La utopía paralela: ciudades “imposibles” de una generación cubana

Ciudades utópicas en Cuba
Rafael Fornés, Emilio Castro y Eliseo Valdez, "Proyecto Plaza Mariana Grajales, Guantánamo, 1985" (detalle).

La muestra colectiva La utopía paralela. Ciudades soñadas en Cuba (1980-1993) estará expuesta hasta el 20 de octubre en La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona. Se trata de un proyecto del curador, crítico y ensayista cubano Iván de la Nuez, con la colaboración de los arquitectos y artistas Juan Luis Morales y Teresa Ayuso (Atelier Morales). Además, cuenta con el apoyo especial del Archivo Cifo-Veigas, de La Habana.

La exposición recupera algunos proyectos arquitectónicos y estrategias urbanas creadas por autores nacidos y formados por la revolución socialista, cuyos nombres florecieron durante la década de los 80 del pasado siglo.

El catálogo de la muestra refiere que: “Entre 1980 y 1993, tuvo lugar en Cuba un proyecto insólito y contradictorio: la puesta en marcha de un urbanismo occidental sin mercado ni promotores, una utopía colectiva ignorada por el propio Estado socialista, la activación de un movimiento que empezó como crítica al urbanismo oficial de la época y que hoy cobra actualidad como una espada de Damocles sobre las construcciones del capitalismo de Estado a la vista. (Con esa verosímil “shanghaización” de La Habana a la vuelta de la esquina y esa pulsión por edificios totémicos, básicamente hoteles, de escasa empatía con los espacios en que se implantan).”

Proyecto. Arte en la Fábrica, Central Martínez Prieto, Marianao, La Habana, 1984.
Florencio Gelabert, Juan Luis Morales y Rosendo Mesías, evento «Arte en la Fábrica», Central Martínez Prieto, La Habana.

El período en que fueron realizadas las obras está marcado por eventos históricos que definieron la historia sociopolítica cubana de fin de siglo: comienza con el éxodo del Mariel (1980) y termina en 1993, año en que Cuba estaba enfrentando una profunda crisis económica que el Gobierno calificó bajo el eufemismo de “período especial”, cuando se legaliza la tenencia y uso del dólar y un año antes de la conocida como “crisis de los balseros”.

“Esos años fueron percibidos por la arquitecta y escritora Emma Álvarez Tabío Albo como “década ciudadana” y por el crítico Gerardo Mosquera como “década prodigiosa”. Y esa generación fue definida como “los hijos de la utopía” (según el escritor y curador Osvaldo Sánchez), “los hijos de Guillermo Tell” (según el trovador Carlos Varela), o como la protagonista de una “cultura disonante” (Iván de la Nuez)”, explica el catálogo de La utopía paralela.

Los contenidos presentes en la muestra recogen “a través de ocho capítulos —Ciudad Prólogo, Monumentos en presente, Una habitación en el mañana, Guantánamo: última frontera de la guerra fría, Reconstruir el Malecón para romper el Muro, Utopías instantáneas, La ciudad invisible y Luces de la ciudad—, nos desplazamos por una arquitectura especulativa (en el sentido filosófico, no en el económico), cuyo viaje va del solar a la barbacoa, del art déco que sobrevive en el Malecón habanero hasta el kitsch retro de los años cincuenta del siglo pasado, de Ítalo Calvino a la Base Naval de Guantánamo, de las azoteas a las esquinas, de la tradición colonial al bicentenario de la Revolución Francesa.”

En la exposición se pueden apreciar los trabajos de Ramón Enrique Alonso, Teresa Ayuso, Nury Bacallao, Juan Blanco, Francisco Bedoya, Daniel Bejerano, Inés Benítez, Walter Betancourt, Emilio Castro, Felicia Chateloin, Orestes del Castillo, Mario Durán, Adrián Fernández, José Fernández, Rafael Fornés, Maria Eugenia Fornés, Vittorio Garatti, Eduardo Rubén García, Óscar García, Universo Francisco García, Florencio Gelabert, Hedel Góngora, Alejandro González, Juan-Si González, Gilberto Gutiérrez, Héctor Laguna, Lourdes León, Julio Le Parc, Teresa Luis, Jorge Luis Marrero, Rosendo Mesías, Juan Luis Morales, Huber Moreno, Rolando Paciel, Ricardo Porro, Enrique Pupo, Ricardo Reboredo, Carlos Ríos, Patricia Rodríguez, Abel Rodriguez, Alfredo Ros, Gilberto Seguí, Regis Soler, Antonio Eligio Tonel y Eliseo Valdés.

La utopía paralela que deriva de esa reunión de propuestas, advierte de la heterogeneidad de un movimiento de artistas a quienes, como solía decirse en los grises años 90 cubanos, “les dieron alas, pero no los dejaron volar”.

Felicia Chateloin y Patricia Rodríguez, Proyecto renovación de la Plaza Vieja, 1986
Felicia Chateloin y Patricia Rodríguez, Proyecto renovación de la Plaza Vieja, 1986.

Señala Iván de la Nuez en el texto introductorio de la muestra que: “La utopía paralela no es una exposición de edificios concretos, sino de sueños urbanos. De entender la ciudad como “un toma y daca” entre construir e imaginar, patrimonio y futurismo, urbanismo e invención popular, arquitectura y escala urbana.”

“De ahí que estos proyectos se desentiendan radicalmente del estereotipo reiterado de las ciudades cubanas —en particular, La Habana— y rastreen las posibilidades de una especie de arquitectura povera que permitiera avanzar hacia el futuro”, agrega.

Proyecto de entrada y avenida del Puerto de La Habana
Francisco Bedoya, entrada y avenida del Puerto de La Habana, 1982-1994.

Sobre la muestra, el ensayista cubano Rafael Rojas comentó: “Al igual que en la gran muestra Adiós Utopía. Arte en Cuba desde 1950 (2017) de la Fundación Cisneros Fontanals (CIFO), en Houston y Minneapolis, esta exposición en Barcelona coloca lo utópico en el centro del arte cubano de los 80. Tienen razón los artífices de ambos proyectos: aquella década fue la última en que la utopía signó plenamente la producción cultural cubana. La imaginación de tiempos y espacios alternativos fue entonces una práctica cotidiana de las artes en la Isla, en buena medida, porque se vivía dentro de una revolución transnacional, la de las juventudes de América Latina y Europa del Este contra las dictaduras militares y los regímenes del socialismo real.”

En su texto, publicado en la revista mexicana Letras Libres, Rojas apunta: “La utopía paralela es más precisa al localizar el cierre de ciclo de aquella experimentación a principios de los años 90, cuando el Estado cubano y sus instituciones culturales sofocan la revuelta estética por diversas vías. El discurso oficial, que siempre confunde lo ideal y lo real, dio entonces con una narrativa que invertía los valores que movilizaban a los jóvenes artistas y arquitectos desde 1980. La utopía, según la burocracia, no eran esas ciudades soñadas y nunca construidas, que vislumbraban comunidades postmodernas. La utopía eran el mismo socialismo y la misma Revolución, que debían ser salvados de la ola democratizadora global.”

“El sentido último de La utopía paralela supone un mensaje irónico: un grupo de arquitectos jóvenes, conscientes de que el poder asume la realidad como la única utopía posible, y de que cualquier proyecto alternativo de ciudad no será realizable, edifican otra utopía imaginaria, devolviendo a la arquitectura esa condición onírica que le atribuía Valéry: una utopía bajo la otra, una infrautopía. Treinta años después, aquellas ciudades soñadas en La Habana de fin de la Guerra Fría, vuelven a la realidad, como arte, en un museo de Barcelona”, concluye.

 

Yaima Leyva Martínez

(Holguín, 1980). Graduada de Periodismo (Universidad de La Habana, 2014). Trabajó en el Portal del Cine Latinoamericano y Caribeño de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Ha colaborado con otras publicaciones como Oncuba e IPS Cuba.

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