Arqueología colonial en Ciego de Ávila

Pieza arqueológica
Pieza arqueológica. Foto de Pedro Evelio

Al contrario de lo que ocurre con los hallazgos de piezas de la arqueología aborigen, los primeros reportes de hallazgos de piezas coloniales históricas no tienen lugar en Ciego de Ávila en ningún momento del siglo XIX, sino ya en las últimas décadas del XX, por lo que podemos considerarlos tardíos para la historia de nuestra arqueología regional. Incluso en la historia de las investigaciones arqueológicas coloniales en el país, no ocupa el territorio avileño ningún espacio significativo, debido en gran medida a los pocos hallazgos realizados en ese campo hasta la fecha, la mayor parte de los mismos casuales y no estudiados a plenitud, y a las casi inexistentes campañas o programas de excavaciones en sitios de la índole que nos ocupa. No obstante a ello, Ciego de Ávila también aporta, al igual que las demás regiones del país, noticias de estudios y hallazgos de piezas coloniales, las cuales he recopilado en los párrafos que se ofrecen a continuación.1

Los arqueólogos Dr. Jorge Calvera Roses y Adrián García refieren algunos hallazgos de piezas ejecutadas por los aborígenes asentados en Los Buchillones, sitio habitacional taíno situado en la costa del noroeste avileño, en las que se aprecian manifestaciones de contacto indo-hispánico. Se trata de una cafetera de barro con sifón y una cuenta con perforación central utilizada como colgante, hecha en mayólica hispánica.2 La cafetera con sifón apareció durante una exploración hecha al azar en el área apuntándose, luego de un estudio detallado de la misma, que al parecer constituye una copia de una europea semejante, pues el sifón no era incluido por los aborígenes en su cerámica, asimismo el modelado no fue realizado en torno alguno, sino mediante la clásica técnica alfarera taína del acordelado.3 Otros criterios mantienen que son estas en realidad piezas de transculturación indo-hispánica. La presencia de estos testimonios materiales cerámicos en Los Buchillones no es rara si recordamos el amplio rango cronológico de ocupación del sitio establecida mediante análisis de radiocarbono, el cual se extiende desde el 1220 d.n.e. hasta un momento bien dentro del período de contacto indo-hispánico como lo es el año 1690 d.n.e. También en Los Buchillones han aparecido otras evidencias que han sido catalogadas por algunos investigadores, por su morfología y diseño, como demostrativas de contacto indohispánico, entre las cuales se encuentran algunos tiestos de cerámica (uno de esos tiestos es que el que aparece en la foto que acompaña a este artículo) y recipientes de madera. Apúntese además que en las excavaciones realizadas han aparecido restos de dieta que sugieren la presencia europea en el asentamiento indocubano, elementos estos que han de ser corroborados o refutados mediante posteriores estudios.

Los arqueólogos Dr. Jorge Calvera, David Pendergast, Juan E. Jardines, Elizabeth Graham y Odalys Brito, en: Construcciones de madera en el mar. Los Buchillones, Cuba, plantean que en las labores investigativas en el sitio de La laguna apareció una vasija de mayólica no modificada, la cual procede de la colección de la superficie, y una segunda vasija en forma de triángulo recogida de los sedimentos del fondo de la laguna en las excavaciones de 1997. Según los autores, tales hallazgos muestran que la comunidad sobrevivió algún tiempo después de la invasión española a Cuba, aunque no aportan bases sólidas que permitan enmarcar la fecha de tal supervivencia.4

Durante las exploraciones realizadas por los arqueólogos del “Proyecto de Investigación del Área Arqueológica de Los Buchillones”, cercana al poblado costero de Punta Alegre, municipio de Chambas, en algunos de los cayos de la cayería Jardines del Rey, tras la búsqueda de materiales aborígenes que relacionasen los cayos con ese importante asentamiento y así lograr un mayor número de datos para la reconstrucción arqueológica del pasado precolombino de nuestra región, fueron encontrados, además de fragmentos de cazuelas de barro y de burenes taínos, restos de taller de sílex, herramientas de concha y restos dietarios numerosos, algunos materiales de la etapa colonial (siglo XIX) que atestiguan la actividad humana en los cayos, los que por no ser el objeto principal de los intereses de esas exploraciones, se registraron tan solo sin profundizar en el estudio de los mismos. Tales clases de evidencias de actividad colonial histórica fueron recogidas en dos de los cayos explorados y pesquisados. En cayo Cubera se colectaron algunos fragmentos de cerámica colonial y en cayo Hijo de Guillermo Oeste se encontraba parte de una vasija o contenedor de gres conocida en la literatura arqueológica como caneca, en las que se conservaba la cerveza. Pero la actividad colonial histórica no solo aparece testificada por esos restos cerámicos en los cayos, pues a lo largo de la línea costera del sitio Punta de Los Buchillones y en sus proximidades, así como en algunos lugares ya dentro del antiguo poblado de Punta Alegre, el autor ha detectado y recogido algunos fragmentos no solo de canecas, sino también de loza blanca, algunas con la emblemática ornamentación en sus bordes a manera de plumillas azules, todas del siglo XIX y muy comunes dentro de las cerámicas históricas de Las Antillas.5

En el artículo: Oro, guanines y latón. Metales en contextos aborígenes de Cuba, de los autores Roberto Valcárcel Rojas, Marcos Martínez Torres, Jago Cooper y Thilo Rehren, se menciona y ofrecen consideraciones en torno al hallazgo en el importante sitio avileño del Área de Cunagua, La Rosa de los Chinos, de una lámina alargada con perforación en uno de sus extremos, utilizada como pendiente y elaborada en oro, o en oro, cobre y plata, lamentablemente desaparecida, constituyendo la misma la única pieza aborigen de metal que conozcamos haya aparecido en un sitio arqueológico de Ciego de Ávila. Las dimensiones de la pieza, según los datos ofrecidos por estos investigadores son las siguientes: 24 mm. de largo, 6 mm. de ancho y 0.2 mm. de grueso. Asumiendo que la pieza en cuestión es un guanín, y que los estudios realizados en La Rosa de los Chinos no han detectado evidencias de contacto con los europeos, entonces escaparía la pieza aludida de los terrenos de la arqueología colonial. De cualquier forma, he incorporado aquí la mención del hallazgo del guanín avileño por la posibilidad, aunque lejana, posible, de que guardase relación con la presencia europea en el lugar donde fue encontrada.

El autor tiene referencias de hallazgos de materiales de contacto indohispánico en el sitio agroalfarero de El Güiro, situado en el municipio de Florencia, pero al no haberse logrado hasta el momento corroborar la certeza de los mismos nos limitamos tan solo a señalar la posibilidad de que existan, sin poder por lo tanto asegurar nada y mucho menos ofrecer más detalles al respecto. Existen también reportes aislados de la existencia de piezas que denotan contacto hispano aborigen en el sitio de habitación taíno de Mabuya, junto al poblado del mismo nombre, perteneciente al municipio de Chambas, pero el Dr. Jorge Calvera Roses, arqueólogo del territorio, plantea que no ha corroborado nunca la cuestión.

A mediados del año 2000, el autor detecta un montículo de escombros acumulado junto a la línea del ferrocarril de Júcaro a Morón, en el ángulo sur de la esquina conformada por las calles José Antonio Echeverría y Joaquín de Agüero, procedente de una excavación realizada en el patio de una de las viviendas aledañas. Entremezclados con los escombros contemporáneos se encontraban materiales arqueológicos coloniales del siglo XIX entre los que predominaban numerosos fragmentos de botellas y damajuanas de vidrio de gran tamaño,6 fragmentos numerosos de canecas,7 restos de recipientes de cerámicas, y de platos y fuentes de loza blanca, algunos con ornamentación tipo plumilla azul sobre blanco y verde sobre blanco, elementos vegetales y geométricos donde aparecían los colores negro, rojo, pardo claro y otros. Especial atención cobró un fragmento del fondo de un plato con la inscripción: Clementson Brothers. Royal Patent Stone Ware. Hanley. Una foto del mismo fue enviada por el autor en aquel momento a una de las autoridades indiscutibles de los estudios de arqueología histórica colonial cubana, la arqueóloga Lourdes Domínguez, perteneciente al Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana y autora del clásico Arqueología colonial cubana. Dos estudios. En respuesta ofrecida por carta la doctora Lourdes Domínguez corroboró que, en efecto, todas las piezas recuperadas pertenecían al siglo XIX y que el fondo de plato con la inscripción corresponde a una semiporcelana inglesa que fue de lo más común no solo en Cuba sino en el Caribe. La producción de la misma fue en grandes cantidades, se exportó en un rango de tiempo muy amplio (1865-1916), las decoraciones que ostenta son muy variadas y también hubo mucha loza blanca sin decoración con esa marca. El fragmento corresponde a un plato de la producción del año 1870, por lo que puede considerarse como la más antigua marca de esa fábrica. Otros fragmentos pertenecientes a platos de loza blanca mostraban decoraciones en sus bordes de plumillas azules, conocidas por los ingleses como “Blue feather edged whiteware”, a la que se le asigna un rango cronológico que se extiende de 1830 a 1860. Aparecieron además fragmentos bastante grandes de botellas de caja o cuadradas de vidrio negro.8

En la ciudad de Ciego de Ávila, durante los trabajos de reconstrucción de la calle 1 del Reparto Vista Alegre, realizados en los primeros meses del año 2002, a todo lo largo de la parte trasera del antiguo Instituto de Segunda Enseñanza, los buldócer y excavadoras expusieron en la superficie un estrato de alrededor de mas de 10 cm. de grosor hasta una profundidad promedio de 30 cm., de color negro y mezclada con el relleno de la calle, fértil en materiales arqueológicos coloniales. Se colectaron unas 592 piezas, predominando entre ellas algunas vasijas metálicas esmaltadas, el resto de una caldera con pata, una cadena, dieciséis herraduras, clavos de línea, una canana de balas, tres restos de tubo de media pulgada de ancho, una argolla, una vasija carbonatada, dos tornillos, el resto de una taza ornamentada en verde y de otra ornamentada con motivos florales también de ese color, un borde de taza con asa, el borde de una cazuela con ornamentación de líneas, un fondo de plato con líneas, dieciséis bordes, dieciocho fondos y doscientos cuarenta y nueve restos dispersos de cerámica blanca, cuatro bordes sin rebordes, tres restos de botellas de las llamadas canecas, dos fragmentos de tejas criollas, cinco de tejas francesas, un resto de plato de cristal nevado, una botella de vino espumoso, un pomo de perfume o de farmacia, dos picos de botella muy grandes, una moldura de madera, así como un total de siete fragmentos óseos cuya procedencia resulta desconocida. Quienes colectaron y estudiaron de forma muy elemental las evidencias de ese hallazgo casual, plantean que una parte de los tiestos son de origen inglés y norteamericano y que conforman un basurero de las antiguas instalaciones militares que rodearon el lugar donde aparecieron.9

Al realizarse los trabajos de construcción y remodelación del parque Máximo Gómez Báez de la ciudad avileña, los obreros y vecinos del parque, una vez hechas las excavaciones con el fin de plantar los árboles que formarían parte de la ambientación del lugar, observaron y recogieron restos de traviesas, rieles, restos de instrumentos diversos de trabajo, entre otros hallazgos, lo que ha hecho suponer a algunos que pudiera tratarse de los vestigios materiales del antiguo taller ferroviario de la Trocha, construido después de 1880 y desmantelado luego por José Manuel Tarafa en 1916 para trasladarlo hacia Morón y ponerlo en función del ferrocarril Nuevitas-Camagüey. Estos descubrimientos ocasionales plantean también las interrogantes de si allí existió un basurero antes de 1840, año de la delineación de la ciudad, así como sugiere por otra parte indicadores que hablan de un posible bajo nivel de higienización. El total de vestigios exhumados supera el número de quinientos.

Otro hallazgo casual de importancia en nuestra ciudad aconteció en la intersección de las calles Honorato del Castillo e Independencia, en ocasión de las excavaciones realizadas en plena calle por los obreros con el propósito de la instalación de los conductos para el paso del cable de fibra óptica de ETECSA. La capa terrígena expuesta de color pardo oscuro ostentaba un alto contenido de materiales arqueológicos históricos coloniales y de materia orgánica, a una profundidad de 50 cm., encima de la cual se hallaba una capa de asfalto, una de rajón y otra al parecer de relleno de color pardo claro y un porcentaje significativo de arena, resultado de la descomposición de la roca diorita, empleada en la construcción de las calles y de muchas de las casas de la ciudad.10 Según datos anotados por el autor, el material antropogénico allí encontrado tenía una profundidad de 30 cm., con un largo de norte a sur de 10 metros, apareciendo evidencias arqueológicas desde los 50 cm. hasta los 80 cm. de profundidad. El ancho del depósito o basurero, dada la estrechez de la excavación realizada por los obreros, no fue posible determinarse. Una vez detectados los hallazgos se procedió a una labor de salvamento arqueológico, gracias a la cual se rescataron unas cuatro tejas criollas y tres restos de vasijas de barro, un conjunto de alrededor de ocho objetos confeccionados de hueso, cinco piezas metálicas, treinta y siete fragmentos de loza tipo policromada con motivos florales, más de diez bordes de platos con decoración tipo plumilla azul sobre fondo blanco, más de cincuenta fragmentos de recipientes de loza sin decoración, veintitrés fragmentos de bordes de platos con decoración tipo plumilla verde sobre blanco, dos piezas de cuero y doce de madera, ocho fondos de botella, de ellos dos pertenecientes a botellas de vinos espumosos, seis picos de botellas coloniales, de ellos tres de gran tamaño, cristales y restos de botijas11 en número de más de cuatrocientos fragmentos.12

Tras la realización de exploraciones arqueológicas en los terrenos donde estaban situados durante el siglo XIX los dos ingenios de relevancia económica que existieron dentro del territorio que actualmente ocupa la provincia de Ciego de Ávila, llamados Nuestra Señora de la Soledad y La Resurrección, respectivamente, propiedad el primero de la poderosa familia de los Valle Iznaga y del Conde de Villamar el segundo, fueron hallados una serie de materiales arqueológicos entre los que cobran especial interés los de hierro, expuestos la mayor parte de los mismos en las sala de colonia del Museo Provincial Simón Reyes Hernández de Ciego de Ávila, y unos pocos en el Museo Municipal de Venezuela. La mayor parte de las piezas que existen en las colecciones de estos museos proceden del ingenio Nuestra Señora de la Soledad. Las piezas son clavos de numerosos tamaños, una argolla para arria de mulo, una llave metálica, herraduras, calderas pequeñas de hierro para cocer y una gran caldera también de hierro para depositar el guarapo durante el proceso industrial de la obtención del azúcar, una llave metálica quizás de un barracón, una aguja, un machete, varios estribos, un fragmento de grillete que incluye la argolla, un pico, guatacas, algunas pocas piezas cuyo uso específico se desconoce, una hachuela, un eje de trapiche, un marco metálico o fornalla, una presilla o pasador... Otras piezas recuperadas en el área donde estuvieron los ingenios mencionados son: restos de pared de embarro y fragmentos de tejas y ladrillos.

A principios del 2013 fue realizada una primera campaña de intervención arqueológica en la Trocha, que incluyó excavaciones bajo el asesoramiento del Dr. Jorge Calvera, en zonas aledañas al poblado de Júcaro, al sur de Ciego de Ávila. Tal primer acercamiento mediante técnicas científicas a las ruinas del sistema defensivo de su clase más notable de cuantos hicieron los españoles en el Nuevo Mundo, arrojó el hallazgo de piezas de madera maciza que pertenecieron a las estructuras de los fortines, promontorios, artefactos tales como casquillos de balas, botones, monedas, todos en mal estado de conservación pero de gran interés para esos estudios arqueológicos pioneros de la arqueología militar avileña. La campaña arqueológica referida concluyó el 18 de enero de 2013.13 Exploraciones arqueológicas de superficie llevadas a cabo con anterioridad por diversos estudiosos en las ruinas de los fortines, fuertes y zonas aldañas a la antigua línea militar de la Trocha, habían posibilitado el hallazgo de piezas coloniales del siglo XIX relativamente numerosas, muchas de ellas atesoradas en los museos del territorio, tales como piezas de madera que formaron parte de las estructuras constructivas, postes de jiquí de las alambradas, herrajes como clavos, fragmentos de raíl de línea, así como restos de lozas, cerámicas, vidrios, proyectiles y armas de fuego muy oxidadas e inutilizables, testigos de la contingencia bélica de españoles y cubanos en la segunda mitad del siglo XIX.

Múltiples fragmentos de botellas de caneca, de recipientes de loza blanca y de contenedores de vidrio pertenecientes a botellas y damajuanas, así como muros transversales de ladrillos sobre los cuales descansaban piezas de jiquí de gran grosor para proporcionar firmeza a los cimientos del inmueble, los restos de una lámpara de carburo y plomos de proyectiles, aparecieron tras las excavaciones de salvamento arqueológico realizadas en los amplios salones del interior de la Comandancia Militar de la Trocha de Júcaro a Morón, que actualmente acoge al Museo Provincial de Historia Coronel Simón Reyes Hernández, trabajos de excavación en los que participara el autor, los que tuvieron lugar meses antes de que comenzaran las obras constructivas y de restauración del edificio, el cual, según algunos documentos consultados, data de la década de los años setenta del siglo XIX. La pieza hallada de mayor relieve fue una muñeca de loza blanca denominada luego La Charlotte Congelada, de la cual se dice que es la más pequeña de las muñecas de esa clase encontradas en Cuba. Fue una de las intervenciones de mayor envergadura de las pocas que se han hecho en la ciudad tras la búsqueda de materiales arqueológicos de la colonia.

Existen referencias históricas de la existencia en la zona de Palo Alto de una ermita que estuvo bajo la advocación de San Eugenio de la Palma durante el siglo XVIII.14 Según algunos testimoniantes han detectado “in situ” restos de sus cimientos, que de estudiarse a fondo han de arrojar luz en torno a los primeros siglos coloniales en el territorio. También en la zona de Palo Alto fueron halladas numerosas armas del siglo XIX por el Grupo Espeleológico Samá de Sancti Spíritus, resto de una de las cuales se exhibe en la Sala de Colonia del Museo Provincial Coronel Simón Reyes Hernández, presumiblemente relacionadas con la expedición que recibiera Máximo Gómez en ese lugar durante la Guerra de 1895. El autor por su parte ha escuchado noticias de hallazgos de balas de cañón en los montes aledaños al Embarcadero de Palo Alto.15

Especial mención debe hacerse de los múltiples hallazgos de piezas de arqueología colonial cubana, asociados a las guerras independentistas, realizados en la zona de Lázaro López, escenario de importantísimos hechos históricos de relevancia nacional. En los potreros de esa localidad y en los alrededores del fuerte del mismo nombre se han recogido de la superficie del terreno numerosos plomos, proyectiles, restos de armas de diversas clases, herrajes disímiles, fragmentos de cerámicas, lozas, vidrios y otros materiales, lo cual corrobora la riqueza y potencialidades para la arqueología colonial cubana de toda esa región.16

Por la relación de hallazgos aquí presentada, todos acontecidos en época reciente, podemos aseverar, a grandes rasgos, que la mayor parte de las evidencias arqueológicas coloniales halladas en el territorio avileño pertenecen al siglo XIX y están vinculadas a basureros domésticos o comunales, ingenios azucareros, ruinas de las construcciones de la Trocha Militar de Júcaro a Morón y unas pocas proceden de asentamientos aborígenes, quizás testigos de contacto indohispánico o donde tuvieron lugar posibles manifestaciones de transculturación.17 La fuente de colecta de un gran número de los materiales referidos son los trabajos de rescate que se han hecho por algunos estudiosos e interesados en el pasado de la región en los lugares donde se hicieron los hallazgos casuales, la mayor parte de los mismos dentro de los límites de la ciudad de Ciego de Ávila, durante trabajos de construcción contemporáneos en las calles y subsuelos de las viviendas. La presencia de colecciones de arqueología colonial en los museos de la provincia puede considerarse pobre en contraste con las potencialidades que tiene el territorio en sus sitios arqueológicos de la etapa. Hasta la fecha no se han realizado excavaciones estratigráficas en sitios coloniales avileños, las exploraciones han sido escasas y poco abarcadoras en tiempo, espacio e intensidad y la mayor atención de los arqueólogos que aquí han trabajado ha sido acaparada por los sitios arqueológicos aborígenes, en particular los de la zona norte de la provincia y muy particularmente, por razones obvias, los del Área Arqueológica de Los Buchillones. También debe decirse que las piezas recuperadas de arqueología colonial, salvo casos aislados, no han sido sometidas a un trabajo intenso de gabinete, como tampoco sus sitios de procedencia han sido manejados científicamente con todo el tratamiento que ameritan. En la mayor parte de los casos se han limitado las acciones a recuperar, colectar y conservar los hallazgos, y a veces se han clasificado los tiestos de forma elemental, sin abundar mucho en sus especificidades, lo cual sin dejar de ser importante no ha logrado por sí solo ganar terreno en los estudios de la etapa histórica colonial en Ciego de Ávila, pues a decir de una opinión autorizada en los estudios de arqueología colonial cubana como es la del Dr. Gabino La Rosa Corzo, en su libro Arqueología en sitios de contrabandistas,18 al referirse al objeto y dificultades de esta rama de los estudios arqueológicos señala lo siguiente: “En modo alguno se pretende echar por tierra los abundantes estudios de tiestos coloniales. En todos ellos se abordan clasificaciones que deben servir de pauta. Todos ellos son pasos necesarios en el conocimiento histórico y, de hecho, aportan mucho a la necesaria labor de rescate del patrimonio cultural de cada país, pero en modo alguno son la finalidad de la investigación científica. El arqueólogo se hace en buena medida por medio de la interpretación y clasificación de tiestos, pero el arqueólogo no es un clasificador de tiestos. Esta confusión era justificable en los años cuarenta y cincuenta, pero no en la actualidad.”

De modo que aún nos falta mucho por avanzar en las investigaciones de arqueología colonial en la provincia, más aún que en los terrenos de la arqueología aborigen, donde ya existen al menos aportes relevantes para el ámbito nacional. Ciego de Ávila no ha logrado plasmar su “rasguño en la piedra” en ese campo. Las piezas coloniales recuperadas permanecen en sus sobres engavetados en los museos, unas pocas expuestas,19 la mayor parte en la superficie de los sitios o enterradas en ellos a la espera de que campañas de exploraciones y excavaciones las hagan brotar a la luz, y una minoría muy rara es la que cuenta con un estudio preliminar que hasta la fecha no ha conseguido completarse. Por todas estas razones mantenemos el criterio de que el paisaje de la arqueología colonial avileña solo muestra un fragmento minúsculo de su muy probable riqueza por iluminar y descubrir, como consecuencia de las pocas pesquisas realizadas y la poca atención que ha acaparado el asunto por parte de los estudiosos y las instituciones.

 

 

 

 

1 Se ofrece aquí una versión resumida de esta investigación.

2La Dra Lourdes Domínguez en su clásico Arqueología colonial cubana. Dos estudios (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984, p. 66 y 67), se refiere a la presencia de cerámica mayólica europea en contextos de sitios habitacionales aborígenes en uno de los sitios de mayor magnitud de la zona holguinera, famoso en la arqueología aborigen de Cuba: El Yayal. Las apreciaciones de la investigadora son al entender del autor, las primeras de gran relieve científico en torno a la presencia de la transculturación y el contacto indo-hispánico en sitios arqueológicos indocubanos. Así, en la segunda sección de su libro, dedicado a El Yayal, nos dice: “(…) la cerámica es el material más abundante, y la de origen europeo, la más profusa en relación con otros materiales de igual procedencia. Aquí debemos hacer notar que en el contexto cerámico hay material europeo, generalmente mayólica española del siglo XVI (…) Hay fragmentos de cerámica policromada (…) que presentan un agujero bicónico (para darles función de colgante) y los bordes erosionados para darle la forma deseada”. El sitio holguinero El Yayal puede considerarse como emblemáticamente taíno, al igual que los sitios del Área de Los Buchillones, lo cual atestigua que no es nada extraño la aparición en sitios con un rango cronológico adentrado en la etapa de la colonización, de fragmentos de artefactos de mayólica. De hecho, para el caso de Cuba, la mayólica europea puede considerarse, cuando aparece en contextos aborígenes, una de las evidencias más características del fenómeno de contacto indo-hispánico, asimismo del fenómeno de la transculturación.

3 Técnica consistente en conformar las paredes de las vasijas de barro mediante la superposición de tiras de ese material, de abajo hacia arriba y de menor a mayor diámetro, hasta lograr luego con el alisado de las paredes y la cocción en el horno, la terminación del recipiente.

4 Construcciones de madera en el mar. Los Buchillones, Cuba. Dr. Jorge Calvera, David Pendergast, Juan E. Jardines, Elizabeth Graham y Odalys Brito. En: El Caribe Arqueológico, Anuario publicado por la Casa del Caribe como extensión de la revista Del Caribe, No. 7, 2003, p. 30.

5 Gente en los cayos. Los Buchillones y sus vínculos marítimos. Jagoo Cooper, Jorge Calvera Roses, Roberto Valcárcel Rojas, Odalys Brito Martínez, Marcos Labrada. En: El Caribe Arqueológico. Anuario publicado por la Casa del Caribe como extensión de la revista Del Caribe. No 9, 2006.

6 Las damajuanas son también conocidas por el nombre de garrafones. En ellas se comercializaba ginebra española, asimismo fue aprovechado el gran volumen que presentan para trasladar agua en las zonas rurales, propósito para el cual eran colocadas en grandes cestas tejidas. Se construían, al igual que otros contenedores, mediante la técnica del vidrio soplado.

7 En el caso de las botellas conocidas en la literatura arqueológica como canecas, puede decirse que son unos contenedores de gres vidriado con barniz exterior, llamados en lengua inglesa stonewear. Se comercializaba en ellos cerveza, así como también ginebra, en algunos casos. Corresponden a la segunda mitad del siglo XIX. Se han identificado diversos tipos, cada uno de ellos con un rango cronológico bastante definido. Se plantea que la construcción de las canecas se inició en 1840. La manufactura de F. Grosvener Potterry Brindginton en Glasgow, Scotland pertenece al rango de 1869 al 1906. En cambio, la manufactura del mismo lugar W. Murray corresponde al rango que va desde 1861 hasta probablemente el final del siglo XIX.

8 Para una mayor información en torno a las clases de contenedores de vidrio, loza y gres vidriado que se mencionan consultar Arqueología en sitios de contrabandistas, Gabino La Rosa Corzo, Editorial Academia, La Habana, 1995.

9 Algunos de los datos ofrecidos fueron tomados de las actas de apuntes del Museo Provincial Coronel Simón Reyes Hernández, de Ciego de Ávila, donde fueron depositadas las piezas.

10La roca diorita fue empleada profusamente en Ciego de Ávila desde sus albores como poblado. Se le utilizó como parte del cimiento de las calles, en las paredes de las casas, e incluso la encontramos en las paredes de los fortines de la Trocha de Júcaro a Morón. El gran depósito de agua conocido en la ciudad como La Turbina fue en sus orígenes una cantera de extracción de diorita, empleada además en las construcciones de la línea del ferrocarril, lugar donde pueden observarse aún en sus alrededores grandes concentraciones de ese material. La roca diorita constituye pues, dada su alta presencia en la Ciudad de Los Portales, uno de los atributos materiales más característicos de la localidad.

11 El alto número de fragmentos de botijuelas de barro pudiera explicarse porque en ellas solía almacenarse el aceite, de amplia utilización en la cocina, y por consiguiente muy comercializado.

12 El investigador avileño José Martín Suárez, en conversación personal con el autor, sugirió que los restos arqueológicos coloniales encontrados en el lugar que mencionamos pudieran guardar alguna relación con una casa de vivienda que existió próxima al basurero, propiedad de la familia del Conde de Villamar.

13 Para mayor información consultar el periódico Invasor, 23 de marzo de 2013, p.4.

14 Los investigadores avileños José Gabriel Quintas Santana y José Martín Suárez, se han referido a los testimonios históricos existentes que hablan de la existencia de la mencionada ermita. Al no haberse realizado hasta la fecha campañas de investigaciones arqueológicas en el lugar que la tradición oral ubica las ruinas de esa antigua construcción, los investigadores coinciden en que futuras excavaciones son imprescindibles para el esclarecimiento definitivo de la cuestión.

15 El investigador José Martín Suarez menciona los restos arqueológicos de la ermita de Palo Alto en su libro Con el arcón a cuestas, (Ediciones Ávila, 2005). En la Sala de la Colonia del Museo Provincial Coronel Simón Reyes Hernández, de Ciego de Ávila, se exhibe una de las armas desenterradas en Palo Alto por el Grupo Samá.

16 No tenemos noticias del hallazgo de piezas de contacto o transculturación indohispánica en los alrededores de Lázaro López, donde sí han aparecido materiales aborígenes dispersos tanto de la cultura preagroalfarera como de la taína, relacionados muy probablemente con la versión histórica del cacicazgo de Ornofay. Tampoco en el sitio taíno de Potrero de Palo Alto se han recuperado piezas de la naturaleza que nos ocupa, aunque es probable que, de resultar ciertas las hipótesis planeadas por algunos estudiosos que mantienen que ambos lugares fueron testigos de la presencia en época de la conquista de indios y españoles, entonces aparezcan en ellos materiales de la índole de la que hablamos.

17 Las evidencias aisladas que pudieran guardar alguna relación con los fenómenos de contacto indo-hispánico y de transculturación, en Ciego de Ávila, son hasta el momento tan exiguas, lo cual limita el alcance de los estudios en torno al tema en nuestra región.

18 Arqueología en sitios de contrabandistas, Gabino La Rosa Corzo, Editorial Academia, La Habana, 1995, p 4.

19 Entre las pocas piezas de arqueología colonial cubana expuestas en museos de Ciego de Ávila, de valor excepcional, se encuentra el hacha petaloide de hierro de la Sala de Historia del Museo Caonabo de la ciudad de Morón, objeto emblemático del fenómeno de la transculturación indohispánica.

Foto: escritor Pedro Evelio Linares, en revista Árbol Invertido

(Ciego de Ávila, 1983). Poeta e investigador. Licenciado en Estudios Socioculturales por la Universidad Máximo Gómez Báez de Ciego de Ávila (2009). Miembro de la Asociación hermanos Saíz (AHS). Poemas suyos aparecen en el dossier de poesía avileña de la revista Videncia (No. 10), y en antologías de varios números de la revista Norte del Frente de Afirmación Hispanista, México. Aparece incluido en la selección de poetas avileños Silencio anterior a todo ruido, compilación de Herbert Toranzo y Elías Enoc Permut (Ed. Ávila, 2008). Ha realizado investigaciones sobre arqueología aborigen y colonial cubana. Uno de estos trabajos investigativos, “La marca de la rosa”, apareció en la revista cultural Videncia, No. 17. Autor del libro Poemas para fundir contra el pecho del acróbata (Ed. Ávila, 2010).

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