“Ser yo mismo, es mi único tema”

Francis Sánchez junto a poema visual. Foto: Rafael Vilches, Árbol Invertido 2015
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Rafael Vilches Proenza

¿Cómo surge en el escritor Francis Sánchez, catalogado a veces de “neorigenista”, la necesidad de hacer poesía visual?

Creo que ha sido por la coincidencia entre mis aptitudes, mi sentido de la vida y el arte, con cir-cunstancias que me pusieron ante algunas herramientas expresivas que no eran las típicas de un escritor, cuando tuve que editar, diseñar, y además expresarme con recursos como la fotografía y el adudiovisual. Quizás todo empezó cuando mi padre era dueño del pequeño cine de mi pueblo —aunque ya se lo habían expropiado cuando vine al mundo, igual crecí al lado de un cine que era mi túnel de escape favorito noche tras noche y sentía que me pertenecía—. Pero hay un inicio que se prolonga a través del tiempo: mis unidades mínimas de pensamiento, siempre han sido imágenes. El pensamiento poético es para mí un proceso inseparable de lo sensorial y emocional. En ese sentido, una de mis fuentes de inspiración fundamentales está en los sueños, cristalizaciones de vivencias que se producen cuando estoy dormido y que suelen fatigarme con una carga desproporcionada de memorias o imágenes oníricas, porque acumulo muchos “recuerdos” de las “ficciones” vividas. He intentado darle salida por múltiples vías a la carga imaginal, visual o vital, y finalmente he encontrado en la experimentación radical con la misma poesía el medio que se halla más a mi alcance, entre otras cosas por la economía de recursos empleados, que me permite ser autosuficiente cuando estoy creando, me siento un poco más libre de los fórceps de la censura y la estrechez económica. Además, necesito también ese otro tipo de comunicación directa, participativa, con personas que no pasen por clasificaciones amaneradas como “públicos” o “lectores”, en una época en que mucho arte y en especial mucha poesía se consume y entiende apenas dentro del gremio o el gueto artístico. Por otro lado, hay una necesidad metafísica: cuando quiero sacarme algo de adentro, y conjurar los terrores de la muerte o la irrealidad que rondan nuestra conciencia, me parece que lo logro de manera más significativa si lo visualizo, si lo convierto en algo material y tangible.

 

 

¿Qué es lo que más disfrutas de hacer poesía visual?

 

 Bueno, precisamente  eso, hacer, jugar, el hecho de que un poema visual te permite construir con un grado de naturalidad superior a lo que exige un discurso elaborado desde la inmanencia de un sujeto escrito. Es un juego en que por un instante desapareces como creador detrás de la creación. Me interesa la condición lúdica y pública del poema visual, las relaciones físicas que se pueden establecer con textos que son a la vez objetos y espacios, y tan abiertos que por lo general no caben en un renglón, incluso difícilmente en una página de un libro, aunque el poema esté hecho de una sola palabra. Me gusta el juego lleno de problematizaciones, la significación social, la cosmicidad de los elementos, y el peligro de destrucción del lenguaje literario cuando cruza sus límites.

 

 

¿Prefieres un tipo de poema visual en específico?

 

Por ahora, me interesa mucho ese poema que puede abarcarse con un simple golpe de vista y que, por tanto, es imposible evitar leerlo una vez que aparece ante tu mirada, como una señal de peligro, pues basta con que lo reconozcas o lo revises aunque sea de reojo, para que hayas teni-do que recibirlo.  El poder de síntesis de un buen poema visual se asemeja a la de un haiku en comparación con otras formas poéticas, porque el riesgo y la grandeza de tales textos, que sugie-ren la elementalidad de las cosas más importantes de la vida, estriba en no ocultar nada, aparen-temente, y seguir siendo muy subjetivos, no dejar de vibrar y sugerir. Yo quería gritar, por ejemplo, que tenía miedo, un gran miedo en ese momento, cuando me lancé a hacer mi primer poema visual, pero era tanto que más que decirlo quería que se sintiera, hacerlo ver. Sin embargo, que-ría también significar que el grito con que expresaba mi miedo constituía un acto de denuncia y separación tajante de la oscuridad que me rodeaba, un acto liberador. Encontré el modo diciéndolo “mal”, en un poema en que las palabras “tengo miedo” han perdido cada una su letra final, y este fue mi punto de ruptura para decidirme a enfrentar la creación sistemática de poesía visual, a pesar de los riesgos que conlleva en Cuba, donde se controla muy de cerca la inevitable inmediatez de todo tipo de lenguaje visual y público, el parecido con la propaganda, el cartel…

 

 

En Cuba no existe mucha tradición de poesía visual. Entonces, ¿en quiénes has bebido, qué influencias has recibido?

 

Según mi experiencia, a la poesía visual se llega por una vía distinta a la tradicional del escritor que puede formarse digiriendo otros escritores. Sientes que esta poesía, a pesar de ser más antigua que cualquier forma literaria, está aún abierta y en construcción, porque esa es su naturaleza, formarse de contaminaciones, aleatoria, implosiva, expansiva, exterior y anterior incluso a la voluntad creativa. No puedo decir que he “leído” poetas o poesías visuales como para que tenga sentido la idea de “influencias” y “recibimientos” según se han barajado desde antiguo tales conceptos. Lo cierto es que no he tenido acceso a muchas ni bien ordenadas bibliografías. Sé de la existencia de los cubanos Samuel Feijóo y Severo Sarduy, y más cercanos en el tiempo Francisco Garzón Céspedes, Fayad Jamís, Pedro Juan Gutiérrez y Rafael Almanza, pero esto no quiere decir que su conocimiento me haya influenciado más que los flashazos o flechazos que recibo a diario, provenientes del buen cine, de las artes plásticas, y la calle, en especial la propaganda política y otros artefactos mediáticos con que soy torturado desde que me levanto hasta que me acuesto y que intento desarmar y revertir en mi pensamiento, más la literatura que leo y de la que me apropio recreándola en mi imaginación, junto con las palabras y las ideas  a las que trato de darles vuelta y tomarlas por la raíz, y mis sueños. Cuando a Sor Juana le quitaron sus libros para evitarle el “pecado” de la sabiduría, y dijo que no le hacían falta, que ella iba a seguir leyendo en las cosas que la rodeaban, en la espiral que trazaba un trompo sobre la harina o en las titilaciones de las estrellas, estaba participando de la conciencia de la realidad como un gran texto y la poesía material. Yo “leo”, a mi pesar, todo o casi todo lo que me cae a la vista. Entonces, simplemente nunca pueden quitarme mis “libros” problemáticos, y me basta un detalle, un verso o un poema visual de alguien para mirar a su través y completar o imaginar lecturas más completas.

 

 

¿Todas las experimentaciones te parecen factibles?

 

Abunda una falsa  “poesía visual” que no me interesa, ingenua, insustancial, como la “poesía concreta” que se trató de hacer en Cuba en los primeros años de la revolución, suspuestamente vanguardista, donde primaba el malabarismo formal. Creo que, sea la experimentación que sea, primero debe haber un tronco de sentimiento, una intensidad, para que pueda injertarse con éxito cualquier término parcial como el de “visual” o “concreta”. Me gusta el poema-video, el poema objeto o los “cacharros poéticos” como los de Nicanor Parra. Hay un autor al que me siento muy cercano, el checo Vaclav Havel, poeta visual que rechazó siempre el calificativo de político y no obstante abrió el camino de las libertades en su país contra los blindados del imperio soviético, para quien la búsqueda estética y la experimentación estaban íntimamente asociadas al compromiso con los derechos humanos y civiles.  Ver en el Teatro Nacional de Praga, en marzo de 2014, el espectáculo Anticódigos, escenificación de sus poemas visuales, fue para mí una experiencia muy inspiradora.

 

 

¿Qué temas te interesa reflejar a través de la poesía visual?

 

Ser yo mismo, es mi único tema. Por ahora, no obstante, creo que mis preocupaciones pueden resumirse en la necesidad orgánica y universal de libertad. Configurar su alcance, es narrar el vacío y la plenitud  de la individualidad, mis sueños, mi lucha con y contra las palabras, en fin, todo. Quienes le temen a la palabra libertad tratan de relativizarla, pero como la veo parece única, terriblemente sencilla, insustituible. Si me pusieran a escoger una palabra madre, potente y hermosa, yo la escojo entre todas las palabras.

 

¿Es que crees que la literatura convencional esté cansada, haya llegado a sus límites, y sea necesario experimentar otros caminos?

 

Un poeta sin fuerzas o cansado es aquel que le achaca el cansancio a la tradición o al lenguaje. No creo que exista una poesía cansada, sino poetas que se conforman. Pero la necesidad de experimentar el camino “otro”, está en la genética de la poesía, viene desde los albores del discurso literario. Yo no veo las experimentaciones radicales, las menos discursivas, como algo separado del discurso literario escrito, sino todo lo contrario, son parte de su origen. Cuando uno se retrotrae a la noción de libertad absoluta que está en los actos originales de la poesía hablada y escrita, se siente autorizado a romper cualquier herramienta vieja o tradicional, para empezar a usar cualquier nuevo elemento como escritura. La poesía siempre ha estado y estará saltándose barreras, sobrepasándose, así que un camino que aparentemente se cierra para la poesía, quizás sólo sea la forma que empieza a tomar una nueva búsqueda. Lo que pasa que hay políticas que rodean a la literatura y la cubren de reglas casuales, que son las que se quedan sin argumentos. Hoy día, sin duda se están produciendo cambios que es difícil prever hasta qué punto replantearán la naturaleza de la obra literaria, cambian las formas de leer, los soportes, las interacciones, pero tales crisis no son más que nuevas oportunidades entre las que tendrán que irse acomodando necesidades o elementos esenciales de la comunicación poética, mientras sigan desapareciendo los elementos superfluos. En el caso de Cuba, lo grave es la asimetría respecto a otros aires que soplan en el mundo, aquí sufrimos el control estatal y por ende conservador de las formas de producción simbólica, llegamos tarde y casi nunca “llegamos” a las tecnologías y formas de comunicación menos prejuiciadas, aquí el tiempo parece detenido.

 

¿Por qué cicatrices para nombrar esta exposición?

 

El lenguaje habitado de muchos de mis poemas visuales, no es el idílico en que yo quisiera recibir a mis “lectores” en la complicidad de mi intimidad, sino simplemente el que me veo obligado a devolver en medio de un bombardeo de palabras e imágenes que apenas puedo evitar, con el que me han dado duro: la insularidad, la patria, el exilo, la soledad, la intolerancia, los gritos y el silencio, las deformaciones de la libertad, etc. Estos poemas vienen de mis heridas y ellos mismos son los hilos casi invisibles con que las coso.

¿Ahora sientes las palabras distinto a cuando escribías tus primeros libros, como Revelaciones atado al mástil (1996)?

No, igual. Aún paladeo las palabras, las muerdo y aprieto, me hieren y las persigo.  Solo que ahora me siento capaz de extralimitarme cuando estamos cuerpo a cuerpo, les hago otras “cositas”. Los extremos en mi poesía no creo que sean excluyentes, todo lo contrario, se necesitan, y se atraen, así que no he dejado de escribir versos como los de mis primeros libros.

 

Ileana Álvarez. Foto en revista Árbol Invertido

(Ciego de Ávila, Cuba, 1966). Graduada de Filología en la Universidad Central de Las Villas (1989). Máster en Cultura Latinoamericana. Directora editorial de la revista Videncia. Tiene publicados, entre otros, los títulos: Libro de lo inasible (1996), Oscura cicatriz (1999), El protoidioma en el horizonte nos existe (2000), Los ojos de Dios me están soñando (2001), Desprendimientos del alba (2001), Inscripciones sobre un viejo tapete deshilado (2001), Los inciertos umbrales (premio “Sed de Belleza”, 2004), Consagración de las trampas (premio “Eliseo Diego”, 2004), Trazado con cenizas (Antología personal. Ed. Unión, 2007), El tigre en las entrañas (Crítica, 2009), Escribir la noche (2011), Trama tenaz (2011) y Profanación de una intimidad (ensayo, 2012). Realizó Catedral sumergida, antología de poesía cubana escrita por mujeres (Ed. Letras Cubanas, 2014), donde por primera vez se publicó, en Cuba, un panorama tan amplio de autoras residentes dentro y fuera del país.

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