricados con seudónimos. También colaboró para publicaciones de México, Colombia, España y Venezuela; entre ellas El Hijo Pródigo y El Papel Literario.

La Cátedra de Historia de la Literatura Cubana e Hispanoamericana de la entonces Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana —fragua de pensamiento y formación académica a la que tantos eméritos profesores han consagrado su existencia— contó, desde finales de esa década del cuarenta, con el caudal de su ya consolidada formación y conocimientos.

Para los egresados de esa institución universitaria —actualmente, Facultad de Artes y Letras— suficiente en sí misma sería la mención de su imprescindible texto Historia de la Literatura Cubana —publicado en edición príncipe en 1954 y enriquecido en otras posteriores— para justipreciar el rigor de su investigación histórica, literaria y fundamentalmente, de su interpretación contextual; pues sus apreciaciones en el referido texto —como en toda su ensayística— no quedan en la antología o cronología aisladas de la producción literaria y de sus creadores; sino que inserta sus valoraciones en el entramado social, cultural e histórico correspondientes, alejándose de lo referencial o academicista y contribuyendo con sus apreciaciones a una cabal comprensión de los complejos procesos que han sido parte integrante e indisoluble en la conformación de la nacionalidad cubana o de lo que ha sido definido por el historiador Eduardo Torres-Cuevas como cubanidad.

Igual relevancia tienen otros textos ensayísticos o de análisis literario que devienen fuente de obligada consulta: Los mejores cuentos cubanos (1959); Los mejores ensayistas cubanos (1960); Figuras cubanas (1964); Temas y personajes de la literatura cubana (1964), por solo mencionar algunos de los muchos que dieron continuidad cronológica a su investigación histórico-literaria.

Prolífica es su producción ensayística que no quedó circunscrita a las indagaciones cubanas y cuenta con títulos como Aproximaciones a la literatura hispanoamericana (1972 y 1984) —en la que se destacan la contribución de la Hispanidad al complejo entramado de Latinoamérica— y Cinco siglos de relaciones entre Hungría y América Latina (1977) —temática que sienta precedente por el campo de estudio seleccionado y por los nexos lingüísticos y culturales que contribuyó a fomentar—.

El estudio de las culturas prehispánicas está presente en sus investigaciones; así como el tratamiento de la temática negrista tanto en Cuba como en Hispanoamérica en textos como El negro en la novela hispanoamericana (1986).

Nombres imprescindibles de la historia política, literaria y pedagógica de Cuba como Carlos Manuel de Céspedes, Domingo del Monte, Enrique Piñeyro, Enrique José Varona, integran su producción bibliográfica, siempre, desde la perspectiva educativa de cómo abordar temas y personalidades históricas, y meritoriamente, desde la sencillez y transparencia del lenguaje, sin retoricismos ni grandilocuencias.

Esta habilidad para el ejercicio de la pedagogía que desde los primeros años de la década del cuarenta ejerció y a la que nunca renunció, ha sido, sin dudas la razón por la que también formó parte del equipo técnico de inspectores para el aprendizaje de Literatura y Gramática Española del Ministerio de Educación de Cuba.

Pero no solo la formación de estudios superiores contó con su valiosa contribución; durante veinte años también fue profesor de la Escuela Nacional de Técnicos de Bibliotecas. Una escuela que dotó a generaciones de bibliotecarios de una formación básica de muy alto nivel, dado el sistema de aprendizaje teórico y práctico que allí se ofrecía. Formación que posibilitó muy honrosos desempeños a muchos trabajadores de los servicios de información, consulta y referencia y que les permitió la continuidad de estudios —después de egresados de ese nivel medio— para ingresar, a partir de la década del setenta, en la carrera nombrada Información Científica que se cursaba en la entonces Facultad de Filología de la Universidad de La Habana.

Actualmente, esa formación se califica como Bibliotecología y Ciencias de la Información y forma parte de una de las tres carreras que se estudian en la Facultad de Comunicación de la Alta Casa de Estudios.

Recorrer la nómina de reconocimientos y premios obtenidos por Salvador Bueno Menéndez desde diversos contextos y latitudes es asomarse a su fructífera vida intelectual; pero sobre todo, es tener una percepción de su dimensión humanista.

Quizás, más allá de la obligatoriedad e imposibilidad de reseñar en breves cuartillas los aportes científicos de Salvador Bueno, la relación de distinciones se erige en la necesaria percepción que conduce al hombre sencillo, de profunda raigambre cubana, que fue capaz de dar prioridad por encima de cualquier otra aspiración de índole personal al compromiso con la cultura cubana a la que de hecho, con su obra, ya había distinguido y enriquecido.

Bastaría mencionar —entre una extensa nómina— galardones como la Medalla Fundador de la Escuela de Técnicos de Biblioteca; la Medalla “Fernando Ortiz”; la Distinción por la Cultura Nacional; la Distinción “Félix Elmuza”; la Medalla “Alejo Carpentier”; el premio de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana del Centro “Juan Marinello”; la Réplica del machete del Generalísimo “Máximo Gómez” o el Premio Nacional de Ciencias Sociales —recibido en el 2004—, por solamente mencionar algunos de indiscutible significación moral, académica y política, para tener una idea de la magnitud de las distinciones merecidas.

Otros, como la Cruz de la República de Hungría en reconocimiento a su labor de promoción de autores húngaros o el Premio “José Vasconcelos” —que entrega el Frente de Afirmación Hispanista A.C de México a personalidades cuya obra y vida se hayan destacado y contribuido significativamente al conocimiento y desarrollo de la cultura Hispánica— son expresión de la repercusión de toda su obra y vida en otros contextos.

No podría, tampoco, dejar de relacionarse la presencia de Salvador Bueno en el Centro Cubano de la Asociación Internacional de Críticos Literarios de la UNESCO; en la Unión de escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); en la Academia Cubana de la Lengua —de la que fue su director—; en la histórica Sociedad Económica de Amigos del País —como Presidente de Honor—; y sobre todo, en la Universidad de La Habana, como el profesor que nunca ha dejado de ser; presencia y contribución, que es referente obligado de su dimensión no solo cultural; sino como ya se ha expresado, magisterial.

Sin lugar a la duda, incompleta quedaría esta semblanza en el umbral de lo que ha sido y es la vida y obra de Salvador Bueno, si no se hiciera mención al presente.

Desde el 18 de septiembre del 2016, con la presencia y colaboración del Frente de Afirmación Hispanista A.C. de México —organización que le otorgara el Premio “José Vasconcelos” en 1998— y bajo la conducción y cuidado de su familia se ha dado inicio al trabajo de preservación y catalogación de toda la obra y papelería que se atesora en su biblioteca personal que llevará el nombre “Salvador Bueno Menéndez”.

Dada la importancia y valor patrimonial del fondo documental y bibliográfico que cuenta con textos autografiados por sus autores —en los que aparecen, además, recortes de prensa de sus artículos relacionados con la temática, costumbre que mantuvo a lo largo de su vida—; así como de una importante documentación complementaria y archivo de correspondencia personal, la labor que recién se ha iniciado demandará rigor, cientificidad y esmero conservacionista.

Quien escribe esta semblanza a manera de breve crónica de vida y obra, estuvo presente en el mismo espacio físico y espiritual donde —desde 1949— Salvador Bueno edificara y consolidara su legado científico y familiar. Momento especial, en que sus afectos más entrañables, especialistas en la catalogación documental y amigos de México, España y Cuba, rindieron sencillo homenaje rememorativo y fundacional, en el mismo universo íntimo e investigativo que habrá de continuar revelando —siempre en tiempo presente— los meritorios aportes de su obra.

Miguel Gerardo, Frente de Afirmación Hispanista A. C. (México)

(España, 1984). Ingeniero de profesión. Pertenece al Frente de Afirmación Hispanista A. C. (México). Ha visitado Cuba en varias ocasiones.

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